REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 08 | 2018
   
03-03-2012 
Doña Champi.
Autor: Juan Falomir
Doña Champi.

El bosque es frondoso y el angosto camino casi es devorado por la maleza, hace mucho nadie pasa por aquí, y la espesa bruma abrasa el camino en esta fría mañana sobre uno de los montes de la Marquesa.

¿Cómo amanecieron mis hijitos? Sé que pueden aguantar un poco más, ¡Se ven hermosos! Tan grandes, tan coloridos y tan tiernos. Les decía la anciana al tiempo que delicadamente pasaba un trapo húmedo sobre sus champiñónes de caprichosas formas y brillantes colores. Lo sé, lo sé... necesitan alimento fresco, no se preocupen, falta poco.

¡Tock, tock, tock!

¿Ya? ¿Tan pronto? Es muy temprano. ¡Pero ya comienza la temporada¡ Es tiempo de que las jóvenes parejas vengan por sus hongos del amor, les dicen afrodisíacos, pero en realidad son milagrosos y mágicos, con la capacidad de exaltar los sentidos y sensaciones sexuales más sublimes, siempre vienen en parejas, así debe ser. Los he escuchado recitarse poemas al oído y a los cuatro vientos, sólo para los dulces sentidos de ellos o para que las mismas estrellas se enteren de su idilio; los hombres muestran exageradamente su fogosa ternura por debajo de sus ropas, ¿Cómo no notarlo?; las mujeres se subliman por un delicioso cosquilleo entre sus piernas que sólo puede ser saciado con ayuda de ellos; dentro de sus tiendas de campaña o al abrigo del húmedo tiempo. Les da igual, el efecto es el mismo, ellos acarician el amor y el amor los acaricia a ellos. El único requisito es el que se amen y que se los coman aquí, así debe ser. Pronto mis pequeños… ustedes también sentirán el amor y serán aún más felices. Se los prometo.

¡Voy, voy, no coman ansias que ustedes son muy afortunados y mis viejas piernas están cansadas! ¡Ustedes son los primeros en llegar! ¡Hija, ven!... Pasen, veo que son muy jóvenes, con mucho brío y deben quererse mucho, ¿No es así? Nos amamos señora. Nos contaron de usted y de sus hongos, queremos comprar algunos, sabemos las reglas, del amor y de sólo comerlos aquí para que sus bondades hagan efecto. ¿Dónde podemos acampar? Donde quieran… pero antes es mi costumbre que al ser los primeros me acompañen con una taza de Te de hiervas, déjenme prepararlo. ¿Señora, sus hongos son muy raros? Preguntó la joven. Tan así lo son que no crecen en el bosque, ni en cuevas, ni en otro lugar que no sea aquí, en mi humilde casa, en el cuarto del fondo, no existen fuera, sería imposible, de aquí pues sólo pueden nacer, brotar sobre una superficie especial, y necesitan, como pequeños bebés producto del cariño, muchos cuidados. Y entró a la misteriosa habitación por unos minutos.

Tengan, beban todo… se van a sentir relajados… déjense llevar… si... ya se han quedado dormidos. Esto era más fácil cuando yo era más joven, ayúdame a desnudarlos y llevarlos a la parte de atrás, hija. Mis muchachos, pobres, dejarán sus frenéticas vidas, ya no despertarán pero vivirán por siempre en un excitante sueño, ahora ya no tienen que temer, sentirán el suave arrullo del amor como nunca lo habían sentido, más incluso si hubieran comido mis hongos, ahora yo los cuidaré, así como mi madre y la madre de mi madre, y cuando yo muera mi hija lo hará.

¡Mis niños! Es hora de renacer, pero tengo que cortarlos del brote, les pido su permiso. Miren, la pareja anterior ya está agotada, su esencia, vitalidad, y cariño les han transmitido vida por más de un año, pero es hora de mudarse… de arrojar sus esporas al cielo, de que ustedes se embriaguen de amor, de ser felices y multiplicarse sobre estos cuerpos santos y fértiles para que su prole sea comida cuando maduren por parejas ansiosas de experimentar… mis pequeños hongos, se volverán amor puro, se transformarán en caricias y palabras lindas; y ustedes mi pareja joven, se volverán hongos, seres místicos pero vivos que crecen y sienten, pronto abandonarán sus cuerpos, ellos después de un tiempo quedarán inservibles, y al igual que los anteriores a ustedes, serán digeridos, no sin antes dejar descendencia y sabrán lo que es el amor en muchas formas que el hombre mismo ni imagina, han sido afortunados, muy afortunados.

Ambas recuestan los cuerpos desnudos en el lugar donde las secas carcasas de la pareja anterior se ubicaban, unen sus manos y los untan con aceites y hiervas. Corta por el tallo los champiñónes de formas extrañas, retirándolos delicadamente de sus genitales curtidos y los oprime un poco, inundando el aire del cuarto con pequeños, minúsculos granos, esporas que flotan alegres y se rozan entre si emocionadas, comienzan lento, pero pronto viajan y se tocan más y más rápido cada vez, como acariciándose en un frenesí que llena el cuarto de alegría. Ambas levantan sus brazos, abren las palmas, y dejan que las esporas se posen en sus manos para después untarlas sutilmente, con delicadas caricias en el sexo de el y de ella humedeciéndolos de inmediato.

Déjenme ayudarlos, untar sus esperanzas en un nuevo mundo lleno de nuevas experiencias, en el hermoso capullo de ella y en el seductor miembro de el, que pronto vendrán más personas, que el próximo año ustedes estarán maduros, que dentro de poco ustedes serán hongos, hermosos, coloridos y grandes, que dentro de un tiempo serán el alimento del extraordinario amor. Así debe ser.