REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

Confabulario

EL WHITE


Roberto Bravo

Aunque cuando estoy alegre corro de un lado a otro yo no hablo con mis movimientos sino con mis ojos, mis ojos son el espejo de lo que entiendo, sufro y deseo y nada quiero más en las mañanas sino que llegue Rosendo y me de tripas de leche, que disfruto como pocas otras cosas. No somos fieles los perros sino agradecidos con quien consideramos nuestro, no me refiero a una camada que nos haya nacido ni a otra perra, sino a quien vive donde nosotros vivimos y nos procura. Tampoco diferenciamos el tiempo, nuestra vida es un presente perpetuo. Rosendo, sin ser afectuoso, me ha demostrado que adentro de él existe un alma que ama en todas las direcciones hacia donde ven sus ojos y siente su corazón, y yo sería completamente feliz el día que pueda dominar a Chano, el mozo y le rocíe alcohol alcanforado en los huevos como él lo hace conmigo. Cuando siento al alcohol quemar mis atributos, se me crispa el cerebro porque la exasperación contrae mi pensamiento y tengo que hacer algo desesperadamente, porque si no estallaría mi ser, nadie a quien no se lo han hecho podrá entenderlo y Chano, a nadie se lo hizo sino a mí. Asocié el dolor a sus carcajadas después de hacerme enloquecer. Eso duró hasta que Rosendo tiró el esparcidor con alcohol alcanforado y Chano no se tomó el trabajo ni el dinero de comprar otro.
Desde que llegó Rosendo la vida cambió en el negocio, don Manuel está más relajado, Pupa está alegre casi todo el tiempo y Chano falta cuando se le antoja. A Rosendo le pone de mal humor lavar el mingitorio y cuando lo hace, lo hace bastante mal. Tampoco le gusta barrer el frente de la calle ni la acera, porque enfrente están Laura y Beatriz, las de la farmacia, y como le gustan no quiere que lo vean con la escoba. Cuando don Manuel viene por las mañanas y le dice que limpie la calle, lo hace dando la espalda a la botica para no ofrecerles la cara a las muchachas. Cuando Rosendo se fue las cosas tomaron el curso de antes. Las tardes sin clientes no volvieron a ser las mismas. Rosendo leía el libro de los milagros de los santos, o levantaba edificios con las fichas de dominó. Los perros percibimos a la persona en su interior y el de Rosendo fue el más fino de los que conocí, estando con él se sentía una placidez que experimenté solamente poco antes de morir. Reaccionaba a cualquier estímulo, pero cuando no había motivos era la paz absoluta.
Se fue porque, aunque a esa edad no sabía lo que quería, supo lo que no quería y un espíritu delicado como el suyo no podía vivir en contradicción consigo mismo. Personas como él pueden parecer autoritarios, pero no lo son, interiormente no pueden coexistir con oposiciones porque sufren demasiado, enferman y mueren si no encuentran una solución para su conflicto.
Una tarde vio Rosendo al peluquero que arreglaba el pelo a un cliente. La peluquería estaba a un lado de la farmacia. Observó los movimientos que hacía el barbero mientras pasaba una toalla por la nuca y la barbilla a una persona sentada en la silla. Miró cómo después tiró el agua de la bandeja en la calle y escupió a la tierra. Regresó con el cliente, a quien le mostró su nuca con un espejo. El hombre sonrió y después de pagarle se paró del sillón y se fue. El peluquero salió a la acera, escupió otra vez sobre la tierra y bostezó extendiendo los brazos tanto como pudo. El barbero tenía cincuenta años y Rosendo catorce, pero ese peluquero fue un espejo en el que se vio cuando tuviera esa edad si se quedaba en el pueblo, e inmediatamente escribió una carta a su padre explicándole que quería seguir estudiando. No dijo a nadie nada, solo escribió la carta y cuando llegó Chano le pidió que la llevara al correo.
Amaba la vida que llevaba con sus abuelos y los amaba como a nadie, pero se dio cuenta que él no era como ellos y tuvo que dejarlos.
Yo morí una noche de la que no recuerdo otra cosa que la oscuridad en la que me tendía después que cerraban la cantina. Para mí es lo mismo aquí que allá, somos los animales parte de la naturaleza y para nosotros no existen diferencias.