REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 06 | 2018
   
09-10-2017 
La botana
Autor: Alberto Calderón P.


Alisó la transparencia de la tímida tonalidad color humo que cubría parte de su cuerpo, desde su sitio privilegiado pudo observar a detalle las viandas de comida danzar en todas direcciones. En silencio veía como esos seres con sus panzas verdes se regocijaban ante la pantalla y daban grandes sorbos a las frías botellas color ámbar. No imaginó llegar a este sitio, venía de la callejuela de atrás, avanzaba sin rumbo fijo buscando algo que saciara su apetito, al virar la calle se percató de ese olor sugerente, eso la animó a entrar.
Dentro del concurrido antro circulaban variados olores mezclándose los de la comida, el licor, las lociones, y cuando se abría una puerta que tenía pintados unos bigotes se dejaba sentir un tenue tufo que provenía del baño. Una especial algarabía se percibía en la larga barra donde los hombres quedaban con las piernas colgando por lo alto de los bancos, pero sin inmutarse devoraban con sus miradas inquietas cada jugada que salía del monitor, atrás de ellos en reducidas mesas, los comensales trataban de darse su propio espacio, parloteaban y gesticulaban, todos parecían alegres, disfrutaban el momento, abriéndose paso entre los comensales los meseros hacían circular ricos platillos que parecían flotar.
Ella observa esa puerta blanca de dos hojas por donde entraban y salían las humeantes y apetitosas botanas, su curiosidad la puso inquieta; bajó la mirada para echarle un vistazo a la carta, eso no le atrajo, el trajín sí, nunca había estado en un lugar con tanto bullicio. Todas las charolas con alimentos y bebidas que pasaban cerca se le antojaban, se preguntó cómo sería el lugar del otro lado de esas puertas, cómo prepararían tanta comida, ¿Se encontrarían salpicados por las salsas?, ¿Estarían sudados, felices, cansados, sonrientes?...Un impulso quiso llevarla para cerciorarse pero sabía qué, de momento, eso era imposible.
El mesero que se encontraba del otro lado de la barra les fue poniendo a los comensales unos totopos con salsa y otros de frijoles refritos con apariencia extravagante, se veía muy apetitoso, el plato quedó entre ella y el gordo que sudaba por todos lados a pesar de los ventiladores que giraban a gran velocidad, el hombre indiferente tenía toda su atención en los que corrían por la cancha con una playera parecida a la del barbón sentado junto a ella, en un arrebato de travesura infantil quiso probar del contenido de ese plato sin ser descubierta, primero hechó una mirada alrededor, todos estaban atentos, en silencio, veían expectantes a un hombre de pantalones cortos que dio unos pasos hacia atrás para tomar vuelo, después con un movimiento veloz de cuatro zancadas llegó a la pelota, en el instante que pateó el balón en dirección al otro que, esperaba recibirla cuidando que no entrara en el rectángulo que protegía. En ese instante se levantó apenas lo suficiente y en un hábil movimiento con uno de sus brazos le dio una rápida probada como los niños al merengue del pastel, se escuchó casi en coro el grito: ¡Goooool!, espantada, después de meterse el bocado, cuando se disponía a retirarse del bullicio vio a toda velocidad en dirección a ella una franela roja, ya no le dio tiempo de volar, cayó quedando aturdida en un totopo con refritos, el hombre feliz tomó el bocado y engulló la rica botana.