REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

Monólogos de lamentaciones


Roberto Bañuelas

I

En el océano de polvo cósmico,
comprimida en su helada soledad,
la estrella sueña
la nostalgia de un recuerdo vegetal


II

Sólo el desierto circundante
definía la constancia de sus límites lejanos.
Al mismo tiempo que la soledad rodaba sin rumbo
las auras, obstinadas en trazarle círculos
a la cúpula reverberante del día,
miraban hacia el templo inconcluso,
abandonado desde que todos se agregaron
al ejército que partió a luchar y a rescatar
la posesión de un dios invisible.


III

Con los fósiles pulidos del asombro acumulado,
el santuario emergió
con su esqueleto de dragón erosionado.
Mientras el mar de arena se mueve
sin dejar ni la huella de otra huella,
el viento gime
en los dolientes laúdes de las dunas.



IV

Contra una amenaza de tormenta
que cumple con poderes de promesa,
dialogan las ruinas abandonadas.
Sin auxilio del eco,
a gritos profieren su deseo:
“Mil veces un terremoto que la demolición
programada por los hombres”.


V

En un abandono que sólo promete lejanías,
los volúmenes de silencio agobian la llanura.
El pasado geometriza su estructura caprichosa
en arboledas y juncales petrificados.

El peregrino,
extraviado en un horizonte sin fronteras,
une su soledad a la dilatada interrogante
de los mil y un caminos que lo llevan
al encuentro inevitable
de su angustia y esperanza.


VI

En oposición a su incuestionable levedad,
el alma del alma quiere gravitar.
El templo emergido de un extinto mar
hace señales con sus torres-antenas de cristal
al espejismo que confunde el camino
del profeta prófugo de la incomprensión
y de los anatemas incumplidos.



VII

Bajo la luna enlutada por nubes de tormenta,
la feria de los cinco sentidos
inventa pirotecnias de amor:
las gacelas,
protagonistas de la estación en celo,
dibujan saltos
y se fingen sordas o indiferentes
al canto de los gallos que anunció la aurora.



VIII

Horóscopo de la incertidumbre con mil puertas,
cósmico caracol que deja huella
con su baba de estrellas marchitas.
Los templos vacíos,
atraídos por la luz lunar,
elevan los tallos de sus torres
habitadas por campanas enmohecidas
y cuerpos cristalizados de palomas mensajeras.



IX

Exilado el éxtasis, permanece la rutina
de visitar y venerar ruinas incomprendidas
a las que, en vano, algunos ilusos con poder
ordenan la restauración del misterio perdido.

Los espectros, en la danza del ocio,
se tropiezan con fragmentos afilados de insomnio.


X

Frente a una familia de silenciosos cactus,
casi cubiertos por la insomne arena,
los recuerdos se enquistan en la sombra.

La maternidad petrificada de una sirena varada
en el mar que dejó por herencia
la soledad de un desierto sin orillas,
sirve de nido y de sombra a la esperanza
que retorna siempre cansada de contemplar
y de perseguir espejismos trashumantes.



XI

El eco, en la soledad,
se inscribe en la memoria del olvido.
La navegación, alrededor de nosotros mismos,
no termina.

A lo lejos,
como el eco de un suave júbilo,
se oye la canción de cuna
que anticipa el parto
de instrumentos bien temperados.



XII

Los embriones resecos
de fantasmas de plantas marchitas
se tensan entre la soledad y el olvido.
Las ruinas pulsan su memorial
de arcos y columnas que un día fueron templo.
El silencio rueda sobre la ardiente arena
en este exilio sin orillas ni fronteras.
El sol es un dios implacable,
visible y destructivo
que prescinde de profetas
en el desierto que retorna al polvo.