REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Confabulario

La laguna del desierto


Maribel Ramos Vizuet

Cuenta la leyenda que, en las fuentes de los lugares malignos, habitan seres femeninos y misteriosos. Dichas fuentes son difíciles de encontrar, y los seres, que allí habitan, son extremadamente bellos. Son mujeres secretas cuya belleza superior es paralela a las plantas y flores que las rodean. Rumoran, danzan, huyen, cantan y lloran. Dicen que los hombres que se extravían en estos territorios, encuentran las febriles aguas. Las fantásticas mujeres ríen, suspiran y travesean. Confundidas, enamoran a los forasteros. Estos enloquecen, perdiéndose entre los mimos y besos de las frías aguas.


I) Jesús y el desierto

“… y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

San Mateo, capítulo XVII, versículo 20.

Una muñeca rota caminaba en una vía de desierto. Ella derramaba un sollozo incontrolable e insondable pues era un día opresivo y caluroso, como suele ser el arquetipo de aquellos territorios. A lo lejos, se observaba una casita blanca cuyo techo exterior otorgaba una especie de sombra. Ahí, afuera, estaba sentado, en el suelo de arena, un hombre absorto con una vestidura del mismo matiz que el hogarcito. Ella, cada vez, se aproximaba hasta llegar. Era Jesucristo recargado en la pared, quien estrechó los brazos para abrazarla. La muñeca rota se sentó junto a él, y recargó su pequeño pecho en las delgadas piernas. Entonces, él dijo: “Llora el tiempo que quieras; soy cómplice de tu desahogo. ¿Sabes? Todas las almas fueron, alguna vez, arcángeles, y, por un motivo de mala conducta, ahora están habitando en la tierra”. Al quedar entre los brazos, el dolor se dispersó; fue como si, reiteradamente, ella habitara en el Paraíso.

II) Bello ser

“Sabéis que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo que no resistáis al mal; antes a quien te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que te quiere llevar a juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto…”

San Mateo, capítulo V, versículos 38, 39 y 40.

La muñeca rota durmió por largo tiempo y, al despertar, el hombre pensativo ya había desaparecido. De pronto, a lo lejos, se divisaba una pequeña laguna envuelta por árboles, plantas, animales, frutas, sonidos y perfumes de toda clase. La muñeca llegó al lugar. Maravillada, observó el sitio. Enseguida, tocó la laguna y bebió de las aguas. Sorprendida, descubrió a un ser sumamente bello, el cual estaba dentro de la laguna. Entonces, la muñeca preguntó:
-¿Quién eres tú y por qué vives aquí?
-Soy un bello ser y este sitio es un refugio para las féminas como yo. Y dime, ¿tú quién eres?
-Soy una muñeca de trapo. Viví mucho tiempo en la ciudad. Después, surqué el desierto, hallé a un hombre reflexivo en esa casita, dormí y pude ver este paisaje.
-Lloraste- afirmó el bello ser. ¿Por qué?
-Cuando vivía en la ciudad, unos grandes muñecos con uniformes rojos se burlaban de mi pierna tullida, me pisoteaban y escupían sobre mis ropas. Además, las muñecas de plástico destrozaron mi vestido.
-¿Y no te defendiste?
-No pude. Todos me señalaban, me acosaban, apuntaban sus dedos contra mí. Murmuraban cosas. Yo no soporté sus voces y corrí. Pero eso no es todo. En la ciudad vive el héroe de Troya, quien es un hombre extraordinario; sin embargo, él se comportaba como todos los muñecos.
-¿Por qué dices eso?
-A pesar de ser un hombre sublime, de repente, su voz, sus dedos, gestos y palabras eran muy similares a los que poseían los grandes muñecos con uniformes rojos. Y yo amo al héroe de Troya.
-¿Él te corresponde?
-No. Un día, él también me pisoteó, me escupió, me señaló, se burló de mi pierna tullida, y prefirió a una muñeca de plástico. Después, me encadenó en la ciudad. No sabes cuánto deseo que ellos paguen por sus acciones.
-Mañana iré a la ciudad. Apenas habré llegado, haré que ellos paguen por lo que te hicieron.
-¡Bello ser que habitas en las aguas escondidas! ¿Atravesarás el desierto e irás a la ciudad para vengarme?
-Sí. Y tú vendrás conmigo. Pero, antes, yo te concederé un poco de mi belleza y dejarás de ser una muñeca rota.
El bello ser salió del agua y depositó parte de su belleza. De este modo, la muñeca rota se convirtió en una hermosa mujer. Después, las féminas abandonaron el paisaje, traspasaron el desierto y se dirigieron a la ciudad.

III) La Ciudad

“¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?... Observad cómo crecen los lirios del campo, no se fatigan ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos…”

San Mateo, capítulo VI, versículos 25, 27 y 29.

Empresas, gritos de oscuridad, hospitales de sangre, hoteles sórdidos, vagabundos, vómito, vidrios rotos, peste, ambulancias sin corazón, insultos, basura, coches de humo, pseudo artistas, perros hambrientos… Contrastaban con las nubes y las aves libres en el cielo. Un taxi arribó frente a un escaparate y las féminas pisaron el suelo infectado:
-Compraremos todos los centros comerciales y aparadores. Joyas, blanquetes, vestidos, abrigos, perfumes, zapatos, cigarros, automóviles… -dijo la hermosa mujer.
-¿Ya viste? ¡Qué bellos carteles! ¡Quiero ser una estrella de cine!
-Bello ser, estos espejos son muy pequeños. Deseo un espejo enorme donde yo pueda apreciarme. Soy muy bella. ¿Sabes? Me encanta que los hombres estén debajo de mí. Ahora soy una diosa en la tierra, aunque mi belleza sólo se pueda apreciar en la noche. En cambio tú, brillas en el día. Pero no importa.
-Hermosa mujer, ¿no te parecen vacíos e innecesarios los discursos de la gente común?
-Sí, debo admitir que me atormentan. Te prometo que, en cuanto haya cumplido mi venganza, regresaremos a la laguna del desierto.
-Me parece bien.
Esa noche, la hermosa mujer y el bello ser alquilaron un departamento carísimo y lujoso. Charlaron sobre modistas, estilistas y maquillistas. Brindaron, bebieron champaña, escucharon música sofisticada, y se probaron los vestidos y sombreros de las pasarelas más soñadas.

IV) La venganza

Al siguiente día, las féminas buscaron las casas de todos los muñecos. Mientras las buscaban, la hermosa mujer señaló nerviosa:
-¡Ellos son!
-Hermosa mujer, los grandes muñecos con uniformes rojos se han convertido en hombres comunes y corrientes, y las muñecas de plástico, de las que tanto me departiste, son mujeres comunes y corrientes también. ¿No crees que ese castigo es ya suficiente? -preguntó con extrañeza el bello ser.
-No. ¡Yo quiero más! ¡Deseo que su vida sea más mezquina de lo que ahora es!
-¡Tienes razón! ¡No descansaré hasta vengarte!
Pasaron los días y el bello ser se convirtió en una afamada empresaria. Mientras los hombres y las mujeres laboraban dentro de su fábrica, ésta se alimentaba de la sangre. Tiempo después, luego de aumentar sus riquezas y de succionar a los empleados, el bello ser indagó la dirección del héroe de Troya. De este modo, lo encontró, y, utilizando sus encantos, lo enamoró hasta despojarlo de sus armas y hundirlo en una cárcel sin salida. Ya cautivo, el héroe de Troya fue golpeado, cegado y mutilado. Hecho todo esto, el bello ser, orgulloso, llegó a casa y le dijo a la hermosa mujer:
-He aquí las llaves. He encadenado al héroe de Troya y me ama profundamente. No podrá escabullirse nunca más.
-¡Muchas gracias, bello ser! Ahora yo iré a la cárcel. Ha llegado mi venganza.

V) El héroe de Troya

Este día la hermosa mujer salió de casa. Tenía pestañas postizas y, sobre los labios, un rojo radiante. Su cabello estaba cubierto por un sombrero de seda negra. Portaba guantes y un vestido oscuro, escotado, ceñido y largo hasta las rodillas; también, sus torneadas piernas llevaban medias de licra transparente, y los pies estaban adornados por zapatos de tacones altos, negros y sensuales.
Sólo la noche podía captar su belleza; el día era un peligroso enemigo. Mientras la luz de los faroles tornaba dramática la piel de su cuerpo moreno, los ojos masculinos centelleaban entre la oscuridad, y perseguían la silueta de la hermosa mujer. Finalmente, luego de mucho caminar, la fémina tocó la puerta de la cárcel, entró precipitadamente y se dirigió resentida hacia el aposento del héroe:
-¡Tú siempre fuiste un príncipe vestido de talento, yo siempre una muñeca de trapo detrás de tu sombra!
-¿A qué has venido? Lárgate. No soporto tu presencia.
-Ella es como un sueño, un imposible… La breve cintura, el oro sobre el cabello, la boca roja y sensual, la nieve de su piel, las olas del luengo cabello, el agua y las montañas de su cuerpo, los ojos enormes y verdes… Como una diosa. Pero tú no pudiste alcanzarla. ¡Ja, ja! Me das risa y lástima. Fuiste un gran héroe, y, ahora, ¡mírate! Eres un pobre miserable. Estás bajo mis talones y yo tengo tus armas.
-No creo merecer este castigo.
-¡Cobarde y cínico! Jamás te daré la libertad. Sólo he venido a burlarme de tu condición. ¡No sabes cuán feliz me siento! Tu desgracia me alimenta.

VI) La enfermedad

Esa madrugada, el bello ser y la hermosa mujer reposaban en la ventana del ostentoso departamento. Las estrellas y la luna parecían más lejanas de lo habitual. El frío matutino se mezclaba con el hedor de las calles, y las féminas miraban el cielo como extrañando algo. Sus caras pálidas emitían un sudor frío. Entonces, la hermosa mujer dijo con voz triste:
-Bello ser, me siento muy mal. Tengo sed y me duele el pecho.
-Yo también siento lo mismo.
-Bello ser, me lastima muchísimo. No creo soportar esta noche.
-No dejaré que mueras. Buscaré agua y medicamentos en la ciudad.
-Pero tú también estás enferma. No podrás conseguirlos. Moriremos.
-No lo permitiré; ahora vuelvo.
El bello ser salió de casa y recorrió toda la ciudad. Visitó los mejores hospitales, prestigiosas farmacias, célebres supermercados, reconocidas clínicas. Pero el agua y los remedios que encontró estaban putrefactos. Tomó una decisión y regresó al departamento:
-Hermosa mujer, indagué en todos los rincones de la ciudad, pero las medicinas y el agua que hallé, estaban podridas. Tenemos que regresar a la laguna del desierto.
-No podré cruzar esta ciudad; las calles son lóbregas y confusas, y el ruido mundanal romperá mi cabeza. Además, la aridez del desierto me matará.
-Podrás. Es más grande el refugio que el dolor.
La hermosa mujer se apoyó en el cuerpo del bello ser, quien dirigió el viaje. De este modo, abandonaron la ciudad, rebasaron el desierto y llegaron al paisaje.

VII) El regreso

“Entrad por la puerta estrecha. Que es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. Y es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que la encuentran”.

San Mateo, capítulo VII, versículos 13 y 14.

-Por fin hemos llegado -dijo el bello ser.
-¿Sabes? Me di cuenta que el hombre, a quien amé y, después, castigué, no era un héroe; sólo era un muñeco con uniforme rojo como todos los demás. Perdí mi tiempo. Lo que no sé es: ¿cómo saldrá de esa terrible cárcel donde lo depositaste si perdí las llaves en un drenaje de la ciudad? -preguntó la hermosa mujer.
-Algún día él encontrará la salida y regresará a su hogar de origen. Ahora, tendrás que devolverme la belleza que te conferí y yo, otra vez, viviré dentro de la laguna.
-Estoy de acuerdo. Pero en los días opresivos tendré mucha sed. Además, hace mucho que perdí mi hogar; no sé cuál es mi casa.
-Puedes vivir afuera de esta laguna y, así, beberás el agua y verás el bello reflejo que se esconde en este lugar.
-Bello ser, desde hace mucho no he visto al hombre reflexivo que habitaba en ese hogarcito. Extraño su presencia y sus discursos.
-Algún día volverá; ya lo verás.
Entonces, el bello ser tomó parte de su belleza y la hermosa mujer se convirtió, de nuevo, en una muñeca rota. Enseguida, el bello ser hundió su cuerpo en el agua, y la muñeca rota se quedó dormida.