REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

“El respetable” (de la serie: Teatro para entendidos)


Francisco Turón

El origen de la palabra “público” proviene del latín publikus. Dícese de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer una cosa como contrapuesto a privado. Común del pueblo o ciudad. Conjunto de los que participan de unas mismas aficiones, o concurren con preferencia a determinado lugar. Conjunto de los reunidos en determinado lugar para asistir a un espectáculo o con otro fin semejante. Como adjetivo hace referencia a aquél o aquello que resulta notorio, manifiesto, patente, sabido, vulgar, común y notado por todos.
-Por lo tanto, la variación del término público puede hacer referencia a:
-El público, (el respetable), conjunto de espectadores.
-El servicio público, el conjunto de prestaciones reservadas en cada Estado a la órbita de las administraciones públicas, y que tienen como finalidad ayudar a las personas que lo necesiten,
-El sector público, el conjunto de organismos administrativos mediante los cuales el Estado cumple o hace cumplir la política o voluntad expresada en las leyes del país.
- Un bien público, aquél que pertenece o es provisto por el Estado a cualquier nivel.
-El dominio público, conjunto de bienes y derechos de titularidad pública destinados al uso público (en derecho administrativo) o en situación en las que quedan las obras literarias, artísticas, o científicas, al expirar el plazo de protección del derecho de autor.
-El espacio público, lugar donde cualquier persona tiene el derecho de circular.
-Publicar (dar a luz). Sacar al público una cosa (publicarla).
-Mujer pública (prostituta).
También es estrictamente cierto que lo público tiene una relación inicial con el vello púbico. Coincido con Hanna Arendt (en sus conferencias sobre filosofía política de Kant) porque considera que público, es una palabra de origen griego, pero en realidad, es latina, como lo muestran todos los estudios etimológicos al respecto. Es verdad que está relacionando o, mejor dicho, referido al “pueblo”, y que ambas celebran una cierta semejanza fónica; algo que podría hacernos suponer una conexión etimológica entre los dos términos. Pero no es así. La palabra pueblo, que en latín es populus, no tiene adjetivo. De modo que para decir: “popular”, o para referir algo “propio del pueblo”, la lengua latina tuvo que emplear el adjetivo de una palabra distinta. Utilizó el término: publicus, que es el adjetivo de pubes. Y pubes, no es otra cosa, que el nombre (femenino) que designaba el vello que aparece durante la pubertad, y muy particularmente el vello púbico. Es de pubes de donde surge efectivamente el término “pubertad”, que fisiológicamente designa el período de la vida en que se adquiere la madurez sexual; el comienzo de la función de los órganos reproductores, indicado en el hombre por la erección y la eyaculación, y en la mujer por la menstruación. Socialmente designa el momento de tránsito en que un joven adquiere el estatuto de miembro de un colectivo, aunque inicialmente sólo son los varones los que participan en el ámbito de lo público. Y por lo tanto, no deja de ser curioso que público sea un término femenino que designa en sus orígenes a un grupo masculino. Lo que ha de recordarnos que incluso hasta hace relativamente poco tiempo, todo lo que revelaba la vida pública del occidente, desde sus orígenes griegos, hasta su época moderna y victoriosa, era reservado a los hombres adultos (los que habían pasado la pubertad). Por ejemplo, los cafés (inicialmente llamado pubs en inglés), eran exclusivos para el público masculino. O los diarios, inicialmente llamados “publicaciones”, eran ajenos en un principio a la lectura femenina.
Independientemente del peculiar origen, y de las múltiples variaciones de la palabra público, nadie puede negar que cuando se hace cualquier manifestación artística, es por el deseo de llegar al “respetable”. Por eso hay que diseñar una forma, y un estilo propio, para que tengan una armonía entre la visión del autor, y el agrado de los deseos del público. Aunque queramos trasmitir un mensaje muy claro, las obras maestras de arte están henchidas de posibles matices que cada uno de los espectadores proyecta desde su propia experiencia. Ninguna obra está acabada hasta que alguien llegue, la contemple, y desde su experiencia, la complete interpretándola.