REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2019
   

Confabulario

Posesos de lujuria


Oscar Martínez Molina

Subí tres o cuatro escalones, no más que eso, hasta un estrecho y oscuro pasillo. La vieja iba delante de mí, aluzándome con una lámpara sorda. Aspiraba asqueado el olor a humedad. La mujer abrió la puerta de la habitación al fondo. Una ventanuca de cristales percudidos dejaba entrar la claridad mortecina de la luna. Debían haber sido las once de la noche, o algo así, más o menos. Diez cuarenta y cinco o diez cincuenta. La noche estaba fría, y mi raído sobretodo apenas alcanzaba a cubrirme. La habitación estaba iluminada además por una pequeña lámpara de mesa. Una luz amarilla y tenue, pero suficiente para verla. La vieja, matrona de aquel lugar, volteó a verme, y masculló entre dientes.
-¿Tienes mucho frío?
Asentí con la cabeza.
-¿Será suficiente una?, preguntó enseguida.
La joven yacía de lado sobre la cama estrecha. Dormía. Estaba completamente desnuda, y sin cobijas. Ofrecía a un palmo, y a mi vista, las caderas prominentes y la cintura fina. Aproximé mi mano al cuerpo joven. Percibí el calor que irradiaba.
-Suficiente, respondí
-Las reglas, dice entonces la vieja.
-Estrictas so pena de perder la cabeza, y esto sí, literal, si se sobre pasa lo convenido.
-Permanecer quieto junto a ella. Sin tocarla. Sin caricia alguna. Sin abrazarla. Y desde luego sin poseerla. Solamente junto a ella. Recibiendo el calor que emana.
La mirada de la vieja no dejaba lugar a ninguna duda respecto de las reglas, y sobre todo, de la consecuencia de romperlas.
Estoy pues aquí, con los ojos abiertos. El corazón henchido, y el cuerpo en una hoguera. La joven duerme tranquila, respira pausado, con apenas breves suspiros profundos, para tomar de nuevo el ritmo. Me deshice de mis ropas. El calor me hizo prescindir de ellas. La cabeza dando vueltas y vueltas. La sangre volcada en mi entrepierna. La obnubilación en la cabeza.
Estar a nada, literalmente, de entrar a ella, y poseerla. Joven hoguera. Fogón del deseo. Fuego que me quemas.
Estar a nada, literal también, de perder la cabeza.
Mañana se sabrá qué decidí.
Mañana se sabrá también, cuál fue la consecuencia.