REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Jorge Luis Borges y los dones de la vida


Juana Inés Ramírez de Asbaje

Los ojos a quien privas de que vean
hermosa luz que a un tiempo concediste

Releer la poesía de Borges me llevó un buen tiempo, me había enfrascado tanto en su prosa, que ahora me resultaba difícil tomar esa nueva directriz. Pero había que cumplir con la tarea del diplomado y con la indicación del maestro Juan Domingo Argüelles. De modo que tomé muy en serio el “Poema de los dones” y puse fin a mi mutismo de dos semanas.
Ahora no puedo dejar de pensar en la primera línea del poema “Nadie rebaje a lágrima o reproche”, y de ahí me fui de corrido. En primer lugar y para mi asombro, el poeta, pone de manifiesto y en mayúsculas siete palabras que son indispensables, a saber [Dios, Alejandría, Oriente, Occidente, Paraíso, Groussac y Borges] número cabalístico muy ad hoc a su escritura, luego el poema en sí, es una columna vertebral compuesta de diez cuartetos en perfectos endecasílabos, que como arcos costales custodios, protegen el corazón de las estrofas. La belleza de esta paradoja donde un invidente queda a cargo de una biblioteca, pudiera resultar inverosímil, sin embargo, este dramatismo no cae en la trampa fácil de la exageración, porque es manejado con destreza por un poeta que remarca los adjetivos como recursos para alimentar su trabajo diario.
Escribe Salvador Elizondo: “La clara inteligencia de los dones que Borges nos ha dado, seguramente se vería disminuida si no fuera por esa cualidad que ha hecho de la poesía algo así como una radiante continuación de su prosa” y continúa Elizondo seis páginas después en su mismo ensayo: “El Poema de los dones resume toda la obra y las aspiraciones de Borges y nos lo representa irónicamente confundido con su destino hecho de otredades, de sueños y obsesiones”.
La ironía de Borges no es gratuita, como una cábala a las cuales era afecto, recibió en 1959 de parte del Gobierno de la Revolución Libertadora, la dirección de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, casi inmediatamente cuando acababa de perder la vista, así como su antecesor, el historiador francés Paul Groussac, a quien admiraba y que pudiéramos tomar como su figura tutelar, arquetipo o alter ego.
El poema en estudio pertenece a su segunda etapa, y está incluido en su libro El Hacedor publicado en 1960. El mismo Borges, escribe en el prólogo, lo que íntimamente relaciono con su poema: “Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente”.
El “Poema de los dones” es en sí todas las aspiraciones de su autor, en un contexto cáustico paralelo a su destino y exento de lamentaciones. Puedo atreverme a decir que su poesía es un paraíso de palabras dentro de senderos que no se bifurcan. Borges menciona respecto a su enfermedad: “Fue apenas patético porque fue muy lento el crepúsculo”. Si su dolencia fue parsimoniosa, es de admirar la belleza de sus palabras escritas. Este texto en particular es un poema de una ironía suculenta, es su confesión, su yo interno desplegado.


“mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido”