REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 08 | 2018
   
06-07-2016 
Con traje a la medida, y el alma insatisfecha
Autor: Mariana Chávez
Con traje a la medida de un color opaco, zapatos negros de cordón, relucientes y centelleantes, celular en mano y el tirante de la mochila cruzado sobre el pecho, él salió de un gran consorcio empresarial que aún mantenía muchas de sus luces encendidas, ¡Bip, bip! Se escuchó cuando desactivó la alarma de su auto, ese automóvil verde brillante, del tono más horrible que el vendedor pudo encontrar pero que olía a nuevo, ahí, seguramente, estaban sus ahorros de todo un año, todas las quincenas bien ganadas, soportando los pedimentos a media noche de su jefe en el celular y las malas caras de sus colegas durante el receso.
Enseguida se metió a su auto, encendió el motor, jaló la palanca y se puso en marcha con dirección al Eje 1 Norte, aquella noche no quiso encender la radio, repasó sus pendientes para el día siguiente e incluso los de la próxima semana, durante un alto, aprovechó y sacó el celular para digitar números sin sentido pero que llevaban a cifras grandes y pequeñas, las ganancias del mes, cuentas de servicios, el engache del departamento, guardó el teléfono en la guantera.
Repasó en voz alta con su acompañante los conjuntos que aún podía usar para el trabajo, los que ya estaban rotos y los pocos nuevos que le quedaban del año pasado, mencionó que no había hablado con sus padres desde hacía un mes, tampoco había visto a Layla, su hermosa ex vecina de la colonia Garrido que durante más de 7 años sólo se había limitado a saludarla y sonreírle de vez en cuando, acaba de romper con Mariel, la excéntrica cubana de su oficina que llegó por ordenes de su empresa a capacitar, el romance no duró más de 6 meses por obvias razones. El ceño fruncido delató su molestia al recordarla, o tal vez era el limpia parabrisas que se quedó con la mano extendida delante de la ventana más tiempo de lo estrictamente permitido. Mencionó que Carlos y Verónica, se lo habían advertido desde el principio, tal vez en el fondo también sospechaban lo mismo que yo, su temperamento tierno y gentil y las malas mañas de esa mujer darían al traste con todo, la conclusión es que nadie en la oficina se dio cuenta.
Aseguró que ya estaba mejor, el nuevo semáforo rojo que nos detuvo hizo que su semblante cambiara, encendió la radio, “Hold back the river, let me look in your eyes” cantaba una voz masculina y sensual, eso, por alguna extraña razón lo sobresaltó, pregunté porqué, me dijo que aún no liquidaba el préstamo que había pedido a su primo y su sueldo seguía igual, además había escuchado en los pasillos de la oficina que habría un recorte para fin de año, esperaba no ser uno de los tristes infelices.
En seguida, pasó una mano sobre su cabello negro, despeinándolo, después se quitó los anteojos, dejando al descubierto su mirada brillante, volvió a hablar, después de una pausa extendida, estaba harto de su jefe, sus horarios, de la maldita Mariel, los chismes y la mala cara de la Sra. Azucena que pasaba arrastrando los pies, limpiando los escritorios con su trapito rojo maloliente, barriendo y trapeando, empujando a todos ¿Y si esa noche no regresaba a casa?, ¿Si tomaba la carretera a Cuernavaca, a Hidalgo o a dónde fuera?, noté que quería salir lejos, corriendo de ahí, del maldito tránsito, de los vendedores ambulantes, de la delincuencia, la corrupción, cerrar los ojos ante la mirada precaria del indígena sin zapatos y al que muchos gritan ¡Indio! con el permanente olvido de aquella herencia mexica, quiso escapar de la inversión extranjera maliciosa que esta devorando a nuestro país, pero fue demasiado tarde, llegó a mi casa, primero, aseguré que sólo atravesaba por una mala racha y todos, alguna vez tendremos que enfrentar, su cara no me convenció, se fue, supongo que a casa, porque al día siguiente sonó el teléfono, era él y sólo se limitó a decir Gracias.