REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2017
   

Arca de Noé

¡Tenemos país!


Martha Chapa

Una nación se constituye y perdura si es capaz de crear y conservar una identidad y una cultura, además de un sistema de leyes, trabajo, esfuerzo, libertades y justicia social.
¿Porqué lo traigo hoy y aquí?, por lo que atestigüé con creces y de nueva cuenta en estos días y que ha cimbrado nuestro país entre huracanes y terremotos.
Una vez más, los fenómenos naturales nos pusieron a prueba y volvimos a imponernos. Los superamos gracias a ese comportamiento tan nuestro de cohesión y solidaridad, en momentos difíciles o de grandes retos.
Tenemos sí país y lo confirmé personalmente desde que sonaron las alarmas anunciando en nuestra ciudad un sismo. Desde ese momento, vi cómo se arremolinaban en aceras y calles, lo mismo vecinos en las afueras de sus casas que oficinistas a distancia adecuada de los grandes edificios, para unirse desde ahí y prestar ayuda a quién lo necesitara, lo conocieran o no.
Confieso que estremecieron mis sentimientos y emociones al máximo, en especial, cuando poco tiempo después caminaban por calles y avenidas legiones de jóvenes, hombres y mujeres por igual, con palas, cubetas, cuerdas, agua o víveres, para sumarse por doquier al salvamento. Y despejé al mismo tiempo dudas en torno a lo que falsamente se ha llegado a decir de nuestros jóvenes, en el sentido de que solo ven por sí mismos y sus intereses, egoístas e insolidarios y hasta hedonistas y deshumanizados. Mentira o desinformación, pues hoy han probado lo contrario, con suma sensibilidad social, entrega, valentía y conciencia comunitaria.
Y así también, una ciudadanía que sin distingos de edad y condición social se entregaron ameritadamente en jornadas duras e inacabables, para auxiliar a las víctimas de este 19 de septiembre de 2017, que se encimó extrañamente en una coincidencia fatal, al terremoto que sufrimos hace 32 años, el mismo día, el mismo mes. ¡Qué impresionante!
Por fortuna, creo que ahora demostramos una mayor capacidad y aprendizaje, junto a una mejor organización, así como mayor grado de coordinación entre el propio gobierno Federal y local, que reaccionó de inmediato y asumió sus tareas en paralelo a la sociedad civil, con acciones decisivas de las instituciones.
Viene sí otra etapa, la de la reconstrucción, con un alto grado de dificultad que exige recursos humanos y financieros gigantescos, sin que olvidemos otras tantas necesidades, más allá de la capital de la República, como ocurre en el caso de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos y Puebla, principalmente.
Desgracias, dolor, destrucción que lamentablemente se han acumulado en nuestra tierra. Pero a la vez, ánimo, fortaleza, unidad, heroísmo y esperanza que se funden y revitalizan.
Por eso, tras la gran respuesta de tantas y tantos, diría yo de todas y todos, no sólo saldremos adelante, sino que de paso hemos callado a quienes, dentro o fuera de nuestra Patria, nos han endilgado el término tan injusto y soez de Estado fallido. Tenemos problemas sí y graves, que sin duda iremos resolviendo juntos, con un sentido de mayor participación, exigencia y cambios. Hay entonces una gran energía y vigor que debemos encauzar y reencauzar, más y mejor, como ahora lo demostramos los mexicanos.
Somos en todo caso, toda una sociedad y Nación y por eso ahora sí que: ¡Viva México!
Los mexicanos tenemos en el exterior una imagen o percepción de que somos un pueblo amistoso y de excepcional anfitrionía.
Al igual, hacia dentro de nuestras fronteras, es evidente nuestra actitud solidaria y fraternal cuando se registra una gran desgracia en el país, ya sea por un terremoto, un huracán o cualquier fenómeno natural que nos amenace o destruya.
Y, si bien hay antecedentes históricos en este sentido, aunque un tanto lejanos sobresale en nuestro tiempo un hecho que se convirtió en hito histórico: Septiembre 19 de 1985, en la Ciudad de México. Como recordamos ese día salió la sociedad civil en pleno a rescatar vidas, a remover escombros, donar dinero, obsequiar víveres y otras muchas aportaciones de diversa índole.
Al igual, 32 años después nos volcamos a ayudar y sumarnos en las más disímbolas tareas, ya como rescatistas, animadores de niños, donadores, recolectores y ordenadores en centros de acopio, facilitadores de tránsito en calles y avenidas, entre muchas otras. Otro 19 de septiembre, que corresponda ahora a 2017, lleno de presencia y participación ciudadanas en auxilio de miles de afectados y víctimas, frente a un sismo que nos estremeció y dañó a tantos.
Todo ello, me evocó y remitió a una filosofía o actitud ante la vida que mucho tiene que ver con el amor humano y la capacidad de dar a nuestros semejantes.
Me refiero sí a Erick Fromm, que en su maravilloso libro El arte de amar, nos educa y alecciona en torno a esa fórmula indispensable para alcanzar la felicidad individual y social: lo importante, lo verdadero, lo esencial en nuestra existencia, más que recibir, es dar.
Si alguien no lo ha leído es éste un gran momento para hacerlo, pues quienes ya lo leyeron entenderán perfectamente de lo que hablo y a qué me refiero.
Justo eso es lo que venturosamente ha ocurrido hoy en cada punto de la geografía nacional, donde la muerte y la destrucción se hicieron presentes, imponiéndose a fin de cuentas la fraternidad y la esperanza colectivas.
Se trata sí de que germinen esas generosas conductas y se transformen en la Cultura del Dar, independientemente de que haya o no grandes problemas y retos, sino como toda una forma de vida de nuestra sociedad actual.

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