REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
16 | 09 | 2019
   

Para la memoria hist贸rica - Encarte

La muerte de Benito Ju谩rez 2


Secretaria del Trabajo y Previsi贸n Social

鈥淢INISTERIO DE GOBERNACI脫N
鈥淚ndult贸 de la pena capital a un desgraciado que hab铆a sido sentenciado a muerte por el prefecto de Xochimilco, por ser acusado de robo y asalto.
鈥淓lev贸se al supremo gobierno la causa para ser revisada, y el defensor del reo solicit贸 en su favor la gracia de la vida. El se帽or Ju谩rez examin贸 con atenci贸n el expediente, no encontr贸 suficientemente probado el crimen, pues s贸lo aparec铆an indicios de criminalidad, y como el condenado no ten铆a malos antecedentes, le mand贸 poner en libertad, someti茅ndole 煤nicamente a la vigilancia de la polic铆a.鈥
I3 En el a帽o de 1932 se publicaron los recuerdos de Benito Ju谩rez Maza, acerca de los 煤ltimos momentos de la vida de su padre y los sucesos que presenci贸 los d铆as 17 y 18 de julio de 1872. As铆 relat贸 sus impresiones el hijo del Benem茅rito:
鈥淒esde el fallecimiento de mi madre, la se帽ora do帽a Margarita Maza, mi padre se abati贸 profundamente, al grado que no obstante su reconocida energ铆a y su af谩n por disimular todas esas emociones a sus hijos, no le fue posible cumplir sus prop贸sitos.
鈥淓l d铆a 20 de marzo de 1872, al terminar una conversaci贸n con el Lic. Emilio Velasco, sufri贸 mi padre el primer ataque y se desplom贸 en su sill贸n...
鈥淟a familia lo atendi贸 esmeradamente, y cuando volvi贸 en s铆, debido a los oportunos auxilios que le suministramos, mi padre no se daba cuenta absolutamente de lo que hab铆a pasado.
鈥淒espu茅s de ese primer ataque, continu贸 siendo v铆ctima de otros parecidos, hasta el 17 de julio del mismo a帽o, por la noche, en que comenz贸 a agravarse.
鈥淵o 鈥攄ice el hijo del ex Presidente Ju谩rez鈥 dorm铆a en la misma rec谩mara, precisamente junto a su cama. La noche del 17 al 18 de julio, mi se帽or padre comenz贸 a agravarse; esa noche la pas贸 con intermitencias varias, y era tal la fatiga, que me incorpor茅 varias veces alarmado. S贸lo por no contrariar la orden de mi padre, permanec铆 en silencio, sin poder conciliar el sue帽o.
鈥淎l amanecer me levant茅 con cautela, avis茅 a mi hermana Manuela lo que pasaba, para que fuera a ocupar mi sitio al lado del enfermo.
鈥淢and茅 ensillar mi caballo y me dirig铆 a escape al rancho de San Fernando, contiguo a Popotla, en busca del doctor don Ignacio Alvarado, que era el m茅dico de cabecera de nuestra familia.
鈥淓ntre ocho y media y nueve de la ma帽ana del 18 llegamos a mi casa el doctor y yo; 茅ste reconoci贸 a mi padre, recet贸 e indic贸 lo conveniente que ser铆a para el restablecimiento de su salud que no concurriera ese d铆a al despacho presidencial.
鈥淢i padre atendi贸 la prescripci贸n facultativa y permaneci贸 en su escritorio toda la ma帽ana rodeado de todos sus hijos, exceptuando a mi hermana Fel铆citas, que estaba ausente del pa铆s.
鈥淣o obstante su enfermedad, recibi贸 a varias personas de su estimaci贸n, entre ellas a los se帽ores generales don Ignacio Mej铆a, Ignacio M. Alatorre y Pedro Baranda.
鈥淭om贸 alimento como de costumbre, y a las cuatro de la tarde manifest贸 deseo de recostarse, porque sent铆a gran opresi贸n en el pecho, como si sobre 茅l le pasara un carro, y dolor agudo en el coraz贸n. Se recost贸, efectivamente, y con el ansia que parec铆a sofocarle, se llev贸 la mano al pecho, diciendo: 鈥楽iento que me aplastan鈥.
鈥淐ontinuaba mi padre recostado cuando se present贸 nuevamente el se帽or Gral. Mej铆a, secretario de la Guerra, le dio cuenta con los asuntos pendientes de gran urgencia, y con este general fue con el 煤ltimo que habl贸.
鈥淓l Dr. Alvarado permaneci贸 a la cabecera del enfermo, y notando que la angustia continuaba con m谩s fuerza, resolvi贸, de acuerdo con la familia, citar una junta de m茅dicos, a la que concurrieron el Dr. Gabino Barreda, el doctor don Miguel Jim茅nez y otro m茅dico distinguido. Instalados los facultativos, reconocieron con escrupulosidad al paciente, dieron su pron贸stico, de acuerdo: 隆muy grave!, y formularon con cierto desaliento.
鈥淎l oscurecer de ese d铆a fue atacado de s铆ncopes frecuentes, y lo hac铆amos volver en s铆 aplic谩ndole violentos revulsivos en el pecho y en el vientre.
鈥淒esde que los s铆ncopes se iniciaron con tal frecuencia, ni nosotros ni los m茅dicos nos separamos del lado de mi padre; mis hermanas y yo est谩bamos profundamente conmovidos en aquellos momentos de terrible angustia.
鈥淎cabada yo de retirarme de la cabecera del se帽or mi padre cuando vino el s铆ncope fatal, y entonces el se帽or don Pedro Santacilia, que estaba presente, me hizo volver a la que pronto ser铆a c谩mara f煤nebre.
鈥淐omo inspirado por una intuici贸n suprema, me inclin茅 hacia mi padre y deposit茅 en su frente un 贸sculo postrero. Mi padre abri贸 los ojos, que hab铆a tenido cerrados, me dirigi贸 la 煤ltima tierna mirada, y aquellos p谩rpados se cerraron para siempre.
鈥淓n aquellos instantes supremos de dolor para nosotros, el reloj de la bas铆lica marcaba las once y media de la noche.鈥
(Carlos M. Orlaineta: 鈥淩eminiscencias hist贸ricas. Los 煤ltimos momentos de Ju谩rez鈥. Magazine dominal de El Gr谩fico, 17 de julio dc 1932.)
14 La ciudad de Monterrey fue ocupada por las fuerzas del gobierno, al mando del Gral. Jos茅 Ceballos, el d铆a 6 de julio de 1872.
15 El Dr. Ignacio Alvarado tambi茅n relat贸 las 煤ltimas horas de la vida del Presidente Ju谩rez:
鈥淭errible enfermedad la que nos arrebat贸 al se帽or Ju谩rez. La angina de pecho, que con m谩s o menos crueldad ataca a otras personas, despleg贸 su m谩s extraordinaria energ铆a cuando tuvo que hab茅rselas con un h茅roe, como si fuera un ser racional que comprendiera que, para luchar con 茅xito con aquella alma grande, era indispensable ser tambi茅n grande en la crueldad.
鈥淒os horas hac铆a apenas que estaba yo a su lado, cuando la opresi贸n del coraz贸n con que empez贸, se transform贸 en dolores agud铆simos y repentinos, los que ve铆a yo, m谩s bien los que adivinaba en la palidez de su semblante. Aquel hombre deb铆a estar sufriendo la angustia mortal del que busca aire para respirar y no lo encuentra; del que siente que huye del suelo en que se apoya y teme caer; del que, en fin, est谩 probando, a la vez, lo que es morir y seguir viviendo. La enfermedad se desarroll贸 por ataques sucesivos; los sufre en pie. Vigorosa es su naturaleza, ind贸mita su fuerza de voluntad, y a煤n desplegada toda 茅sta, no le es dable sobreponerse por completo a las leyes f铆sicas de la vida, y al fin tiene que reclinarse horizontalmente en su lecho para no desplomarse y para buscar, instintivamente, en esta posici贸n, el modo de hacer llegar a su cerebro la sangre que tanta falta le hace. Cada paroxismo dura m谩s o menos minutos, va desvaneci茅ndose despu茅s poco a poco, vuelve el color a su semblante y entra en una calma completa; el paciente se levanta y conversa con los que lo rodeamos, de asuntos indiferentes, con toda naturalidad y sin hacer alusi贸n a sus sufrimientos; y tal parece que ya est谩 salvado, cuando vuelve un nuevo ataque y un nuevo alivio, y en estas alternativas transcurren cuatro o cinco largu铆simas horas, en que mil veces hemos cre铆do cantar victoria o llorar su muerte.
鈥淪er铆an las once de la ma帽ana de aquel luctuoso d铆a 18 de julio, cuando un nuevo calambre doloros铆simo del coraz贸n lo oblig贸 a arrojarse r谩pidamente a su lecho; no se mov铆a ya su pulso, el coraz贸n lat铆a d茅bilmente; su semblante se demud贸, cubri茅ndose de las sombras precursoras de la muerte, y en lance tan supremo tuve que acudir, contra mi deseo, a aplicarle un remedio muy cruel pero eficaz: el agua hirviendo sobre la regi贸n del coraz贸n; el se帽or Ju谩rez se incorpor贸 violentamente al sentir tan vivo dolor y me dijo con el aire del que hace notar a otro su torpeza: 鈥楳e est谩 usted quemando鈥. Es intencional, se帽or, as铆 lo necesita usted, le contest茅. El remedio produjo, felizmente, un efecto r谩pido, haciendo que el coraz贸n tuviera energ铆a para latir, y el que diez minutos antes era casi un cad谩ver, volvi贸 a ser lo que era habitualmente, el caballero bien educado, el hombre amable y a la vez en茅rgico.
鈥淒espu茅s de este lance, el alivio fue tan grande y tan prolongado, que se pasaron cerca de dos horas sin que volviera el dolor; la familia se retir贸 al comedor, y quedando yo solo en compa帽铆a suya, me relataba, a indicaci贸n m铆a, los episodios de su ni帽ez, la protecci贸n que le hab铆a dispensado el se帽or cura de su pueblo, etc. Cuando yo estaba m谩s pendiente de sus labios, se interrumpi贸 repentinamente, y elevando en mi fijamente su mirada, me dijo casi imperativamente: 鈥樎縀s mortal mi enfermedad?鈥 驴Qu茅 contestar al amigo, al padre de familia, al jefe del Estado?... Pues la verdad, nada m谩s que la verdad y procurando disminuirle la crueldad de mi respuesta, le contest茅 con la vacilaci贸n consiguiente a lo imprevisto de la pregunta: 鈥楴o es mortal en el sentido de que ya no tenga usted remedio.鈥 Comprendi贸, no obstante, que ello quer铆a decir: 鈥楾iene usted una enfermedad de la que pocos se escapan.鈥 Continu贸 inmediatamente su interrumpida relaci贸n, en el punto mismo en que la hab铆a dejado, como si la sentencia de muerte que acababa de o铆r hubiera de ser aplicada a otra persona que no a 茅l mismo. No le vi inmutarse; no le vi vacilar una palabra; ni trat贸 siquiera de pedirme las explicaciones que tanto deseaba yo darle. Esper贸 para conocer su sentencia, a que su familia no estuviera presente para no acongojarla; y aprovech贸 la distracci贸n de mi atenci贸n, para que, al hacerme de improviso la pregunta, no tuviera yo tiempo de estudiar la respuesta.
鈥淎quella calma de tres horas pronto desapareci贸, y un nuevo ataque, m谩s formidable, m谩s repentino y m谩s prolongado que el de la ma帽ana, vino a perturbar la reciente tranquilidad de los que lo rode谩bamos, e in煤tiles cuantos medios emple茅 antes de ocurrir otra vez al agua hirviendo; fue al fin preciso venir a 茅l, porque ya no sent铆a yo el pulso debajo de mis dedos. Le anunci茅 lo que 铆bamos a hacer, y lo tom贸 con la m谩s perfecta indiferencia y con la calma m谩s imponente, y la llamo imponente porque la palidez de su semblante, la falta de pulso y su respiraci贸n anhelosa, estaban anunciando que el t茅rmino funesto se acercaba a grandes pasos.
鈥淪e tendi贸 en el lecho, 茅l mismo se descubri贸 el pecho sin precipitaci贸n, y esper贸 sin moverse, aquel b谩rbaro remedio. Le apliqu茅 sin perder tiempo, y a煤n me parece que estoy mirando c贸mo se crispaban y extend铆an alternativamente las fibras de los m煤sculos sobre las que hacia la aplicaci贸n, se帽al evidente de un agud铆simo dolor; dirig铆 mi vista a su semblante..., 隆nada!, ni un solo m煤sculo se mov铆a; ni la m谩s ligera expresi贸n de dolor o de sufrimiento; su cuerpo todo permanec铆a inm贸vil y esto cuando al quitar el agua se levantaba una 谩mpula de varias pulgadas sobre su piel vivamente enrojecida.
鈥淓ntretanto, desde por la ma帽ana hab铆a volado por la ciudad la noticia de la enfermedad del Presidente y ocurrieron a verlo sus ministros y sus incontables amigos pol铆ticos y personales, y por razones que no es dif铆cil comprender, se ocult贸 cuidadosamente al p煤blico la gravedad de la situaci贸n, la que solamente conoc铆amos la familia y yo, que todos quedaron creyendo que simplemente se trataba de un reumatismo, y para que no se desvaneciese esa creencia, a nadie se le permiti贸 la entrada a la rec谩mara. En esa inteligencia, uno de los secretarios de Estado, el de Relaciones, seg煤n recuerdo, quer铆a hablarle de alg煤n asunto de su ramo, y el se帽or Ju谩rez le mand贸 suplicar que lo dispensara por aquel d铆a. En la tarde, el mismo ministro insisti贸 en verlo, manifestando que era un negocio muy urgente, precisamente en los momentos en que el dolor del coraz贸n era muy intenso, en que la respiraci贸n era jadeante y en que hab铆a desaparecido completamente el pulso. Aquel hombre que llevaba ya doce largu铆simas horas de ser presa de una muy dolorosa enfermedad, y que por esto su energ铆a deber铆a estar agotada, se levant贸 con calma, sin demostrar ni impaciencia ni contrariedad, arregl贸 su corbata, cubri贸se con una capa; se sent贸 en un sill贸n; orden贸 que entrara el ministro y, haci茅ndose sentar frente a 茅l, escuch贸 con atenci贸n el asunto que llevaba, discutiendo los principales puntos y d谩ndole, por 煤ltimo, su resoluci贸n definitiva. No hab铆a en su semblante, en esos momentos, nada que revelara el espantoso dolor que le estaba carcomiendo una de sus entra帽as, nada que diera a conocer que esa entra帽a era ya impotente para hacer llegar la sangre hasta la cabeza, y si no hubiera sido por las gotas de sudor fr铆o que yo le enjugaba de su frente y por la palidez indisimulable de su semblante, aun yo mismo habr铆a cre铆do que estaba sano, pues a impulsos de su voluntad lleg贸 a dominar toda manifestaci贸n de sufrimiento.
鈥淎煤n hay m谩s. Una hora despu茅s de haber salido el ministro, solicit贸 hablarle uno de los generales m谩s distinguidos, a fin de pedirle sus 煤ltimas instrucciones para la campa帽a que iba a emprender inmediatamente, no obstante que le faltaba el pulso hac铆a ya varias horas, y que su situaci贸n era completa y absolutamente desesperada.
鈥淟leno de admiraci贸n vi al se帽or Ju谩rez discutir con 茅l, de la manera m谩s tranquila, lo que era m谩s conveniente hacer; todav铆a no comprendo c贸mo pudo su cerebro casi exang眉e, recordar qu茅 personas resid铆an en las poblaciones que iban a ser en breve el teatro de la campa帽a, c贸mo pod铆a traer a la memoria las cualidades morales y los antecedentes pol铆ticos de esas personas, con tanta exactitud, que pudo indicar al general de qui茅nes desconfiar y a qui茅nes tener como amigos. En una palabra, dio los pormenores que dar铆a una persona que tiene concentrada por completo su atenci贸n en un asunto de inter茅s, y que est谩 libre de toda preocupaci贸n; es decir, hizo abstracci贸n de su persona en los momentos de morir, para no pensar m谩s que en el bien p煤blico en cumplimiento de su deber.
鈥淐oncluida aquella conferencia, p谩lido y vacilante, se arroj贸 por la postrera vez en su lecho, para no levantarse jam谩s de 茅l, lecho que cinco horas despu茅s no era ya lugar de descanso del Presidente, sino lecho mortuorio del hombre grande, del patricio que desaparec铆a de entre nosotros, pronunciando sus 煤ltimas palabras, en bien de la Rep煤blica, del var贸n esforzado y justo que nos dej贸 un ejemplo muy dif铆cil de imitar.
鈥淎s铆 pas贸 Benito Ju谩rez de la vida transitoria a la inmortalidad, con la tranquilidad de conciencia con que muere todo hombre justo y honrado que, como 茅l, supo siempre cumplir con su deber.鈥
(Benito Ju谩rez Documentos, Discursos y Correspondencia, selecci贸n y notas de Jorge L. Tamayo. Tomo I. M茅xico, Secretar铆a del Patrimonio Nacional, 1971, pp. 419-423).
16 El 16 de septiembre de 1872, al presentarse el Presidente Lerdo de Tejada a la inauguraci贸n de las sesiones del Congreso, ratific贸 su pena por la muerte de Benito Ju谩rez y pidi贸 a los legisladores que determinaran un homenaje al mandatario fallecido:
鈥淯na inmensa desgracia arrebat贸 de entre nosotros, en pocos momentos, al eminente ciudadano que por tantos a帽os rigi贸 con gloria los destinos de la Rep煤blica. Innecesario es encomiar el esclarecido m茅rito del C. Benito Ju谩rez, ni enumerar sus altos servicios.
鈥淓llos se hallan registrados en las m谩s ilustres p谩ginas de nuestra historia, y est谩n profundamente grabados en nuestros corazones. Los proclama la naci贸n agradecida, y no dudo que sus dignos representantes acordar谩n un t铆tulo de honra perdurable a la memoria del autor de la Reforma, y dar谩n a su familia un testimonio de la estimaci贸n del pueblo mexicano.鈥
Al d铆a siguiente, los diputados Juan Garc铆a Brito, por una parte: Alfredo Chavero y Gabriel Mancera, en forma independiente, y finalmente Roque J. Mor贸n y Ricardo Ram铆rez, presentaron diversos proyectos para honrar la memoria del Presidente Ju谩rez. El Congreso determin贸 que las tres proposiciones se turnaran a una comisi贸n especial de honores p贸stumos al C. Benito Ju谩rez, integrada por los diputados Juan Jos茅 Baz, Manuel Romero Rubio, Gabriel Mancera, Manuel Mar铆a de Zamacona y Tiburcio Montiel y Duarte, que present贸 a la consideraci贸n del cuerpo legislativo un proyecto de ley, en la sesi贸n del 10 de noviembre de 1872.
Este proyecto, que compendiaba las tres iniciativas originales, fue motivo de varias discusiones, hasta que, finalmente, el Congreso de la Uni贸n aprob贸 la siguiente ley, en la sesi贸n del 18 de abril de 1873:
Art铆culo 1掳 Se declara Benem茅rito de la patria en grado heroico, al C. Benito Ju谩rez, y su nombre se fijar谩 en letras de oro en el sal贸n de sesiones del Congreso de la Uni贸n.
Art铆culo 2掳 El d铆a 21 de marzo de todos los a帽os se enarbolar谩 el pabell贸n nacional en los edificios p煤blicos en conmemoraci贸n del nacimiento del C. Benito Ju谩rez, y en se帽al de duelo por su muerte se pondr谩 el pabell贸n nacional a media asta el 18 de julio de cada a帽o.
Art铆culo 3掳 El Ejecutivo gastar谩 hasta cincuenta mil pesos de los fondos federales en la erecci贸n de un monumento conmemorativo que lleve la estatua de Ju谩rez; este monumento deber谩 estar concluido el 5 de mayo de 1874.
Art铆culo 4掳 Se autoriza al Ejecutivo para que gaste hasta diez mil pesos en un monumento sepulcral donde se depositen los restos del C. Benito Ju谩rez y de su esposa do帽a Margarita Maza de Ju谩rez; este monumento deber谩 estar concluido el 18 de julio de 1873.
Art铆culo 5掳 Se concede una pensi贸n de tres mil pesos anuales a cada una de las tres hijas de Ju谩rez, do帽a Soledad, do帽a Josefa y do帽a Jes煤s, mientras permanezcan solteras, y al menor Benito Ju谩rez mientras concluya su carrera o cumpla 25 a帽os. La misma pensi贸n disfrutar谩 cualquiera de los siete hijos de Ju谩rez que llegare a pobreza. Estas pensiones se pagar谩n con toda puntualidad en mensualidades de dos cientos cincuenta pesos, sin que el Ejecutivo por arreglo general ni por motivo alguno pueda disminuirlas.
Art铆culo 6掳 La pensi贸n de tres mil pesos asignada a las hijas solteras se reducir谩 a mil quinientos pesos desde el d铆a en que se casen, y esta misma pensi贸n disfrutar谩n desde hoy las hijas casadas y el hijo var贸n cuando concluya su carrera o llegare a los veinticinco a帽os.
Art铆culo 7掳 Se faculta al Ejecutivo para capitalizar cada una de estas pensiones, tomando por base un quinquenio, siempre que consienta el interesado.
Art铆culo 8掳 Se concede un premio de dos mil pesos al autor de la mejor biograf铆a del C. Benito Ju谩rez. Los aspirantes al premio presentar谩n sus trabajos en el t茅rmino de seis meses; la calificaci贸n se har谩 por una junta que nombrar谩 el Ejecutivo.鈥
17 El d铆a 2 de agosto de 1872 el ayuntamiento de la ciudad de M茅xico convoc贸 a un concurso a fin de elegir un proyecto del monumento en honor del Presidente Ju谩rez. Los interesados tendr铆an un plazo de 20 d铆as para presentar el proyecto, con la memoria descriptiva y el presupuesto correspondiente, que no podr铆a exceder de treinta mil pesos. El monumento deber铆a quedar concluido para el mes de diciembre de ese a帽o.