REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Luis Nishizawa Mexiquense Universal


Alejandro Caballero

Luis Nishizawa es uno de los grandes pintores mexicanos del siglo XX. Formador de numerosas generaciones de artistas plásticos en nuestro país, a sus 87 años de edad conserva el vigor y la fuerza pictórica que se manifiesta en toda su obra. En esta entrevista nos revela algunos aspectos de su vida, formación e ideas en torno a la pintura.
AC -Sabemos que hubo artistas importantes en su formación, ¿quiénes fueron?
LN -Bueno, fueron grandes pintores, como Benjamín Coria, Luis Sahagún, Julio Castellanos, Antonio Rodríguez Luna, José Chávez Morado, Alfredo Zalce y Francisco Goitia, que fue más bien un maestro espiritual a quien quise mucho. Creo que tengo influencia de él en mi obra. Goitia fue conmigo muy amable, incluso me llegó a invitar a su casa ubicada en la parada del tren El Torito, en Xochimilco, donde conocí también a su pajarraco, el cuervo que tanto quería y que un día se ahogó. Goitia fue parte del jurado en un concurso en el que me otorgaron el segundo premio. Tiempo después de la premiación fue a mi taller -yo aún no lo trataba- y me contó que él me había dado en realidad el primero, porque quería que yo fuera a Japón a estudiar grabado y que al volver lo enseñara en México.
AC -¿Cuál fue su formación en la Academia de San Carlos, maestro?
LN -El primer año en San Carlos nos enseñaban dibujo principalmente. Pasábamos un año dibujando con modelo vivo. Benjamín Coria fue mi maestro de dibujo, después fue amigo mío. Yo lo quise mucho. El maestro Coria nunca metía la mano a nuestros dibujos, con una varita nos indicaba a cada uno: “Mira, aquí el brazo está corto”, etc. El maestro Coria fue el segundo artista en ser becado a Europa, el primero fue Diego Rivera. Pero fue Luis Sahagún quien me enseñó los rudimentos de la pintura. Fui alumno también de Julio Castellanos. Recuerdo que al iniciar el año, Castellanos nos ponía a dibujar un desnudo y no corregía nada. Cuando terminábamos el dibujo él simplemente decía: “Tú te quedas y tú, pasas al año anterior”. Era muy enérgico. En aquel entonces teníamos mucho temor y, claro, en su clase había un gran silencio y mucha dedicación. Pero fue un gran maestro. También recuerdo con mucho cariño a Rodríguez Luna. Él a veces dibujaba y pintaba con nosotros usando el mismo modelo. Con Alfredo Zalce estudié pintura mural. Nos enseñó a preparar el muro y los andamios para el fresco. José Chávez Morado me dio también clases de pintura, él manejaba muy bien el óleo. En realidad tuve mucha suerte con todos los maestros, y fui amigo finalmente de todos ellos. En aquella época los grandes pintores Orozco, Siqueiros y Rivera dominaban el panorama de la pintura en México. Y, ¡claro está! como estudiante trataba uno de imitarlos, o al menos no faltar a sus exposiciones y conferencias. Siqueiros incluso, cuando vivía en Cuernavaca, me invitaba a comer y siempre hablábamos de técnicas pictóricas.
AC -Maestro, se le reconoce como un maestro formador de muchas generaciones de artistas en quienes la enseñanza de la técnica de la pintura ha sido fundamental. ¿Cuándo surgió su interés por la técnica y los materiales?
LN -Cuando ingresé a la escuela, Francisco Goitia hacía una reproducción de uno de los cuadros que está en el Museo de San Carlos y que era la Galería de la Academia en aquella época. Consultó entonces al maestro Coria y yo estaba ahí cuando lo hizo. El maestro Coria le sugirió que tenía que hacerse al temple no al óleo. Fue cuando empecé a interesarme por la técnica. El temple, por cierto, es a base de huevo, aunque hay varias técnicas para hacerlo, pero la principal sigue siendo ésta que viene desde la Edad Media. En el Renacimiento es cuando se empieza a pintar con óleo. Por eso Miguel Ángel decía que pintaba de una manera pedestre, cuando el temple y el fresco son una maravilla.
AC -¿La experimentación de técnicas pictóricas permite la creación del lenguaje propio del pintor joven?
LN -Claro, sí. Va uno eliminando lo que no le sirve y se queda con lo que puede manejar, como un filtro.
AC -En la actualidad se hace un gran uso de los medios tecnológicos y de materiales novedosos, desdeñando las técnicas tradicionales considerándolas anacrónicas. ¿Qué piensa de esta actitud de los jóvenes pintores?
LN -Los materiales nuevos hasta ahora no han pasado la prueba del tiempo. Por ejemplo, Jackson Pollok hizo su obra con acrílicos y a estas alturas ya se están haciendo polvo. Leía una vez que los museos importantes de EEUU no compran un cuadro si no está pintado sobre lino, porque el lino, está comprobado, dura más de quinientos años. Recuerdo que en Italia fui a una exposición de pintores flamencos y me quedé muy sorprendido: son una maravilla. Es un misterio aún cómo están hechos. Con una magnífica técnica, un dibujo maravilloso, bueno, ¡con poesía! Yo iba a ver casi todos los días esos pequeños cuadritos.
AC -En el libro de Raquel Tibol, editado por la UNAM, de la serie Los Creadores y las Artes, escribe que usted es también un gran retratista. ¿Qué tan complicado es hacer un retrato, maestro?
LN -Bueno, a mí me gusta mucho el retrato, pero le diré que es el género que me cuesta más trabajo. Porque penetrar el espíritu de la gente es muy difícil, sobre todo con las mujeres es particularmente complicado. Sus rasgos son más suaves y en el hombre, en cambio, son más precisos. El problema con los que mandan a hacer un retrato es que pretenden muchas veces que sea parecido a una foto y eso no es posible. Los retratos generalmente son pintados en varias sesiones durante diferentes días. Es uno de los géneros más difíciles de pintar porque el retratado impone su carácter y su fisonomía al pintor. El pintor tiene que penetrar en el mundo del retratado. A veces, éste llega melancólico al estudio, en otras ocasiones está alegre; su fisonomía, pues, cambia todo el tiempo. El hombre es cambiante en sus emociones, en su yo interno que se manifiesta. Cuando uno pinta un retrato quiere copiar al retratado lo más fiel que se pueda, claro que los rasgos son los mismos todo el tiempo, pero en el retrato lo más importante es la expresión.
AC -Y la pintura mural, maestro, ¿Aún es vigente, en su opinión? De hecho, usted es un gran muralista. Hábleme de su obra mural.
LN -El muralismo siempre va a ser vigente. Yo he hecho poco más de diez murales, pero en cerámica. No he querido hacer murales pintados sobre muros porque se gasta mucho dinero en su conservación y en su restauración. En cambio, la cerámica no sufre tanto daño, vasta incluso con echarle agua con una manguera para limpiarla. Dándome cuenta de los problemas que existen para la conservación pensé hacer murales con materiales perennes como la piedra y la cerámica de alta temperatura. Porque lo que me gusta de la cerámica, repito, es que el mural puede estar a la intemperie y no sufrir ningún daño. La piedra, incluso, es más resistente. En el Instituto Mexiquense de Cultura realicé un mural con piedra de recinto llamado “El lecho del Universo”. Encontramos una mina y, claro, trabajé con un grupo de canteros y quedó muy bien. El mural va a durar por los siglos de los siglos, o mientras no se caiga el edificio.
AC -¿Y de la pintura actual, de los murales en grafitti, por ejemplo, qué opinión tiene?
LN -Mire usted… ¡En el arte se han hecho tantas cosas! Los jóvenes han imitado mucho a los norteamericanos, pero hoy incluso en Norteamérica se vuelve a retomar la tradición.
Porque se han hecho cosas tan alocadas por tanto tiempo, que el reencuentro con la tradición se vuelve entonces novedoso y moderno. Lo podemos ver en todas partes del mundo.
AC -Para finalizar, maestro, ¿Qué recomendaría a los jóvenes que estudian pintura hoy?
LN -Nada más que trabajen duro, porque el arte es largo y la vida es corta. El que no trabaja nunca llega.
AC -Gracias, maestro.


* Transcripción de Mauricio Vega