REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2017
   

De nuestra portada

Primer aniversario luctuoso de René Avilés Fabila


José Miguel Naranjo Ramírez

El reino vencido
En el mes de octubre se recordará el primer año de la partida del escritor René Avilés Fabila (1940-2016), quien fue un prolífico escritor de novelas, cuentos, ensayos, un reconocido y admirado Maestro, periodista agudo, crítico, eterno opositor al régimen autoritario priista. Al maestro René Avilés se le puede presentar en muchas facetas, pero ante todo estamos frente a un destacado escritor, y es precisamente con su obra como lo recordaremos siempre, por lo tanto, en este artículo dedicado a René Avilés Fabila, el libro con el que iniciamos se titula: El reino vencido.
Tal vez, las novelas más conocidas y leídas de René Avilés sean: El gran solitario de Palacio, Tantadel y La canción de Odette, e incluso las tres novelas fueron publicadas en la etapa inicial del escritor en las décadas de los setentas y ochentas. En el año 2005 salió publicada: El reino vencido, una novela magistral y ambiciosa, de lectura sencilla, fluida, con una temática y estilo atrayente de principio a fin. En esta obra aparecerá gran cantidad de personajes, historias, anécdotas, lugares, al inicio de la lectura se llega a pensar que estamos ante un libro que contiene diversidad de géneros como, crónicas, cuentos, memorias, relatos, sin embargo, conforme se avanza en la lectura queda muy claro que leemos una novela, porque si bien son muchos los personajes y las historias se pueden leer de forma independientes, al final un personaje le da unidad a toda la estructura de la obra, este personaje se llama Emilio Medina Mendoza.
Partiendo que estamos esencialmente frente a una novela, y respetando la libertad de la creación, imaginación, y ficción que el género otorga, claramente se percibe que el personaje Emilio Medina Mendoza en muchos pasajes es el alter ego de su creador, a través de este protagonista recorreremos historias de vidas desde la niñez hasta la edad muy adulta. Uno de los temas centrales del libro son los recuerdos, las nostalgias de un pasado lejano o inmediato que se va convirtiendo en remembranzas. Aquí nos encontraremos con historias de amor, pasión, sexo, amistades, lugares, bares, prostíbulos, regresaremos en el tiempo y nos situaremos en el Imperio Azteca, y de momento estaremos en Ciudad Jardín, que bien puede ser un barrio de la ciudad de México, la ciudad en su conjunto, o la historia de todo el país.
Todas las personas reflexivas en algún momento de nuestras vidas y más cuando se está en una etapa donde el final se acerca o mínimo estamos a la mitad, nos sentimos inclinados a pensar qué ha sido de nuestras vidas, razonamos sobre nuestros orígenes, tratamos de hacer un balance preguntándonos qué hicimos o dejamos de hacer, qué actos provocaron momentos de felicidad o infelicidad, con qué ideales si los tuvimos nos condujimos, en qué país nacimos y decidimos vivir, pensar y repensar sobre lo antes expuesto. En gran medida servirá para darle unidad a nuestras vidas, para comprender socialmente nuestra actualidad y realidad, para seguir viviendo mientras retornamos a la nada, para recordar que en algún momento vivimos en nuestro paraíso perdido que puede ser la niñez o el pueblo donde crecimos.
Emilio Medina Mendoza recuerda gran cantidad de vivencias, pero un tema que ocupa relevancia son las mujeres que pasaron por su vida, algunas fueron de un día, otras de varios meses y años, no obstante, todas para bien y para mal dejaron una huella, una historia, un sentimiento. Valeria aparecerá en la novela sólo al principio y nunca más reaparecerá, esta historia me fascinó, porque en algunos aspectos y experiencias me identifico:
“Valeria. La conocí en Buenos Aires, estuve en esa ciudad dos semanas y para mi desgracia me la presentaron en los últimos días. En una cena, me senté junto a ella. Era alta, blanca, de ojos verdes, elegante en su forma de vestir. Su intervención durante las conferencias creo que no fue inteligente, más bien grata, amable, el caso que resultó muy aplaudida y comentada por el público que asistía a aquel seminario de literatura. La cena oficial concluyó antes de la media noche. Poco después yo regresaría a México y ella se iría a un distante pueblo en la Patagonia, donde su esposo tenía un “próspero hotel”. Le propuse tomar una copa en algún sitio y ella aceptó de inmediato. La penúltima noche recorrimos tres o cuatro sitios y terminamos en su habitación haciendo el amor. Unas horas antes de despedirnos, me aferré a su cuerpo desnudo y ella al mío. Nos besamos insistente y pasionalmente sin darle tiempo a la ternura. Cuando desperté estaba en mi cuarto, con su perfume impregnándome apenas tuve tiempo para hacer las maletas y llegar al aeropuerto, donde comenzaron las nostalgias. Dos días después, le escribí la primera carta, llena de pasión, de frases amorosas. Poco después recibí respuesta. Valeria me decía cosas gratas, como, por ejemplo, el día que te conocí y te amé, ese mismo día te perdí. Ahora es un recuerdo cometa, bellísimo y fugaz, que de vez en vez aparece.”
Por lo antes transcrito se comprende fácilmente porqué Valeria nunca más aparece en la novela, pues que ella jamás reapareció en la vida de Emilio, sólo quedó el recuerdo de su piel, su olor, sus besos, sus gemidos, y es que, si lo analizamos fríamente, la vida se compone de instantes donde pocas cosas son duraderas, por eso a Emilio le dolió tanto la muerte de su amigo de la infancia y adolescencia llamado Sergio, porque posiblemente en la verdadera amistad podríamos encontrar una esencia más permanente ante esta vacía y rutinaria vida.
En El reino vencido, conoceremos historias encantadoras de contenido individual y social, civil y político, con historias antiguas y modernas. Al final Emilio Medina Mendoza desaparece y de manera muy imaginativa aparecerá viviendo en el año 1519, cuando estaba a punto de caer en manos de Hernán Cortes el Imperio Azteca, Emilio les iba a prevenir para que lucharan y defendieran a ese paraíso en el que vivían y así el curso de nuestra historia cambiaría: “Emilio Medina Mendoza no tuvo epitafio ni tumba, sólo el hecho contundente, escrito en el espejo humeante, que siempre vivió malos tiempos, rodeados por aborrecibles espectros.”

Los oficios perdidos

Los micro relatos tienen la principal característica que en poquísimo contenido se dice lo esencial del tema abordado, lo contundente de la historia narrada, un ejemplo es el siguiente título “El crimen perfecto (I). El crimen perfecto –dijo a la concurrencia el escritor de novelas policiacas –es aquél donde no hay a quien perseguir, donde el culpable queda sin castigo; es, desde luego, el suicidio.” (René Avilés Fabila, Los oficios perdidos, Colección Biblioteca del ISSSTE, 1999.)
René Avilés Fabila fue uno de los principales escritores que cultivó los micro relatos en México, los mini cuentos o mini ficciones como también se les conocen; deben poseer brevedad, precisión, economía de palabras, el lector interesado y comprometido dará por comprendido lo que no se explica en el texto, pero que va implícito para la buena comprensión de la historia, agregando que la interpretación del mensaje es de absoluta libertad para el lector, y sin más preámbulos sobre este género literario, introduzcámonos al mundo del micro relato con el libro del conmemorado escritor René Avilés, titulado: Los oficios perdidos.
El libro está compuesto por 45 mini cuentos, en algunos títulos encuentro sentimientos de nostalgias por oficios que con el paso del tiempo desaparecieron y fueron parte de nuestra infancia y adolescencia, quién no recuerda hace algunos ayeres a: “Los afiladores: no sé si en todos los países existieron; iban por las calles sacándole filo a las tijeras y cuchillos de las amas de casa. En el mío los hubo por cientos. Invariablemente marchaban sobre bicicletas que estaban adaptadas de forma maravillosa a una doble función: por un lado, la de vehículo, por el otro, con mover unas palancas, era activado el mecanismo ingenioso que impulsaba una rueda gris oscura que tantos misterios encerraba en los niños al arrojar chispas en su encuentro con la hoja de acero. Cómo disfruté mirando trabajar al afilador, con destreza renovaba el filo del cuchillo de carne, moviendo el pedal y contándome sus correrías por la ciudad.”
En otros micro relatos se percibe el estilo que tanto distinguió al Maestro René Avilés como lo es la ironía, el sarcasmo, el humor negro, verbigracia es el título de: “Los verdugos: por años y años gozaron de una gran reputación llegando a ser auténticos artistas: podían cortar cuellos limpiamente o ahorcar sin grandes sufrimientos a los criminales. A manos suyas, sin distinciones ideológicas o sociales, sólo al servicio del poder, cayeron cabezas y colgaron cuerpos. Los tiempos modernos simplifican el trabajo del señor verdugo. La guillotina, perfeccionada por el Dr. Guilllotin poco antes de la Revolución Francesa, es sin duda uno de los instrumentos de muerte más fascinantes. Pero la ciencia no se detuvo. La cámara de gases y la silla eléctrica son notables aportaciones de la tecnología yanqui que sustituyeron con eficacia al fusilamiento, la decapitación y el ahorcamiento…”
En los diversos títulos encontraremos fábulas, cuentos, la variedad temática es entretenida, muy afín a nuestras experiencias, en la lectura recordaremos a los: “Peluqueros”, “Los organilleros”, “Los piratas”, “Los héroes”, “Las zurcidoras de medias”, “Las adivinadoras”, “La brujería”. Algunos oficios no están totalmente perdidos, pero se encuentran en peligro de extinción, e incluso muchas vivencias que tuvimos en nuestros pueblos, y juegos que en nuestras infancias nos hicieron felices, en la actualidad muy poco se practican, es por lo que aprovecharé el contexto del presente artículo para narrarles al igual que el maestro René Avilés mis propias nostalgias.
A Ventorrillo lo recuerdo como a un pueblo maravilloso, pintoresco, muy pequeño, con calles sin pavimentar, en esas calles que en ocasiones eran regadas con tierra y ceniza, jugamos futbol, nuestras porterías eran dos piedras grandes, a pesar de lo rústico todos sentíamos que jugábamos en el mejor estadio del mundo, gritábamos los goles con pasión, orgullo y felicidad, no pocas veces las apuestas se hacían de hielitos o refrescos, cuando ganábamos la alegría fue inmensa, pero cuando perdíamos y no teníamos dinero para pagar que resultaba ser lo más frecuente, el miedo era enorme, porque “La Burra” quien era el jugador más grande, agresivo y peleonero, nos amenazaba con quitarnos el balón o hasta pegarnos.
La mayoría de los que crecimos en Ventorrillo hace varios años, carecimos de todos los lujos y tuvimos muchas necesidades, pero fueron años maravillosos porque no fuimos esclavos de la tecnología, en la actualidad conozco a niños que su única relación con el otro es un poco a través de la escuela, la mayor parte del tiempo se la pasan encerrados con el celular o los juegos electrónicos que le embrutecen el cerebro, el avance tecnológico en lugar de favorecernos nos ha perjudicado, porque somos sociedades individualistas, egoístas, sin creatividad e imaginación.
Cuando el Maestro René Avilés narra sobre el oficio de las: “Zurcidoras de medias”, también evoqué a Ventorrillo. En mi etapa de niño mi madre fue costurera, rememoro que al inicio mientras ella aprendía el oficio de corte y confección con la estricta maestra Doña Genoveva, yo era el más feliz de esas clases, porque aprovechaba para escaparme con mi “tirador” acompañado de mi amigo Ito, Quita, y otros, a cazar “iguanas” y cruelmente a matar pájaros “pichos”. Con el oficio de costurera mi madre pudo cubrir necesidades en mis estudios de primaria y secundaria, había meses que no se daba abasto de tanto trabajo, con los años y las nuevas modas, la maquina Singer sólo existe como recuerdo, los figurines desaparecieron y hoy todo es un bella recordanza.
Los oficios perdidos son relatos sensacionales, entrañables, críticos, humorísticos. Así como René Avilés Fabila recordó vivencias, oficios, anécdotas, personajes y leyendas, sus lectores a través de estos mini cuentos son transportados a sus propios espacios, tiempos e historias, y es que, si el finado y galardonado escritor rememoraba a “Ciudad Jardín” con enorme nostalgia, el escribidor del presente artículo ha recreado y presentado con enorme sentimiento y añoranza a su querido Ventorrillo.

El escritor y sus problemas

Ser escritor en un país como México donde muy poco se lee es un verdadero reto, la falta de lectura desemboca en un enorme subdesarrollo, y consecuentemente en esta problemática va implícita la mínima venta de libros, luego entonces, ¿de qué vive un escritor en México? Partiendo del contexto antes explicado, René Avilés Fabila escribió el libro titulado: El escritor y sus problemas, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1975.
El escritor y sus problemas tiene como estructura principal una serie de entrevistas y encuestas que René Avilés realizó a connotados escritores entre los que se encuentran Fernando del Paso, Vicente Leñero, Augusto Monterroso, José Agustín, Salvador Elizondo, Ricardo Garibay, Gerardo de la Torre, Juan Tovar, Julieta Campos, Alberto Dallal. El diálogo central se fundamenta en las siguientes series de preguntas:
“De qué vive el escritor y cómo? ¿Las regalías le son suficientes para vivir tranquilamente dedicado a la creación? ¿Cuál fue la formación que le dio las posibilidades de concebir y redactar una novela? ¿Estuvo en la universidad, o fue adquiriendo sus conocimientos en la soledad de una habitación? ¿La ausencia de crítica literaria lo perjudica, lo mantiene ignorante respecto a la verdadera calidad de sus materiales? ¿Es fácil obtener editor? ¿Hay libertad de expresión en México? ¿El escritor debe participar en política, ella enriquecerá su trabajo o, al revés, rebajará la calidad de su obra? ¿El compromiso del escritor es estrictamente con la literatura o también puede y debe darse en otros sentidos más amplios? ¿Las agrupaciones literarias son de utilidad en la formación del escritor, son una tribuna para ventilar cuestiones estéticas, la base donde se gestan nuevas corrientes literarias o de plano son inútiles?”
Resulta interesante e ilustrativo conocer las opiniones de los escritores mencionados, porque aún ya siendo reconocidos e importantes en la historia de las letras hispanoamericanas, todos apuntan que lamentablemente no se puede vivir de la literatura, que si bien es un trabajo como cualquier otro, para poder sobrevivir se tienen que realizar muchos sacrificios y trabajar en áreas diversas y así lograr medio solventar los gastos básicos de una vida. Sobre este punto Fernando del Paso con un poco de sarcasmo declaró:
“Reducir las necesidades también a su expresión mínima. Lo cual no quiere decir, desde luego, ‘Ingresar a las filas de los menesterosos’. Simplemente significa apretarse el cinturón, renunciar a una casa propia, a un automóvil, a que nuestros hijos aprenden otros idiomas, a comer una que otra vez en el Prendes o en el Bellinghausen… Así puede minimizarse el problema económico.”
En cuanto a la formación del escritor, la mayoría respeta y reconoce el papel de las escuelas públicas en la sociedad, pero señalan que el que desee ser escritor primero ante todo debe ser un gran lector, devorar libros y libros, después gastar cuartillas y más cuartillas, y sólo así se podrá aspirar a ser un respetable escritor o un decente crítico literario, por lo tanto, la formación del escritor es autodidacta, para Vicente Leñero las aulas ayudan, pero el resto tiene que hacerse solo. Ricardo Garibay y Fernando del Paso, manifestaron que las aulas son incapaces de formar escritores; al menos en la mayor parte de los ejemplos.
En este punto valdría la pena preguntarse: ¿Se puede tener una sólida formación sin la guía de nadie, sólo a través de la lectura de libros? A esta pregunta que no está incluida en el texto de René Avilés, Fernando del Paso señaló y al mismo tiempo responde a nuestra pregunta, que la verdadera guía son los libros, pero que siempre se requiere y en el andar literario se adquiere, a un maestro o lo más frecuente a un amigo que nos orienta, nos indica lecturas y esto es fundamental, porque se cubren vacíos que sin la debida orientación difícilmente se podrían cubrir, un ejemplo de ello es que René Avilés tuvo de amigo orientador a Juan José Arreola, y el escribidor del presente artículo no podría semana a semana diseñar los temas que se presentan, sin la guía del filósofo Gustavo Salmerón Jiménez, lo real es que salvo sus excepciones, la verdadera formación se adquiere fuera de las aulas.
Un tema relevante abordado en El escritor y sus problemas, es la ausencia de crítica literaria, primero porque la poca crítica que se realiza es ineficiente debido a que no existe autenticidad y profesionalismo en los críticos, recurrentemente una novela es tachada de buena o mala y en muchas ocasiones sin haber sido leída completamente, esto no es un problema menor, porque la crítica literaria es fundamental tanto para el público lector como para el propio escritor, la función esencial del crítico literario no es decir si es buena o mala la obra, su función principal es desarrollarla, interpretarla, analizarla, evitar la verborrea o convertirse inmediatamente en un jurado descalificador ya sea por arrogancia o desconocimiento.
Albero Dallal, sobre esta importante materia opinó: “El acto revelador, para Dallal, no ocurre plenamente sino hasta que la crítica se convierte en obra de arte. El crítico que propicia la revelación a través de su obra se convierte en un artista del pensamiento, pues a una tarea analítica, precisa, sistemática, científica, ha agregado una actitud filosófica consciente, poseedora de cualidades estéticas propias. Dallal no cree que los grandes críticos tengan por fuerza que ser grandes creadores en otras ramas de la literatura, pero sí deben crear ‘obra de arte del arte’. Que, por otra parte, la existencia de una crítica artística es “signo de creaciones.”

La incómoda frontera entre el periodismo y la literatura

Periodismo y Literatura siempre han ido de la mano, gran cantidad de escritores han iniciado su carrera literaria en el Periodismo y con el paso de los años desarrollan las dos disciplinas a la par, tal es el caso de René Avilés Fabila, quien en los 50 años que ejerció su carrera como literato publicando libros de cuentos, novelas, ensayos, al mismo tiempo escribió sus artículos periodísticos semanales, sin dejar de remarcar que fue el fundador y director del prestigiado suplemente cultural El Búho hoy vigente a nivel nacional como una importante revista cultural.
Derivado del interés que siempre profesó por el periodismo, René Avilés publicó en 1999 un libro que lleva el título: La incómoda frontera entre el periodismo y la literatura. En esta obra René realiza una selección de entrevistas, opiniones, planteamientos, posturas, sobre el Periodismo y la Literatura en voces de la talla de: Ernst Hemingway, Alejo Carpentier, Camilo José Cela, Antonio Gala, Mario Vargas Llosa, Oscar Wilde, Renato Leduc, Manuel Buendía, Gabriel García Márquez, Lawrence Durrell, Thorton Wilder, Salvador Novo, Truman Capote, Alberto Dallal, Norman Mailer, Tom Wolfe.
Uno de los temas centrales planteados en la obra consiste en conocer las opiniones de los escritores antes señalados sobre si el periodismo es útil al joven literato, si algunos trabajos periodísticos con el tiempo adquieren un valor literario, son varios los planteamientos y muy variadas las posturas, lo que resulta muy claro es que con el paso de los años el periodismo ha adquirido un valor literario incuestionable, antes de conocer algunas posturas de los escritores, sólo basta recordar obras periodísticas que hoy se siguen leyendo con un enorme interés por su valor literario, ejemplos: Relato de un náufrago de Gabriel García Márquez y Los periodistas de Vicente Leñero.
Algunos escritores que fueron periodistas como en el caso de Hemingway quien llegó a ser reportero de guerra, apuntó que se debe ser periodista al inicio, pero muy joven hay que retirarse del periodismo: “Definitivamente no creo que escribir sea una especie de autodestrucción, aunque el periodismo, después que se llega a cierto punto, puede ser una autodestrucción cotidiana para un escritor creador serio.”
Mario Vargas Llosa difiere de la posición expresada por Hemingway, de hecho, hasta el día de hoy Vargas Llosa sigue haciendo periodismo, lo que sí aclara el escritor peruano-español, es que el periodismo tiene la gran limitante del tiempo, en palabras textuales apuntó: “La vida real fluye y no se detiene, es inconmensurable, un caos en el que cada historia se mezcla con todas las historias y por lo mismo no empieza ni termina jamás. La vida de la ficción es un simulacro en la que aquel vertiginoso desorden se vuelve orden: organización, causa, efecto, principio y fin.”
Un punto clave que explica Vargas Llosa sobre la diferencia entre Periodismo y Literatura es el siguiente: “Se tratan de sistemas opuestos de aproximación a lo real. En tanto que la novela se rebela y transgrede la vida, aquellos géneros no pueden dejar de ser sus siervos. La noción de la verdad o mentira funciona de manera distinta en cada paso. Para el periodismo o la historia la verdad depende del cotejo entre lo escrito y la realidad que lo inspira. A más cercanía, más verdad, y, a más distancia, más mentiras.”
Renato Leduc no recuerda con agrado su etapa como periodista, considera que el que pretenda escribir novelas, teatro, cuentos, ensayos, debe estar lejos del periodismo, porque este oficio es muy absorbente y deja muy poco tiempo para la creación: “Después de permanecer cuatro o cinco horas diarias culiatornillado frente a la máquina tecleando idioteces para ganarse el pan cotidiano, ya no le queda a uno humor ni para escribirle recaditos a la mujer amada.”
Independientemente a las posiciones planteadas, el Periodismo en los últimos años ha nutrido a la literatura, la discusión si es un género literario o un oficio, desde una opinión personal no tiene mayor relevancia, porque las reglas de cada género son muy claras, sin embargo, cuando una crónica está bien escrita, un relato es extraordinariamente narrado, con el paso del tiempo los convierte en una obra literaria clásica, el nombre que adquiera puede variar e incluso Truman Capote la llamó novela sin ficción, y esta postura la desarrolla de manera profunda el escritor norteamericano Tom Wolfe, cuando nos narra:
“La historia contada por Capote de la vida y la muerte de dos vagabundos que exterminaron a una acomodada familia de granjeros de Kansas apareció en forma seriada en The New Yorker en otoño de 1965 y se publicó como libro en febrero de 1966. Causó sensación… y fue un golpe terrible para todos aquellos que confiaban que el execrable Nuevo periodismo o Paraperiodismo se extinguiese sí como una bengala. No se trataba, a fin de cuentas, de algún oscuro periodista, de algún escritor independiente, sino de un novelista de larga reputación… cuya carrera había caído en el marasmo… y que de repente, con este golpe certero, con este giro hacia la abominable nueva forma de periodismo, no sólo había resucitado su prestigio, sino que lo había hecho aún mayor que antes… y se había convertido en una celebridad de la más sorprendente magnitud. Gente de todas clases leían A sangre fría, gente cuyo gusto era de todos los niveles. Todos se quedaban absortos con el libro. El propio Capote no lo llamó periodismo, solo la novela de no-ficción.”
La literatura posee una libertad absoluta para crear, el periodismo está limitado a narrar la realidad, pero si ambos géneros se juntan en un artículo, en una crónica, en un relato, poco se hablará de qué estamos leyendo, lo que se dirá es que estamos frente a una obra de arte, y las fronteras que las reglas y las ciencias establecen, con la buena prosa y narrativa desaparecen.

miguel_naranjo@hotmail.com