REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

Plagio intelectual del INBA


Betty Luisa Zanolli Fabila

              “Antes que ser en la vida un artista,
               hay que ser un hombre”

               Pietro Mascagni

Hoy en día, México atraviesa por una profunda crisis de ausencia de valores. Fenómeno sensible a nivel individual pero sobre todo evidente en el seno de las propias instituciones que integran los tres poderes de la Unión en los distintos órdenes de gobierno. A tal grado que más que cuidarnos de los atropellos de nuestros semejantes, es de los que nos infringen los propios titulares de las instituciones de los que más tenemos que protegernos, como bien lo sabe y padece continuamente el ciudadano común. Razón por la que he considerado necesario compartir con la venia de ustedes, amables lectores, la denuncia del delito en materia de derechos de autor del que he sido víctima a cargo del propio Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBA), precisa y paradójicamente la máxima institución del país encargada del cultivo, fomento, estímulo, creación e investigación, así como organización y desarrollo de la educación profesional de las Bellas Artes, entre otras tareas.
Durante 18 años solicité a las distintas autoridades al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) e INBA, la publicación (aún digital) de mi tesis doctoral en Historia, sustentada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (1997), en la que rescato la historia del Conservatorio Nacional de Música (CNM) desde su fundación en 1866 y hasta nuestros días; trabajo que hasta ahora sigue siendo, como entonces, la única, más completa y acusiosa obra de investigación elaborada al respecto. Jamás fue atentida mi petición. Ahora, en cambio, el INBA publicó en su portal electrónico oficial “la historia” del CNM, sólo que ésta se encuentra conformada mediante la adjudicación de fragmentos de mi autoría transcritos de forma textual, íntegra: tomados de mi tesis, de diversos artículos publicados tanto en la revista Universo de El Búho (hoy El Búho), dirigida por René Avilés Fabila, como en la revista internacional Conservatorianos -de la que he sido editora desde 2000-, y de otros materiales como la presentación del proyecto que públicamente rendí ante la comunidad conservatoriana cuando fui candidata a la dirección de dicho plantel educativo en 2007.
¿Qué dirá al respecto el CNCA, ese aborto cultural del salinato que nació vulnerando la estructura jurídico-cultural de la Nación y que ha duplicado funciones sin que hasta ahora ninguna administración gubernamental lo haya corregido, permaneciendo a través de las décadas a pesar de todo? ¿Qué dirá la Secretaría de Educación Pública, ente responsable de salvaguardar la propiedad literaria y artística a través del INDAUTOR y de quien depende tanto administrativa como jurídicamente el INBA y, por ende, el Conservatorio? Lo pregunto porque por lo visto el atropello a los derechos autorales se ha escalado: ya no son solo individuos como Sealtiel Alatriste y Alfredo Brice Echenique o Arturo Pérez-Reverte y José Saramago, sino las principales instituciones educativas y culturales del Estado Mexicano las que plagian, lo que permite entender por qué llegan luego a ser sus titulares individuos como Fausto Alzati, el más célebre y patético hasta ahora usurpador de grados académicos falsos.
En estos tiempos aciagos, trágicamente inéditos, en los que el crimen, la inseguridad y la corrupción, la impunidad y la violencia de todo tipo han secuestrado y desangrado a nuestra sociedad y Nación, este asunto termina siendo nimio, irrelevante, pero ¿qué lectura nos deja? Desde mi perspectiva, una por demás preocupante: si las propias autoridades federales encargadas de promover y velar por la cultura se apoderan ilícita y flagrantemente de la obra autoral ciudadana ¿qué nos podemos esperar como sociedad en otro tipo de situaciones, sobre todo cuando la libertad e integridad de una persona, y especialmente su vida, están en juego? Sí, es sólo un microscópico ejemplo, pero ilustrativo de la profunda y criminal macroscópica descomposición social e institucional que padecemos y prueba plena del hondo desprecio y creciente falta de respeto que privan en la autoridad hacia la sociedad en general.
Y es que si alguna institución podría contribuir al cambio moral que la sociedad mexicana demanda con urgencia para detonar su reconformación estructural antes de que termine de colapsarse nuestra Nación, es justamente la educativa y ante todo la cultural, ambas son la última esperanza. Sin embargo, deplorablemente sucede en ellas lo mismo que en todos los ámbitos y sectores del país: corrupción, impunidad, tráfico de influencias y violencia multimodal carcomen sus entrañas, lo que las imposibilita para incidir en la transformación nacional. Y es que bien sabemos que uno de los problemas fundamentales que enfrenta México es la educación, pero ¿cómo resolverlo, si la burocracia encargada del sector cultural carece del perfil idóneo y los altos cargos están encomendados en función del amiguismo y no de la capacidad, mucho menos de la vocación de servicio? La mejor prueba es el acreditado y escandaloso dispendio de recursos públicos que han realizado los principales funcionarios culturales de las últimas administraciones. El partido del que procedan es lo de menos: el actuar es el mismo. Pero hay muchas otras pruebas más, como el esquema de repartición de prebendas que se reproduce en el espacio de los apoyos a proyectos y estímulos culturales. Por un lado, salvo excepciones, solo obtienen apoyo los proyectos que obedezcan a los intereses políticos del momento o acordes a las redes de complicidad establecidas. No los que responden a las verdaderas necesidades que reclama la sociedad. Por otro, algo grotesco: el tradicional y nefasto reparto de becas y estímulos a creadores, discrecional e incongruente, al margen de la trayectoria profesional y reconocimiento público del aspirante, cuya última palabra la tienen los integrantes de los añejos cupulares grupos de poder endogámicos que gobiernan, de facto, la política cultural nacional, abusando despóticamente de sus cargos en la opacidad de mecanismos institucionales impenetrables.
No obstante, hay algo peor: los casos inconcebibles de negligencia, falta de probidad y respeto por el patrimonio de la Nación en los que la propia autoridad encabeza el desinterés por rescatar y salvaguardar el patrimonio cultural. Allí tenemos el ejemplo precisamente del Conservatorio Nacional de Música, cuyo archivo histórico y organológico musical han sido igualmente víctimas de la desidia, rapiña y abandono de sus respectivas autoridades en turno. Ninguna de ellas -desde la lejana época de Carlos Chávez, hace casi un siglo- se ha preocupado por impulsar la investigación y mucho menos por rescatar su memoria histórica. Por décadas han quedado abandonados a su suerte miles de valiosos legajos documentales arrumbados en cajas desvencijadas, dispersos en distintas áreas improvisadas del edificio conservatoriano -comprendidos salones de clase-, carentes de cualquier tipo de acondicionamiento mínimo para albergarles, descatalogados y susceptibles de ser destruidos o sustraídos, tal y como ha sucedido inveteradamente. Todo ello, debido al endémico e irresponsable abandono institucional del patrimonio cultural integrado por bienes de la Nación. ¿Dónde está la gente honesta y proba? Salvo honrosas excepciones de la burocracia: en el aula y en el cubículo de investigación, en el frente de batalla, formando a las nuevas generaciones en el anonimato con un pírrico apoyo institucional.
Ante este deplorable panorama no es de extrañar que el INBA haya cometido en mi contra un delito en materia de propiedad intelectual al plagiar mi obra.
El tiempo se le agota al país. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer cuando México y los mexicanos estamos desangrados, resquebrajados, invadidos por la impunidad, corrupción, indiferencia, inseguridad y violencia que nos devoran hasta lo más recóndito de nuestras entrañas sin que nada ni nadie lo remedie? Somos una Nación en retrotransformación, cuyas instituciones públicas, otrora pujantes, vanguardistas y, sobre todo, comprometidas con la sociedad, se precipitan junto con la Nación. El anquilosamiento, la distrofia y anomia que hoy carcomen a Institutos Nacionales como el de Bellas Artes (INBA) y el de Antropología e Historia, es una realidad: son cadáveres vivientes de un sistema que desde hace décadas agoniza aplastado y desgajado por la escandalosa colusión de intereses multipartidistas contrarios al interés nacional. Un país cuyo Estado de Derecho está colapsado y la ingobernabilidad campea en todos los sectores, pues el vacío de principios, autoridad y Justicia ha sido ocupado por la ambición, la delincuencia y la inmoralidad en todos los órdenes.
En lo personal, el absurdo, flagrante e injustificable plagio intelectual que sufrí a cargo del INBA, el máximo órgano de arte y cultura en México, es potencialmente revelador de nuestro declive social y estatal. ¿Tiene sentido que sea el responsable de la más amplia red museística, de grupos y escenarios como el Palacio de Bellas Artes; de gran parte del patrimonio artístico nacional, una treintena de escuelas profesionales y de iniciación y más de una decena de relevantes centros de investigación? No, mientras en él se toleren y protejan actos de deshonestidad intelectual, de saqueo de bienes culturales y de atropello a los más elementales derechos humanos en complicidad con los órganos burocráticos y sindicales; mientras se promueva el chambismo a partir de las redes de complicidad partidista designando a funcionarios sin perfil, capacidad, conocimiento ni compromiso institucional y mientras se admitan todo tipo de discrecionalidades e irregularidades académicas, como el implementar planes de estudio sin aval de la SEP, dilapidando el esfuerzo que realiza el Estado Mexicano para sostener a las escuelas de arte -las de mayor inversión per cápita-. Por ello creo que no denunciar el plagio que he referido me sumaría a la masa social, pasiva y silente, que se hace cómplice del abuso y atropello del que ha sido víctima, renunciando a lo que es irrenunciable: a luchar por sus derechos, a fomentar una cultura de ética y transparencia (la misma que el propio INBA pregona paradójicamente en su portal) y a la aspiración de que México sea otro porque en él impera la Justicia.
¿Qué hacer, nuevamente pregunto? A nivel general, hacer valer la ley y promover en el Código Penal Federal la urgente incorporación como agravante para los delitos de derechos de autor cuando estos sean cometidos por una institución pública -máxime si es del sector educativo-, e impulsar que las entidades académicas y de investigación implementen códigos éticos y sanciones administrativas contra el plagio intelectual. En lo particular, queridos lectores, agradecer a los cientos de colegas, en su mayoría conservatorianos y universitarios, la solidaridad que me han externado para con el hecho que, de conformidad con lo expresado, será denunciado ante la Procuraduría General de la República.
Concluyo con Eduardo Galeano: “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, pues mientras nosotros y las instituciones no nos reinventemos, será imposible que lo haga México.
bettyzanolli@gmail.com
@BettyZanolli

Tomado de El Sol de México, 6, 13 y 20 de abril de 2015