REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
22 | 06 | 2018
   

Arca de No茅

Libertad de expresi贸n y pluralidad informativa


Cirilo D谩vila

Com煤nmente se afirma que es preferible la m谩s irrestricta e ilimitada libertad de expresi贸n a cualquier reglamento que coarte este derecho. Esta postura es bastante razonable y prudente en un medio profesional colmado de intereses. Intenta proteger un bien, una virtud particularmente humana, en especial cuando en la historia se han visto dolorosos ejemplos que ilustran la injusticia impuesta por la coerci贸n individual y colectiva.
Los procesos de alienaci贸n de grupos sociales o de individuos han implicado, como situaci贸n notoria y perversa, la restricci贸n de la palabra, la prohibici贸n de la manifestaci贸n en sus diversas y amplias modalidades. Bajo este enfoque es paradigm谩tico el caso del peri贸dico Exc茅lsior cuando el r茅gimen pol铆tico de Echeverr铆a, reaccion贸 con una arbitraria y f茅rrea represi贸n a la postura cr铆tica del diario dirigido entonces por Julio Scherer, en un claro acto de ataque a la libertad de prensa y de expresi贸n. 鈥淣o te pago para que me pegues鈥 fue la consigna con la cual primero se limit贸 la publicidad y finalmente se removi贸 a la estructura directiva del segundo diario m谩s antiguo de M茅xico a trav茅s de una argucia legaloide que implicaba una invasi贸n de terrenos y la suplantaci贸n de la asamblea de la cooperativa a trav茅s de esquiroles pagados. Estos acontecimientos, por lo dem谩s, est谩n ampliamente documentados por muy diversos autores, entre los que aqu铆 podemos destacar a Vicente Le帽ero y al propio Julio Scherer.
Es acertado entonces, establecer con claridad y sin reservas, el planteamiento de hacer valer y respetar la m谩s absoluta libertad de expresi贸n, puesto que limitarle conlleva peligros mayores para el individuo y el colectivo social. Adem谩s se trata de uno de los derechos fundamentales del ser humano, lo que significa que tiene una categor铆a superior a la de los derechos civiles, as铆 como es superior el derecho de la vida al derecho al matrimonio, por ejemplo. 鈥淟a libertad de expresi贸n鈥 -dice Thomas Paine en La edad de la raz贸n-, 鈥渆s lo que permite defender toda libertad y toda libertad se propaga a trav茅s de ella鈥. Tambi茅n es necesario reconocer la insuficiencia de este argumento moral. Se trata apenas de un principio, un punto de partida que exige mayores precisiones y abundar en razones que le fundamenten, en aras de reconocer las formas que adopta esta libertad. Ve谩moslo.
A la invocaci贸n del derecho de libre manifestaci贸n, es posible se generen abusos o conflictos de inter茅s. Adem谩s la fiera competencia entre una gama de grupos publicitarios, medios impresos, editoriales, empresas televisivas y radiodifusoras, vuelve este panorama m谩s conflictivo y confuso. En particular, cuando todos estos conglomerados empresariales han desarrollado una estructura de manipulaci贸n p煤blica muy sofisticada sobre los deseos, las necesidades sociales e individuales y colectivos humanos, como lo advierte el periodista guatemalteco-mexicano Federico Zelaya Bockler en un comentario personal.
La interactividad de los medios y sus auditorios ofrecen ejemplos constantes del ejercicio de la libertad de expresi贸n, de la calidad y grado de aplicaci贸n de este derecho fundamental. En la radiodifusi贸n advertimos c贸mo la comunicaci贸n se produce con una amplia gama de tonos y registros. Pero por otra parte, esta libertad de expresi贸n tambi茅n contiene amenazas; la pirater铆a publicitaria, los anuncios encubiertos en entrevistas o en informaci贸n aparentemente de servicio p煤blico, son fen贸menos bien conocidos por las empresas medi谩ticas. La pluralidad informativa, por lo tanto, aunque permite la libre circulaci贸n de ideas y pareceres, se vuelve tambi茅n un riesgo que desorienta al beneficiario supuesto de los medios porque genera una sobreabundancia de criterios contradictorios y opuestos.
Asimismo, las campa帽as promocionales de grupos o individuos c茅lebres o notables, expuestos a la mirada de un p煤blico masivo al que las celebridades no conocen, implican ocasionalmente la cr铆tica p煤blica, la ofensa, el insulto y el riesgo a la integridad f铆sica o moral convencional por da帽o a la reputaci贸n o a la psique. Este c煤mulo de experiencias de la comunicaci贸n a trav茅s de los medios masivos representa un aspecto ins贸lito de la coexistencia actual. Una faceta de brillos, penumbras y matices propios, como podemos atestiguar diariamente, ma帽ana con ma帽ana, en los abundantes programas radiof贸nicos o televisivos en los que se dan cita las m谩s diversas expresiones y argumentaciones de comentaristas de la opini贸n p煤blica, actores, actrices, expertos, amas de casa y p煤blico en general.
Ese enorme universo de interactividad y redes de relaciones comunicativas proporcionan tambi茅n vi帽etas de conflicto, pugna de intereses, indefinici贸n de par谩metros acerca de lo que afecta o no a terceros. Esto demuestra de nuevo la importancia del criterio 茅tico y de las normas que vuelvan capaz al informador de responder a estas situaciones. Los elementos que le permiten al comunicador que se desempe帽a en las empresas medi谩ticas privadas, ejercer su oficio con sentido de responsabilidad y servicio a los usuarios, los plantea Manuel Guerrero1 al que hemos aludido. Se refieren al contexto, a las organizaciones medi谩ticas y a la formaci贸n y desempe帽o profesionales del periodista.
En cuanto a lo que estamos tratando de la relaci贸n entre libre expresi贸n y pluralidad informativa, conviene apuntar algunos de estos se帽alamientos: acerca del contexto, Guerrero precisa la existencia de leyes que garanticen el derecho a la informaci贸n; en cuanto a las organizaciones medi谩ticas, enlista primero al respeto, a la libertad del periodista para investigar, cubrir y presentar informaci贸n, sin que el medio de comunicaci贸n la modifique interesadamente y, enseguida, a la defensa del derecho de r茅plica, para que quienes han sido citados en la publicaci贸n, tengan oportunidad de responder, desmentir, disentir o rectificar la informaci贸n.
La red de empresas de la comunicaci贸n y de la informaci贸n ha creado, de igual modo, un edificio de formulismos de seducci贸n p煤blica, que en su interpretaci贸n m谩s sencilla se considera como un espejo de deseos y demandas. Estas f贸rmulas de sugesti贸n alcanzan un alto grado de sofisticaci贸n en la publicidad y en los mensajes medi谩ticos. La premisa, entonces, por la cual se establece que el auditorio tiene la posibilidad de cambiar de estaci贸n o canal si una programaci贸n no le satisface, es verdadera hasta cierto punto, pues muchos mensajes en los medios est谩n dise帽ados para captar, retener y provocar la atenci贸n de sus auditorios. Esto nos advierte de la responsabilidad del comunicador hacia el p煤blico.
Los medios requieren de una mejor atenci贸n en su interacci贸n con la sociedad, de modo que la tomen en cuenta, no como mera receptora de mensajes unilaterales, sino como p煤blicos activos, participantes y capaces de influir directamente en la oferta de los propios medios. Y aunque auditorios, p煤blicos y espectadores pueden interactuar e influir -y as铆 ocurre- en los contenidos y programaciones de los medios de comunicaci贸n e informaci贸n, esto no significa necesariamente la posibilidad de obligar al empresario de estos medios a establecer un contenido program谩tico determinado.
En vista de que el 茅xito de una emisora se encuentra en la audiencia que congrega, la forma en que estas empresas se vinculan con sus p煤blicos, la comunicaci贸n que establecen con sus auditorios es lo que define su perfil moral.
En una mesa redonda llamada 鈥淟os medios, su funci贸n social y el Estado mexicano en su conjunto鈥,2 Federico Zelaya Bockler, periodista y diplom谩tico a quien nos referimos l铆neas arriba, expuso que los medios son un servicio p煤blico y un bien social, pero tambi茅n un negocio y una empresa. Esto nos permite apuntar que los medios responden a una 茅tica de servicio p煤blico, pero de igual modo a una 茅tica comercial. Los valores 茅ticos como la honestidad, integridad y lealtad, siempre ser谩n reconocibles, tanto en una responsabilidad social de informaci贸n, difusi贸n y divulgaci贸n, as铆 como en la venta de espacios publicitarios, por lo cual el profesional de los medios siempre podr谩 tener par谩metros para definir 茅ticamente su conducta.
Este mismo aspecto ha sido abordado por el comunicador Virgilio Caballero, quien durante el foro 鈥淓l derecho de la informaci贸n en el marco de la reforma del Estado en M茅xico鈥3, apunt贸 un matiz interesante al comentar que la empresa informativa hoy en d铆a est谩 vinculada a intereses oligop贸licos que producen una poderosa distorsi贸n de la informaci贸n.
Es verdad: la publicidad es uno de los mecanismos que mejor reflejan la comunicaci贸n entre individuos y sociedades. Sin embargo, no es menos verdadero que la dimensi贸n de las empresas publicitarias y la magnitud de los intereses que las sostienen, implican un complejo sistema a cuyo funcionamiento la sociedad en general no tiene acceso, no obstante que estas decisiones le afectan directamente.
Esta complejidad de los est铆mulos de difusi贸n publicitaria y de la informaci贸n nos habla de la importancia de aplicar esquemas deontol贸gicos para el ejercicio profesional de la actividad informativa y de la comunicaci贸n a trav茅s de los medios en cualquiera de sus modalidades. La necesidad de plantear p煤blicamente estos esquemas de conducta profesional es m谩s evidente cuanto que los m煤ltiples mensajes publicitarios e informativos responden a numerosos intereses, posturas ideol贸gicas y niveles 茅ticos. Pero hay que precisar que una definici贸n p煤blica de estos formulismos ser谩 parte de una labor legislativa, as铆 como de quienes se dedican profesionalmente a la comunicaci贸n e informaci贸n.
El conocimiento de estos marcos de referencia de responsabilidades y derechos del informador es esencial para quienes trabajan con informaci贸n. El periodista ha de estar consciente de esta incre铆ble proliferaci贸n medi谩tica. Al respecto, Juan Luis Cebri谩n periodista del diario El Pa铆s de Espa帽a, autor del libro La red, en alguna entrevista telef贸nica con Renato Ravelo, periodista de La Jornada, alerta acerca de los procesos que se viven en este sentido: 鈥淟a ideolog铆a digital est谩 en manos de personas que pretenden establecer el mundo en torno a los par谩metros que se derivan de su pensamiento primordialmente tecnol贸gico鈥.
M谩s adelante Cebri谩n agrega: 鈥淭enemos que acoplarnos a un mundo que reclama un sistema de valores diferente que no tiene que ver con el sistema de valores de los fil贸sofos y las 茅lites intelectuales. Este hecho no significa que sean peores. Tampoco tenemos que aferrarnos a la idea de que el caos que se avecina es destructor, ya que puede ser constructivo en muchos casos鈥.
Como advertimos, la proliferaci贸n medi谩tica anuncia nuevos desaf铆os que para Cebri谩n constituyen una aut茅ntica transformaci贸n de la civilizaci贸n, como resultado de la digitalizaci贸n electr贸nica y la evoluci贸n de la comunicaci贸n satelital que, de acuerdo con este estudioso, transformaci贸n que requiere de nuevos planteamientos sociales, pol铆ticos y econ贸micos. Respecto de los medios impresos, Juan Luis Cebri谩n afirma que estos socializan en gran medida la realidad, y en ese sentido se encuentran en posici贸n de contribuir a esa 茅tica 鈥渦niversal o global, como queramos llamarla, siempre y cuando se acomoden a los tiempos y pierdan algunos de los tics chovinistas y nacionalistas que normalmente son tan propios de los medios impresos鈥.
El hecho de que la libre expresi贸n sea un derecho humano fundamental no puede implicar que toda manifestaci贸n tenga la misma legitimidad 茅tica. El abuso de este derecho, como lo ilustran la difamaci贸n o el ataque a una tercera persona por medio de una difusi贸n dolosa, malintencionada, hace ver claramente ese l铆mite 茅tico, prescrito tambi茅n por un conjunto de disposiciones legales. Por otra parte, la libertad de expresi贸n se liga directamente con el derecho a la informaci贸n. La disposici贸n de informaci贸n en estos d铆as sobrepasa cualquier medida posible de asimilaci贸n y uso. Contar con vol煤menes informativos tan extremos como los actuales, pr谩cticamente es igual a no tener informaci贸n alguna, porque de nada sirve tener al alcance tal cantidad de datos si no nos sirven de nada ni somos capaces de procesarlos para la vida cotidiana. Sociedad de la informaci贸n, en este sentido, no es equivalente a sociedad del conocimiento.
La diferenciaci贸n que se plantea desde hace varias d茅cadas, acerca de los medios p煤blicos y medios privados, no es suficiente por s铆 misma para solventar los problemas que han emergido de una imparable proliferaci贸n medi谩tica, ni los que produce la concentraci贸n informativa en grandes conglomerados. Algunos ejemplos ilustran situaciones de inter茅s general que se ven afectadas por estos fen贸menos: la aparici贸n de un sistema informal y paralelo a los medios como el que surgi贸 con Wikileaks y los problemas de invasi贸n a la privacidad del corporativo de Rupert Murdoch, muestran una parte de las nuevas realidades. Sin embargo, en un sentido mucho m谩s personal, los fallecimientos tr谩gicos de figuras como Amy Winehouse, Anna Nicole Smith, Whitney Houston o Michael Jackson, han mostrado tambi茅n una presencia medi谩tica excesiva, que invade con impunidad la esfera privada y se constituye en censor, vigilante y regulador de grandes colectivos, sin restricci贸n alguna.
Hablar de medios p煤blicos y medios privados con un sentido de exclusi贸n mutua, como entidades opuestas, es un anacronismo, pues responde al debate ideol贸gico pol铆tico de otra 茅poca. Cada forma de manejar la informaci贸n tiene sus propias caracter铆sticas. En t茅rminos generales se considera que los medios de comunicaci贸n de origen p煤blico son arbitrarios, censores, dictaminadores de lo que es pertinente informar o no y al servicio de una burocracia impersonal. Mientras que los medios privados se han calificado como defensores de las causas de la democracia liberal que protege la libertad del individuo, la cr铆tica a los medios privados es que estos concentran el poder en corporativos gigantescos y tambi茅n impersonales, se sujetan exclusivamente a fines mercantiles y se dedican a la atenci贸n de sus clientes, pero no a todo ciudadano. Entre tanto, los medios p煤blicos, supuestamente, obedecen a las causas de inter茅s social, colectivo, aunque con frecuencia son controlados por burocracias que sirven a otros prop贸sitos no precisamente de car谩cter social, sino pol铆tico.
La relaci贸n que cada forma de ejercer la comunicaci贸n -p煤blica y privada- establece con los valores del individuo y de la sociedad, es lo que importa para los fines expositivos de estos apuntes. Los valores de tolerancia, de respeto entre pares ciudadanos, de democracia pol铆tica, libertad de mercado o comunicaci贸n horizontal de la sociedad pueden garantizarse por medios p煤blicos y privados si existen ciertas condiciones para ello. Entre estos requisitos se encuentran -de acuerdo con Manuel Guerrero4-: a) un mercado competitivo de medios que permita contrapesos de unos con otros en sus intereses, b)
equilibrio entre el derecho a la libertad de expresi贸n y el derecho a la informaci贸n, c) profesionalismo de los comunicadores y d) el uso adecuado de la tecnolog铆a.
Frente a una pluralidad informativa desbocada, el individuo y la sociedad no est谩n inermes. El derecho a la libertad de expresi贸n no solamente contempla a los medios de comunicaci贸n sino tambi茅n a los usuarios de los medios. En ese sentido las leyes protegen a los consumidores y usuarios a trav茅s del derecho de r茅plica, reparaci贸n del da帽o -cuando una informaci贸n afecta, por ejemplo, la vida patrimonial o profesional del individuo-, ley de amparo y, desde luego, en forma general el derecho civil, ese conjunto de normas y regulaciones que rigen las relaciones entre ciudadanos.
Notas
Medios de comunicaci贸n y la funci贸n de transparencia, Guerrero, Manuel Alejandro. Instituto Federal de Acceso a la Informaci贸n P煤blica (IFAI), M茅xico, primera edici贸n, noviembre, 2006.
2 鈥淟os medios, su funci贸n social y el Estado mexicano en su conjunto鈥. Ponencia presentada por don Federico Zelaya Bockler. Mesa redonda organizada por el peri贸dico Exc茅lsior. 7 de junio de 1994.
3 Palacio Legislativo de San L谩zaro, mayo, 1998.
4 Guerrero, Manuel Alejandro. Op. Cit.

* Tomado de su libro Apuntes sobre 茅tica period铆stica. Universidad Aut贸noma de Coahuila. Colecci贸n Siglo XXI. Escritores coahuilenses quinta serie. M茅xico, D.F. 2003. 122 pp. Por la tem谩tica y la actualidad de este libro, vamos a publicarlo por cap铆tulos. Ahora presentamos a ustedes la Introducci贸n.