REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 08 | 2019
   

Confabulario

Carta de amor: Cuento


Rafael Martínez de la Borbolla

   Hay personas que llegan de la nada y se convierten en tu todo

Imaginémonos un Cuento sobre algo que entendamos los dos. Que sea de ti y de mí, de nosotros. Que aparezca Zitácuaro y Tulancingo, Toluca y también la Ciudad de México. Que tenga un poco de todo, un poco de amor, menos de tristeza y mucho de las cosas que nos causan risa. Ve pensando que merece la pena incluirse y así los dos lo empezamos a escribir. Los dos para que también sea tuyo, para que lo compartas con tus hijas, con los que quieres y con los que no quieres tanto, para que elijas la música de fondo mientras lo lees. Yo tengo mis canciones para escribirte. Tu las tuyas para leerme.
La hoja en donde lo escribiremos no importa si es blanca o amarilla, podrás llevarla siempre contigo, dobladita en el bolso o entre tus vestidos. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer una pelota de papel, arrojarlo por la ventana del coche y mirar arrepentida cómo la arrolla un camión. Así en lugar de pedirme disculpas, podrás con ternura desarrugarla y ver que está como nueva. Hasta la podrás planchar si queda muy deteriorada. Para que le puedas cambiar todos los finales que no te gustan, para que lo fotocopies todas las veces que quieras y le entregues una copia a cada una de tus clientas. Para que envuelvas con él tu fruta favorita o para usarla como abanico y refrescarte cuando hace calor. También y ¿por qué no? para limpiar la mesa o apuntar al reverso algún recordatorio importante. La cosa es que esté contigo todo el día, que se te haga necesaria, que no puedas dejarla y menos aún olvidarla. Para que le reclames los días que estés enfadada, o para que la desdobles con cariño los días que estés de buenas.
Obvio tendrá que ser un cuento improvisado, tu dime lo que vaya surgiendo en tu mente y ya veremos después como acaba, imagínate, se vale volar; yo haré lo mismo, así a diario platicaremos sobre la trama y veremos perplejos sus avances, juntos acomodaremos todas las ideas que vayan surgiendo, escribiremos juntos la historia, hablemos de esta noche y todas las demás, de noches estrelladas y días soleados, de la melancolía que nos trae la lluvia, del ruido que se produce al pisar las hojas caídas en el otoño, de nuestras sonrisas y alegrías, de las personas que han pensado que mientras jugamos cartas me estás leyendo el Tarot. También se vale hablar un poquito de esas cosas por las que sufrimos, las que nos duelen hasta el alma, pero esas quizá solo mencionarlas, enfoquémonos en lo lindo, como cuando te ruborizas si me dirijo a ti en ese tono de voz de un niño chiquito y consentido, solo para que me hables a mí en tan solo cinco minutos en el mismo tono y estilo.
Que en nuestro cuento estén todas aquellas personas que hemos conocido y nos han tratado bien. Incorporemos todo aquello que nos gusta, lo que alguna vez quisimos hacer y por azares del destino no pudimos. Que se nutra de nuestros sueños e ilusiones, de nuestros más secretos anhelos y también para que proporcione un poco de miedo, de los demonios que de vez en cuando nos quitan el sueño. De sombras y espíritus.
Con esta excusa te dejaré abierta la ventana de mi casa para que te cueles y me susurres al oído tus ideas, para que me espíes esta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que te conste cómo pienso en ti, para que con orgullo constates cómo eres mi mundo, para que me cuides un poco sin que yo lo sepa. Para que me des animo y fuerza.
Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en donde buscar la manera de encontrarse. Que el cuento hable de amigos y de sueños, de noches de verano pegajosas y de fríos inviernos para abrazarse, de mí mismo mientras me imagino tu recámara desde lo alto del techo, antes de lanzarme en picada sobre tu almohada, disfrazado de kamikaze estrellándome en tus brazos sin volver a intentar el vuelo, pues mi lugar esta ahí: a tu lado.
Que el cuento tenga de todo; tu baile español y mis clases de piano, mi primer escrito y la primera vez que preparaste un delicioso platillo por ti sola, nuestras anécdotas de infancia y de escuela, de nuestros seres queridos, mascotas, vacaciones y los hospitales donde algún día nos arreglaron, de los amigos de niños, de bicicletas y patines, de voces y risas de escuela, mucho de abuelos, padres, primos y hermanos, pero también de helados y chocolates, que no se nos olvide incluir jícamas con chile y de lo que sentimos la primera vez que nuestros ojos se cruzaron, pero ahí tendrás que controlarme ya ves que puedo escribir siglos sobre ese día, incluyámosle asuntos de nuestra adolescencia y nuestra época, de cómo crecimos, sí, de todo aquello que merezca la pena recordarse, como cuando hundes tus dedos como un ungüento sobre mi pelo dándome una paz que no merezco. Y ya sabes, lo que no nos guste lo modificamos, para que aparezca como mejor nos plazca, al fin y al cabo es nuestro cuento. Invéntame una caricia para formar parte de tu ternura, una locura para hacerla juntos y un beso para hundirme en ti y quedarme ahí, pero no olvides recordarme incluir un espejo, pues cada vez que te miro me veo, somos uno solo.
Así cuando lo acabemos lo sabremos aún sin leerlo y no tendremos nostalgia al estar ausentes, se lo podremos contar de memoria a nuestros familiares y amigos, a los sobrinos y nietos. Estará con nosotros siempre y cada año ira creciendo. Y quedará en la memoria de todos los que nos quieren cuando ya estemos, otra vez juntos, en otro lugar más tranquilo. No respondas, empecemos, escribamos un cuento para estar juntos siempre.