REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2017
   

Confabulario

El laberinto de los enigmas (IV parte)


Cornelia Păun Heinzel

Llegaron las fiestas de Pentecostés. Julián y Andrés entraron como de costumbre en la iglesia. Y, como siempre, Julián fue asaltado por mujeres que querían consolarlo tras la muerte de su esposa. Además una por una. Clementina, una mujer de unos cuarenta años, morena, con gafas de miopía y la melena recogida en una cola de caballo, no lo dejaba que se marchara y después de ir a ver a Julián e invitarlos a su casa.
- Tengo algunas tartas, te van a encantar seguro. El hombre y el niño obedecieron y fueron a la casa de la mujer y entraron.
Por la mañana, le llamó la vecina del apartamento de al lado.
- ¿Has oído que encontraron a Clementina completamente quemada? !Quemó la casa!, ¿Como se le metió eso en su cabeza? Si era una mujer creyente… -dijo la mujer- continuando con su desayuno. Y una mujer policía fue fatalmente herida por una tirolina, !pero Ina, mi hija quería bajar con la tirolina!
-!No hay ningún problema! El domingo vamos al parque a disfrutar de sus atracciones, que venga con Andrés, nosotros disfrutamos y nos divertimos mucho –dijo Julián.
Ginica y Andrés nunca habían estado en un parque de atracciones antes.
-!Queremos ir a la tirolina! –dijeron las dos mujeres -!vamos a hacerlo!
-Parece que no me atrae demasiado, y no quiero correr el riesgo de dejar solo a Andrés. Id vosotras dos, nosotros os esperamos aquí, en la entrada.
La mujer y la niña se pusieron el equipamiento con destreza, se miraron y vieron que ya habían estado aquí, no era la primera vez y parecía incluso que tenían experiencia cuando empezaron y cómo se movían fácilmente, como si volaran sobre el agua.
En un momento determinado, de repente se oyó un grito desgarrador:
-!Se rompió el cable!!Nos caemos!
Y al momento siguiente, Julián y Andrés vieron cómo las dos mujeres desaparecían rápidamente, creando ondas en el agua.
Se creó la alarma y un equipo de salvación se dirigía hacia el lugar. Dos jóvenes atléticos regresaron con la chica en sus brazos. Nadó hasta la orilla y trató de hacer el boca a boca.
La chica no se recuperó. !Por favor, vuelva a intentarlo!, continuando la reanimación, pero fue en vano, sin resultado.
El segundo hombre continuó la búsqueda, pero no se encontró a la madre. Desgraciadamente desapareció en las aguas profundas.
Un hombre se acercó al lugar donde estaban Julián y Andrés.
-Pero, !aquí alguien cortó el cable! –dijo el hombre.
-!Ha sido un accidente! Yo he notado esta mañana que pasaría algo malo –dijo Julián- y se lo dije a las mujeres, pero ellas no me hicieron caso. Lo bueno es que no han sufrido, es como lo que le sucedió a la mujer policía de la semana pasada. ¿Se entero de la noticia?
Incluso un pastor murió custodiando las ovejas cuando fue atacado por un enjambre de abejas silvestres.
Andrés llegó temprano al colegio. Su colega Manuel, venía desde un pueblo cerca de Bucarest, Glina, susurró:
– Ven, te voy a ensenar lo que traigo en la bolsa. !Un enjambre de abejas! Lo encontré en el bosque.
-!Tíralas! ¿No viste que un pastor murió de las picaduras de las abejas? –dijo Andrés asustado.
- Pero, ¿Dónde? !Es mentira! Podemos jugar con ellas, dijo el chico.
- Vamos, hoy tenemos que ir con el maestro de piano después de la escuela para practicar unas horas con el piano –sugirió Andrés. Mi padre me dio la mochila para que lo llevara al apartamento del maestro.
Julián regresó de la Universidad y como de costumbre después de la comida, abrió el portátil, leyendo en él con curiosidad la noticia del día. !Pero ésta es la profesora de piano de Andres! –dijo sorprendido mirando la foto publicada.
La mujer había sido hallada llena de picaduras de insectos, sufrió un choque profiláctico. Luego pasó algunas horas conversando con sus admiradoras en internet. Tenía tantas mujeres en la vida virtual como en la real. Sin embargo, él estaba fascinado completamente con todas. Sus fotos y escritos eran increíblemente atractivas, podía conversar con ellas en inglés, francés, español o alemán. Tenían conversaciones de lo más variadas. Con todas se llevaba bien, tan bien… “o al menos eso me parece a mí” –pensaba Julián.
Conversaciones con mujeres que generaron en él un éxtasis inexplicable. Sus expresiones poéticas estaban empapadas con un romanticismo que podía atraer a cualquier hombre a pesar de que tuviera un corazón de piedra. “Esta chica sabe lo que dice o más bien lo que escribe” –reflexionó Julián. Me gustaría poder conversar con ella todo el tiempo, pero no era posible. Fue incluso a las horas del seminario que se llevaba su ordenador portátil para poder acceder a él para leer o recibir un mensaje misterioso de una mujer extraña, Andrés incluso llegó a estar celoso de ella.
-¿Cómo has olvidado a mi madre? –le dijo en una ocasión enfadado.
-¿Cómo la voy a olvidar? Pero necesito que resistamos juntos para seguir adelante –respondió Julián.
Manuela -así se llamaba la joven con quien hablaba- era para Julián el drogo de que él era dependiente para siempre, de que él la necesitaba todos los días.
-Tenemos que vernos cara a cara. –Él le dijo varias veces a ella- quiero que nos veamos para conocernos y saber cómo eres en realidad.
- Algún día sucederá la magia –dijo la mujer respondiendo al mensaje.
Nosotros podemos encontrarnos durante las vacaciones de verano en Las arenas de oro, en Bulgaria. Mi prima estuvo allí durante la Pascua pero nunca regresó. No tenemos noticias de ella, necesito ir a buscarla, tengo que ir a ver, necesito saber qué paso con ella. Ella quería mucho a su familia y no habría decidido desaparecer y dejar de dar señales de vida, yo la quería, para mí era una amiga muy cercana y tenía mucha confianza conmigo. A partir de ese día ya no había más silencios de Julián. Él solo pensaba en reunirse con ella. ¿Como iría? ¿Dónde se reunirían? Probablemente en la playa. “Si” –pensó el hombre, allí sería el lugar ideal bajo los ardientes rayos de sol de verano, cerca del mar, las olas rompiendo en la fina arena sin descanso en la orilla, mientras que nuestras fosas nasales dilatadas, hambrientos de poder respirar ese aroma marino milagroso.
Era el uno de octubre y el jefe del Departamento, el Sr. Guiso, preguntó a los profesores que estaban a su alrededor.
¿Quien sabe algo sobre Ginica? Él no ha vuelto a la Universidad.
Ya se había iniciado el año académico. Señor Cucuruz, ustedes eran amigos, acaba de llegar del mismo pueblo…
- No sé nada, pregunte en la escuela de su hijo, a la comunidad de propietarios del edificio donde vivía, pregunte al presidente de la comunidad.
La secretaria del Departamento, la señora Pasat, marcó el número del móvil del colegio, donde el hijo del señor Ginica estudiaba. Andrés no había estado presente temprano en la escuela, no había ido a la escuela para el inicio de curso.
- Sr. Turtirica. Nosotros llamamos de la Universidad. ¿Usted sabría que pasó con el Sr. Ginica? ¿Dónde está? ¿Qué hace? En el supuesto que usted lo sepa.
- No sé nada ni de él ni de su hijo desde que comenzaron las vacaciones, no ha pagado el mantenimiento. ¿No dijo nada en el trabajo?
-No, no nos avisó. Si encuentran algo, vamos si tiene alguna noticia…
- Frusino, creo que debemos ir a su apartamento –dijo la esposa del Sr. Turturica. Ginica con su hijo probablemente no regresen.
En el apartamento de arriba, conocía a la vecina pero se conoció que estaba en un asilo y nunca iba a regresar. Y en el apartamento del Sr. Petrescu, que tenía bien ganado, sus hijos estaban en el extranjero y no volverían al lugar. ¿No necesitaba la casa de la anciana? Hizo que le inscribiese a su nombre para después matarla, pero luego lo estropeó. Nadie sabía qué le dio para tomar a la vieja. Todo el mundo pensaba que había sufrido un ataque al corazón porque padecía una dolencia cardiaca. Por otra parte era la más inteligente de la escalera, le pusieron veneno en la tubería de agua potable, que nadie controlaba. La encontró muerta la hija de Precupeasca, que también había fallecido el año anterior y nadie sabía la causa. Solo el diablo Romanescu no consumió el agua ya que para beber solo tomaba agua mineral que compraba, ahora sabía que era muy buena para todos. Podrían entrar en su casa del señor Romanescu, aunque nosotros no podamos entrar y no importa cómo lo intentó. !Era muy astuta la anciana! Pero no tuvo mucho tiempo de continuar con ese truco. Estaba obligado por ley a abrir, si se le solicitaba y serían capaces de entrar y por fin matarla.

Traducción: Jero Crespí y Cornelia Păun Heinzel