REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Apantallados

La lucha contra la credibilidad - Entrevista con Joan Fontcuberta


Miguel Ángel Muñoz

Madrid.España. Joan Fontcuberta (Barcelona, España, 1955), es uno de los fotógrafos españoles más conocidos internacionalmente. En Fontcuberta se han reunido las facetas de creador, el técnico y el intelectual. Cofundador del Grupo Alabern y de la revista Photovisión, sus comienzos estuvieron ligados a un interés muy general por el surrealismo. Entre sus series fotográficas destacan Herbarium y Frottogrammes, definidas como una forma híbrida entre el frottage y la objetividad fotográfica. En 1996 fue nombrado director artístico del Festival Internacional de Fotografía de Arlés. En 1998 obtuvo el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura de España. En 2011 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo que concede el Ministerio de Cultura por su obra La cámara de Pandora. En 2013 ganó el prestigioso Premio Internacional de Fotografía Hasselblad. Su extensa obra fotográfica se caracteriza por el uso de herramientas informáticas en su tratamiento y su presentación de manera interactiva con el espectador. Al igual que otros artistas contemporáneos, representa una visión crítica de la realidad, las verdades fotográficas, históricas o ficticias a través de la fotografía y su contexto. Entre 1985 y 2013, la obra de Fontcuberta fue expuesta en más de una treintena de museos y salas de arte de Europa, América del Norte y Japón como el Museo Folkwang de Essen en 1987, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 1988, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo , en 1989, el IVAM de Valencia, 1992, la Parco Gallery de Tokio, 1992, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, 1995, el Museo del Elíseo de Lausana, 1999, el Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona, 1999, o el Museo Redpath de Montreal, 1999. Entre sus libros de teoría sobresalen: Estética Fotográfica: una selección de textos (1984); Fotografía: conceptos y procedimientos, (1990); El beso de Judas. Fotografía y Verdad (1997); Historias de la fotografía española. Escritos 1977-2004. Jorge Ribalta (ed. 2008); La cámara de Pandora: La fotografí@ después de la fotografía (2010).
En algunos de sus textos críticos-teóricos se observan múltiples preocupaciones por el proceso creativo y una gran descon¬fianza en el mismo, ¿cuál es su principal preocupación?
-Cuando se buscan las raíces de cual¬quier proceso artístico se encuentran di¬versos factores que se interrelacionan en¬tre sí, ya sean de tipo histórico, social, político, cultural o personal. Para mí, las secuelas del surrealismo, el espíritu de re¬beldía del año 68, mi paso por la Facultad de Ciencias de la Información, han tenido una gran influencia, que se refleja en mi trabajo. Pero en realidad me considero un detritus del franquismo; la actitud que subyace en mi obra artística surge como un producto de reacción contra él, contra la cultura de control y opresión que im¬plicaba la dictadura.
Entonces, ¿podríamos decir que es ahí cuando se inician sus dudas cultura¬les, sociales y artísticas?
-Desde luego. Aunque mi gran des¬confianza se originó cuando, siendo es¬tudiante en la universidad, tomé con¬ciencia de que la información oficial que asimilaba o que me querían imponer, no tenía nada que ver con la realidad coti¬diana. Esa situación me hizo desarrollar un sentido claro y crítico, una capacidad de lectura entre líneas. En este contexto traté de buscar la verdad detrás de los enunciados, la metáfora oculta tras las fachadas del franquismo y su dictadura.
¿Cómo logró desprenderse de las falsas apariencias?
-Esta voluntad de ir más allá de las apariencias son y lo seguirán siendo una constante de mis preocupaciones inte¬lectuales y artísticas. Bajo todo enuncia¬do hay unas intenciones sumergidas, y para calibrar ese enunciado es necesario hacerlas aflorar.
¿Considera que en su obra se pue¬de hacer una lectura política muy defi¬nida, y al mismo tiempo crítica contra la modernidad?
-No es que se pueda, es que se debe hacer una lectura política. En el fondo, lo que yo hago es juzgar los mecanismos de transmisión de conocimiento e infor¬mación. A veces digo irónicamente que mi trabajo es un sistema de vacunación, como inocular unas pequeñas falseda¬des controladas para provocar una reac¬ción de anticuerpos que proteja al orga¬nismo de futuras infecciones. Intento que el espectador sea capaz de generar sus propias defensas que le permitan fil¬trar críticamente cualquier tipo de enun¬ciado, no importa que provenga de un lí¬der político o espiritual.
¿Cree que tenga sentido en pleno siglo XXI plantearse esta conciencia?
-Creo que hay que luchar por lo¬grar esa conciencia colectiva. En la mayoría de los casos, mi trabajo es me-tadocumental; es decir, analizo y de-construyo el género documental en sus diferentes aplicaciones científicas o pe¬riodísticas. Desde hace 25 años intento analizar la naturaleza de lo que enten¬demos por documento. Cuando inicié mi carrera profesional en el campo ar¬de un gran reconocimiento; pero ahora el periodismo en general y la fotografía en particular están inmersos en una cri¬sis de credibilidad.
¿Cómo podría explicar y cómo podríamos entender esa falta de credi¬bilidad?
-De muchas formas. Por ejemplo, puede parecer que un discurso que hoy intente deconstruir este carisma de autoridad del documento fotográ¬fico ya no tenga sentido porque la si¬tuación, hoy, es distinta. Pero creo que, a pesar de todo, siguen funcio¬nando muchos mecanismos de autentificación sobre los que conviene refle¬xionar críticamente. La fotografía por sí misma ya no posee el poder que tenía antes, ahora la confianza ha sido trans¬ferida al operador humano, al fotógrafo que mira e interpreta, y que es capaz de ser convincente e inspirar credibilidad. Siguen existiendo otras formas de con¬ferir autoridad a un enunciado, y por tanto lo que tengo que hacer es readap¬tar el punto de mira de mi trabajo para continuar investigando cuáles son estos mecanismos y cómo podrían funcionar. Creo que es necesario en estos tiempos creer en algo. La duda persistente nos lleva a la locura, a la imposibilidad de tomar decisiones, y la vida nos obliga a tener que decidir, a escoger un camino u otro. El compromiso político de mi trabajo es el de vigilar los dispositivos de autentificación.
Usted se considera, además de un artista, un crítico y teórico fundamen¬tal en Europa, ¿pero cómo puede ha¬cerse una crítica de la crítica de su pro¬pio trabajo?
-
Mi trabajo mantiene como ele¬mento estilístico ese fomento de la du¬da. Por lo demás, las imágenes y el con¬texto expositivo pueden ser muy diversos. Para el público diletante mis proyectos se asocian a un trabajo con trampa, algo así como un juego al que hay que descubrirle el llamado truco. Ello me obliga a sofisticar y a refinar mis estrategias de ocultación de un pro¬yecto a otro. En estos momentos me es¬toy planteando una crítica de la crítica; es decir, hacer un proyecto rigurosa¬mente documental, firmarlo y observar qué tipo de reacciones provoca en el espectador y, desde luego, en la crítica.

miguelamunozpalos@prodigy.net.mx