REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Charlando con el maestro Bracho (en Mi Oficina, desde luego) y al calor de unos mezcales y con canciones que salían de la meritita alma de José Alfredo Jiménez, este siete veces H. Cuerpo Editorial, estuvo de acuerdo en lo que en las demás mesas que llenaban el democrático lugar aseveraban, y que no era otra cosa que estar todos con el entripado correspondiente debido a las horripilantes y entreguistas reformas cantadas a plenitud bochornosa por el actual habitante de Los Pinos (nadie de los presentes en ese cercano mes de septiembre quiso pronunciar su nombre). De más está aclarar el motivo por el cual lo indeseable de su conducta política permite estos arranques populares). Sí, decíamos todos al unísono, se supone que es “Septiembre, mes de la patria”. ¿Cuál patria? Preguntaban los maestros de la mesa que estaba a nuestra derecha. ¿Patria? sí, pero ¿de quién? ¿A quién le pertenece? Porque a nosotros, y lo que queda de la raza de bronce, no tenemos nada propio. Todo está vendido al extranjero: la minería la explotan los chinos y los canadienses y allí los esclavos son los mexicanos; las playas pertenecen a los hoteles que son propiedad de los extranjeros, y si algún mexica se atreve a nadar en esas playas, la chota, los genízaros, raudos y veloces, a empellones, a macanazos sacarán a esos testarudos y mecapaleros invasores (las voces de aprobación resonaron fuerte, muy fuerte), y así es, todo lo que se compra y lo que se vende en este Mexicalpan de las Ingratas (léase México), es de marca extranjera. Y el compa que tenía el rostro colorado y los ojos con lágrimas, comentaba a todos los paisas presentes: -Así que lo digo a voz en cuello y con música de fondo de “A que le tiras cuando sueñas mexicano…” y lo digo porque tengo los pelos de la burra en la mano: ¿Cuál patria mexicana? La de los Philips, la de los Easy, la de la Pepsi, la de Samsung, la de Sony, la de Ford, la de Citizen, la de hugobos, la de carnechon, la de ifone, la de Ipad, la de Kirkclan, la de corn pops, la de lg, la de Perrier, la de Hitachi, la de Macdonald, la de Hilton… ¿Ésa es mi patria mexicana? No, mil veces no, compañeros… (Los gritos de aprobación volvieron a resonar). Y otro paisa de una mesa situada más al fondo, alzando su copa nos convidó a brindar por los restos de Juárez, por lo que queda de Zapata… Y todos empinamos el codo. Porque a Juárez los gobernantes lo tienen bien enterrado y a Zapata igual… Y de otra mesa dos compas, ni tardos ni perezosos, y con voz de barítonos nos invitaron a que les mentáramos la progenitora a todos los polacos mexicas. Y sí, amigas insumisas, esa invitación fue genial, fue la que nos convocó a todos a sumarnos a ella, ese brindis propuesto por los compas hizo que todos y todas las amigas, nos pusiéramos de pie, y levantáramos nuestras copa y vasos y a la cuenta de tres, el “ch…a su m… polacos mexicas…” sonó por los cuatro rincones de la cantina y el eco salió a la calle hasta cubrir varias cuadras alrededor, tal fue el volumen alcanzado por la rabia de todos los parroquianos presentes. Y luego de eso, el ínclito compañero Bracho también le echó la culpa a muchos huleros mexicas que no tienen conciencia revolucionaria, que les importa un soberano cacahuate la historia de México, que les vale un comino la lucha de los Flores Magón, de Lucio, de los Hermanos Serdán. Y puso pintos a todos esos mexicas que votan por pripan y que les encanta que les pongan la soga al cuello. Y como todos los integrantes de este siete veces H. Cuerpo Editorial estamos plenamente de acuerdo con esos señalamientos, pues, también, a la voz de ya, levantamos nuevamente nuestras copas y apuramos el líquido infernal, líquido de fuego domable, que al menos, al tenerlo entre pecho y espalda nos da alguna esperanza, nos proporciona un poco de calma chicha, nos da un poco de calor y nos cobija tantito de las descobijadas maloras que nos dan los señores que dizque nos gobiernan. Así que entre el mezcal, el ron, las mentadas a los mandamases, los taquitos de sesos en salsa roja, las rajas de aguacates y las rebanadas de queso Cotija y las tortilla de maíz morado, y los recuerdos a las progenitoras de los que nos venden día a día, la vida se nos hace un poco más pasadera, la vida se nos presenta así un poco más llevadera. Sí, ente los aumentos al gas, a la luz, a la gasolina, a los servicios públicos, al predial, ante las mordidas que hay que dar a los cuidadores del orden, los pesos que hay que azotar ante el franelero impúdico, las mochadas que hay que dar a los funcionarios de las delegaciones, ante eso y más que mil males, los tequilines y los rones y los chicharrones en salsa verde y las enchiladas, hacen, ante ese cúmulo de barbaridades, que al menos se pasen algunos ratos alegres, que la rabia acumulada por los descalabros que nos hacen los orondos diputados, que el coraje republicano tenga por eso unos momento de olvido. Sí, en ese septiembre todos estuvimos de acuerdo. ¿Cuál patria mexicana…? Vale. Abur.