REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 08 | 2019
   

Confabulario

Textos muertos


Yurazzy

I. El momento muerto fuera y dentro de mí. Invisibles desmayos de la mañana gris, color de la sombra, del polvo, del recuerdo, de la maldición de aquellas mujeres.
Puedo describir la simpleza de sus escándalos, al mirar y al sonreír, la muerte del alma se alumbra.
Una quietud salvaje, respiro dolor, este lapso de soledad, lo que era y lo que veo. Solo hay una alucinación miserable que vislumbra en el umbral de mi hospital y mi casa. Solo una estimación pequeña de lo que intento hacer cuando te pienso dentro de estos lugares míos. Me perdono, he muerto.

II. En mi libro solo se leen comienzos y vacíos (oscuros y claros). Describo las sangres, pecado presente que inunda la nave, la memoria rota.
Concibo una perpetua oración para desatarme las yagas, el lastre, la mudez, el impío, este perjurio infinito. Construyo a leguas de mi juventud otras pubertades más desgraciadas que nuestras. Murmuro entender que puedo explicar mi vida, mis mañanas, el paisaje, el tercer laberinto, la misma mujer de antes.
Decido no estar y no ser, decido dar y perder. Comienzo a andar de pie sobre la sal de los ríos vírgenes, el desgaste de mis ojos, el ánimo abatido por la misma línea y la hoja blanca. Estoy leyendo el comienzo, díctame por favor lo que sigue en voz baja.

III. Mi mutable espera, las horas del café prolongadas a una mediana eternidad, las pertenencias de todos los arrebatos al sol, las dos estrellas fugaces y mi clave de música.
El punto suspendido de estas telarañas que me conducen hacia la calidez de la flor. La ceguera de mis manos cuando rondan tus pies desnudos y la ventana sin vergüenza ladrando de par en par, ofreciendo alas al viento.
Apuesto mis dudas, cuatro sueños de infancia, la postal que llegó en tren saturada de garabatos portugueses. Pongo en juego la lata con basura, cien gotas de lluvia, este par de palabras, el sexo trasformado, mi desidia por amar, el deseo al odio y la sala en donde siempre me obsesionan tus mentiras que ya dibujo a voluntad.

IV. Historia simple, teñida tontería ésta de imaginar que perturbas mis cojines, los terciopelos, los olores que perfuman este encuentro. El recuerdo lánguido, humo que se desvanece en mis otras personas, la pesadilla explosiva llamando sin destinos.
El día, hoy, acontece, me atraviesa sin consentimiento, no hay leyes, el cielo, lo eterno, lo que guardo entre las manos. Aquí espero la entrada del verano y los cálidos aires, en suspiro se me encierra el camino, no hay verdades hechas, construía la pretensión de una y por acierto se borró. Estos finales acometen contra mi crónica enferma, con lo que dudo y lo que suelo errar. Me equivoco, se suspenden las dudas.

V. Mi serie de repeticiones, el mismo cuento y el mismo personaje principal y único. Las manchas en las nubes y esta caída de espíritu. Me atrevo a devolverle las gracias a la fortuna, aunque hubiera sido más factible no conocerle el rostro.
La pausa al hablarle de mi amargura, la púrpura en sus labios y yo con la mirada fija en lo que fue solo una suerte arrojada a mi senda.

VI. Soy la vuelta del espejo, del pasado, soy las tardes en ayuno, el silencio cuando duerme, el túnel húmedo de las noches. Soy los huesos sin la carne, este óvulo sin esperma, la letra ilegible, el mismo espectáculo que ofrece el circo.
Entro en zonas que se inventan mis mayores desvaríos, se conoce otras formas de actuar (hablo así, miro así, gesticulo así, sonrío así). General desacuerdo con el juicio del año 2000.
Acudo cada mañana de cada domingo a asistencia psiquiátrica, me ha confesado el que escucha mis revelaciones que realmente es bipolar, pero bueno, yo tengo esquizofrenia… respondí luego de doscientos segundos.