REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 05 | 2018
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

Los 28 años de La Culta Polaca

Antes que en El Búho, el suplemento cultural de Excélsior, se había publicado en Ovaciones La Polaca, firmada por Héctor Anaya, así que cuando El Águila Negra, René Avilés Fabila, le propuso escribir para El Búho, el heterónimo de esta sección le planteó hacer culta a La Polaca, y convencido de que el público recordaría que la otra Polaca la había firmado con su nombre, se concretó a poner como autor de la nueva el arrogante Por Supuesto, ya que todos tendrían que saber que era el mismo firmante de la sección publicada en Ovaciones.
El seudónimo se justificaba porque Héctor firmaría con su nombre otros textos que llegara a publicar en el suplemento, textos más sesudos, no los desmadrosos que se proponía incluir en esa media página que haría chunga de la Cultura, ésa con mayúscula. René, condescendiente le concedió el espacio a Héctor, pero según lo refirió en varias ocasiones, no creyó que duraría con esa pesada carga humorística más de dos o tres meses. Y duró 8 años. Y a veces metió en aprietos al recordado René, porque la gente llegó a creer que se ocultaba tras ese seudónimo, a lo que él respondía con honestidad que era la sección de Héctor Anaya. Pero como la gente es incrédula hasta cuando se le dice la verdad, la autoría quedó dividida para muchos: o era René o era Héctor.
Ya cuando La Culta Polaca se había convertido en ritual dominical (primero la gente la leía y luego se iba a escuchar las homilías de Norberto) y cuando ya hasta Daniela Romo y Gloria Trevi se habían aficionado a ella, en 1997, Anaya decidió terminar con la sección y arguyó ante René Avilés: –Ocho años es mucho tiempo hasta para un amasiato –o para varios. Y se apartó de ella «para nunca más volver», como dicen los que de veras se aman y pronto vuelven al recalentado.
Mientras se publicó semana tras semana, La Culta Polaca se hizo de un muy agradecido público lector, que no paraba en declarar su amor. Un domingo que por error no apareció esta buscada sección, hubo reclamaciones cariñosas a los editores: “¿Qué no saben que un domingo sin La Culta Polaca no es domingo?”.
Así que cuando René y Rosario decidieron unir sus esfuerzos para publicar de manera independiente, en forma de revista, ya fuera del Excélsior, ante su amable invitación a volver a escribir la sección, el verónimo autor no se resistió y regresó a sus antiguos amores.
Pero por desgracia los avatares a que se enfrentan las publicaciones culturales en este iletrado país, afectaron a El Búho físico y tuvo que desaparecer y dejaron de circular los 5,000 ejemplares que se entregaban –además– gratuitamente a quienes lo solicitaran.
Decidieron entonces los heroicos René y Rosario (RyR, de reiterativos) armar un Búho digital, virtual, de internet, que Por Supuesto no compartió en principio, por su desconfianza en esto que han llamado las redes sociales.
Pero ante la muerte de su querido amigo Emmanuel Carballo, Por Supuesto envió a René y Rosario una reciente entrevista que le había hecho al francotirador, como se autodefinía Emmanuel y como la respuesta que obtuvo fue apabullante, pues le reportaron haberla leído varias decenas de personas, optó por decir que siempre sí aceptaba escribir La Culta Polaca para este medio de comunicación. Y aquí ha estado desde 2009 hasta este final de 2017 (¿otros 8 años? Y quién sabe cuántos en la revista física, pero de manera intermitente ha juntado 28 años, que también ya son muchos hasta para un divorcio).
En estos interrumpidos y azarosos 28 años «las armas culturales de La Culta Polaca se han cubierto de gloria». Conquistó lectores amistosos y se ganó enemistades entrañables (que tenían guardado su odio o envidia en las entrañas), pero eso sí, Por Supuesto se divirtió mucho con los entripados que le provocó a Octavio Paz y Enrique Krauze, los pretendidos caudillos culturales; con las vanidades heridas de Leopoldo Zea, Gastón García Cantú y varios más que solicitaron se les excluyera del concurso El culto más culto, pues no querían aparecer en lugares inferiores a José Agustín, por ejemplo, o más abajo que Elena Poniatowska o Aguilar Camín. Paz se indignó porque quedó en segundo lugar, después del ganón José Emilio Pacheco y Monsi también se molestó porque resultó “el cuarto culto”, después de José Antonio Alcaraz, quien sí llegó a presumir en Nueva York que era «El Tercer Culto más Culto de México».
Ah, pero también hubo humoradas de gente talentosa, que sin figurar en los primeros lugares supieron seguir la broma, como Rafael Solana, quien se lamentó en un artículo periodístico de otro diario, de la suerte que le esperaba si no resultaba ganador del concurso, pues era Rector de una Universidad y seguramente lo correrían y también Margarita Michelena supo entender el sentido del concurso y en otro artículo publicado en Excelsior, con el titulo de La lista guasona, lanzó flores a La Culta por refrescar el ambiente cultural con estos juegos.
Igualmente se disgustaron las candidatas perdedoras de otro concurso cultural, La Culta más Bella y resintieron que la primera en ganar el trono fuera Stassia de la Garza y la segunda Aurora del Villar. Por lo menos, algunas dejaron de saludar de beso y abrazo a Por Supuesto.
Otros miembros de la comunidad cultural se molestaron porque se hizo mofa de ellos y terminaron pidiendo paz, como Homero Aridjis o bien se inconformaron de que nunca se les tomara en cuenta. Polacos e intelectuales que vieron reproducidos sus dislates y disparates, se sintieron ofendidos o mal comprendidos. Gente como Mario Benedetti odiaron a La Culta Polaca y a su autor, por burlarse de su verso “Si te quiero es porque sós…” en una versión denominada Parodiar a Benedetti.
Y una novelista, dizque Premio Rómulo Gallegos declaró la guerra a Por Supuesto por haber escrito que era Mastreta que Ángeles. Y la hoy muy polaca Laura Esquivel, expresó su odio jarocho por descubrirle que Como agua para chocolate, era un plagio estructural de Se acabó el pastel, de Nora Ephron. Aunque superó su malestar y ahora es cuata del autor.
Veintiocho años, se repite, agrandada la excusa, fueron muchos hasta para varios amasiatos. Casi tres décadas que justifican la filosofía del guitarrón: “amores que van y vienen,/ como las olas del ancho mar”. Y hoy termina La Culta Polaca, hoy se pela, conforme a la calavera que adelantó hace varios años: «Murió La Culta Polaca/ en medio del gran jolgorio/ que armó la ignara calaca/ en el festivo velorio./ Se alegrarán del deceso,/ los que al fin descansarán/ del humor grueso y espeso/ de quien ya no puyará».

La efímera modernidad
Apenas se puede creer que una cultura tan sabia como la que habla español, que tiene como ninguna la prevención del Ubi sunt que dejó hace unos 550 años el poeta Jorge Manrique, con motivo de la muerte de su padre, le muestre tal idolatría a la tecnología fugaz, que confunde con la modernidad.
En las nuevas generaciones abundan quienes se esfuerzan por mantenerse a la última moda en cuestiones de tecnología –electrónica especialmente–, la disfruten o no, tengan el dinero para adquirirla o se conformen con ver de lejos las innovaciones y se esmeren por adaptarla a su aparato de foniación, aprender sus nombres sin saber su etimología, palabras que pasarán a la obsolescencia antes de que aprendan a pronunciarlas bien: twitter, what”sApp, application, tablet, facebook, iCloud, bing, TripAdvisor, trendin topic, hashtag, emoji y otros, aunque esa condición efímera ya la han experimentado.
Una joven de 24 años, por ejemplo, quizá llegó a enterarse del fax, aunque no lo haya usado y sabe bien que ahora no significa nada, como word processor, diskette, casette, Betamax, VHS. Tal vez le gusten los videogames, ¿pero le dirá algo el nombre de Atari? Con la vuelta de los discos de vinilo de música, quizá los conozca, pero ¿sabrá algo de los laserdiscs, que duraron menos que una mariposa monarca?
Alguien, de más edad, recordará la computadora Hal de 2001 Odisea del espacio, que fue una anticipación de Stanley Kubrick, que nunca ocurrió.
Ojalá los jóvenes se enteren de que la modernidad es efímera y que no en vano de vez en cuando se vuelve a la moda retro, que simplemente significa un homenaje al pretérito o tan sólo el reconocimiento de que algo bueno hubo en el pasado y que las innovaciones se suceden constantemente, conforme al Ubi sunt de Manrique: “¿Qué se hizo el Rey Don Joan?/ Los infantes d”Aragón,/ ¿qué se hizieron?/ ¿Qué fue de tanto galán,/ qué de tanta invinción/ como truxeron?”

Belicismo en la educación

Tiene razón Emilia Ferreiro, argentina-mexicana, una brillante conocedora de la educación, investigadora del CINVESTAV, arraigada en México, pero con reconocimiento mundial, que desde luego no fue convocada para iluminar a los “reformadores” de la educación que al pentavocálico Nuño tienen por capitán.
Tiene razón cuando critica el tono belicista que se le ha dado al compromiso que el Estado tiene de alfabetizar a los gobernados y que denomina «Lucha contra el analfabetismo», cuando que no debiera tratarse de vencer a quienes no saben leer ni escribir, sino de convencerlos de las ventajas que trae consigo aprender por lo menos a descifrar lo que aparece impreso en libros, periódicos, carteles y en otras formas de comunicación (aunque el máximo propósito debiera ser volver letrados a niños y adultos).
Pone al descubierto Emilia el sentido militar de calificar de desertores a quienes interrumpen sus estudios y los anatematizan, cuando que muchos de ellos se alejan “decepcionados o desestimulados”, por la rígida y poco atractiva manera de “entrenarlos”, que no “enseñarles”. Otros, desde luego, abandonan por falta de dinero y porque su mano de obra es necesaria para la familia.
Y eso que no aborda otras maneras militarizadas, presentes en la educación: las pruebas, las competencias, los equipos escolares y sus respectivos capitanes, la división en grados, la jerarquización de tropas del magisterio, los directores, inspectores, los deberes, las tareas, las obligaciones, la obediencia, la disciplina. Y por si fuera poco, los cuadros de honor, los abanderados, los de la banda.
¿Qué no será posible, como aconsejaba López Velarde, «navegar por olas civiles/ con remos que no pesan»?
Porque, además, si en toda guerra hay siempre vencedores y vencidos, ¿quién dice que los de dieces son los ganadores y los de cincos los perdedores. Luego, en la vida real, los menos calificados en las escuelas resultan mejor calificados en la vida. Porque la educación que se imparte en las escuelas, no es para la vida, sino para el trabajo, para que el egresado sea productivo y ya, para que aprenda instrucciones, sepa cuál es su lugar en la maquinaria social, firme y ya. No se les quiere críticos ni creativos. Lo que desean los empresarios y el Estado son servidores y no mandones, que para eso están los dueños del capital o los señores del poder.

2018, año político
2018 es un año político y no sólo por la obvia razón de las elecciones, sino porque es el bicentenario del filósofo, economista, sociólogo, político “más influyente del milenio”, Karl Marx, prusiano de Alemania, y de otros dos políticos, poetas, educadores, profesores, cronistas, historiadores, reformistas mexicanos, uno de Guanajuato, Ignacio Ramírez, El Nigromante y otro de la Ciudad de México, Guillermo Prieto, Fidel, que marcaron la vida de México en el siglo XIX, en que vivieron, pero desde entonces y hasta la actualidad.
También este año será el centenario de otras dos figuras de la política internacional, galardonados ambos con el Premio Nobel de la Paz, y presidentes de sus respectivos países: Nelson Mandela, de Sudáfrica y Anward-el-Sadat, de Egipto.
Asímismo será el centenario de una combativa política, la primera gobernadora que hubo en México, la poeta Griselda Álvarez, creadora de una producción lírica de capital importancia, polémica y erótica. De otro político, poeta, de origen guatemalteco, exiliado en México, donde encontró quereres permanentes, se recordarán sus 100 años de nacimiento: Carlos Illescas.
Y serán igualmente celebrados por su centenario, escritores menos políticos, pero de gran importancia literaria, como Juan José Arreola, Alí Chumacero y José Luis Martínez.
Así que hay razones de sobra y no sólo electorales o sufragistas, para considerar a 2018 un año político y poético, y dedicarle un Calendario.
El Calendario ya existe. Aborda en el reverso de los meses, como los anteriores creados por Héctor Anaya, temas singulares, que le darán a quienes los adquieran una idea más clara de lo que es la verdadera política y no la politiquería de todos los días.
Los temas abordados, que en seguida se enlistan, dan cuenta de la información que aportará este calendario:

Enero: Dos profecías sobre un candidato; Febrero: Palabras políticas de uso común; Marzo: Izquierda y derecha; Abril: Léxico Politikón; Mayo: Un sorprendente político del siglo XXI (José Mujica, que fue presidente de Uruguay); Junio: Partidos políticos mexicanos (todos, desde 1821); Julio:10 buenas frases políticas; Agosto: Primeras damas ¿Oficializarlas o desclasificarlas?; Septiembre: Visionario mexicano de la política y la educación (Ignacio Ramírez, El Nigromante); Octubre: Proveedores de las ideas políticas; Noviembre: Textos políticos famosos; Diciembre: Gobiernos dinásticos.
Los dibujos y pinturas que ilustran estos temas, son de artistas reconocidos como Guillermo Ceniceros, Enrique Estrada, Enrique Iturriaga, Derek López y Ángel Mauro, extraordinario dibujante y acuarelista, que fue colaborador de El Búho y de quien siempre se lamentará su fallecimiento.
Se trata de un Calendario, realmente elitista, de edición limitada, aunque de bajo costo, que sólo se puede adquirir en la editorial de la colonia Condesa, pues no se vende en librerías. Así que si los cultos y politizados lectores de esta sección y de esta revista digital, que con este número terminará su existencia, deben comunicarse al 5553-2525 o por medio del correo electrónico abrapalabra@prodigy.net.mx
Los ejemplares se pueden enviar a los estados de la República o entregarse en las colonias de la capital, mal llamada CDMX, por un Jefe de Gobierno que lleva por siglas MAME. El costo de entrega o de envío es, desde luego, adicional, pero más oneroso será privarse de este Calendario que, como los anteriores, es de colección.

¿Quién juzga a los jueces?

En Estados Unidos ‒o por lo menos en sus series televisivas‒, con frecuencia y aunque sea en el terreno de la ficción, los jueces son juzgados y a veces hasta condenados, lo que significa que no son intocables, ni menos aún inmaculados o impunes.
Algunos de esos jueces de las series, resultan claramente corruptos y prepotentes, perversos, malvados, codiciosos y uno que otro también homicida. Los de allá son castigados, encerrados y denunciados ante la opinión pública y a veces hasta se suicidan de la pura vergüenza. Los de aquí, en cambio, que ni en las series televisivas son mostrados, aparte de estar muy bien remunerados, son probos, virtuosos, grandes conocedores del Derecho y jamás se equivocan, ni son capaces de cometer injusticias y son más infalibles que el propio Papa, que nunca comete errores, simplemente “por la gracia de Dios”.
En México presumen de sabios, de cultos y poco saben del Lenguaje, ya que si supieran empezarían por cambiarle el nombre a su Sancta Santorum, porque en español debiera ser Corte Suprema de Justicia y no Supreme Court of Justice, que se dice en inglés. Y no serían Ministros, aunque estén mejor pagados que quien se ostenta en Inglaterra Primer Ministro, que apenas junta al año $3’600,000.00, cuando que el Presidente de la llamada Suprema Corte de Justicia, Luis María Aguilar Morales, capaz de destituir delegados que no sean del partido gobernante, gana al mes $651,241.00 para juntar anualmente, más aguinaldo, bono y otras compensaciones: $7’814,892.00 (antes de impuestos, cabe suponer, aunque a lo mejor están exentos). Pues bien, no debieran ser Ministros, ya que al ser los Meros Meros de la Justicia (para Ortega y Gasset eran “El mandamás”), en México, les correspondería el título de Magistrados y no de Ministros que en latín significa “sirviente” y se emparienta con “menos”, en tanto que el “magis” del Magistrado es “más”. Siempre.
Mariano Azuela, que presidió esa agringada Suprema Corte, homónimo y nieto del autor de Los de abajo, quien liquidó la cierta autonomía que llegó a tener el Poder Judicial, al ponerse al servicio de Fox, cuando ambos quisieron desaforar a López Obrador, para que no pudiera competir por la Presidencia, en 2006.
Bueno, ese señor, de quien se decía que “le pesaban los de abajo”, la obra literaria de su abuelo, reclamó a quienes lo criticaron por acudir ‒como si fuera su empleado‒ a la cita en Los Pinos, a la que convocó el entonces presidente Fox para planear el desafuero del Jefe de Gobierno del DF, López Obrador, y les dijo que cuando supieran de leyes lo que él, aceptaría sus objeciones, a lo que le contestó Héctor Anaya que cuando supiera del idioma lo que sus críticos, se podría polemizar con los escritores que lo cuestionaban.
Ahora los supremos ministros se muestran protagonistas y entran a la lucha electoral, así como antes se habilitaron de lingüístas y semiólogos, cuando prohibieron que se les dijera a los homosexuales “puñales y maricones”, como si no tuvieran asuntos más importantes que la corrección idiomática, que además escapa de sus funciones, según comentó en 2013 el Director de la Academia Mexicana de la Lengua, Jaime Labastida, escritor, ensayista y editor.
Pero ¿por qué no se juzga a los jueces en México? Ciertamente los propios Ministros crearon en 1994 el Consejo de la Judicatura Federal, pero que se sepa, en sus 23 años de nada gloriosa existencia no ha procesado a ningún juez por haberse extralimitado en sus funciones, por corrupto, deshonesto, perverso, mañoso…
Ya se atrevieron aquí los telenoveleros a meterse con el legendariamente intocado presidente y hasta a hacer mofa de su esposa, pero no han intentado siquiera la parodia de algún juez venal, ni siquiera con el disfraz de la ficción.
Allí hay una veta para el melodrama, pero a ver quién se atreve.

Rulfo el anticipado

El año que termina fue también el de Juan Rulfo, o por lo menos el de su centenario, un tanto deslucido por el protagonismo y el afán de lucro de sus descendientes y de los abogados de la familia.
Se recordaron muchos aspectos positivos de su vida y de su creación literaria, pero tal vez sólo se destacó como anecdótico el hecho de que casi adivinara que el día del temblor (o temblores) que hemos resentido en los últimos años, fue el 19 de septiembre.
En El día del derrumbe –no precisamente uno de sus mejores cuentos–, Rulfo dio dos fechas: el 21 de septiembre y el 18, aunque al final reafirmó el 21 como fecha segura.
De la semiprofecía se ha hablado bastante, pero del sarcasmo con que trata a los funcionarios que acuden al lugar del derrumbe no se han ocupado mucho los estudiosos del narrador de Apulco, de San Gabriel o de Sayula, que no hay claridad sobre su lugar natal, aunque esas poblaciones jaliscienses marcaron los primeros años de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, nombres en racimo de Rulfo, según solía burlarse él mismo de su acta de nacimiento.
Si bien este gran narrador, parco, tímido, antisocial, apolítico, no solía expresar su posición ideológica o su credo político, sí se sirvió de la ficción para poner en ridículo a los políticos que creen en el mito de su milagrosa presencia que se han fabricado (y siguen creyendo que es cierto, según se observó, en los derrumbes de este 2017, en que los gobernantes de distintos niveles y desde luego el Mero Mero, aprovecharon las tragedias de los terremotos para tomarse la foto y el video, junto a los damnificados, convencidos de lo que Rulfo puso en boca del personaje de su cuento):
«…llegó el gobernador; venía a ver qué ayuda podía prestar con su presencia. Todos ustedes saben que nomás con que se presente el gobernador, con tal que la agente lo mire, todo se queda arreglado. La cuestión está en que al menos venga a ver lo que sucede, y no que se esté allá metido en su casa, nomás dando órdenes […] La cosa es que aquello, en lugar de ser una visita a los dolientes y a los que habían perdido sus casas, se convirtió en una borrachera de las buenas».
La sátira la lleva a un punto culminante al inventarle al gobernador un discurso ininteligible, que suena bastante actual:
«Conciudadanos –dijo–. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunado a la austeridad de que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbre».
Y lleva al orador al disparate de confesar que el terremoto no formaba parte de su programa de gobierno:
«Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos. Hoy estamos aquí presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de mi programa de gobierno... »
Más adelante, con una retórica inescrutable, que recibirá aplausos preparados, explica el porqué de su presencia y del séquito, que en vez de beneficios trae más perjuicios al pueblo, por el banquete que le preparan los burócratas locales.
«… concurrimos en el auxilio, no con el deseo neroniano de gozarnos en la desgracia ajena, mas aun, inminentemente dispuestos a utilizar muníficamente nuestro esfuerzo en la reconstrucción de los hogares destruidos, hermanalmente dispuestos en el consuelo de los hogares menoscabados por la muerte».
Y concluye el político retratado, que mucho se parece al actual:
«Os ayudaremos con nuestro poder. Las fuerzas vivas del Estado, desde su faldisterio claman por socorrer a los damnifocados de esta hecatombe nunca predecida ni deseada. Mi regencia no terminará sin haberos cumplido».
No necesitó Rulfo del panfleto para mostrar su compromiso social, aunque en 1980, en una ceremonia celebrada en un recinto universitario, el 17 de noviembre, se lanzó contra el ejército al explicar porqué, en aquel entonces, los soldados habían permanecido en México ajenos a asonadas, gracias a la corrupción y al enriquecimiento de los generales:
«Desde la época del general Obregón, cuando se inició el descabezadero, él formuló una frase famosa: No hay general que resista un cañonazo de 50,000 pesos Claro que ahora se los dan por millones; pero los tienen quietos mediante la corrupción De otro modo, en este país proliferarían los generales, ya que después de la Revolución llegó a haber más generales que soldados Así, se les dio a escoger: el poder o la riqueza Quien quería ambas cosas lo asesinaban, hasta convencerlos de que era mejor vivir tranquilos y ricos a enfrentar los difíciles problemas de un gobernante»
Y como los militares se molestaron con el narrador, el entonces presidente José López Portillo, quien tenía pretensiones de escritor, salió en defensa de los soldados y como en esos años no se había puesto de moda el bullying, no lo utilizó pero sin mencionar a Rulfo aludió a que era calumniador y difamador:
«Si fácil es la calumnia, si fácil la difamación, enérgica debe ser la protesta Como comandante supremo del Ejército nacional y las fuerzas armadas, como presidente de la República, como ciudadano mexicano, afirmo que estoy orgulloso de las fuerzas armadas de México; que protesto contra toda calumnia y fácil difamación; que el pueblo de México debe estar satisfecho y orgulloso de sus hombres que tienen el servicio de las armas, y que la calumnia, la difamación, debe ser enérgicamente desechada como la desecho en este momento».
La embestida de los generales fue brutal y aunque Rulfo recibió el apoyo intelectual y popular, no polemizó ni con el Presidente ni con los altos mandos militares. Ya había escrito sus obras maestras, en las que por medio de la ficción –sin adjetivos políticos o sociales– nos anticipó lo que en su discurso siguen proponiendo los políticos, con el mismo propósito embaucador, al que no le puso Rulfo nombre y apellido, pues le dejó esa tarea a sus lectores.

Iletrados y deslenguados

Iba a ser “la joya de la corona”, “la cereza del pastel”, el legado mesiánico de Peña Nieto, porque él sí iba a cambiar a México, con la Reforma Educativa, como eje rector del avance del país, que se complementaría con la Energética, la Fiscal, la Laboral, la Política y las que se le fueran ocurriendo. No dejaba de ser paradójico que el Sexenio de la Educación lo encabezara quien, todavía como precandidato a la Presidencia, asistió en 2011 a la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara, para presentar su libro (¿?) México, la gran esperanza, y no pudo responder a la pregunta de un periodista español: ¿Qué libros han marcado su vida?
Y aún más contradictorio que le confiara la realización de la tal Reforma Educativa, a Aurelio Nuño, quien fue exhibido en ceremonia pública por una escolapia que lo corrigió: «No se dice ler, sino leer».
Iba a ser, pero para comenzar no resultó Educativa la reforma, sino simplemente administrativa y laboral, porque el objetivo parecía ser acabar con el activismo de un poderoso sindicato, el de más miembros en América Latina, el de los trabajadores de la educación. Y ni eso se ha logrado, luego de varios años de agredir y repeler a quienes se oponen a las medidas coercitivas del gobierno federal, que pretende someter a los profesores.
El mecanismo de evaluación que se ha pretendido imponer, no responde a las verdaderas necesidades de una educación liberadora, que contra lo que no se cansa de repetir Nuño, no es moderna ni tene proposiciones innovadoras, sino que aspira al ideal alfabetizador del pasado, para preparar hombres “productivos”, no gente letrada, pensante, crítica, que sea estimulada a pensar para saber y no para ser útil a los empleadores.
Nuño ha insistido en la necesidad de que se enseñe inglés en la educación básica, mas no para leer a Dickens, a Shakespeare, Walter Scott, Gilbert K. Chesterton, Newton, Ben Jonson, John Locke, Bertrand Russell, Francis Bacon, David Hume, Tomás Moro, David Hume. Oscar Wilde, George Bernard Shaw y tantos otros británicos de real importancia, sino para que sepan seguir las instrucciones que manda el imperio para manejar sus aparatos y máquinas desplazadoras de la mano de obra.
No pone el mismo acento en que los escolares mexicanos aprendan bien el idioma español, sepan leer y escribir adecuadamente, porque apenas si saben juntar letras, como consecuencia de los planes de estudio que se vienen aprobando desde tiempos remotos, sin que se refleje en aprovechamiento escolar o estímulos a la creatividad. Y es que tal vez no tiene la menor idea de que idioma e identidad parten de la misma raíz etimológica.
Lo que más le preocupa al Pentavocálico Nuño es que un siniestro gobernante (retrato hablado de López Obrador) una vez en el poder acabe con la tal Reforma, por lo que le gustaría “blindarla” para que nadie la modifique, como si no fuera signo de la verdadera cultura quedar abierta a las innovaciones que vayan enriqueciendo el conocimiento. ¿O acaso, Peña Nieto y sus colaboradores no destruyeron lo que había para imponer sus salvadoras reformas?