REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 06 | 2018
   
06-07-2016 
La educación sin centro. Reflexiones sobre el papel de la experiencia artística desde el aula
Autor: Jesús Luis Fernando Reyes Varela
A veces me pregunto, si pudiéramos regresar el tiempo ¿Seríamos los mismos? ¿Pensaríamos lo mismo? ¿Sentiríamos lo mismo? Si en esos juegos de la imaginación se nos hiciera presente un “yo” aparte ¿Le escucharíamos? ¿Le entenderíamos? ¿Le seguiríamos?
Y es que, como bien dice Thomas Brown “Dentro de mí hay otro hombre que está contra mí”, que insiste en recordarme “quien soy y de donde vengo”. Un “yo” desdibujado que se cuela sin pudor en la mirada de las cosas. Paseándose libremente por los laberintos del tiempo, donde, para avanzar hay que dejar sin retroceder. Como aquel hombre que no quiere volver a ser niño. Aquella ave que no quiere volver a la jaula ¿Por qué insistimos entonces en someter al niño, al hombre, al ave? ¿Por qué pensamos que tenemos el derecho moral para enseñarle algo más, a ese niño, a ese hombre, a esa ave? ¿Qué sabemos nosotros que no saben ellos?
Quizá los “sometidos” sean otros. Sin embargo, la duda esta ahí, en nuestros estudiantes, que de reojo nos miran entre clase y clase, buscando algún pretexto, para preguntarnos a quema ropa ¿Y usted que estudió? ¿Dónde estudió? ¿Cómo supo lo que quería estudiar? Nunca lo supe, les digo, porque no tuve la necesidad de preguntarme. Mi vocación siempre fue la misma. Pero el punto es ¿Por qué dudar de nosotros mismos? Si ya tenemos la respuesta.
Me parece que en ese sentido, tiene mucho que ver la escuela y sobre todo, la concepción que tenemos acerca de la educación, desde un nivel macro, que involucra las políticas nacionales e internacionales, hasta un nivel micro, que comienza en el hogar y continúa en la escuela.

Una educación contrahecha, cuyo estado de crisis permanente, nos pide reflexionar urgentemente acerca de la libertad, la individualidad, el lenguaje y la expresión artística, desde un doble enfoque: como trasmisores y receptores de una tesis basada en el pensamiento creativo liberador.
Un posicionamiento ético, donde, vamos a empezar por reconocer que, sí existe un problema disciplinar en cuanto al uso y abuso del término llamado “arte”, asociado a las actividades del ocio, la moda, el espectáculo. El juego y la terapia. Todos encuentran en el arte un “recurso”, para hablar de un sin fin de cosas, menos del arte; “el arte de cocinar, el arte de amar, el arte de la política”.
De ahí que, como bien dice Luis Camnitzer en su artículo titulado “La enseñanza del arte como fraude”, existe un error muy marcado en la consideración disciplinaria del arte, como medio de producción y enseñanza ¿Qué podemos hacer entonces, para que nuestros estudiantes se acerquen al arte, por gusto y no por obligación escolar?
Pienso que, si bajáramos un poco la guardia, quizá podríamos percibir que, tanto dogmatismo por un lado y tanto elitismo por el otro, no ayudan en nada, al contrario, lo único que logran es enrarecen aun más el ambiente (ya de por si politizado), propiciando los juicios a priori, las descalificaciones mutuas y los radicalismos, donde lo más fácil es el “sin sentido”, que alimenta la ambigüedad y la falta de valores.
Cuantas veces no hemos escuchado la frase “el arte no sirve para nada”. Y ese “nada” nos remite a un sin fin de cosas que nos tienen reflexionando e investigando, acerca de su naturaleza, tal como lo hace Paloma Muñoz, investigadora en la Universidad del Cauca, quien en su artículo titulado “El arte en la educación no sirve para nada”, publicado en la revista Nodos y nudos/ volumen 2 No. 18/ enero-junio 2005, nos dice:
“El papel del arte en la educación es lo mismo que el papel del arte en todo: ninguno y absoluto. Ninguno porque el arte no es útil ni pragmático, no “sirve para nada. Y absoluto, porque el arte es como el aire para el alma, sin el cual nos asfixiamos”
Un “aire” bastante contaminado por la burocracia y las exiguas políticas culturales, pero bueno, volviendo a nuestro asunto, más allá de la metáfora, no comparto del todo el punto de vista de la doctora Muñoz, aunque si lo entiendo, y es que me parece que detrás de esta concepción del arte, existe una tradición contradictoria, profundamente occidental y academicista, que aun hoy, defiende a ultranza el racionalismo y el pensamiento instrumental, como parte de un sistema de valores. Un reduccionismo epistemológico que nos coloca peligrosamente en un segundo plano, donde, progresivamente las artes y las humanidades, han sido desplazadas dentro de la educación básica.
Ahora bien, los artistas tampoco ayudan mucho. Tal pareciese que se trata de una cuestión menor, como nos lo dice el escultor español Jaume Piensa: ”Siempre he defendido que el arte no sirve para nada, y que precisamente por eso es tan importante y tan poderoso; es una no funcionalidad poética y por eso es tan necesario”.
Personalmente no puedo estar de acuerdo con Piensa, porque como dice Cesar Manrique, “el arte es el único medio que no se ha subordinado al poder”, sino todo lo contrario, tiene en sí mismo el poder de sensibilizar y abrir los caminos del entendimiento, desde la vía más directa, más profunda, que es la de la conciencia del ser humano. Sin esta, cualquier acción pública que promueva el cambio no tiene sentido.
Afortunadamente y a pesar de todo, la globalización á “abierto” positivamente la puerta a un escenario nuevo, donde hemos empezado a encontrar problemas afines entre distintas disciplinas. Nuevas líneas de investigación que nos hablan de un cambio epistemológico en la forma de concebir la realidad del mundo.
Autores como Howard Gardner, Ausubel, E. Morin, Jhon Dewey, Efland, son un punto de referencia para, traer al debate de las ideas, el papel de la escuela y el individuo, desde una perspectiva que desmonta la noción del “Arte” con mayúsculas, para centrar la atención en el estudiante y sus procesos de aprendizaje.
Una horizontalidad donde vamos a sostener el argumento de la necesidad del arte en la educación, pero desde un enfoque flexible, que nos permita generar aprendizajes para la vida.
Como bien lo señala Elena Achilli, debemos hacer hincapié en “la vigencia del que hacer interpretativo como una forma natural para entender la complejidad de los procesos socioculturales”. La recepción de aquello que representa el “otro” y lo “otro”, como punto de partida, para equilibrar las necesidades materiales, espirituales y afectivas que están presentes en la psique del individuo y en su razonamiento del mundo.
Recapitulando, no podemos proponer un nuevo enfoque de la educación artística, sin tomar en cuenta el estado del arte y su relación con los sistemas sociales de producción y consumo. El significado del arte dentro de la globalización y su papel como medio de expresión, que junto a las nuevas tecnologías, la ciencia y las humanidades, promueve y reconoce la importancia del saber integral dentro de la formación del estudiante.
Dejemos pues atrás los antagonismos, para rescatar el carácter integrador de la educación artística y el aporte, que ésta realiza en otras áreas del curriculum, desde una perspectiva del conocimiento compartido e incluyente, que nos involucra a todos como parte del problema y la solución. Sin dogmatismos y sin retóricas, que nada tienen que ver con nuestra universidad y menos, con nuestra autonomía. Aquí no hay periferias ni centros, todos construimos el conocimiento.
Bibliografía

EFLAND, A., Freedman, K y Sthur, P. La educación en el arte posmoderno,
España, Paidós. 2003

EISNER, E. Educar la Visión Artística,
España, Paidós, 1995

MATURANA ROMESIN, Humberto, Bernhard Porkesen. Del ser al hacer,
Chile, Comunicaciones del noreste LTDA, 2004, 62 p. Disponilble en línea: http://matriztica.cl/wp-content/uploads/Cap-I-Del-ser-al-hacer.pdf

MCLAREN, Peter. Pedagogía crítica en la época de la resignación. Disponible en:
http://www.barbecho.uma.es/DocumentosPDF/BARBECHO2/A2B2.PDF.

STEINER, Rudolf, “El mundo como percepción” en La filosofía de la libertad, disponible en línea en: http://wn.rsarchive.org/Books/GA004/Spanish/filosc04.html. Ultima revisión
23 de junio de 2016.