REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 06 | 2018
   

Letras, libros y revistas

René Avilés Fabila


Carlos Bracho

La risa ante todo. El humor. Las ganas de vivir. La espada y el dardo hirientes. René ha sabido emplear y ejercer estas facultades inherentes a los hombres sabios. La risa es el síntoma del hombre inteligente y astuto. El humor es propio de cerebros privilegiados. Las ganas de vivir las tienen los que saben morir en la raya. La espada y el dardo punzantes sólo las puede lanzar el hombre que vive la libertad a pleno sol. René o el Capitán Lujuria, o el Águila Negra -varias personalidades en una-, escribe y para colmo, escribe bien. ¿Y en dónde aparecen los dardos, las risas y el humor y el deseo de estar vivo? Basta con recorrer sus historias escritas a lo largo de tantos y tan fructíferos años. Basta con citar algunas obras: Réquiem por un suicida un hombre obsesionado con la muerte en el laberinto inacabable del tiempo. Memorias de un comunista en donde analiza los grandes acontecimientos de la época. Los animales prodigiosos, grupo de criaturas milagrosas, ¿Llamamiento a una conciencia más humilde? como lo preguntó Rubén Bonifaz Nuño. Y vienen los Cuentos y descuentos, aforismos e historias breves, fantasía y realidad. Tantadel, mujer espléndida y de noble corazón. La canción de Odette, mujer, amante, maga, bruja. El amor intangible, aparece aquí la Internet, que sirve al amor y da rienda suelta a los amores en el ciber espacio. El evangelio según René Avilés Fabila, ah, qué bella propuesta para releer el libro más antiguo del mundo, porque el demonio personal y el ángel lúdico están dentro de nosotros. Y las Fantasías en carrusel en donde todo gira a una velocidad de ensueño. Y La casa del silencio, en donde el ruido está presente y los enredos no tienen fin. Y qué decir de El reino vencido, en donde uno corre de la mano con Emilio Medina, llegando al pasado y atravesando el presente aterrador de la inseguridad y el crimen. Y Lejos del edén, la tierra que nos dice que el amor se puede acabar con el trato diario y con el enfrentamiento irremediable de los valores tradicionales. Y para qué dejar atrás Todo el amor, sí, evidentemente el amor mueve la pluma de René; aunque luego los enamorados terminan enfrentando sus fobias y sus querencias, pero la magia está presente y llena las páginas de esperanza. Y con su obra El libro de mi madre, a mí me recuerda a la mía, me recuerda a la de Brecht, me recuerda a la de Gorki, me recuerda a aquellas madres que han sabido serlo: tolerantes, intolerantes, justas, injustas, bellas, horrendas, con sentimientos y sin ellos. Y van las Recordanzas, aquí en este libro, fluyen, corren borbotones de sucesos, sin evadir ninguno, por malo que pudiera ser. Y leyéndose a sí mismo, René repasa los hechos de ayer, y lo hace sin rencor o malicia predeterminada, no, lo hace con valor y con pundonor torero. Pudiera yo seguir enumerando los títulos de su basta obra literaria, pero lo que trato de decir aquí, es que René ha vivido todas las pasiones, ha estado presente -mental, moral o físicamente- en todos los acontecimientos de la mitad segunda del pasado siglo, y claro los años que corren del presente. Periodista -y aquí va el porqué decía yo que él posee un carcaj de dardos venenosos y flechas incendiarias- que en sus columnas destella el fuego de su pasión por la vida, nos alumbra con la ira y el coraje de una raza no vencida. Sus colaboraciones en periódicos y revistas son de antología, pues con inusual penetración y calidad literaria, nos retrata el mundo de la burocracia dorada, nos deleita con la ironía con la que hace pedazos las supuestas honras de presidentes en turno.
Bien. Este breve escrito es para decirles a los posibles lectores y escuchas, que René ha sido mi amigo -y no me ciega su amistad para decir lo que digo- por innumerables años, -empieza la amistad desde la lejana época en que formábamos parte del batallón de poetas en el taller de Juan José Arreola-, y hemos continuado frecuentando cantinas, cantinuchas, bares y cabaretes, tomando vino y diciendo salud y brindando por la mujer, alzando la copa en su honor, el honor de ellas y la belleza de su alma -y su cuerpo- es nuestra debilidad manifiesta. Ese género es el único que lo puede vencer.