REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

De nuestra portada

El centenario de Edmundo Valadés


José Miguel Naranjo Ramírez

La muerte tiene permiso

En el Estado de Sonora nacieron caudillos que diseñaron y dirigieron los destinos del México postrevolucionario, de sus aciertos y errores la historia ya se ha encargado. Pero los sonorenses tienen un caudillo del cual pueden sentirse completamente orgullosos, porque fue un caudillo de la cultura, me refiero a Edmundo Valadés (1915-1994) quien es un destacado cuentista, periodista, editor, un escritor que sigue siendo un referente en la narrativa mexicana del siglo XX.
La labor literaria de Edmundo Valadés es de un valor incalculable en la vida intelectual de México. Fundó y dirigió la revista El cuento mediante la cual divulgaba la producción mundial del género cuentístico y difundía los cuentos de los escritores mexicanos. Por lo antes señalado, la mejor manera de celebrar el centenario del nacimiento de Edmundo Valadés es conociendo su obra cuestística.
El primer libro de cuentos de Edmundo Valadés se publicó en 1955 y se titula: La muerte tiene permiso el cual está integrado por los siguientes cuentos: “La muerte tiene permiso”, “Estuvo en la guerra”, “No como al soñar”, “Como un animal, como un hombre”, “Al jalar del gatillo”, “La grosería”, “Asunto de dedos”, “Adriana”, “Un gato en el hambre”, “La infancia prohibida”, “El pretexto”, “Se solicita un hada”, “Todos se han ido a otro planeta”, “Las raíces irritadas”, “Un hombre camina”, “El gritar absurdo”, “Qué pasa, Mendoza”, “En cualquier ciudad del mundo.”
Son cuentos cortos y magistrales, aparentemente de lectura sencilla, la mayoría de sus temas nos hacen reflexionar. Lo que Valadés escribió en 1955 tristemente son temas tan reales y vigentes en el contexto que está viviendo México, su lectura asombra la realidad del contenido y trataré de ejemplificarlo explicando brevemente el cuento: “La muerte tiene permiso.”
En este cuento está por realizarse una Asamblea ejidal, los ingenieros son los que conducen la Asamblea; antes que dé inicio, estos destacados líderes de manera burlesca, reflexionan sobre la vida de los campesinos: “-Sí, debemos redimirlos. Hay que incorporarlos a nuestra civilización, limpiándolos por fuera y enseñándolos a ser sucios por dentro…” El Presidente inició la Asamblea y después de los clásicos discursos y promesas realizadas a los ejidatarios, cedió la palabra a los campesinos para que expusieran sus quejas, peticiones, sueños, etc.
Al inicio nadie se animaba a hablar, de pronto Sacramento se hizo de valor y pidió la palabra que le fue concedida, la petición que realizaría a la Asamblea se justificaba en los siguientes hechos: “Quiero hablar por los de San Juan de las Manzanas. Traimos una queja contra el Presidente Municipal que nos hace mucha guerra y ya no lo aguantamos. Primero les quito sus tierras a Felipe Pérez y a Juan Hernández, porque colindaban con las suyas. Telegrafiamos a México y ni nos contestaron. Hablamos los de la congregación y pensamos que era bueno ir al Agrario, pa la restitución. Pos de nada valieron los vueltas ni los papeles, que las tierritas se le quedaron al Presidente Municipal.”
Derivado del conflicto antes señalado, el Presidente Municipal enojado porque esta gente ruin, baja, pobre y malagradecida se le habían rebelado, empezó a cobrar los diversos prestamos que debían los campesinos y que según él estaban muy atrasados. Como era de esperarse el cobro era mucho más elevado de lo que realmente debían y esto ocasionó lo que a continuación Sacramento seguía exponiendo en la Asamblea:
“-Pos luego lo de m´ijo, siñor. Se encorajinó el muchacho. Si viera usté que a mí me dio mala idea. Yo lo quise detener. Había tomado y se le enturbió la cabeza. De nada me valió mi respeto. Se fue a buscar al Presidente Municipal, pa reclamarle… lo mataron a la mala, que dizque se andaba robando una vaca del Presidente Municipal. Me lo devolvieron difunto, con la cara destrozada.”
Por si todavía las autoridades de la Asamblea no estaban convencidas, Sacramento antes de realizar la petición expuso el último punto: “Si todo esto fuera poco. Salió el Presidente Municipal con los suyos, que son gente mala y nos robaron dos muchachas: a Lupita, la que se iba a casar con Herminio, y a la hija de Crescencio. Como nos tomaron desprevenidos, que andábamos en la faena, no pudimos evitarlo. Se las llevaron a fuerza al monte y ai las dejaron tiradas. Cuando regresaron los muchachas, en muy malas condiciones, porque hasta de golpes le dieron, ni siquiera tuvimos que preguntar nada.”
Después de todo lo narrado como era de esperarse el pueblo se cansó de tan mala autoridad que promueve la injusticia, el autoritarismo, el abuso del poder, la corrupción, la delincuencia, el cobro injusto de impuestos, el descaro, etc. y buscó hacerse justicia por sus propias manos, fue en ese contexto que se solicitó el permiso para matar al Presidente Municipal, y la primer respuesta de las autoridades de la Asamblea es la siguiente: “-Pero somos civilizados, tenemos instituciones; no podemos hacerlas a un lado. Sería justificar la barbarie, los actos fuera de la ley.” A esta argumentación válida se le respondió: “¿Y qué peores actos fuera de la ley que los que ellos denuncian.”
Fue tal la presión que se hizo sobre la petición, que al Presidente de la Asamblea no le quedó otra opción más que llevar la propuesta a votación: “Se pone a votación la proposición de los compañeros de San Juan de las Manzanas. Los que estén de acuerdo en que se les dé permiso para matar al Presidente Municipal, que levanten la mano…” Mi estimado lector, como era de esperarse la votación fue a favor de manera unánime, una vez obtenido el resultado favorable de la votación, Sacramento declaró: “Pos muchas gracias por el permiso, porque como nadie nos hacía caso, desde ayer el Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas está difunto.”
Edmundo Valadés es un cuentista genial, por supuesto que no se está promoviendo la barbarie, quisiéramos que esto solo fueran cuentos, pero tristemente se confirma que lo único que hacen los verdaderos artistas es desnudar la realidad, mejor dicho, una pequeña parte de la realidad.

Las dualidades funestas

La obra cuentística de Edmundo Valadés podría ser tachada de negativa, pesimista, inmoral e incluso antipedagógica. La realidad es que todos los cuentos de Valadés solo reflejan parte de la condición humana, y la principal función de la literatura es describir esa realidad. Por eso en el segundo libro de cuentos titulado Las dualidades funestas el cual se publicó en el año de 1966, Valadés transcribió la siguiente reflexión de Mario Vargas Llosa, que nos ayudará a comprender de manera más clara parte de la función de la literatura:
“…Pero quienes lo condenan afirmando que la literatura debe ser edificante y ejemplar, se equivocan, pues la literatura nada tiene que ver con la pedagogía. Ella es un reflejo de la realidad y sus límites son los de la realidad que no tiene límites.”
La realidad antes mencionada está en la obra de Valadés. La vida sencilla, rutinaria, ordinaria, la encontrará en la lectura de los cuentos que integran el libro Las dualidades funestas, los cuales son: “Rock”, “Los dos”, “El compa”, “El verdugo”, “El cuchillo”, “La cortapisa”, “La incrédula”.
En este libro de cuentos es recurrente encontrar temas que abordan la pasión, el erotismo, el deseo, la sensualidad, el machismo, la cobardía, el vandalismo, la venganza, el concepto de amistad, los celos, etc. y por supuesto que escribir esas realidades como crítica social no siempre serán bien recibidas. Es importante aclarar, que no todos los cuentos tienen el objetivo de juzgar una conducta, hay cuentos que buscan enseñarnos a comprender que el enorme deseo y necesidad sexual que todos tenemos, es tan natural y no tendría que ser visto como una perversión, ejemplo de esto es el cuento “La cortapisa”.
Un aspecto interesante de los cuentos que integran Las dualidades funestas es la sencillez con la que son tratados los temas, verbigracia es el cuento “El compa”, en el cual nos encontramos con un personaje primero obsesionado y después completamente enamorado de la Bicha. Él, le prometía amor eterno, ella si bien le agradaba la idea de irse a vivir con su enamorado, tenía la clásica duda que solo la quisiera para el “acostón”.
En el contexto en que el personaje enamorado se desvivía por conseguir el sí de la Bicha, el compa con el que siempre convivía en las borracheras y en las cantinas acompañados de mujeres, empezaba a notar que su compa lo estaba abandonando por la Bicha, un día habían quedado de ir a beber al Agua Azul con unas nuevas mujeres y sucedió lo siguiente:
“Ni modo. Dejó de nuevo al compa, tragándose el sentimiento. La Bicha lo esperaba para irse de bailada. Ella estaba respirando muy fuerte, diciendo que si a todo, a sus ganas desbocadas de irla apretando más y más entre paso y paso de Nereidas. Hasta sentir debilitar su vergüenza, poco a poco. Luego se la acomodó muy bien, toda apretadita, sin disimular la calentura. -¿Nos vamos por ay? Ella nomás se le repegó, muy calladita, y él se sintió a todo dar, muy dueño de todo, capaz de cualquier cosa.
Ya vas, pensó. Y luego luego se la llevó por ay. Caminaron en la noche, sin atender más que a sus ganas, escabullendo borrachos, a los vendedores, a las mujeres pintarrajeadas que pasaban casi entre ellos, sin que los inquietara este o aquel policía que se les quedaba viendo.
Ya sus manos la iban hurgando ávidamente, como si ambos fueran los únicos en pasar por esa calle y no existiera sino su deseo y como si todos los demás, la ciudad entera, hubiera sido hecha para que ellos se acostaran donde mejor les pareciera. Llegaron a la puerta del hotel, discreta, tentadora. -¿Dónde me llevas? -Aquí nomás linda, a estar solitos tú y yo. -¿No te digo que llevas mucha prisa? Hoy no. -Ándale, Vidita, si al cabo nos queremos bien. -Pero un ratito nomás y sólo para platicar.”

Estimado lector, como podrá imaginarse ¡entraron al motel solo para platicar!, pasaron los días y la Bicha ya vivía en un cuarto con su enamorado. Él, ¡como todo gran caballero! le presumía mucho a su compa lo buena que estaba: “-Bueno ya me enredé con la Bicha. Le puse su cuarto. Un día te vas a comer con nosotros. El compa no dijo nada pero bien que se le notaba la molestia. A ver cómo te sale la muchacha. Ya ves cómo son las viejas de aprovechadas. No la vayas a regar por todos lados. Le habría explicado que con ella todo era pura vida, mejor que con las del Agua Azul. ¡Qué agarrones! Como para estarse encima de ella a todas horas.”
Entre más pasaban los días mayor era la felicidad de los enamorados, pero más grande era todavía la infelicidad del compa, éste pensaba que ella era una mujer que no merecía ser tratada con tanto amor, los motivos del compa no son muy claros, tal vez, eran celos de amistad, compañerismo, envidia, algún rechazo de la Bicha, la verdad es que no lo sé. Lo que sí se puede comprender en el cuento es esa naturaleza desviada, perversa, sucia, machista, egoísta, porque el compa le dijo al enamorado que él había visto a la Bicha con otro, siendo esto una mentira, y como era muy su amigo estaba obligado a decírselo, se emborracharon y bueno, el final lo podrá leer Usted, pero le anticipo que es un final trágico.
Es parte de la narrativa de Edmundo Valadés, un cuentista original, diferente, quien en el libro La muerte tiene permiso nos describió la realidad de la vida rural, y en Las dualidades funestas nos presenta la vida de la ciudad con todas sus grandezas y miserias, teniendo el único propósito de enseñarnos a no convertirnos en “El Verdugo” o “El compa.”


Solo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita

Toda la obra de Edmundo Valadés se integra en tres libros de cuentos, el tercer libro con el que se esta celebración por el centenario de su nacimiento, se titula: Solo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita, publicado en el año de 1980. Con tan poca creación el sonorense nos dijo demasiado, porque en todos sus cuentos el lector siempre encontrará una parte donde se identifique. Los cuentos abarcan el nacimiento, infancia, adolescencia, juventud, adultez, vejez y finalmente la muerte.
Este libro se compone de cuentos nuevos y cuentos que ya habían sido publicados en Las dualidades funestas (1966). El contenido es el siguiente: “Palomita”, “Rock”, “Las Piernas”, “El cuchillo”, “La incrédula”, “El compa”, “La cortapisa”, “Los dos”, “La marioneta”, “¿Por qué?”, “El verdugo”, “El extraño”, “Fin”.
Después de esta publicación de cuentos llegó el silencio de Edmundo Valadés, ¿Será que ya no había más que decir? Puede ser que con el transcurso de los años nuestras vidas se van convirtiendo en recuerdos que añoramos, y como el diario caminar solo es un rápido recorrido hacia la nada, tal vez, mejor valdría la pena dedicar los pocos años que nos queden por vivir a dejar de ser “El extraño”.
“El extraño” es un personaje que intenta recordar cómo fue su infancia, recuerda a su padre y algunas anécdotas: “Debo haber sido callejero. Escapaba a las calles o casas vecinas, donde podía pasarme el día jugando con mis amigos. Tendría yo tendencia a la libertad. Mi madre me ataba a veces a su máquina de coser. Ella es una desvaída imagen, una fugacidad inconcreta, una ternura incumplida. ¿Qué me queda además de la visión irreal de su traje blanco, bordado? Puro desarraigo de mi primera infancia. Me ha dolido siempre.”
Después de tantos años de ausencia, “el extraño” regresó a su pueblo donde había nacido y crecido, quería reencontrarse con su pasado para que le ayudara a vivir o entender mejor su presente, pero, ¿por qué él ya era un extraño? Podría ser que nadie lo reconociera o incluso el lugar ya no fuera el mismo, sin embargo, “el extraño” llegó a expresar: “Tenía la sensación de haber perdido para siempre lo mejor que pudo haber en mí mismo. El recuerdo no encaja. Intento acercarme lo más posible a mi infancia. Voy al callejón, en el que empecé a vivir. Reconozco la casa de los dos pisos, los barrotes donde un niño metió la cabeza. Las banquetas ya no son altas.” ¿El problema será de un cambio en la estructura física?
De pronto “el extraño” ve a un niño que es su álter ego (otro yo) el cual le dice lo siguiente: “Desde aquí te veo. No me gustas. No eres lo que yo era. Tus ojos no son los míos. Tú eres otro. Yo soy feliz, no tengo ningún fardo, ningún complejo, ninguna frustración. Este callejón es mi ciudad, mi sueño, mi juego. Vivo feliz en este puerto. Soy parte de él. Todos me conocen. Voy al muelle, soy amigo de los marineros, de los pescadores, me dejan subir a sus barcos. No, ése en que estás tú, no soy yo. ¡En eso me has trastocado! Te inicié en la libertad de vivir y te dejaste imponer grilletes. Te di una maravillosa infancia. La has perdido. Vete eres un extraño.”
“El extraño” es un precioso cuento que nos hará reflexionar y respondernos si hemos evolucionado o involucionado, cada quien tendrá su respuesta. Lo que sí puedo compartir desde mi “egotismo” es que entre más crecemos menos libres somos, nos convertimos en esclavos de todo, incluyendo nuestros prejuicios y no olvidemos que el rápido caminar, el día a día, es un camino hacia la nada, por lo tanto, no perdamos el tiempo en un correr tan apasionado hacia lo incierto, mejor reflexionemos en lo único concreto que tenemos, es decir, yo y el otro.
Una vez que desterremos de nuestras vidas a “El extraño”, no significa que ya resolvimos el problema trágico del hombre. Dejar de ser “el extraño” es para vivir mejor esta vida terrenal, pero cuando estemos cerca del final, nos encontraremos con la problemática existencial planteada en el cuento “La marioneta”. Este cuento se compone de dos párrafos, para ser más concreto, en 9 renglones Edmundo Valadés, nos está planteando unamunianamente el sentimiento trágico de la vida que es dejar de ser, de existir.
“El marionetista, ebrio, se tambalea mal sostenido por invisibles y precarios hilos. Sus ojos, en agonía alucinada, no atinan la esperanza de un soporte. Empujado o atraído por un caos de círculos y esguinces, trastabillea sobre el desorden de su camerino, eslabona angustias de inestabilidad, oscila hacia el vértigo de una inevitable caída. Y en última y frustrada resistencia, se despeña al fin como muñeco absurdo.
“La marioneta -un payaso en cuyo rostro de madera asoma, tras el guiño sonriente, una nostalgia infinita- ha observado el drama de quien le da transitoria y ajena locomoción. Sus ojos parecen concebir lágrimas concretas, incapaz de ceder al marionetista la trama de los hilos con los cuales él adquiere movimiento.”

La muerte es un sentimiento trágico con el que se nace, es algo inevitable, irreparable, por años Facundo Cabral y Alberto Cortez cantaron: “solo aquel que ha vivido, tiene derecho a morir” y le agregaría a la letra que los que realmente viven, nunca mueren, porque hoy a cien años de su nacimiento, estamos recordando, escribiendo y meditando, sobre el inmortal Edmundo Valadés. Finalmente, solo los libros, la literatura y la cultura son inmortales, estimado lector.

miguel_naranjo@hotmail.com