REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2017
   

Arca de Noé

Un día que duró segundos


Iván Téllez

El tren del Metro iba de Balderas a Niños Héroes; de repente se apagaron las luces mientras se movía a una alta velocidad. A veces sucede, pero esta vez era distinto: el vagón se balanceaba de un lado a otro. La gente comenzaba a tensarse, pero nadie gritaba o parecía asustado ni sabía lo que sucedía. Hubo un momento en el que se sintió tan brusco movimiento del tren que parecía que se iba a descarrilar; la gente se sujetó de los tubos para no caer. Parecía que en cualquier momento chocaría el convoy con el que venía en sentido contrario, pero finalmente paró a oscuras en la estación siguiente.
Un policía se acercó y de inmediato la gente comenzó a salir corriendo del tren; entre el tumulto era difícil sostenerse. La gente empezó a entrar en pánico: unos se detenían nerviosos justo debajo de las escaleras, mientras otros corrían hacia la salida.
Al evacuar, la gente estaba dispersa en varios sitios porque aún se movía el suelo y vibraban los edificios. Se pedía que se alejaran de los cables de luz, pues la mayoría de ellos se encuentran enredados de una forma ilógica, lo que hacía parecer que en cualquier momento pudieran caer. Los zapatos colgados en ellos se balanceaban. La gente comenzaba a desesperarse. Un hombre frente a su casa corriendo y a punto de estallar en lágrimas: estaba preocupado por saber qué era de sus hijos que se encontraban en la escuela. Pedía a sus amigos que fueran por ellos en bicicletas, pues el tráfico hacía imposible la circulación. Pero no era la única persona que hacía eso, había más gente que corría. Sus destinos, inciertos.
Empezaban a preguntar si se restablecería el servicio del Metro, y algunos calculaban media hora; sin embargo, tardó mucho más.
La gente, desesperada, comenzaba a caminar hacia sus casas dado que el Metrobús tampoco funcionaba; taxis y autobuses andaban a paso lento. En la colonia Doctores no se veían daños, a pesar de que hay edificios con muchos cristales en sus exteriores. En otros puntos la gente se reunía para escuchar la radio; hasta ese momento, cerca de las dos de la tarde, solo se sabía que el sismo había sido de una magnitud de 7.1 en la escala de Richter, con epicentro en Chiautla de Tapia, Puebla; finalmente los medios de comunicación informaron que ha sido a 12 kilómetros de Axochiapan, Morelos.
Se veían oleadas de gente que caminaba por las calles; algunos se quedaban en las banquetas para observar el estado de los edificios sin reparar mucho en las fugas de gas. Algunos más, con teléfono en mano, intentaban localizar a sus familiares. En la Doctores las calles estaban cerradas, pese a lo cual pasaban ambulancia tras ambulancia, que zumbaban para no interrumpir su paso. No se sabía la magnitud humana del desastre natural, que ha provocado hasta ahora más de 250 muertos.
La noticia se hizo viral internacionalmente. Entonces se comenzaron a suspender vuelos, y varios aviones que arribaban los regresaban. En pocas zonas en las que había luz se veían en la televisión varios edificios derrumbados. Se observaba a cientos de personas, entre ellas brigadistas, que intentaban sacar a la gente de las ruinas. Pero los ciudadanos ya empezaban a manifestar su preocupación, y a través de las redes sociales preguntaban cómo podían ayudar. Las alertas en Facebook para saber si las personas estaban a salvo no se hicieron esperar. La población comenzó a deshacerse de sus diferencias y empezó a reunirse en los sitios donde había derrumbes para retirar escombros y comenzar a rescatar a gente que estaba bajo ellos.
Esto aconteció justo durante el aniversario 32 del terremoto de 1985 —que mató a 12 mil 843 personas, según el Registro Civil de la Ciudad de México—, y después de hacer un megasimulacro que se realizó a las 11 de la mañana. También tenía apenas 12 días de ocurrido otro poderoso sismo con epicentro en Chiapas, con un saldo de 96 muertos.
En la urbe se sentía el temor de la gente; se cancelaron clases y muchas actividades ante la emergencia. Prevalecía el temor a alguna fuerte réplica y a las consecuencias del sismo, como fugas de gas, incendios y nuevas caídas de edificios.
La solidaridad pronto se volvió abrumadora, pese a lo cual no se sabía lo que pasaría después. Pero el mañana ya parece largo, pues todo lo anterior ha sucedido en tan solo unos segundos.

Cadenas fraternas
Durante horas los cuerpos de rescate continuaron con las labores de búsqueda; sin embargo, más edificios seguían cayendo, lo que aumentó la cifra de heridos y decesos. Los medios de comunicación realizaban transmisiones maratónicas en las que se intentaba informar del desastre, pero también de las acciones y los centros de acopio que se instalaban en la Ciudad de México para apoyar a todos los voluntarios y rescatistas.
La mañana del 20 de septiembre llegó, sin un segundo de descanso. La tragedia empezaba a revelar con más claridad su rostro: uno de los casos más impactantes fue el derrumbe del Colegio Enrique Rébsamen, en Coapa, donde se reportaba la muerte de niños y profesores, además de personas atrapadas. La Secretaría de Educación Pública reportaba más de 200 escuelas afectadas, además de que, según algunos medios, había cerca de 3 mil edificios en riesgo de derrumbe en toda la capital.
Las condolencias llegaban desde muchos países, y algunos ya enviaban contingentes de rescate, como Japón, Ecuador, El Salvador, Israel, Honduras, Estados Unidos y Chile, entre otros. Hubo donaciones millonarias de Facebook y Google y del papa Francisco.
Estudiantes de la UNAM y de otras universidades, así como gente con todo tipo de profesiones, se organizaban desde las comunidades virtuales (las redes sociales son muy importantes en estas circunstancias) para repartir los víveres recolectados, apoyar en los centros de acopio y apoyar en las actividades en los lugares con más estragos (las cadenas para retirar escombros y para hacer llegar materiales necesarios, incluso bajo la lluvia, se recordarán siempre).
Medios de transporte comenzaron a dar libre acceso para que la ayuda de los voluntarios fuera pronta, como el Metro, así como algunas líneas de autobuses que, al mostrar identificación o algún documento que confirmara que pertenecía a un grupo de rescate, otorgaban viajes gratuitos a los estados afectados.

Entre la ruindad y la solidaridad
En Puebla, donde las compañías de taxi están en la mira por el asesinato de una joven, Uber otorgó viajes gratuitos de ida y de vuelta a centros de acopio, con el propósito de que los víveres no escasearan.
En ese estado los medios reportaron el derrumbe de las cúpulas y techos de varias iglesias, lo que cobró la vida de 12 personas de una misma familia que celebraban un bautismo en el municipio de Atzala. Además, en el Centro Histórico poblano se veía a la gente desalojando sus hogares, sacando colchones, lavadoras y sus muebles, por voluntad propia y por órdenes de Protección Civil.

Austin Starnes, oriundo de Austin, Texas, quien se encontraba de visita en la Ciudad de México durante las labores de rescate, aseguraba que la gente de otros países se encontraba conmocionada ya que los medios de comunicación solo han mostrado el desastre.
Añadía en un recorrido por la avenida Francisco I. Madero, en el Centro Histórico: “Mi familia cree que todo el mundo está corriendo y gritando por el sismo, que es un caos; pero lo que no se sabe es que no en toda la ciudad se está sufriendo, y es lo que también se debe dar a conocer, pues la gente ya no va a querer venir a México”.
En el transcurso de los días las quejas se han mostrado en redes sociales, pues se habla de gente que ha buscado aprovecharse de la situación: entre la conmoción, hay asaltos y robo de víveres y materiales, algunos de ellos con propósitos políticos.
Así, Proceso reportó que en Twitter los usuarios denunciaban cómo los camiones con víveres para ayudar a los afectados en Morelos estaban siendo desviados a la bodega del DIF del estado —donde ya se ubicaban toneladas de productos— por órdenes de su directora, Elena Cepeda de León, esposa del gobernador Graco Ramírez, por lo que la ciudadanía comenzó a sacar la mercancía.
Un usuario de Facebook denunció que un centro de acopio de la avenida Coyoacán había sido organizado por dirigentes del PAN para su beneficio: “(La organizadora) quería que todo se recogiera y se llevara en camiones con el logo del PAN. No nos permitió llevarnos las medicinas. Incluso quisieron que las medicinas se separaran en ‘medicinas baratas y caras’. No quería que nadie que no fuera de ‘su gente’ se llevaran las cosas, porque todas las donaciones, y cito tal cual como lo dijo, ‘son mías y háganle como quieran’”, aseguró en la red social.
Hasta el momento en que se escribe esta crónica los grandes esfuerzos por rescatar a más gente entre los escombros continuaban, en una carrera contra el tiempo y la muerte. Pero el esfuerzo denodado y el compromiso seguían intactos.
Regresar a la normalidad que se vivía antes del sismo tardará años. Por ello es importante que la población conserve la esperanza y la solidaridad, que en el día a día los ciudadanos participen y se organicen para hacer los próximos y prolongados relevos en la reconstrucción, y también, por qué no, en la transformación no sólo de la Ciudad de México y de los estados más lastimados por el sismo, sino de la República misma.