REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 05 | 2018
   

Confabulario

Aventuras de Tóxcatl en el Reino de los Muertos contadas por él mismo


Héctor Nezahualcóyotl Luna Ruiz

Entra 2-Conejo cantando briago. Sostiene una pequeña barrica de pulque
Conejo:
“Agua de las verdes matas
Tú me tumbas, tú me matas
Agua de las verdes matas
Tú me haces andar a gatas”


Ejem…! Buenas tardes, digerido… distinguido público. Mi señor Quetzalcóatl, el Dador de Vida, me ha encargado, que para que no acaben sus cantos, les relate las aventuras de un servilleta cuando me la hicieron gacha en el Reino de los Muertos. Yo soy Dos Conejo: Ometochtli: dios conejo ebrio, jefe de los Centzon Totochtin; también soy “los cuatrocientos conejos”. Ustedes saben, los gastos de representación: si hay güeyes que dicen que varios son los cuatrocientos pueblos… ¿por qué yo no voy a ser los 400 conejos? Una fiesta muy importante, la de Toxcatl, se celebraba en honor a la diosa Mayahuel y a otros dioses, y en ese día había una gran ingesta de pulque, o séase, una borrachera de Huehuetéotl y señor mío. El consumo de pulque en los 364 días restantes estaba reservado sólo a los viejos; si, por ejemplo, un joven noble era encontrado borracho en el Calmecac, se le ejecutaba de inmediato. Yo, debo confesar a sus mercedes, no estoy exento del escándalo y el barullo que ocasiona la tomadera.
Sí ya saben, vinieron con el chisme acá. Estábamos descansando allá en Teotihuacán, echándonos unos jicarazos meramente rituales, cuando de pronto llega ni más ni menos que el mero mero de las profundidades. Le dice el señor del inframundo, Mictlantecuhtli, bien encabronado a mi señor Quetzalcóatl: “No, que tu pinche conejo vino de gandalla a partírselas a los 400 huitznáhuas; me los dejó como zapotes maduros y luego cómo se los voy a mandar para que hagan el numerito diario a mi señor Huitzilopochtli, porque vas a ver que se va a enojar un montón y chiquita y no te la acabas con ese vato”. Y mi señor Quetzalcóatl nomás se quedaba todo trabado trabado, con la mandíbula apretada y echándome unos ojos acá como de venado loco. “¿Ya ves en lo que nos metiste, pedacito de… conejo?”, dijo por fin mi señor de pluma de quetzal, haciéndose el disimulado porque ya lo sabía, y pues le tuve que decir la verdad: “todo empezó por no saberme moderar”.
“Dómino memento me
Y a mis tripas encomiendo
Este licorcito
licorcito de maguey””.

No están ustedes para saberlo ni yo para contárselos, pero les juro que es cierto: mi señor Quetzalcóatl es más o menos como mi papá; no precisamente, pero les voy a explicar cómo estuvo la cosa. Pasaba muy galán acá, como partiendo plaza con su advocación, el avatar pues, de Ehécatl, o séase dios del viento, cuando ve a mi señora Mayahuel, con un huipil de esos quezque “totalmente Palacio”, y no, pos se le puso muy duro el porvenir. Luego luego que: “No, mamacita, que las abejitas, que las florecitas, que si tú y que yo, y esto y aquello, y que en tu cuerpito de violoncello, quisiera tocar esto y aquello”… Ya saben cómo son esas cosas. El caso es que ella acepta bajar al mundo terrenal deslizándose sobre la espalda del viento; ahí venían cayendo; al llegar, se unieron y se transformaron en un árbol de dos ramas. Estaban de lo más a gusto, cuando llegó su abuela la Coatlicue, que al no encontrar a Mayahuel y nomás el árbol, arranca las ramas y se las da de comer a sus nietas las Tzitzime, que tan sólo dejaron las astillas. Ahí sí le pudo mucho a mi señor Quetzalcóatl; andaba como pajarito mojado chille y chille, llore y llore, hasta que se le ocurrió recoger y enterrar las astillas y nació una planta a la que le pusieron “maguey”. A lo mejor para que rimara con “Mayahuel”. (Doctoral) Los botánicos dicen que los huesos de Mayahuel son una alusión a los rizomas subterráneos de la planta madre, ya que, aún cosechada, surgen de ella nuevos vástagos.
“¡Ay, Diosito!
Si borracho te ofendo
con la pura cruda
me sales debiendo”.

¿Cuál es la relación de los conejos con el pulque? Se preguntarán ustedes. ¡Aaaaaah! Pues yo se los voy a decir: un día estaba acá, de lo más quitado de la pena, cuando me dio un chorro de sed… ¿Han comido pinole? Bueno, hagan de cuenta así estaba yo, pero con pura tierra, qué esperanzas que siquiera fuera maíz con piloncillo. Andaba todo toxcatl, así (jadeo), con la boca seca, cuando vi un magueyzote y su base se veía tiernita, toda verde y me puse a roerla. “Pues ya qué”, me dije, “igual y se me quita la sed con la savia fresquita”. ¡Y cuaaaaaal! Tenía una leche acá, toda blanca blanca, que se había formado en la panza de la planta cuando se estaba echando a perder el aguamiel, y por su alto contenido en glucosa, y…. ¡Vóytelas! (Doctoral) Se comienza con un estado de excitación y euforia, acompañado de locuacidad, apareciendo alteraciones tanto psicomotrices como psicológicas; se llama abuso cuando lo que se bebe resulta perjudicial para el organismo y se manifiesta en la aparición de ciertas alteraciones gastrointestinales o neurológicas. Muchos de los que abusan se convierten en unos años en bebedores com-pul-si-vos: este ascenso en el nivel de la gravedad dependerá de unos datos objetivos; la cantidad y años de consumo, pero también las diferencias individuales de las personas. Los que tengan una mayor vulnerabilidad biológica o psicológica corren mayor riesgo de transformarse en alcohólicos. (Mutis) Los antiguos decían que si uno tomaba, digamos, un vaso de pulque, estaba con “diez conejos”; dos, “veinte conejos”, “tres, sesenta conejos”… Si te avientas más de diez vasos, pues ya te cayó encima la pinche conejera…
“Vino bendito, dulce tormento
¿que haces afuera?
VAMOS PA DENTRO!!.”

Y lo del Mictlán estuvo así: ¿Sí saben qué es eso? ¡Pues el inframundo! mi señor Quetzalcóatl quería ir al infierno ¿no? Andaba respondiendo a las habladas y bravatas del Mictlantecuhtli: “No, que tú me la persignas durísimo; que me la Pérez Prado con música de viento” y no sé qué tanto y mi señor serpiente emplumada que llama a su gemelo Xólotl, para ir juntos al Mictlán y ahí vamos los tres. “¿Y yo por qué?”, dirán ustedes remedando el clásico. Pos quesque soy avatar, a mi vez, de Xólotl; ya saben cómo es un relajo esto de la teogonía mexica o azteca. El caso es que llegué, o sea los tres llegamos, uno tras otro, pero juntos, bueno, con las dos calacas: Mictlantecuhtli y Mictlantecíhuatl, que son rete cábulas, y se ponen a presumirnos: “mira qué chalchihuites tan cucos que me regalaron en Otumba; estos son bezotes de Xochicalco divis divis; por acá hay unos yugos de Tolantongo que no te claves”. Cuando de pronto vi (vimos) que descuidaron los huesos de los primeros hombres que buscaba mi señor… ¡y que se los pepena! (pepenamos). Pero estaba (estábamos) con la cruda de pulque de un día antes y… ¡Riata! Que me caigo (nos caemos) y se desparraman todos los huesitos, me pongo (nos ponemos) a juntarlos y ahí vienen detrás de nosotros los guaruras de Huitzilopochtli, a partirme (partirnos) mi (nuestra) mandarina en gajos. Pero con eso de que la ingesta de alcohol eleva la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, me puse (nos pusimos) como león (leones) de melena negra, y nos devolvemos estilo Nicolás Romero y se armaron los tejocotazos… ¡Pero gacho! Yo soltaba madrazos a diestra, siniestra y ambidiestra (¡zoc! ¡cuaz! ¡ándele! ¡bif!); los pobrecitos huitznahuas nomás decían: “yo no juí, yo no juí”…. ¡Pobres compañeritos! Hasta que acabó mi (nuestra) furia vengadora… Salimos con nuestros huesitos del inframundo.
“El agua es para los bueyes
y el vino, para los reyes.

Y me dice mi señor Quetzalcóatl: “¿Y por qué me puse (nos pusimos) así de loco si ni había (habíamos) bebido?”; ¿No? ¡No queriendo! Le digo. Lo malo del pulque (o cerveza, mezcal, alcohol, pues) es el abuso. (Doctoral) “Cuando un gran número de personas se abandona al vicio de la embriaguez hasta el grado de producirse degeneraciones orgánicas hereditarias, el mal sobrepasa la órbita de la vida individual para convertirse en un daño social que se manifiesta en lesiones de la economía, de la cultura, de la vitalidad misma de la sociedad de que se trate”. Y me contesta mi divino señor: “¡Con razón! ¡Andas bebiendo en horas de trabajo! ¿te echaste tus jicarazos antes de irte (irnos) al Mictlán?”. Sólo la caminera, le contesté, pero él se puso todo encanijado: “Y qué tal si en ese momento llegan los inspectores de Tonatiuh? ¿Cómo respondes? ¿Así pagas la confianza? ¡No se bebe en horas de trabajo! ¿Sabes lo que es responsabilidad? ¿De qué manera puedes responder así si se necesita todo tu conocimiento, sobriedad y concentración?”. Y así se siguió, bajándome todita la autoestima y el amor propio de todo borracho que se respete. ¿Qué se le va a hacer?
“El señor es nuestro Dios
y nosotros sus muchachos
¡Si él nos quiso borrachos,
hágase su voluntad!”

¿Cuál es el problema de tomar mucho? Primero viene la hipertensión, junto con la insuficiencia cardiaca; luego produce alteraciones en el tracto gastrointestinal; primero se producen sólo irritaciones e inflamaciones en la mucosa del tracto, pero después se convierten en verdaderas úlceras. Dolores muy fuertes en el estómago. El alcohol también produce várices, así que si ven gorditas que se quejen de várices denles el mejor consejo: “deja de abusar del alcohol y asunto arreglado”. También produce diabetes… ¿por qué? Miren (doctoral): el etanol destruye las células de los islotes del páncreas, lo que provoca pancreatitis alcohólica crónica, y que a la larga ocasiona diabetes mellitus o una hiperglucemia. Se sube el azúcar, se orina mucho, se toma mucha agua, se pierde peso y hay cansancio y dolores en todo el cuerpo todo el tiempo. Te afecta la memoria, te afecta la vista y, ¡lo peor: impotencia! Cuando tomen, digamos, una caguama diaria, pueden escoger la opción que más les guste de cáncer que les va a dar: de lengua, de boca, de laringe, de faringe, esófago y de hígado. Las enfermedades infecciosas están a la orden del día y son comunes la neumonía y la tuberculosis, pero también la meningitis bacteriana, la peritonitis, la colangitis ascendente y la sinusitis crónica. Hay enfermedades para todos.
“El que a este mundo vino
Y no tomó vino
¿A qué chingados vino?”

Bueno, pues ya les lloré, les platiqué y algo me consolé; chance y llegando a la casa me haga un buen pozole. El gran problema de ser borracho es que llega un momento en que hay que aceptarlo, ni modo, hay vehemencia por el alcohol; existe ansiedad y no hay manera de borrar eso fácilmente. Se sabe, por ejemplo, que el alcoholismo es un correlato de la esclavitud económica y un obstáculo para el desarrollo social y cultural, pero su consumo está firmemente arraigado en la religión católica. La religión católica a su vez sostiene importantes fiestas y tradiciones de las comunidades indígenas, donde el alcohol es anfitrión… ¿anfitrión de qué? de la amistad, del reencuentro, del acuerdo y del perdón. ¿A ver, quítenles sus usos y costumbres? (Se sienta) Y con toda la demás sociedad mestiza es igual, no se hagan: no se sienten contentos si no toman… ¿por qué no se sienten contentos si se moderan? (se recuesta en el suelo) ¡De veras! Eso es lo que yo iba a preguntar: ¿por qué no hay el mismo entusiasmo en las buenas costumbres? A fin de cuentas, borrachos somos y empinando el codo andamos (Se duerme).
Estos borrachos ya se enojaron
Porque su pulque se lo acabaron
Se hacen chiquitos, se hacen grandotes
Y nunca pasan de monigotes

TELÓN

*De Historia apócrifa de las drogas”, obra de teatro en cinco actos coescrita con Juan Manuel Vargas