REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

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David A Figueroa Hernández

Yo soy Malala. Al otro extremo del planeta, en Oriente, es donde se desarrolla la presente lectura y se vuelve obligatoria no sólo para saber más de ese tipo de culturas sino por la particularidad de que el hilo conductor de la misma resulta ser una joven paquistaní, Malala Yousafzai, ganadora del premio Nobel de la Paz 2014 que, junto al activista indio Kailash Satyarthi, sorprendieron al mundo por su sensibilidad y apego a derechos elementales como la educación infantil así como la lucha por impedir la explotación de niños, respectivamente.
Malala resultó ser a temprana edad un símbolo de resistencia por defender el acceso a la educación en su país; hija de padres paquistaníes, narra a lo largo de las páginas, su vida personal, escolar y social en un valle denominado Swat. Por su parte, su padre, guiado por sus creencias religiosas y sin caer en fundamentalismos, educa a sus hijos bajo la guía del Corán y es así, como la protagonista resulta una niña con fuertes valores, derechos y creencias.
La historia de Pakistán ha sido muy turbulenta desde su creación como estado islámico en 1947; objeto de invasiones británica, rusa y hasta norteamericana (esta última, en aras de combatir el terrorismo de Osama Bin Laden) resultó en un país sumido en la pobreza, la ignorancia, pero sobre todo, dentro del fuego entre los talibanes y el mundo occidental, hicieron de ese rincón del mundo una parte poco conocida por el resto del planeta.
Es así, que dentro de esa historia intermitente y violenta, Malala estudia con ahínco y poco a poco sigue el ejemplo de su padre como activista -aunque a nivel escolar-, como hija de familia y compañera de escuela, primero con ejercicios de oratoria y luego, en programas de radio y noticiarios de televisión, lo que le proporcionó una popularidad singular en su país. Debido a ello, se convertiría en un blanco perfecto para el régimen talibán.
Pese a que este grupo fundamentalista no sigue al pie de la letra El Corán, han determinado ciertas reglas para la convivencia social; para quien no las acate, les espera una condena moral y, en algunos casos, las personas son asesinadas por no cumplir con lo que ellos denominan “la ley celestial”.
Al final, esto fue lo que le pasó a Malala, fue objeto de un artero y cruel atentado debido a no cumplir con las proclamas del régimen talibán; es decir, le negaban a ella y a todas las niñas, el acceso a la educación, lo que despertó en ella un sentido de contrariedad y exigencia. El único anhelo y motivo de su lamentable situación, era instruirse, sus principales herramientas resultarían la lectura y el deseo de seguir aprendiendo.
A raíz del atentado, otros gobiernos extendieron su mano para ayudarla a intervenirla quirúrgicamente para que recuperase su salud; de esta forma llegó a Inglaterra, donde radicaría a la postre. Su presencia en las Naciones Unidas y su ejemplo de vida, serían una lección para todo el mundo. Su generosidad fue demostrada una vez más al donar 50 mil dólares -del premio Niños del Mundo- para reconstruir escuelas en la zona de Gaza.
El libro Yo soy Malala resulta en una lectura obligada en una época donde la globalidad nos aleja de los valores y derechos elementales de un ser humano; su capacidad y fortaleza harán que el lector quede impresionado por singular mujer: “Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”.

Yo soy Malala. Malala Yousafzai / Christina Lamb. Alianza Editorial. 2013, 356 pp.
dfigueroah@yahoo.com.mx