REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Sobre la filosofía del mexicano del Dr. Leopoldo Zea


José Miguel Naranjo Ramírez

¿Quién soy yo? Soy un hombre y eso me hace universal, pero tengo algo concreto, algo que me guste o no me da identidad, soy mexicano. Por lo antes señalado México me interesa, porque es mi casa, es la nación donde vive mi familia, mis amigos, donde ha estado y está mi proyecto de vida. Derivado de lo anterior, deseo reflexionar sobre México y presento para su lectura: Dos ensayos sobre México y lo mexicano del filósofo mexicano Leopoldo Zea (1912-2004).
Hace 80 años el filósofo Samuel Ramos publicó su obra cumbre titulada: El Perfil del Hombre y la Cultura en México. A partir de esta obra de manera fuerte y continua se inició el estudio de lo que se llamaría la filosofía del mexicano. Leopoldo Zea reconoce los antecedentes de esta filosofía en los maestros José Vasconcelos y Antonio Caso, sin embargo, los guías de Leopoldo Zea y en general del grupo denominado Hiperión, que tanto escribieron sobre México y lo mexicano fueron los filósofos Samuel Ramos y José Gaos.
Dos ensayos sobre México y lo mexicano se integra por los temas: El sentido de responsabilidad en el mexicano y La dialéctica de la conciencia en México. El objetivo central de la filosofía del mexicano era tratar de definir al hombre de México y su cultura, los diversos exponentes de esta corriente aclaraban que no buscaban caer en nacionalismo, su estudio pretendía encontrar la identidad del ser, tema que no era privativo de México; en otros países de Latinoamérica los intelectuales hacían lo mismo.
Leopoldo Zea señala en su ensayo: Del mexicano se han dicho y dicen muchas cosas diversas, entre ellas se habla de un supuesto sentimiento de inferioridad, resentimiento, insuficiencia, hipocresía, cinismo, etc. Ahora bien, si analizamos con atención estas notas para ver qué tienen en común, pronto nos damos cuenta de que todas ellas hacen patente la falta de algo en el mexicano.
El filósofo mexicano argumenta que si existieran esas características sería porque nos sentimos incompletos, partidos, cercenados y en automático nos provocaría inseguridad, desconfianza que se verá reflejada en todos los aspectos de nuestras vidas. Antes de continuar tratando de explicar brevemente el planteamiento de Zea me pregunto, ¿nacemos con ese sentimiento de inferioridad? Por supuesto que después de lo leído, la respuesta es nrgativa.
Leopoldo Zea señala los diversos planteamientos que intelectuales han postulado sobre este sentimiento de inferioridad, algunos ven su origen en la conquista, otros en la colonia la cual implicó no sólo perder una cultura, sino la imposición de otra que nos impedía pensar libremente y actuar, la fórmula por muchísimos años fue callar y obedecer.
Para Zea el origen de ese sentimiento de inferioridad se originó cuando nacemos como nación y se tuvo que decidir ¿cómo queremos vivir?, ¿cómo nos vamos a organizar? Así como en lo individual tenemos la necesidad de ser; México necesitaba decirle en aquellos años a las demás civilizaciones con las que conviviríamos, aquí estoy, somos iguales, respétenme, reconózcanme, tengo soberanía, autonomía, derechos, pero eso era sólo de palabras, porque en realidad todavía ni siquiera iniciábamos, éramos recién nacidos, no podíamos caminar y de pronto quisimos correr para ponernos a la altura de las civilizaciones de occidente ¿cómo? imitando.
Leopoldo Zea señala: En vez de buscar este complemento dentro de sí mismos, tratando de unir, ajustar o soldar esas partes internas de nuestro ser que sentimos separadas, lo buscamos fuera de nosotros mismos, en el exterior, en lo hecho o lo que hacen otros hombres, en otras culturas, en otros mundos. En esta forma surge ese afán que tanto nos caracteriza: la imitación.
Por eso el tema de la responsabilidad y conciencia del mexicano, es porque tenemos que pensar, actuar y vivir como tal y no como viven y piensan los europeos o estadunidenses. Un ejemplo interesante que plantea Zea es el siguiente: En el campo de la filosofía es poco serio, charlatanería, hablar de temas que no se encuentren ya en los libros de filosofía, en los textos de los grandes maestros. Tratar temas como el que ahora nos congrega es rebajar la filosofía. Es convertirla en política, en instrumento de fines ajenos a lo eterno. Ustedes están haciendo el ridículo me decía uno de estos espíritus serios –están poniéndole huaraches a Aristóteles.
Mi apreciado lector, si en algún momento hemos sentido el sentimiento de inferioridad no es porque seamos inferiores, es porque nos sabemos capaces y exigimos una mejor nación. Finalmente México es tan real y singular como Usted, por lo tanto, la mejor manera de conmemorar y hacer mejor a México es siendo trabajador, original, responsable, consciente, honesto, decidido, seguro, estudioso, crítico, etc. Todo esto lo hará una persona importante y exitosa, ¿se imagina el futuro de México con políticos así?
¿Qué es el mexicano? fue la gran interrogante que se hicieron los pertenecientes al denominado grupo filosófico “Hiperión”. Tratando de dar respuesta a esta pregunta Leopoldo Zea escribió varias de sus obras. En Conciencia y Posibilidad del mexicano el filósofo Zea nos explica que por siglos Europa fue rectora de la cultura universal, es decir, para ser reconocidos como pueblos civilizados y no bárbaros, teníamos que pensar como ellos, aplicar sus fórmulas, pensamientos, filosofías, etc. pero esta realidad después de las grandes guerras estaba cambiando y por eso se discutía El Ser del Mexicano.
La necesidad y el impulso de crear una filosofía del mexicano, conocer sus alcances y limitaciones no provino de afuera como había sucedido siempre desde la conquista. Esta necesidad singular se originó por la Revolución Mexicana. Señala Leopoldo Zea que el movimiento armado no se inspiró en principios universales, en doctrinas filosóficas abstractas y mucho menos buscaba influir universalmente. Según Zea la Revolución Mexicana se realizó para cambiar realidades y necesidades concretas, hambre, injusticia, desigualdad social, corrupción, enriquecimiento de unos cuantos, no olvidemos sus dos grandes premisas, Sufragio efectivo. No reelección y Tierra y Libertad.
Sobre este punto Zea manifestó: Todo y cada uno de los revolucionarios mexicanos aspiraron y aspiran a realizar un México mejor, un México en el que la mayoría de los mexicanos pueda alcanzar el máximo de posibilidades que haga su felicidad. Se trata como se podrá observar, de una mejoría fácil y sencilla, de la mejoría discreta que cada hombre tiene derecho a alcanzar. (Lamentablemente no sé ha alcanzado)
Toda la temática que desarrolla Zea resulta muy interesante y sin duda alguna, hay que leer la obra. Pero para ir concretando las ideas planteadas, en cuanto a la conciencia, el filósofo mexicano manifiesta: Parece que entramos en una etapa racional, de conciencia de lo que hemos hecho y de lo que podemos hacer. Etapa de conciencia de nuestra realidad. En esta etapa no son ya válidas acciones balbuceantes, ni morales de carácter provisional. El conocimiento que vamos adquiriendo sobre nuestra historia y su sentido, sobre nuestra realidad y los múltiples problemas que plantea, es el mejor signo de que estamos ya en los umbrales de esa atapa de autoconciencia.
Tener una conciencia crítica de nuestra realidad implica conocer virtudes y defectos, grandezas y limitaciones, lograr esto no es fácil, pero es la única manera de poder mejorar, porque conoceremos cuáles son realmente nuestras posibilidades para desarrollarnos como personas y como nación, sobre este punto Zea señaló: Esto es, si se conoce al hombre, si el mexicano logra conocerse a sí mismo, se adelantará la mitad del camino. La conciencia de la realidad mexicana dará al hombre de México la conciencia de sus posibilidades y, con ella, la conciencia de todo su posible hacer.
Por lo antes afirmado, la fórmula sería conciencia es igual a posibilidades, sin embargo, Usted mi apreciado lector podría preguntarse ¿Con eso se resuelven los problemas del país? ¿De qué me sirve estar consciente de mis posibilidades, si la corrupción no me permite crecer? Y sin ninguna duda, podrían surgir muchas preguntas más, pero considero que el saber quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos, es determinante para mejorar o cambiar el rumbo de este país. Interesarnos por México es estar a la altura de las circunstancias que exigen los tiempos.
Cada generación tiene sus propias circunstancias y responsabilidades, con defectos y virtudes los novohispanos que estaban esclavizados por España lucharon por su independencia, los hombres y mujeres que hicieron la Revolución, tal vez, como dice Zea no tenían ideas, pero lucharon por cambiar su realidad.
Hoy nos toca ser responsables del presente y futuro de México, por supuesto que necesitamos revolucionar a este país, pero ahora las armas que utilizaremos en nuestra Revolución serán los libros, porque ellos nos quitan la venda de los ojos, nos hacen libres, críticos, informados, atentos, responsables, los libros nos enseñarán a ser prudentes, pero cuando tengamos que defender un derecho, denunciar una injusticia lo haremos, porque ya habremos aprendido que: ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, ¡adelante! ¡Adelante siempre!. (Miguel de Unamuno)
Mi estimado lector, la actitud filosófica en México deberá ser como la enseñó Edmund Husserl: La tarea de la filosofía es enseñarle al hombre a hacerse responsable de sí mismo. Como dijo Leopoldo Zea que fortalece todo lo antes argumentado: Después de todo, sin un sentimiento de responsabilidad, sin un propósito definido de maduración, ni los pueblos ni los hombres maduran.
Filosofar es problematizar, pero a través de la problematización es como se va haciendo conciencia de sí mismo y ganando un lugar en la historia. El hombre no tiene naturaleza, tiene historia afirmaba el filósofo español José Ortega y Gasset, sin embargo, Leopoldo Zea estaba consciente que: la historia no la componen los puros hechos, sino la conciencia que se tenga de ellos. Por lo tanto, para ser parte integral de la historia no sólo tenemos que vivirla, sino pensarla, las ideas antes planteadas es parte de lo que podrá leer en el libro de Leopoldo Zea publicado en 1953 con el título: El Occidente y la Conciencia de México.
¿Cuál era la imagen que tenía Europa de México y en general de Latinoamérica? La respuesta sin ninguna duda se llamó regateo. Leopoldo Zea divide este regateo en cuatro etapas las cuales son: El regateo de la Conquista, El regateo de la Modernidad, El regateo Historicista, el regateo de la Técnica. Desde su visión Zea explica cada uno de manera clara, basado en antecedentes irrefutables, como por ejemplo cuando nos explica el regateo historicista.
El filósofo prusiano Georg Wilhelm Friedrich Hegel, se refirió a América de la siguiente manera: América es el país del porvenir, lo que ahora acontece aquí no es más que el eco del viejo mundo y el reflejo de ajena vida. Mas como país del porvenir América no nos interesa; pues el filósofo no hace profecías. En el aspecto de la historia tenemos que habérnosla con lo que ha sido y con lo que es. En la filosofía, empero, con aquello que no sólo será, sino que es eterno: la razón. Y ello basta. (J. G. F. Hegel: “Filosofía de la historia universal”, Revista de Occidente, Madrid, 1928, p. 186.)
Lo antes manifestado por Hegel implicaba no ser parte de la historia cultural universal, por supuesto que el filósofo prusiano se refería al tema de la falta de reflexión y creaciones intelectuales. Claro que si se le da una lectura apasionada a lo señalado por Hegel no tan sólo incómoda, sino que llega a ofender y calar hondo. Aún, por si faltaba la opinión de un filósofo contemporáneo, pronto apareció Ortega y Gasset que tanto influyó en América y particularmente en México, sobre este punto señaló: El dominio del mundo no se regala, ni se hereda. Vosotros habéis hecho por él muy poco aún. En rigor, por el dominio y para el dominio no habéis hecho aún nada. América no ha empezado aún su historia universal.
Mi estimado lector, no significa que a pesar de lo grande que fueron y son Hegel y Ortega, ellos tengan la última palabra. Usted tiene todo el derecho a pensar diferente, sólo que argumentando, pero es importante no olvidar que tanto a un individuo como a una nación por sus frutos los conoceréis. La pregunta que puede ir aclarando y acercándose a la respuesta a todo lo antes señalado es ¿En América y particularmente en México, no se creaba cultura, no se utilizaba la razón que tanto presumía Hegel?
Sin caer en nacionalismos por supuesto que la respuesta es sí, siempre hemos tenido genios por los cuales podemos sentirnos orgullosos y presumirlos, ejemplos: Sor Juana Inés de la Cruz, el pensador mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, entre otros, pero es innegable que eran genios aislados y no contábamos con un sistema del pensamiento, del conocimiento, con una filosofía propia. En todos los terrenos aunque nos duela fuimos como señaló Hegel una copia de Europa, porque creíamos que era la forma de ser modernos, civilizados y universales.
Por supuesto que la actitud de ser eco de Europa fue producto de las circunstancias, es decir, todo lo que nos rodeó. La misma civilización europea que por siglos se ha autodenominado la tierra de hombres civilizados, fue la causante de nuestra lentitud en el progreso cultural e intelectual. Señala Leopoldo Zea que cuando nos conquistaron nos impusieron y compartieron religión, sistema económico, pero no su cultura, el método por siglos fue no pienses, sólo obedece.
Para el filósofo mexicano la respuesta a occidente se dio con la Revolución Mexicana, este movimiento armado no sólo fue un estallido original, singular, interno, sino que además propició una enorme identidad cultural en México, Zea afirma: Dentro de un fondo en el que lo indígena da el color natural y local, se expresan formas artísticas de técnica occidental pero de interpretación nacional. La moda es ahora ese nacionalismo que alarma a quienes se conformaban con estar enterados de las últimas producciones de la cultura llamada universal.
En los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX a la filosofía europea no le interesábamos por no ser parte de la historia creativa e intelectual. En el siglo XX le respondimos al mundo cuando el gran muralista David Alfaro Siqueiros manifestó: Alguna vez envidiamos a los florentinos del Renacimiento la suerte de haber podido ver cómo surgían de la piedra el Moisés y la Piedad, cómo nacía Venus de una concha en el mar, cómo Dios tocaba el dedo del hombre para darle vida, cómo se cerraban las curvas de las cúpulas y crecían las torres de los campanarios. Algún día otros hombres nos envidiarán a nosotros, los mexicanos de hoy, el ser testigos de una labor que seguramente requiere la distancia del tiempo para apreciar sus proporciones.
Finalmente hoy ya no estamos apartados y relegados del mundo, somos parte del concierto mundial, vivimos nuestra propia identidad, tenemos una manera original de pensar, todo esto es filosofar, es decir, problematizar, ejercitar nuestra razón, y eso basta para que la razón nos dicte que hay mucho por hacer, pero que por lo pronto, recién pasadas las fiestas patrias tenemos que sentirnos orgullosos y gritar ¡Viva México!

miguel_naranjo@hotmail.com