REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 11 | 2019
   

Letras, libros y revistas

El calor del invierno


Martha Chapa

Robándole espacios al mundial de futbol me puse a leer en estos días El calor del invierno, de Francisco Prieto. Y debo reconocer que me pareció una novela excelente y por eso se las quiero recomendar.
Lo digo no sólo por el tema que aborda –el terrorismo, tan actual como doloroso–, sino porque está muy bien escrita, con unos personajes que parecen estar vivos, con episodios cruciales que mantienen el interés de principio a fin. En especial, me gustó por la profundidad filosófica con que alude lo mismo a la vida que al amor y la muerte, así como se refiere a la existencia de Dios o, en contrapartida, a su negación absoluta desde el ateismo.
La obra nos remite a España y, ahí, a la ETA, esa organización vasca que ha buscado la independencia y la autonomía de la región desde la segunda mitad del siglo XX, sin reparar demasiado en los medios que elige para alcanzar sus fines. El autor muestra un puntual conocimiento de los motivos políticos que animan la acción violenta de la ETA y eso le permite desarrollar con soltura la manera como se entrecruzan las visiones radicales de los miembros de esta organización terrorista.
Me parece, pues, que Francisco Prieto consolida exitosamente con este libro un ciclo de escritor, autor ya de una decena de novelas, cuatro obras dramáticas y numerosos ensayos. Una ameritada trayectoria en la literatura, que se conjunta con la academia y el periodismo.
Y cómo no iba a ser un excelente escritor, si basta con ver los modelos literarios que ha elegido y que comenta en el blog de la editorial Jus, que ha publicado parte de su obra. Paco Prieto, a solicitud de la editorial, refiere los cinco libros que han marcado su vida. Fíjense nada más cuáles son esas cinco obras literarias: Las agonías de nuestro tiempo, de Pío Baroja; El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; El llano en llamas, de Juan Rulfo; Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski y Juan de Mairena, de Antonio Machado. Ni más ni menos. El propio Paco Prieto define su vocación literaria cuando habla de las razones de su interés por el citado libro de Baroja, constituido por tres obras. Al leerlas, dice, se percató de que “en la vida podía perder muchísimas cosas salvo el arte de hacer novelas, de vivir otras vidas, otros ambientes, algo que tenía que conquistar. Baroja me reafirmó en el amor a los seres libres, independientes, los que no ceden al imperio del colectivo, los enemigos de lo solemne y de lo colosal”. Ése es Francisco Prieto.
Por cierto, mi compañero Alejando Ordorica también disfrutó El calor del invierno e incluso me comentó que, en su opinión, la novela es digna de reconocimiento. Evocó aquellos días cuando, recién egresado de la carrera de Ciencias y Técnicas de la Información (hoy Comunicación a secas) en la Universidad Iberoamericana, Paco Prieto fue su sinodal en el examen profesional, junto al inolvidable Miguel Manzur, maestro emérito, filósofo lúcido y académico de excelencia a quien Alejandro profesa un agradecimiento y admiración plenas.
Pero regreso a la novela de Francisco Prieto y cierro con la convicción de que se sitúa como una de las mejores, si no es que la mejor que se ha publicado en México en lo que va de este año. Como señalé antes, está editada con el sello de Jus, que así se anota un éxito más. La propia editorial Jus ha descrito así la obra de Prieto en su revista digital:

¿La acción revolucionaria puede ir de la mano con el amor? El calor del invierno nos ofrece a manera de diario novelado la historia de Iñaki, quien se autodefine como historiador de sociedades muertas, mientras espera a que llegue, no sabe cómo, la inevitable muerte. Teniendo como fondo la época en que la organización ETA lleva a cabo actos que buscan la independencia del país vasco, la trama plantea recuerdos y añoranzas, reflexiones sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la Revolución; de aquí surgen destellos de luz vital, deseos de prolongar la vida a la vez que se arriesga la misma…

Y si aún no se sienten seducidos por la idea de leer esta espléndida novela, reproduzco aquí el primer párrafo del capítulo inicial, solamente para que saboreen una probadita de lo que ahí les espera:

No era necesario esperar el Apocalipsis. Como los sucesos trágicos que cambian de golpe nuestra vida, instalado en mi cotidianidad tan sutilmente que estaba vacunado contra toda novedad, así me sucedió hace, exactamente, un año, al descubrir una mañana que estaba invadido por el cáncer. El cáncer que me aquejaba, que no era físico, se presentó como incurable y terminal. Amanecí sumido en una tristeza oceánica. Si alguien, un buen amigo, me hubiera adelantado lo que habría de sucederme después, a mis sesenta y cinco años, y que ha sido lo único digno de contar en mi existencia, bueno, es un decir, habría reído con esa indiferencia y cortesía que se dispensa a un iluso inoportuno por quien se siente alguna simpatía. Un suceso trágico radicalmente interior despojó de sentido mi vida.

¿Qué más puede decirse? Escrita con evidente talento literario, con una que despierta el interés desde las primeras páginas y personajes delineados a la perfección. Por todas esas razones hay que leer, celebrar, aplaudir y acercarse a El calor del invierno.

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