REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

Trashumancia del amor cautivo


Roberto Bañuelas

XI
En la ausencia
en el dolor
en el éxtasis de cumbres y abismos
Inundado de luz
transito en tu ausencia
me fundo y confundo en ti mujer
para ser todo lo deseado
y todo lo soñado
materia oscura
río luminoso
sueño y vigilia
Principio que vuelve
vengo de ti
hacia tu presencia emigro
eres la fuente
manantial de mi sed
lluvia de afanes
Soy el hombre del instante infinito
que penetra al presente
de tu carne y tus sueños
Ni vacío ni distancia
plenitud y esplendor de tu entrega
que aleja la invasión del futuro
Inútiles todos los caminos
cuando todo de tu amor me llaga
Mujer.........................................


XII
Aunque me encuentre extraviado
entre los espejismos
que devoran horizontes ficticios,
no me asusta recorrer el peligroso camino
de ser yo mismo.

En la rivalidad sin tregua de olvidarte
o de tocar fondo
en la profundidad de tu hermosura,
opto por despertarme
con la música renovada de tu nombre.

En el acoso nuestro de cada día,
eres la visitante anclada
en esta bahía de soledad y espera.

El presente,
con el testimonio de mis cinco sentidos,
reclama contigo
su instante de vibrante eternidad.

El insomnio es un duelo entre la ausencia
con raíces y la pasión que gira
en torno del cautivo amor.

Pido la palabra para decir que te amo,
aunque otras palabras se congreguen
para exigir tu olvido.


XIII
La sombra de tu vientre
permanece ante la luz.
En las cumbres rosadas de tus senos
nunca nieva.
Tu cuerpo
se parece a la miel del horizonte.
Tu amor
es raíz y flor del entusiasmo.

Aquí estoy, mujer:
¡inmerso y sediento
en el manantial de tu hermosura!


XIV
Heredero de ausencias,
invoco, para mi salvación,
la magia y la lluvia de tu amor.

El alma doliente, peregrina de sí misma,
se acerca a la tarde inundada de luz y lejanía.
Junto a las aves que vigilan su porción de cielo
encuentro, en la forja de otra desventura,
que también la altura es abismo.

La locura puntual de las torres sonoras
es la misma para la ruptura y la dicha fugaz.
El desierto me espera
con mi alforja de palabras vacías
para que no predique ni vaticine
paisajes diferentes al olvido.

El amor es una larga ceremonia de alto riesgo:
amamos la continuidad del momento presente
en que el éxtasis
nos une al palpitar del cosmos.

En este laberinto del amor prolongado,
donde todas las rutas de tu cuerpo
llevan y traen la embriaguez
para la fiesta cenital de los cinco sentidos,
encuentro la identidad pasional de la existencia.


XV

En la hora divergente de un adiós preciso
acuden en mi auxilio
las luciérnagas perdidas.
Las huellas marcadas
por palabras celebrantes
de la dicha apetecida
no logran establecer
la virtud de un viaje sin rumbo
para tener la certeza
de perderse antes de la aurora.

El destino es el badajo
en la campana de la vida,
y un día nos da el tono
para el canto final en la tarde solitaria
en que cruzan silenciosas
las aves migratorias.

Cazador furtivo
de las mínimas señales de tu entrega,
me oculto en los repliegues
del deseo acumulado,
alrededor de los hirientes destellos
de mi espejo interior
que juega a la ronda
de reflejar hacia el olvido
la hora en que partiste.


XVI
Mientras me desespero
por la falta de arca y de diluvio,
la noche me corona
como el amante empecinado de un trono vacío.

¡Que otros se queden a esperar
el fin del mundo!
Yo te invito, amada,
a que corramos para encontrar
el nudo de tu alma y de la mía,
y a que seamos dos estatuas luminosas
que a mitad del horizonte
proclamen el principio
del reino lejano de la dicha.

Las premoniciones de un final circular
me llevan a la orilla
de caudalosas reflexiones.

En la ruta definida de viajante solitario,
tu imagen rasga la inútil castidad
de la tarde vencida que se va.


XVII
Nadie puede alcanzar
la maestría en el oficio de vivir;
algunos, vagabundos empecinados
del reino cercano a Megalópulus,
confunden sueños, delirios y deseos
de lo inalcanzable
con la plenitud de lo esotérico
en la hoguera nocturna de la duda.

Infausto es el intento
de detener un momento feliz,
y es mejor disponerse a la pesca total
o a la caza mayor de iluminaciones
hasta identificar aquélla
que junte mi raíz, mi tronco y tu follaje.

Las copas de los árboles,
derramadas por los cantos de pájaros juglares,
esperan la identidad repetida de la noche,
conquista matriarcal que se goza
en el misterio de parir auroras.

A nombre de los ángeles rebeldes,
una sombría voz me aconseja que te olvide;
me acuerdo de olvidarte
y más persiste el dolor
de tu presencia lejana.

Capitán exilado de un buque fantasma,
grito contra el viento
a la tripulación de mis deseos.
Si las horas perdidas en el naufragio
se sumaran al primer aniversario de ausencias,
dejaría de ser el noctívago gambusino
de tus carnales iridiscencias.


XVIII
En el epílogo lúdico de tu recuerdo,
con la resignación de un dios incomprendido,
trazo la hipotenusa del amor extraviado
entre la dispersión de los espejos rotos
que reflejan nuestra palidez y desamparo
como ojos de pulpos secuestrados.

Defensor solitario
para rescatar el desierto que poblaron
los profetas de crepúsculos vencidos,
pago la deuda de olvidos memorables
con gotas amorosas de verdad revelada.



XIX
Demostraste tu bravura de loba herida
la única tarde
en que me confundieron con Prometeo
y me prometieron un racimo de castigos
para mantener contentos y mansos
a los dioses creadores de la nada
alrededor de pastorales monumentales
amenazadas del retorno increíble
de vagabundos especializados
en la quimera de matar el tiempo perdido
y humedecido por las lágrimas de ángeles
que se exprimen la tristeza de sus cataratas
a la misma hora en que quedan deslumbrados
por el fulgor de las luciérnagas en brama.


XX
En el memorable acontecimiento cósmico del eclipse
como el más ardiente de tu recuerdo,
me sumo a los invitados
de la noche transitoria
mientras vuelve la luz de tu cuerpo lejano.

En la noche inmensa, separada por caminos
y por la hermandad de lluvias torrenciales,
llego de incógnito al insomnio
poblado con la sonoridad de versículos
que proclaman al horizonte
como el sitio elegido de tu entrega.

Soy el huésped perpetuo
del cielo de promisión:
con amplios poderes de irredento soñador,
reclamo el reconocimiento lúdico
que tu cuerpo señala como antorcha.

No me alcanzará toda la vida de caminante para encontrarme,
para tenerte o para perderte en este grano de polvo.

Me importa más tu amor
que el nombre de la última estrella descubierta
y me deja indiferente el hecho consumado
de que también las galaxias oyen
o de llegar a ser otra ficha del archivo celestial.

*Versos tomados del libro Trashumancia del amor cautivo. 2Tintanueva ediciones. México, 2008.