REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 05 | 2019
   

Confabulario

Carta de Santa Claus


Alejandro García Berumen

Mis queridas niñas y niños:
Hoy me toca a mí coger el lápiz y el papel para escribirles estas pocas líneas. Déjenme decirles que han sido muchísimos años los que he gozado viéndolos crecer, jugando, estudiando, peleándose entre sí, amándose, etc. Muchos de ustedes me han sorprendido, tanto positiva como negativamente. Aquellos que yo vi desarrollarse en su infancia con un corazón lleno de felicidad, esperanza en el futuro, fe en Dios (cualquiera que éste fuera), amor al prójimo, haciendo el bien sin mirar a quién, etcétera, ahora se han vuelto unos seres humanos totalmente diferentes a aquellos chiquillos y a sus ideales.
Son ahora corruptos, unos son criminales, otros drogadictos, han perdido todo sentido de responsabilidad para con sus hermanos; son despreciables, egoístas, están llenos de odio; son envidiosos, dejaron atrás sus risas inocentes y abandonaron sus ideales por seguir una vida fácil y displicente; sus corazones dejaron de latir a pesar de seguir respirando. No tienen ilusiones, tienen nada más ambiciones y las logran a través del sufrimiento del prójimo y el acaparamiento de riquezas. ¡Y se creen felices! Bueno, debo reconocer que el dinero soluciona bastantes problemas, incluyendo la salud, la soledad y el hambre. Con él compras amor, belleza y amistades. En fin, allá ellos, pero lo que más me duele es que los hijos de estos tipejos ya no me escriben.
Con el avance de la tecnología, esa antigua tradición de mandarme unas pocas líneas cada año para saludarme y contarme lo que hicieron durante los últimos doce meses se ha perdido. Seguramente sus cartas llegaban llenas de mentiras sobre su buen comportamiento y sus excelentes calificaciones en la escuela. Pero eso era normal, todos lo hacían. Ahora me mandan correos electrónicos o saludos por medio de blogs, redes sociales como Facebook o Twitter, que yo no sé ni cómo se usan, pero no importa, está bien, hay que modernizarse. Los tiempos cambian y hay que adaptarse. Sin embargo, tristemente cada vez me llegan menos y esa situación ha sido la causante de mi enfermedad y desánimo. Por fortuna, todavía hay quienes siguen con la tradición y me escriben cada año. La competencia es cada vez más dura y despiadada. En muchos países hay discusiones sobre la veracidad de mi existencia, en otros, sobre todo los latinoamericanos, los Reyes Magos me llevan ventaja (aunque no son tan sofisticados como yo).

Mis niñas y niños:
Ya estoy viejo y, como decía, muy enfermo. Cada vez siento más frío —a pesar del calentamiento global que a nadie parece importarle— y con eso del liberalismo económico, la globalización, las múltiples devaluaciones, recesiones, tratados de libre comercio, inseguridad, drogadicción, piratería y no sé cuántas más tonterías, día a día y año tras año, me es más difícil conseguir los regalos que me piden y eso me entristece, sobre todo por verlos a ustedes desencantados, frustrados por no tener lo que desean, y yo me deprimo tanto al verlos tristes, enojados o decepcionados. Entiendo que por eso yo voy perdiendo adeptos cada año. Mi estado físico empeora a pasos agigantados y no puedo hacer nada por evitarlo. Ya estoy muy viejo.
Cada año regalo menos bicicletas, pelotas y muñecas y me aumentan los pedidos de no sé cuántos aparatejos electrónicos de nombres rarísimos; en lugar de coches, patines, juegos de té y casitas de muñecas me llegan cartas o correos electrónicos solicitándome teléfonos celulares, “aipods” y computadoras; ¿en dónde quedaron los trompos, las canicas y los baleros?
Los adultos han creado a los niños como sus clones, son adultos chiquitos “jugando” a matar ya sean seres extraterrestres o narcotraficantes, a robar tesoros en países exóticos o coches en ciudades americanas, a pelearse unos con otros, bañándose en sangre y violencia. Todo se basa en la destrucción. ¡Qué tristeza! Yo así no puedo hacer nada, la verdad ya no puedo más… Tampoco mis ayudantes. Mis fieles renos ya no quieren hacer esas largas jornadas que años antes esperaban con ansias, ya les cuesta trabajo elevarse jalando mi trineo, los veo desanimados. Fíjense que el pobre de Rodolfo ya está jubilado y lo tuve que ingresar en una clínica para alcohólicos con objeto de que haga un tratamiento de desintoxicación y a ver si se le quita lo rojo de su nariz. La mayoría de mis duendes ya renunciaron y sólo trabajan conmigo tres que por supuesto no se dan abasto con el trabajo. Mi fábrica de juguetes está en bancarrota desde hace varios años y no tengo manera de echarla a andar otra vez porque ningún banco me quiere prestar dinero ni dar crédito. ¡Imagínense, yo no soy digno de crédito! ¡Como si no me conocieran! Y pensar que esos banqueros fueron aquellos niños a quienes yo les llevaba sus juguetes cada año porque se habían portado bien y habían sacado muy buenas calificaciones durante todo el año. Mejor hubieran reprobado
Ya no tengo ganas de reír, ahora se me salen las lágrimas nomás de acordarme de aquellos bellos años y de lo inocente que fui al creer en que cada generación iba a ser mejor, que la calidad de vida mejoraría con el paso de los años gracias a las conciencias buenas, limpias y generosas. ¡Qué equivocado estaba! Ni modo, de ahora en adelante colgaré mi lustroso traje de terciopelo rojo, remendado y viejo debido a su prolongado uso y rezaré porque alguien más llegue pronto a tomar mi lugar, alguien que sea capaz de volver a llenar de esperanza y felicidad a todos los niños y niñas que aún creen en un mejor futuro y en la felicidad.
Adiós mis niños queridos. Pórtense bien, estudien mucho y quieran más a sus padres, si no, en lugar de juguetes van a recibir costales de cenizas y carbón, jo, jo, jo.

Santa Claus

P.D. Por favor ya no me escriban más, ni manden correos electrónicos. Ahora esas cartas mándenlas a sus diputados que son los que tienen la posibilidad de cumplirles sus deseos.