REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

Mujeres en Nueva York o una disección de lo femenino


Citlali Ferrer

Una de las preocupaciones al escribir novela es exponer una particular manera de ver el mundo, más allá de la anécdota y del sitio en donde transcurra la historia. Es en este sentido importante la visión que ofrece Ethel Krauze en su novela: Mujeres en Nueva York a propósito de su condición como contemporáneas y, sobre todo de la construcción del pensamiento femenino.
Con una prosa fluida y nítida, que remite por momentos al power de Montserrat Roig y al de Almodena Grandes, Ethel Krauze, nos cuenta la historia de unas amigas quienes viajan a Nueva York; donde se enfrentan al peor enemigo que tienen y que son ellas mismas. La autora nos aproxima con tensión y sensibilidad a los rasgos más amables y también a los defectos de carácter de cada una de estas mujeres.
La novela está dividida en dos partes, en la primera: la autora se vale de apuntes de diario que le sirven de andamiaje para presentarnos a cada una de sus protagonistas. En la segunda, realiza un zoom in, que permite conocerlas más a fondo. El epílogo, lo ofrece una sola mujer, que hasta ese momento era ajena a la historia, pero que está ligada a la trama. Ethel Krauze es arriesgada en la estructura y profunda en el corpus de su novela; y, con los planteamientos que hacen sus Mujeres en Nueva York, propicia que los lectores escojan cuál de ellas se parece más a su propio modelo de mujer y a su vez se reconozcan en sus pulsiones.
La novela se centra en la discrepancia intelectual que pueden entablar estas amigas, que viven siempre bajo la sombra de la madre. Porque sin duda la visión de lo femenino que Ethel Krauze nos brinda es tratada desde la postura de Christine Olivier. El eterno conflicto de la construcción de lo femenino que en buena medida se lo debemos a nuestras madres. Construcción de género que no sólo puede ser revisada desde la añeja visión Freudiana, sino también a partir de los planteamientos de pensadoras como Martha Lamas y Beatriz Preciado.
Una de las virtudes de la novela es el registro de esa inquietud del pensamiento de estas mujeres que a partir de la confrontación a la que se someten logran cuestionarse sus temores, prejuicios y conceptos, en la brevedad de un viaje, lo que en psicoanálisis les hubiera llevado muchos años. Mujeres en Nueva York quienes justo frente a la estatua de la libertad, se practican una disección para sacarlo todo y de un solo tajo.
Las amigas son distintas y quizá en eso estriba que se complementen. Mujeres del siglo pasado que aparentan ser dueñas de sí mismas pero que en la intimidad se reconocen solas e incapaces de deshacerse de sus atavismos.
Vale decir que en la actualidad y gracias a la historia de todas las que nos anteceden, las mujeres nos construimos como proceso de identidad personal. Y somos tan complejas que no podríamos conformarnos con definiciones superficiales como las de Patxi Andión quien dice: Si yo fuera mujer/ no me casaría/ nada de sostén/ nada de pastillas/ que las tome él/. O Neruda que se refiere a nosotras como un objeto de deseo: Cuerpo de mujer/ blancas colinas/ muslos blancos/ te pareces al mundo en tu actitud de entrega/. El feminismo de nuestras abuelas intentó sobre todo darles a las mujeres la igualdad de los sexos, contar con los mismos derechos que los hombres. Y más tarde, con la aparición de la píldora anticonceptiva, las mujeres fueron dueñas de su sexualidad, aunque en una sociedad de mentalidad tan estrecha como la nuestra, no ha sido fácil dejar de formar parte de la gran maquinaria social que ve a la mujer sólo como reproductora. El despliegue ideológico de las Mujeres en Nueva York, nos lanza a la reflexión de que lo femenino viene de un constante replanteamiento del propio género y de la necesidad de la revaloración del pensamiento. Mujeres en Nueva York son ellas en la medida que no son las otras. A partir de una constante comparación y de choques ideológicos pueden reconocerse a sí mismas. Recordemos que al final del siglo veinte la novela se mueve más hacia el ensayo, porque los escritores encuentran fascinación por las ideas. Mujeres en Nueva York descubren en el diván del psicoanálisis la puerta de salida; quizá porque en el siglo pasado el análisis guiado era parte fundamental de todo aquél que pudiese pagarlo. Hoy eso ha quedado atrás y quien quiere hurgar en su infiernito mejor busca la manera de evadirse, ya sea por medio de terapias alternativas, arte, chamanes, deportes extremos o drogas. Para las protagonistas de la novela el pensamiento es parte fundamental de sus vidas y se antepone a cualquier acción.
Yo que soy antigua porque nací en el siglo pasado, me entusiasma ver que las mujeres de hoy cuenten con la posibilidad de reinventarse cada día. Y reconozco que lo femenino es complejo pero para la aceptación del género, no sólo es necesario cobijarse bajo la sombra paterna sino también bajo la materna.
Acaba de aparecer la reedición de Mujeres en Nueva York, publicada hace 20 años por Grijalbo y ahora por Punto de lectura. Mujeres en Nueva York es una novela que atiende lo femenino sin deplorar lo masculino y que sin duda dará de qué hablar, sobre todo a aquellos que han intentado comprender el complejo mundo de nosotras las mujeres.

Cuernavaca, en estos días en que México despierta y todos somos Ayotzinapa.