REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

Letras, libros y revistas

A leer a Grass


Martha Chapa

Cuando muere un gran escritor casi siempre se le despide con un epitafio que dice, palabras más, palabras menos, que su obra queda y él seguirá con vida en tanto se le siga leyendo.
Y tal consigna, que no sólo es cierta sino válida, debería conllevar la interrogante de cuánto, en realidad, se leyeron los libros de ese autor.
En ocasión del lamentable deceso de Günter Grass, un relevante hombre de letras de nuestros tiempos, podríamos hacer, por ejemplo, la prueba de preguntar a los jóvenes de nuestro país si lo conocen, lo han leído y cuál de sus libros les dejó huella.
De seguro constataríamos que apenas son unos cuántos los que conocen la obra del escritor alemán, lo que no debería sorprendernos –aunque nos entristezca– en un país que registra bajos índices de lectura a escala nacional.
Viene a propósito este comentario por dos razones: la primera, el hecho preocupante de que no se lee suficiente en México, ni en cantidad ni en calidad; la segunda se vincula a un par de comentarios que he escuchado a partir del fallecimiento de Grass en el sentido de que sus libros son de muy difícil lectura, opinión de la cual disiento.
Cómo no recomendar, por ejemplo, El tambor de hojalata, que es un libro tan asequible como apasionante y ameno, que desmitifica y pone en ridículo a quienes sostienen que se trata de un escritor de lectura casi inabordable. Otras de sus novelas, ensayos y hasta poesías son obras también comprensibles y a la vez profundas. Ahí están, por ejemplo, A paso de cangrejo y Mi siglo, entre otras novelas, así como Pelando la cebolla, su primer libro autobiográfico.
Lo que sí me parece que puede ser más debatible es que durante mucho tiempo se le consideró la conciencia social de Alemania tras la posguerra, lo cual debemos reflexionar más hondo, pues, como él mismo reveló en sus últimos años, en su juventud participó en los cuadros juveniles de Hitler, aunque, es justo aclararlo, más por obligación que por convicción.
En todo caso, más allá de estereotipos y etiquetas, quedémonos con su literatura que lleva en sí una profunda crítica al autoritarismo y que vislumbra de modo incuestionable la propuesta de la democracia, la equidad y el igualitarismo social.
Bien sabemos que Günter Grass fue un lúcido socialdemócrata, defensor de los valores humanos, como se refleja de modo congruente en su pensamiento y en sus escritos. Siempre preocupado por la situación del mundo, comprometido con el conocimiento de la realidad, que él nos transmitió de manera portentosa, en la que se percibe la tristeza, como ocurre en su obra Mi siglo, de 1999. Recordemos que precisamente en 1999 se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura “por su forma de descubrir y recrear el rostro olvidado de la historia”, según el comité que lo designó.
Por otra parte, ésta es una maravillosa oportunidad para subrayar su vocación de artista plástico, pues su primer libro –una obra de poesía, que escribió cuando estudiaba escultura– estuvo ilustrado nada menos que con dibujos de su autoría; para él pintar y escribir eran dos grandes pasiones que estaban íntimamente entrelazadas. Al respecto, leí en algún diario que está a punto de publicarse un libro que contendrá tanto poemas como dibujos y narraciones del escritor alemán. En la última etapa de su vida, a pesar de que tenía graves problemas en el pulmón y que requería del apoyo de un respirador, seguía fumando pipa, justo como lo vemos reflejado en sus interesantes autorretratos.
Por cierto, si nos referimos a sus dones en el ámbito de la plástica, debemos recordar que una de sus grandes ilusiones era exponer sus obras de nueva cuenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es importante aludir también a su gusto por las pinturas negras de Goya, que tenía en su estudio como testigos de su proceso creativo, según describe el periodista Juan Cruz en una entrevista realizada en marzo y publicada en el diario El País al día siguiente de la muerte del escritor (“¡Es de una imaginación impresionante, cómo ilustra la demencia de este mundo!”, lo dijo en referencia al pintor español). Cuando dibujaba con mucha efusividad y por largo tiempo, según se anota en esa entrevista, le era necesarísimo regresar a las palabras.
Estos cuantos pincelazos sobre el escritor alemán son sólo una forma de despertar el interés en él y de proponerles que leamos más y mejor a Günter Grass para que en verdad, como tanto lo merece, siga vivo entre nosotros.