REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Dore Feny


Roberto Bravo

Cuando pienso en él, lo pienso como era y recuerdo a un niño de talla pequeña y delgado que andaba solo. Rondaba en el parque bajo los almendros buscando en el piso la fruta que tiraba el árbol y cuando reunía algunas se sentaba en una banca frente a mi ventana a comerlas y a leer un libro. Podían pasar hasta dos horas para que se moviera y siempre era para tomar agua de la fuente. Regresaba a sentarse y volvía a las hojas de su libro. Se detenían a platicar con él no sólo los niños de su edad sino personas mayores con los que intercambiaba algunas palabras antes de que siguieran su camino. Cuando llegaba a la banca del parque para sentarse a leer, le decía a Core, mi hermana:
—Ya llegó mi novio.
Lo veíamos desde la cortina de mi recámara. Sus modales para sentarse y moverse en su sitio eran muy correctos, como si hubiese sido educado para tenerlos, pero sabíamos que no, en él todo era espontáneo. A un árbol plantado en la tierra quien lo mira no piensa que está mal puesto, que ése no es su lugar, su presencia se impone como algo natural, como algo incuestionable, cada una de las hojas dan testimonio de sus ramas y de su color. Sus flores en la luz iluminan el espacio ocupándolo sin violencia; podemos hablar de la belleza de ese árbol por su existencia armónica y al ver sus partes, desde las raíces exteriores hasta la más alta de sus hojas, contemplamos la perfección de cada uno de sus elementos integrados a la composición de su forma. Así un gato o cualquier otro animal ocupan el espacio indiferentes de su entorno, como parte de él, no tratando de distinguirse de los demás como somos los humanos. Así recuerdo a Rosendo, como un árbol, como un gato; tan bello en su conjunto como en sus partes; tan indiferente y tan atento; tan tranquilo en cada uno de su movimientos. Cuando pienso en él imagino una corriente de agua y me lleno de tranquilidad.
Poco antes de que a mi padre le pidieran volver a Tokio, fui con Core a la iglesia porque sabíamos que Rosendo actuaría en una obra de teatro. Montaron las escenas en el corredor del curato; Rosendo hacía de sacristán junto a otro niño muy blanco y gordo. Alrededor de ellos y quien les daba instrucciones era el padre Prisciliano. Rosendo me miraba todo el tiempo. Yo sabía que le gustaba, la fijeza de sus ojos en mí cuando estábamos uno frente al otro, siempre me lo dijo aunque él no hablara conmigo ni yo me atreviera a confesarle que también me gustaba. Solamente sonreíamos si había pasado mucho tiempo y seguíamos viéndonos. Esa tarde en el curato, después de mirarme un rato le sonreí y él sonrió también, volteó a otro lado y cuando estuvo frente a mí otra vez volvió a fijar sus ojos en los míos. Era una comunicación secreta entre los dos, de esa manera nos decíamos lo que nunca nos atrevimos. Puedo decir que él ha sido mi verdadero y único amor. Cuando regresamos, Tokio me pareció tan vacío y tan frío que no pude olvidarlo. Estudié hasta convertirme en lo que soy, una diseñadora que tiene una cadena de tiendas de ropa y para quien ningún hombre ha sido atractivo. Mi analista dice que mis afectos amorosos se quedaron detenidos en esa infancia y que Rosendo es una fantasía. Me recomendó volver a México y buscarlo, pero no he querido hacerlo, no me atrevo, tengo miedo de verlo convertido en otra persona y que me vea como soy ahora, o que esté comprometido con una mujer y no pueda ser posible un acercamiento. Trabajar es lo único que he hecho en mi vida, pero todos los días antes de acostarme dedico media hora a su recuerdo. Tomo un té, veo el muro donde mandé pintar un almendro y pienso en el tiempo cuando lo observaba leer desde mi ventana. Pienso en él, en aquella noche que nos tomamos de la mano y sentí su calidez que en nadie más he vuelto a percibir. Esa tarde en el curato, me divertí y reí por todo lo que le ocurría y aplaudía por todo. Hasta llegué a gritar una porra para él con Core y mi amiga Lupita cuando terminó la obra. Mis padres murieron hace algunos años y yo, no estoy lo que se dice bien de salud. Los hijos de Core son como mis hijos, trabajan conmigo y ya les hice prometer que cuando muera lancen una colección permanente de ropa para hombres y mujeres con la etiqueta RYDF (Rosendo y Dore Feni). Antes de dormir en las noches mi último pensamiento es para él y no puedo evitar estar contenta.