REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

Fernando del Paso y el México perdido


Benjamín Torres Uballe

Nuestro país se encuentra pasmado lastimosamente en un camino inextricable. Las causas, en principio, parecieran muchas y de diversa índole; la realidad es distinta, incluso única: la impunidad es el origen. De la ancestral carencia de justicia parte la ominosa cadena de perversidades que azotan a México. Cuando un delito queda sin castigo, la reincidencia está a la puerta y el ejemplo cunde como mala hierba que termina por aniquilar irremediablemente a cuanto le rodea.
Esto lo saben ––porque lo han propiciado–– quienes desde hace siglos han gobernado y explotado sin remordimiento alguno a nuestra querida patria mexicana: los integrantes de la insaciable clase política; esos que bien podrían contestar al insigne Fernando del Paso cuando en un poético lamento dijo: “Nunca como hoy día me pregunto qué hicimos, José Emilio, de nuestra patria, a qué horas y cuándo se nos escapó de las manos esa patria dulce que tanto trabajo les costó a otros construir y sostener. ¡Ay, José Emilio! Sí, dime cuándo empezamos a olvidar que la patria no es una posesión de unos cuantos, que la patria pertenece a todos sus hijos por igual: no sólo a aquellos que la cantamos y que estamos muy orgullosos de hacerlo: también a aquellos que la sufren en silencio”.
Y cuánta razón le asiste al autor de Noticias del Imperio cuando añora y nos comparte su aflicción por la dolorosa pérdida de una nación que forjó su historia a base de heroísmo y trabajo. Una pérdida provocada no por voluntad de sus habitantes, sino por la inmoralidad, abuso, corrupción, ambición sin freno y red de complicidades de quienes se han perpetuado en el poder y que hasta hoy, con todo ello, han logrado controlar a una sociedad sumisa, en no pocas ocasiones indolente y poco solidaria para oponerse a la arbitrariedad sistemática.
Por eso resultan de suma trascendencia las sentidas palabras del literato, pues al cuestionarse a sí mismo y de manera figurada a José Emilio Pacheco sobre el porqué y el dónde del extravío, nos cuestiona al mismo tiempo a todos quienes formamos parte de este México explotado de manera inmisericorde hasta la saciedad.
Una de las tareas principales de los escritores consiste en cuestionar de forma crítica y objetiva los excesos, desviaciones y autoritarismo del Estado pese a los lesivos riesgos de la intolerancia que automáticamente se manifiestan ante el “peligro” de que algo o alguien intente acotarle el poder. Los políticos ––de todos los partidos–– consideran durante su gestión que sus encargos son una especie de franquicia a la que hay que sacar todo el provecho posible de modo lícito o no; por eso les asignan contratos a sus parientes y amigos, o se benefician de los contratistas y se envuelven en la bandera de víctimas cuando sus magnas obras son inservibles y esconden sus fechorías tras la opacidad y los acuerdos políticos.
Bien lo reiteró el también autor de Palinuro de México en otra de sus preguntas, al recibir en Mérida, el pasado 7 de marzo, el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco: “¿Qué proyecto de país tenemos ahora?... ¿Qué proyecto tienen quienes dicen gobernarlo?”. A muchos de nosotros también nos gustaría saberlo.
Hasta hoy lunes 16 de marzo, día en que escribo este texto, no estoy enterado de alguna respuesta oficial ––léase descalificación–– a lo expresado por Del Paso, como sí la hubo en los casos de los cineastas Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, o el papa Francisco, el ex presidente de Uruguay, José Mujica, y la rasgaduras de vestiduras cuando el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se atrevió a señalar a México como la “dictadura perfecta”. Y quizás no hay fundamentos gubernamentales para refutar los dichos de Fernando del Paso, aunque este entrañable autor diga: “… hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y salvaje de los libros de historia”.
Ahí quedan los sentimientos de un mexicano octogenario con una mente extraordinariamente lúcida y con profunda nostalgia por un México que parece haberse marchado para siempre, ante la voracidad, negligencia y putrefacción de un sistema que está diseñado para producir políticos que, a su vez, se alimentan eternamente de los recursos que aún produce, sí, generosamente, esta patria suave, esta patria nuestra.

©Benjamín Torres Uballe
@BTU15