REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
18 | 08 | 2019
   

Confabulario

El vicario Ram贸n Cruz


Roberto Bravo

La curia recibi贸 un informe de lo ocurrido a God铆nez y mand贸 al vicario Ram贸n Cruz a la parroquia para que hiciera un informe del manejo de la iglesia en el lugar y tambi茅n de las relaciones entre el cura Prisciliano y Concepci贸n Soto. De paso en las parroquias donde hab铆a estado el 鈥淧adre鈥 Ram贸n organizaba coros con grupos de ni帽os. Desplaz贸 a Concepci贸n Soto como directora del coro de la iglesia. Ram贸n Cruz era ped贸filo y aunque ya hab铆a sido acusado en las parroquias por donde hab铆a estado por atacar a los peque帽os, el obispado lo manten铆a en el culto por sus servicios de esp铆a.
Abordar a Rosendo fue un largo cortejo que incluy贸 tardes completas ense帽谩ndolo a jugar ping-pong y damas, donde se dej贸 ganar y como premio invitaba al ni帽o a tomar una nieve de vainilla con coca cola en la never铆a frente al parque. Para agarrar sus manos le dec铆a que estaban muy largas que eran las manos de un pianista y las med铆a con las suyas, cortas, gordas y chatas. La oportunidad se le present贸 cuando el cura Prisciliano enferm贸 y le pidi贸 que fuera a oficiar misa a Las Cadenas. Una familia hab铆a pagado 150 pesos por bendecir su casa. Saldr铆an por la tarde en una camioneta, pasar铆an la noche en el lugar, dar铆an la misa por la ma帽ana y regresar铆an despu茅s del desayuno.
Agarrado a la redila del pick-up Rosendo aceptaba el aire fresco, miraba la tierra roja, el monte que cercaba al camino y el bamboleo le divert铆a. Estaba agradecido con el padre Ram贸n por haberlo invitado como monaguillo para esa misa. Llegaron cuando la maleza era una mancha oscura y la tierra anaranjada un piso gris que se agarraba a la suela de los zapatos. Vio en el cielo los luceros como brillantes y se percib铆a el zumbido de los moscos, el ruido de las luci茅rnagas y por momentos el grito de un p谩jaro nocturno. La familia esperaba al cura y cuando vieron al vicario preguntaron por el padre Prisciliano.
Despu茅s de cenar le dijeron a Rosendo d贸nde iba a acostarse, pero el vicario insisti贸 en que dormir铆an en la misma habitaci贸n.
--Si entra una v铆bora somos dos para matarla --dijo y ense帽贸 sus dientes manchados por la nicotina.
La mujer auxiliada de un candil pidi贸 a su marido traer el catre individual y 茅ste lo puso en el cuarto del vicario. Dejaron encendido un quinqu茅 y se despidieron.
Cuando Rosendo quiso acostarse en su catre el vicario le hizo se帽as para que siguiera callado y se acostara con 茅l, dobl贸 el catre individual con las cobijas y se帽al贸 en茅rgico el suyo para que se encamara. Obedeci贸 extra帽ado, se acost贸 en uno de los extremos y se durmi贸 inmediatamente.
M谩s tarde lo despert贸 una mano que acariciaba su miembro, no pod铆a pensar pendiente de la mano que estiraba r铆tmicamente su peque帽o pito y sus test铆culos, despu茅s el vicario acerc贸 su cuerpo y arrim贸 sus enormes nalgas a la verga. Rosendo sinti贸 la fr铆a piel del vicario, gir贸 su cuerpo y baj贸 del catre. Agarr贸 su ropa, sus zapatos y sali贸 a la noche, al ruido de los grillos y la luz fresca de los astros. Se visti贸 y acuclillado vio los grumos de la tierra plateados por la luna. Miraba los contornos del monte oscurecidos por la noche, se sinti贸 sitiado por la naturaleza, nada pod铆a hacer, s贸lo esperar a que amaneciera, permanecer en silencio y mirar una y otra vez la tierra plomiza, la silueta de la maleza, la luz de los insectos y de los luceros; escuchar los ruidos de la noche. Estuvo acuclillado hasta que se le entumieron las piernas y se sent贸 en el piso de tierra de espaldas a la construcci贸n de madera y palma. No quer铆a pensar en esa casa, en los que se encontraban adentro, clausur贸 su existencia y se concentr贸 en lo que ten铆a enfrente, un patio de tierra limitado por una cerca, la tierra reseca iluminada por el universo. Se tocaba las manos y las pasaba por su cara. No quer铆a cerrar lo ojos, s贸lo quer铆a ver, fijarse en lo concreto, en lo que ten铆a volumen, eso le pareci贸 bueno, lo que ten铆a existencia era un reino que pod铆a sentirse, verse, tocarse, las cosas que lo rodeaban eran como las distingu铆a, se mostraban sin pretensiones ocultas y no quer铆a otra cosa, ver sin pensar, sin imaginar, sin desear, s贸lo percibir el mundo que lo rodeaba. Agarr贸 un terr贸n de tierra y lo deshizo en su mano, aplast贸 otro con la suela de su zapato y sinti贸 en la planta de su pie c贸mo se destru铆a bajo su peso. Mir贸 la luna, las estrellas, trat贸 de distinguir las constelaciones que conoc铆a por el Tesoro de la Juventud, y esas acciones las repiti贸 lo que qued贸 de la noche hasta que los gallos comenzaron a cantar, las gallinas con sus pollos a salir y el sol emergi贸 en forma de claridad tras los 谩rboles.
Auxili贸 al vicario en la misa, cuando termin贸 les sirvieron de desayunar, el hombre con sotana le hablaba como si la noche anterior no hubiera ocurrido nada, 茅l contestaba con monos铆labos y lo ve铆a llevarse los alimentos a la boca y a la boca abierta llena del desayuno moverse; escuchaba el ruido que hac铆a mientras los masticaba. No prob贸 el desayuno, le dio un sorbo al jugo de naranja y al sentir en su paladar pulpa de la fruta lo abandon贸. Observaba c贸mo tra铆an las tortillas reci茅n hechas, y a la familia hablar con el vicario llenos de agradecimiento y colm谩ndolo de atenciones. El religioso sonre铆a y hac铆a chistes salpicados con remembranzas de santos y cosas del culto: 鈥淓n todos los animalitos se encuentra un pr铆ncipe escondido. Gracias a Dios y a la sant铆sima virgen.鈥
Durante el regreso sinti贸 al sol lastimarle el rostro, ce帽udo vio los tonos de la vegetaci贸n envueltos en la nube de polvo que hac铆a la camioneta mientras avanzaba.
Cuando estuvo en su casa fue a la regadera se ba帽贸 y acost贸.
Tres d铆as despu茅s fue a la Parroquia, busc贸 al vicario y le pregunt贸 mir谩ndolo a los ojos; la manada de gansos que andaba en el atrio lo custodiaba, los animales lo miraban atentos y tambi茅n al vicario:
鈥斅縋ara ser sacerdote tengo que ser como usted?
鈥擲铆 --contest贸 el vicario.
Rosendo se dio vuelta y camin贸 hacia la salida vigilado por los gansos que enloquecidos lo miraban con ojos desorbitados gritando en su lengua. 隆Vete! 隆Qu茅 haces aqu铆! 隆脡ste no es tu lugar!
Conforme se acercaba a la puerta aceler贸 el paso y cuando alcanz贸 la calle casi corr铆a. Cuando llegaron a la acera los gansos se detuvieron y emprendieron el regreso.

Conoc铆 muchos ni帽os en la Di贸cesis, pero Rosendo era especial. A ninguno antes hab铆a conocido tan resuelto con su vocaci贸n de ser cura y yo lo enfrent茅 demasiado pronto a nuestra realidad. Tarde o temprano iba a saberlo, as铆 que no s茅 si le hice un favor. No. Con 茅l me equivoqu茅, si Rosendo hubiera seguido y entrado al servicio, hubiera tratado de hacer las cosas como 茅l consideraba deb铆an hacerse. Habr铆a tratado de enderezar lo que encontrara torcido e iba a sufrir por esto como nadie, la madre iglesia lo hubiera destruido sin piedad. Dudo tambi茅n de esto, a Rosendo para destruirlo ten铆an que matarlo, s贸lo de esa manera hubiera sido posible acabar con 茅l.
Nadie de quienes he conocido ha estado m谩s cerca de Dios que 茅l. Cuando quer铆a encontrarlo sab铆a que estaba en el campanario, solitario, recibiendo el aire fresco y viendo lo que se pod铆a ver desde all铆. Cuando estaba solo se quitaba su camisa y quedaba en una camiseta sin mangas. Si no estaba mirando, le铆a, siempre tuvo un libro que leer. Siempre lo vi aislado, una iglesia es un lugar de retiro, a煤n aqu铆 茅l buscaba estar apartado y qui茅n si no Dios se encuentra donde no hay nadie.
Era el ni帽o m谩s bello de los que iban a la parroquia, hab铆a una inocencia en su rostro que te daban ganas de tocar, pero sus ojos ten铆an un misterio inextricable, una fuerza de voluntad capaz de no inclinarse ante nadie. Como si se sintiese amparado por Dios y esa fuerza le autorizara 煤nicamente a hacer lo que su inter茅s le indicaba.
Mor铆 a causa de mis vicios y estoy en este sitio como estuve en vida, esperando que otros decidan lo que debo hacer. Espiar a los dem谩s fue mi vida y esto se ha prolongado en mi muerte, pero aqu铆 no hay nadie y nadie me va a pedir nada, a煤n as铆 debo aguardar a que alguien me diga qu茅 hacer, esperar fue mi vida y ahora lo es mi muerte.