REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 06 | 2018
   

Arca de Noé

Fragmentos diarios 7


Hugo Enrique Sáez A.

El mundo de la caverna platónica a la distancia de un 'click!'
Rescato la célebre descripción que hace Platón del encierro en una caverna para que se resalte la obvia similitud con la prisión televisiva: en ambos casos se toman como realidad última las sombras proyectadas en el fondo de la caverna, y en la moderna pantalla la competencia futbolera en Brasil, que enciende los ánimos hasta límites histéricos.
'- Y ahora -proseguí- compara con el siguiente cuadro imaginario el estado de nuestra naturaleza según esté o no esclarecida por la educación. Represéntate a unos hombres encerrados en una especie de vivienda subterránea en forma de caverna, cuya entrada, abierta a la luz, se extiende en toda su longitud. Allí, desde su infancia, los hombres están encadenados por el cuello y por las piernas, de suerte que permanecen inmóviles y sólo pueden ver los objetos que tienen delante, pues las cadenas les impiden volver la cabeza. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, hay un fuego cuyo resplandor los alumbra, y entre ese fuego y los cautivos se extiende un camino escarpado, a lo largo del cual imagina que se alza una tapia semejante al biombo que los titiriteros levantan entre ellos y los espectadores y por encima del cual exhiben sus fantoches.'
La nación no es una sustancia inmutable, está hecha de raíces milenarias y de sangre nueva, de conquistas y reconquistas, de migraciones y de exilios, de aires y aromas propios combinados con sabores exóticos, de identidades y diferencias, de amores y de odios, de compañeros y de depredadores. En suma, es apenas un accidente en la especie planetaria. En cambio, ahí donde se odian dos camisetas de colores distintos, los modernos poetas épicos de la televisión elevan el acontecimiento a la categoría de una guerra patriótica por el honor. Me emociona si se juega bien al futbol, pero estoy consciente de que las camisetas no son uniformes de ejércitos dispuestos a exterminarse. Los mejores, los auténticos maestros de la pelota, rescatan la esencia de esto que es un juego hermoso cuando su escenario es un potrero, como tantos lo hicimos de niño con dos piedras en el piso cuando no hallábamos palos secos para que oficiaran de portería.
Ulises se hizo amarrar al mástil de su nave para no ceder al canto criminal de las sirenas, que devoraban a los hombres que caían bajo sus simulacros de seducción. Tapó con cera los oídos de sus tripulantes e impidió así que se entregaran inermes a las monstruosas criaturas que adoptaban figuras de una belleza tentadora. Moraleja: las pantallas de televisión representan las modernas sirenas y en lugar de Ulises hoy tenemos un propietario de las imágenes con que se conduce a la muerte civil de millones de ciudadanos gustosos de arrojarse en brazos de la seducción consumista.

No mido el éxito por mis victorias, sino por las veces que conseguí levantarme de las derrotas
Una perfecta frase de superación personal que impactará a quien la lea desprevenido. Empresas de muy baja estofa emplean recursos como éste surgidos de esa plaga denominada “técnicas de superación personal”. Entrenan a incautos desempleados que se captan por medio de avisos de periódicos en que se ofrece un trabajo con salario digno. Tanto la actividad como la remuneración se mantienen en secreto mientras se los somete a un entrenamiento con sesiones intimidantes para aquellos que se atreven a exigir una explicación clara acerca de los objetivos que se persigue con esas tareas.
Hagamos algo que está prohibido en ese tétrico ambiente de engaños: pensar. ¿Qué idea transmite la frase citada? Primero, que el éxito (léase, traducido en dólares o euros) es lo que otorga sentido a la existencia humana. Segundo, si fracasaste mil veces en obtener el premio mayor de la lotería, continúa comprando tu billetito. En otras palabras, te enseña con giros “modernos” la resignación difundida desde antaño por las religiones. Tercero, alcanzar el éxito depende sólo de que persistas en el esfuerzo. Según esta perspectiva, no hay fuerzas superiores -principalmente, la voracidad financiera- que controlen los recursos económicos y hagan desaparecer a los jugadores más débiles del monopoly en que se ha convertido la competencia salvaje a escala mundial. Por último, el fracaso es culpa de tu falta de fe en ti mismo. No repetiste todas las mañanas la frase mágica: “No te preguntes si puedes hacerlo, hazlo”. ¡Cuidado con estos modernos sofistas, dispuestos a hacer triunfar cualquier causa si les pagan! Son los modernos cachorros del imperio, como dijo alguien.

Pero, ¿qué necesidad?
Que los obreros franceses necesitan vino, que los ingleses necesitan whisky, que los alemanes necesitan cerveza. Así podría enunciarse el algoritmo de Marx sobre bebidas estimulantes y su consumo proletario, enunciado después de un minucioso trabajo de campo en tabernas de probada fama internacional.
Entonces, ¿cómo?, se interrogarán los tecnócratas. Primero satisfacen las necesidades secundarias (el alcohol) y si queda algo de salario, las primarias (alimento y vestido). Hay aquí un equívoco que la humorística observación vino a corregir: no es válida la distinción entre necesidades básicas y secundarias porque se plantea como una simple relación fisiológica con la naturaleza, sin conocer lo que es el deseo. Dice Deleuze que el deseo produce sus propios objetos y a partir de su simbolización se genera la necesidad de satisfacerlo. Luego, el deseo varía de un individuo a otro. En la obra Un hombre es un hombre de Bertolt Brecht se plantea un caso ilustrativo. El pequeño grupo de soldados que requiere un sustituto para su compañero ausente intercepta a un ingenuo cargador de puerto que marcha a trabajar y le prometen darle lo que él quiera si se incorpora al ejército. Éste, vacilante, asiente y responde que quiere comprar un pescado para agasajar a su esposa. Se ríen de su pedido mientras le confiesan que ese objeto de su mente es demasiado modesto. Lo instan a que piense en algo más significativo, más imponente. Entonces se le ilumina el rostro y exclama “¡un elefante!”. El deseo, en un principio, se enfocaba a agradar a su mujer mediante un objeto vinculado con su alimentación; el cambio hacia un elefante incrementa el deseo de poder, pese a que el objeto material no revela una utilidad inmediata sino un significante suntuario.

Puros cuentos
El sub Marcos llega al registro civil. Después de estacionar su caballo, enciende la pipa y se dirige a la primera ventanilla que divisa abierta.
- Buenos días, vengo a cambiarme el nombre.
- Muy bien, dígame cómo se llama y cuál será su nuevo apelativo.
- Me llamaba Marcos y quiero que me conozcan como Galeano.
- Le voy a hacer una sugerencia...
- Dígame...
- Antes no tenía apellido y ahora no tendrá nombre. ¿Por qué no se pone Marcos Galeano y ya deja de darnos trabajo con sus mudanzas de identidad?