REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Fragmentos diarios 8


Hugo Enrique Sáez A.

La ley de hierro del capitalismo
El Principito se encuentra con el hombre de negocios, que no para de sacar cuentas. Según esos cálculos ya posee 501 622 731 estrellas. Comienza entonces un diálogo muy revelador.
'-¿Cómo se puede poseer estrellas?
-¿De quién son? -replicó, hosco, el hombre de negocios.
-No sé. De nadie.
-Entonces, son mías, soy el primero en haberlo pensado.
-¿Es suficiente?
-Seguramente. Cuando encuentras un diamante que no es de nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, es tuya. Cuando eres el primero en tener una idea la haces patentar: es tuya. Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas.'
Sin ánimo de romper el encanto que emana de esta obra de arte, no resisto la tentación de unos breves apuntes. Primero, el hombre de negocios es ajeno al valor de uso de los bienes que acumula en sus cálculos; no le importa si son estrellas, islas o ideas. Segundo, el espíritu que lo anima es apropiarse de cuanto bicho distraído o paisaje virgen se tope en su camino. Tercero, es un movimiento que no tiene un sentido humano ni natural: el universo entero es reductible a un objeto que se incorpora a su contabilidad.
Los hombres de negocios han llegado a México con la ley energética bajo el brazo, y si en tu jacal hay petróleo tendrás que desalojarlo, y a ver dónde te refugias. Que regrese Darwin para explicarnos la evolución de homo sapiens a homo argentum.

Estatura y revolución
Siendo diputado por el partido comunista italiano, Antonio Gramsci fue encarcelado en 1926 por órdenes emanadas de Mussolini. No se preocuparon por respetar su fuero parlamentario y el juez, en proceso fast track, lo condenó a más de 20 años de prisión, argumentando que era necesario “impedir que ese cerebro siguiera funcionando”. En el lugar de reclusión se encontró otro preso político de su partido, quien con sorpresa le reveló: “Yo a usted me lo imaginaba más alto”. Una pedrada recibida en la espalda durante su niñez había generado un encorvamiento que rebajaba aún más su estatura no muy elevada. Me acordé de la carta en que Gramsci contaba este episodio cuando conocí, en una surrealista noche, a Edén Pastora, el legendario Comandante Cero. “A mí se me hacía más alto”, fue la frase que cruzó por mi mente mientras estrechaba su mano. Pero ésa es otra historia.
Precisamente, vinculé esta cuestión de la estatura y la revolución con un caso muy singular. Ricardo, un bioquímico exiliado en México y sin empleo, se incorpora a una brigada médica que en 1979 apoya la ofensiva del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua. Sí corrió peligros aunque su grupo no marchaba en la vanguardia. De todos modos, sintió que era una experiencia irrepetible y se puso a escribir un diario con las penurias y alegrías que deparaba la lucha armada en contra de la dictadura somocista. Ya finalizado el conflicto con la toma del poder por parte de la insurgencia, pasó su diario a máquina y lo presentó al partido que lo admitió en sus filas. Fue censurado y se prohibió su impresión. Entre otras desviaciones de la línea sostenida por el comando superior deslizó este párrafo: “Hoy nos visitó Firmenich. ¿Qué me pareció? Un petiso simpático” (chaparro en mexicano).

El estudiante enterrado donde lo pisa el ganado
Sus ojos de vaca se posan, condescendientes, sobre la planicie de estudiantes verdes e ignorantes que la rodea.
Sus cuernos de vaca embisten con intolerancia cualquier teoría que se le oponga.
Su mugido de vaca impera sobre el mundo dictando el ser y el no ser de las cosas.
Su estómago rumiante de vaca no se cansa de acumular sueldos, becas, premios, financiamientos.
Su cola de vaca abanica para espantar las moscas de su antigua rebeldía.
Sus dientes de vaca comparten orgullosos los manjares con los dueños del corral.
No hay duda, es una VACA SAGRADA.

Tres lógicas operan en combinación
Cuando la sociedad de las ideas y de los ideales (libertad, igualdad, fraternidad) comenzó a predominar sobre la sociedad de las religiones (Dios está en cada acto de los individuos), los adeptos de esta última recomendaban 'hay que rezar'. Ahora que la sociedad del espectáculo (que te aprisiona en la pantalla) desplaza a un segundo lugar a la sociedad de las ideas y de los ideales, muchos recomiendan 'hay que leer'. Yo conocí una señora que rezaba pidiéndoles a todos los santos que su hijo no se volviera homosexual. En otro caso, una madre sacó a su hijo de la escuela en cuarto de primaria 'porque ya se leía de corrido el pato Donald'. Entonces el problema no es rezar, leer o mirar televisión, sino con qué objetivo y en qué actitud lo hacemos. ¡Proletarios del mundo, rezad, leed o mirad la pantalla pero hacedlo para que no terminemos de destruir el planeta!

Puros cuentos
'¡Oh, my Swan! ¡Oh, my Swan!”, graznaba Daisy como si fuera un cuervo, mientras que el pato Donald esbozaba una sonrisa entre complacido y soberbio por el efecto obtenido sobre su pareja. Como sabemos, el cisne (swan) es el dios de los patos, peculiaridad que explica la exclamación de Daisy. “¿Por qué has tardado tantas décadas para hacerme el amor? ¿Por qué siempre andabas provocándome vestido con tu gorrita y un chaleco, sin cubrirte siquiera con un bóxer? ¿Por qué recién en 2014 me has transportado al estanque del Paraíso?” “Muy sencillo, baby. Walt Disney me lo tenía prohibido. Ahora que estoy seguro de que no revivirá me pongo a las órdenes de tu dimorfismo sexual.”

Preguntitas para renovar la vista
El color, cualquiera, sólo admite una definición refiriéndolo a una experiencia. Por ejemplo, dice la RAE sobre el amarillo: de color similar al del oro. ¿Cómo se lo describe a un ciego que nunca ha visto el oro? La comunicación tiende a privilegiar las categorías generales y así se educan las emociones, con lo que se pierde la percepción de la singularidad que implica la existencia. Los certámenes de belleza femenina se mueven con este criterio: participantes que tengan medidas 90-60-90 y una estatura superior a 1.70 metros; preferentemente rubias. ¿Cero cerebro? ¿Cero ética? ¿Cero sensibilidad?