REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Confabulario

Carta de amor: me acorde de ti


Rafael Martínez de la Borbolla

     “Que tan corto es el amor y tan largo es el olvido”

Te escribo porque me acordé de ti, no por necesidad ni por soledad o porque te extrañe, o por lo menos de eso me he convencido, aún no defino si tu amor fue una extraña bendición o un castigo. Disciplinado como soy seguí rigurosamente la metodología de la propaganda en su máxima expresión: Una mentira repetida mil veces termina por convertirse en verdad. No te extraño, pero siempre te recuerdo.
Te suplico no te hagas de ideas ni que veas moros con trinchetes, simplemente te escribo porque me acordé de ti: en medio de la nada te pienso. Dicen que cuando una relación llega a su fin es porque se vacía el alma, aunque se dio todo de sí las diferencias superaron las coincidencias, causa angustia y a veces miedo pero no hay vuelta atrás, los amantes se separan y a continuar con su vida. Después de derramar una lágrima se promete no volver a caer en los mismos errores de siempre, nos ponemos de pie apretamos los dientes y esperamos lo mejor. Nos convencemos que aunque se cierra una puerta encerrando muchos recuerdos detrás de ella, también nos da la posibilidad de abrir otras y escribir nuevas historias, la vida siempre comienza mañana. Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero también es cierto que no sabemos lo que hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos. El amor comienza con una sonrisa, crece con un beso y muere con una lágrima. El brillo del futuro siempre se basará en un pasado olvidado, o al menos eso dice la leyenda.
Con cierto recelo observo como a otras parejas les cuesta llegar a ese término. Andan yendo y viniendo, pelean, discuten, se hacen y deshacen, gritan a los cuatro vientos que ya no más; pero al poco rato los vuelves a encontrar juntos riendo y poco después de nuevo riñendo, encontrándose de vuelta en esos muros carcomidos que los contienen, la verdad es que hasta enfado da. Se enfrascan en círculos de reclamos infinitos que pueden durar años en constante represalia: él me lastima yo lo hago más. Para nosotros no fue así, dos alertas, algunos sin sabores y así como vibrantemente empezó silenciosamente terminó. Como si ambos quisiéramos soltarnos; no hubo aspavientos, tampoco grandes complicaciones ni duras recriminaciones, sólo las necesarias. Cada quien en su postura, yo haciéndome el duro para sentirme un poquito más seguro y tú en la de princesa impulsiva en un feudo aristócrata.
Ni víctimas ni victimarios, al final nadie pierde a nadie, por que nadie posee a nadie. Ésa es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo y que aunque cada quién escribe su propia historia también tiene la libertad de contarla como la recuerda; el ser humano tiene la inclinación hacia una memoria fragmentada y selectiva.
¿Sabes? En su momento pensé que sería sólo algo pasajero, un 'break', pero la vida nos lleva por caminos inesperados; las circunstancias, personalidades y tiempos al parecer no estuvieron a nuestro favor, acepto que me dolió, pero el tiempo lo cura todo, efectivamente hubieron varias noches en las que moría por respirarte, por hablarte, incluso llegué a pensar en marcar de un número desconocido sólo para escuchar tu voz. Me mantuve firme y no lo hice, los sueños desaparecen para las personas que los abandonan. También llegó el silencio a mi teléfono; quizá nunca te lo compartí, pero a mi casa me marcan muy poco, sólo mis familiares muy cercanos, algunos vendedores de productos tan milagrosos como innecesarios, alguna vez un encuestador pero en realidad solo lo hacías tú.
Cuando llegaba a sonar te imaginaba al otro lado de la línea y ya tenía estructurada en mi mente una serie de posibles respuestas a tus cuestionamientos, razones o afirmaciones, ¡tenía tantas!, de distintos colores y sabores, haz de saber que eran perfectas para cualquier eventualidad, todos tus argumentos caerían como naipes para que regresaras a mis brazos, pero al final se quedaron ahí en mi garganta pues esa llamada nunca llegó.
Me quedé como el protagonista del Libro El Coronel no tiene quien le escriba; sentí en carne propia esa espera que asfixia, súbitamente aparecieron los simbolismos que conllevan la nostalgia; las velas de olor que me regalaste y que observaba cómo paulatinamente se consumían a sabiendas que no me regalarías otras, comencé a prenderlas cada vez por más breves periodos, hasta que por fin un día desaparecieron. Quedaron inconclusas las historias de vida sobre las personas que te rodean; familiares, amistades, conocidos y villanos, también aquel viaje tan platicado que nunca hicimos. Todo a partir de esa espera, incluso pensé enloquecía pues varios objetos que me eran completamente inadvertidos empezaron de pronto a cobrar vida; todos me llevaban a ti, la taza donde te servía tu café, el sillón donde te sentabas y reías, mi cama donde me enseñaste el paraíso, aquel jabón que te compré solo para tu uso, el programa de tele que tanto te gusta, las sábilas de donde te llevaste algunas para plantarlas en tu jardín, esas canciones que te emocionaban, las macetas que compramos juntos. Todos de alguna manera me gritaban de ti. Hoy me queda claro que en la vida la incertidumbre es el mayor de los males, la esperanza es lo que nos hace permanecer vivos y los videntes que anticipan el amor eterno se equivocan.
¿Te estremeces cuando piensas en los hubieras? ¿te acordarás de nuestro primer beso? ¿de nuestro último abrazo? Yo sí. Uno nunca sabe, tendrás que pensar en la posibilidad de que cuando sientas un escalofrío, como una suave brisa que roza alguna parte de tu cuerpo, podría ser una caricia que se me escapa de un sueño. Hoy entiendo que como autoprotección el tamaño de mi indiferencia es comparable con todo lo que te amé y en la proporción de las expectativas que había depositado en ti.
En fin, lo importante es que sólo quería escribirte que me acordé de ti.

@rafaborbolla