REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

¿Qué hacer?


Hugo Enrique Sáez A.

¿Qué hacer? La misma lacerante pregunta se formulaba Lenin a principios del siglo XX cuando la soberana voluntad del Zar se imponía en Rusia. Y en un libro esbozó la respuesta: darle forma al partido socialdemócrata clandestino integrándolo por células organizadas en torno a un centro democrático. Después de la toma del poder en 1917, esas buenas intenciones borraron la democracia y se instauró un régimen violento y represivo que a partir de Stalin comenzó a decaer hasta emprender su lento colapso, porque el socialismo que invocaba se había convertido en un significante vacío.
En las actuales condiciones de crisis mundial retorna la misma pregunta. ¿Qué hacer frente al abuso del capital financiero que amenaza la existencia de países enteros, como Grecia en estos momentos? ¿Qué hacer frente a la inseguridad que se expande por todos los rincones del planeta mientras que los encargados de la protección son más peligrosos que la propia delincuencia? ¿Qué hacer frente a la desenfrenada acumulación de riqueza en manos de unos pocos y una desigualdad que condena a la mayoría de los pobres a una supervivencia en el borde del exterminio? ¿Qué hacer con las instituciones que han sido privatizadas por auténticas mafias corruptas que determinan la orientación de las políticas públicas a su favor?
Ahora bien, entre esa multitud de cuestiones un problema central para quienes habitamos en los países latinoamericanos es la violencia que provoca inseguridad y un creciente deterioro del tejido social. Un síntoma de esta descomposición de nuestro escenario es que cada vez menos frecuentes son las relaciones humanas desinteresadas, solidarias, gratuitas. En contraste, se impone el intercambio basado en un contrato aun en cuestiones íntimas: doy esto a cambio de lo otro. Y el contrato no sólo fomenta la preservación del interés individual sino que el más fuerte también se rompe en cualquier momento. Recuérdese que la palabra gratuito deriva de 'gracia', que en latín está vinculada a 'belleza, encanto, placer, favor, regalo'. Por ende, una relación gratuita está desprovista de interés mezquino, no se liga con obligación ni intercambio alguno, no persigue beneficios a costa del otro. Se practica con afecto auténtico y se borran las fronteras entre los individuos que se unen en la calidez del abrazo. No es una utopía y en este punto cada sujeto es responsable de analizar y transformar la situación de aniquilamiento social en que transitamos.
Me explico. Una relación gratuita genera comunidades en que se materializa la mutua obligación del cuidado horizontal: en el amor de pareja, entre colegas del trabajo, con los amigos, hacia compañeros de estudio. Por supuesto, no es la situación predominante en la sociedad actual, pese a que la publicidad oficial se enfoca a resaltar los valores familiares -una comunidad hoy herida- como objeto de la preocupación estatal en sus planes de política social. Precisamente, la crisis de violencia afecta con mayor intensidad que nunca a la familia. Un informe reciente de la SEP y la UNAM (diario Reforma, 22-02-2015) revela que el 84% de los alumnos de primaria son golpeados en su casa. Los feminicidios constituyen un problema de primer orden en varias regiones de la república, comenzando por el estado de México. Se reporta que alrededor de un millón de michoacanos habitan en los Estados Unidos, lo que refleja con dramatismo las rupturas emocionales que generan las migraciones.
Frente a estos fenómenos se aduce que la cultura del consumo ha fomentado que el individuo convierta su interés egoísta en la guía de su conducta. La civilización mundial se apoya en el conocimiento tecnocientífico que reduce todo a objeto de explotación mediante el cálculo, y la gente se educa en ese modelo vía los medios de programación de masas. Por lo tanto, también el homo economicus individual emplea el cálculo para lograr sus objetivos sin consideración del interés ajeno y se erige como referente de la conducta exitosa. El embarazo adolescente irresponsable se ha extendido en el país con fundamento en que “yo decido lo que hago con mi cuerpo”. La voluntad personal desligada de vínculos sociales como justificante y razón de todas las acciones. Otros jovencitos se incorporan como sicarios del narcotráfico bajo la divisa “Prefiero vivir cinco años como rey que cincuenta como güey”. Conste que no se trata de la perplejidad moralista sino de una preocupación por encontrar caminos que nos posibiliten salir de esta anomia, contagiosa como plaga.
En México las cifras de muertos totalizan miles de asesinatos impunes, mientras que las autoridades se conforman con informes llamados “verdad histórica” que nunca incluyen a los autores intelectuales de desapariciones forzadas, como la ocurrida con los estudiantes de Ayotzinapa, cuyos padres tuvieron que apelar a las Naciones Unidas en busca de comprensión y justicia. De hecho, el grupo transnacional más poderoso y agresivo en el subcontinente está constituido por el narcotráfico, cuyas redes se extienden a Europa y Asia. La dificultad para combatir esta organización criminal reside en que ha penetrado sectores de los gobiernos nacionales merced a las estratosféricas ganancias generadas por el negocio de la droga. En consecuencia, se ha modificado lo que Weber llamó el monopolio de la violencia legítima por parte del Estado, a raíz de que la violencia tiende a privatizarse por funcionarios gubernamentales en alianza con capos de la droga. El resultado de esta situación se palpa en una inseguridad que genera miedo prácticamente en todos los países. Cualquier ciudadano está amenazado como probable objetivo de un ataque demencial, dado que paralelo al negocio de la droga se instalan los secuestros, la extorsión por el derecho de piso, el robo millonario de gasolina y hasta delitos menores en las calles, que también cobran sus víctimas.
El sociólogo alemán Ulrich Beck, muerto el pasado 1 de enero, se consideraba defensor de una posición a la que llamó cosmopolitismo. La fórmula es sencilla: reconocer la otredad del otro, más allá de nacionalidades, color de piel, género y demás características que conducen a ser víctima de la discriminación. La dificultad estriba en llevarla a cabo frente a la fórmula vigente de los poderosos en que al igual se le asigna igual valor, mientras que al diferente se le atribuye una inferioridad crónica, antítesis en que se ha justificado el ejercicio de toda violencia, desde las grescas fuera de un estadio motivadas por el color de las camisetas hasta las guerras mundiales y el terrorismo.
En ese sentido, Beck se opone tanto a la absorción de las diferencias por la radical modernización de los países subalternos como al encierro en valores folklóricos de un nacionalismo chauvinista. Al sacar conclusiones de la polémica que en 1550 tuvieron en Valladolid el aristotélico Ginés de Sepúlveda y el dominico Bartolomé de las Casas, puntualiza que el primero se parapetaba en una visión jerárquica para minimizar al otro, mientras que el segundo partía de la igualdad. No obstante, en ninguno se reconocía la diferencia en plenitud porque de las Casas, en su actitud bondadosa hacia los indios, defendía que éstos se hallaban dispuestos a escuchar la palabra de Dios y, por consiguiente, eran virtuales clientes para absorberlos y convertirlos en católicos. La igualdad borrando la diferencia desde una cultura hegemónica. ¿Se puede aceptar que los sujetos sean iguales y diferentes al mismo tiempo? El proyecto de la globalización representada por los grandes poderes financieros y políticos es imponer la homogeneización a las naciones, tanto en lo económico como en lo político y cultural. Se clasifica a los países con los indicadores de los más desarrollados y al practicar pruebas de rendimiento escolar como Enlace o Pisa, quedan en el piso inferior las escuelas rurales de escasos recursos, como es obvio. Yo pienso que la igualdad se basa en el mutuo cuidado y en el reconocimiento de la diferencia del otro. En cambio, la colonización reduce la singularidad de los pueblos a un paradigma que se muestra a sí mismo como universal. Ya lo decía Sartre en su crítica a la dominación francesa en Argelia: la élite se considera modelo universal.