REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 08 | 2018
   
03-03-2012 
SERIGRAFIA DE UN CUERPO
Autor: DALILA FRAGOSO TEJAS
Serigrafía de un cuerpo

Tu persona se compone de tres sustancias:
de un Cuerpo
de un Alma animal
y de otra Razonable

Las dos primeras te pertenecen en el sentido de que estás obligado a cuidarte de ellas; pero es solamente la tercera la que es de tu propiedad

MARCO AURELIO, Pensamientos, Libro XII, III

Amada mía

Me he robado el vino de tu cena que nunca tuvo respuesta porque deseo embriagar mi dolor... y he ultrajado el vestido que no estrenaras con nadie.

Tengo inédita menos de la mitad de la botella
y el resto de alcohol me está inundando la cabeza, me está ahogando el cerebro y su agonía me hace sentir una extraña felicidad melancólica, esponjosita, mullida, cómoda...

Y me ha dado el valor de hablar, de decirte, de gritarte, de ofenderme, de matar el silencio....

Fui a mi UTOPIA, camine sobre su frescura, recorrí cada uno de los deseos, mire a su alrededor, trate de oír todos los murmullos, todos los secretos escondidos entre líneas, y al llegar al final del texto, cuando cerré la puerta de esa ilusión frágil, no logré encontrar donde dice sexo.

Sexo así, solo, vacío, desnudo, abandonado, triste, enflaquecido, pálido...

No lo encontré amada mía, entonces, ¿qué me hiciste?!
Quiero pensar que no olvidaste nuestro anhelo, la utopía la creamos juntas, es un solo sueño, una sola esperanza... un solo amor...

¿Acaso he preñado mi imaginación sólo de palabras? ¿O esta delicada espera te ha trastornado el deseo?

Sabes, no concibo tu traición.... he domesticado mis manos y han aprendido a deslizarse suavemente en el papel para complacerte a ti.
Me he lanzado en la búsqueda del lugar donde se expresa la verdadera esencia, muy dentro de mi, y te he demostrado que no es fácil mi tarea, que hay que caminar con calma para ir más lejos... es acaso nuestro cuerpo quien nos traiciona?
Pero ¿a dónde va mi cuerpo que no vaya yo?

Es verdad... reconozco que no se su lenguaje, no conozco su idioma, no tenemos interfase, yo y mi cuerpo estamos solos, él más abandonado, porque yo te tengo a ti... al verlo por vez primera me entregué, decidí amarlo y de golpe, invente todo mi amor para él... y le he dicho que nadie puede quererlo más que yo... le adorné con caricias, lo he adorado con palabras, lo he bañado con las más bellas imágenes universales las más reales, las más sinceras, suave, lentamente, grabándolas con hilos de mercurio sobre sus recuerdos, con serigrafía de eclipse. Le he regalado el abrazo verde, cálido y masculino del mar, lo he envuelto en noches frías y le he dado de beber el elíxir que encontré en las titilaciones de Venus en un atardecer. Le he hablado de amor al oído con las voces de los grillos que había guardado para alguna ocasión especial. Y el me respondió con sus secretos y ahora conozco el tiempo exacto de mi cuerpo, la medida precisa de mi éxtasis, el límite de la fuerza que necesito, el umbral de suavidad que me hace temblar. Tengo mi identidad grabada en la yema de mis dedos, tengo el mapa de mi piel pirograbado por mis anhelos sobre mi propia piel, tengo la boca saturada de mis propios besos...

Y así logre adormilarlo, casi convencerlo, pero el placer supremo no lo disfrutó mi cuerpo, mi alma animal se robó todos mis regalos, lo dejó vacío, lo despojó y lo amenazó como a un niño huérfano y hoy, me doy cuenta que triunfó en su travesura dantesca y circular.

Y si yo te quiero tanto y nunca te haría sufrir, y si he pulido con llanto cada cristal de este vitral, si nunca te haría daño, ¿por qué añoras la otredad? ¿Por qué insistes en entregar las llaves de este templo a quien no tiene fe?

Y veo rondar nebulosamente tus cuestionamientos, que aunque justificables por ignorancia no por ello menos agresivos. Pero aquí donde vivo yo, aquí en mi santuario, escritos en el gran libro de los imponderables no resueltos, suenan como un gong en medio de un Claro de Luna de Beethoven.

Y hoy amada mía, quisiera brindar, levantar mi última copa de vino e invitar a mis hormonas a hacer la paz, a hacer el amor, a tomar todo lo que les pertenece, pero a dos manos con el juicio, tomar la última gota dulce de vino tinto que guardo para mi, y compartirla con mi cuerpo, volver a sellar nuestra alianza y lograr vencer nuestra propia libertad.

Y sin embargo, no dejo de oír la voz del alma animal, esa voz que imprime los errores al ritmo del metrónomo del corazón, con un compás que me permite vibrar en un arpegio, que sensibiliza estas tres esencias, simultáneamente, sincronizándolas.

Amada mía, enamórate de tu única identidad, de mi, y luego...

entréganos...