REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 12 | 2017
   

De nuestra portada

El esplendor de la Ciudad de los Palacios


Benjamín Torres Uballe

En la Ciudad de México no todo es la desbordada y cada vez más creciente inseguridad. Tampoco las recurrentes y alucinantes marchas que realizan diversos grupos, cuyo pretexto es lo menos importante. Incluso, las cada vez más letales contingencias ambientales resultan insuficientes para olvidar los enormes atractivos de la capital del país, una de las metrópolis más fascinantes en el mundo. Simplemente, un lugar cósmico pleno de historia envidiable y cultura inconmensurable.
Así es la antigua Tenochtitlan, donde basta caminar por las calles del Centro Histórico para comprender por qué la Unesco la nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1987 junto con Xochimilco. El Templo Mayor constituye uno de los hallazgos de más relevancia no sólo para los mexicanos, sino para comprender la historia mundial y el desarrollo de la humanidad.
Para conservar los esplendorosos sitios -orgullo nacional e internacional-, se requieren grandes recursos económicos y humanos, principalmente provenientes del erario y fundaciones civiles. El trabajo es arduo, además de permanente. Ello se refleja en el vasto número de visitantes que cotidianamente arriban a lo que alguna vez se conoció como la Ciudad de los Palacios.
La Ciudad de México destaca por su amplísima oferta cultural en todos los géneros. Desde conciertos de música clásica hasta exposiciones pictóricas, obras de teatro, ballet, festivales de cine y de arte popular. Hay de todo y para todos. Los museos son un atractivo especial y se encuentran al nivel de los mejores del planeta. Bellas Artes es, particularmente, digno de encomio por su irresistible encanto estético y profunda vocación en la difusión de las artes.
Actualmente, Paseo de la Reforma es la avenida más bella en el país. Sin perder su esencia, esta vía es sede del corredor financiero y de los enormes rascacielos que identifican a la capital de la República, entre ellos se encuentran la Torre Mayor y el edificio más alto: el corporativo de BBVA. Y no faltan exclusivos hoteles y restaurantes. Entre todo ello, destaca el Monumento a la Independencia —conocido popularmente como Ángel de la Independencia—, diseñado por el afamado arquitecto mexicano Antonio Rivas Mercado, en ocasión del centenario de la Independencia de México. Rivas Mercado diseñó el célebre Ángel en su estudio ubicado en la terraza de su palacete de lo que hoy es la colonia Guerrero, en la calle de Héroes número 45.
Por cierto, la Casa Rivas Mercado hoy está siendo rescatada, merced a un espléndido esfuerzo de instancias oficiales y organismos civiles encabezados por Ana Lilia Cepeda, de la Fundación Conmemoraciones. El trabajo de restauración refleja un enorme avance, luego de que se partió de una construcción prácticamente en ruinas, pues antes fue utilizada durante décadas como escuela por el Instituto Washington, como refugio para niños de la calle y, luego, por años, estuvo abandonada, lo cual aceleró el proceso de deterioro que la dejó en estado crítico.
Para dar un ejemplo del titánico y meticuloso trabajo de restauración, los nuevos pisos se ordenaron a una fábrica de Inglaterra que los hizo a mano, uno a uno. El propósito es que el proyecto cumpla a cabalidad con el rescate del palacete, tal y como se podía apreciar en la época porfirista. Actualmente es posible visitar la residencia Rivas Mercado, previa cita, y constatar los asombrosos avances en el rescate de esta joya arquitectónica.
Durante el periodo de las vacaciones escolares, se puede planear un día para dedicarlo al disfrute de las maravillas ubicadas en el antiguo Distrito Federal. Hay que ponerse unos tenis cómodos, ropa ad hoc, gorra o un sombrero coqueto y de moda para salir a disfrutar plenamente el Castillo de Chapultepec, el Museo de Antropología e Historia, el Ex Palacio de Iturbide, Palacio Nacional —para observar los murales pintados por Diego Rivera—, El Museo del Estanquillo, el ya referido Templo Mayor, visitar la Catedral —la más grande de América—, para concluir degustando el bufet a la hora de la comida en las terrazas del Gran Hotel de la Ciudad de México o el Hotel Majestic, ambos con una deliciosa vista hacia la Plaza de la Constitución y admirar todo alrededor.
Si aún quedan energías y ganas, es obligado regresar por la avenida 5 de mayo para curiosear el edificio del Banco de México. Enseguida, cruzar el Eje Central y adentrarse inmediatamente en el Palacio de Bellas Artes y sentirse, irremediablemente, atrapado por la grandeza de tan imponente recinto, donde han actuado los mejores artistas nacionales y extranjeros.
Más aún, si la inspiración y el romanticismo quedan a flor de piel luego de empaparse con la vastedad cultural de Bellas Artes, es necesario subir al octavo piso del edificio Sears que se ubica justo al cruzar la avenida Juárez para paladear en la espectacular terraza un exquisito café y dejar pasar el tiempo mientras se goza con la postal de la Alameda Central, del propio Palacio de Bellas Artes y grandes aspectos de la Ciudad de México. El panorama es simplemente extático.
Hay que disfrutar la otrora Región más Transparente. Un maravilloso lugar donde se funde la historia nacional y se acrisolan sueños y esperanzas de los mexicanos provenientes de todos los rincones de esta inigualable y privilegiada nación mexicana, aun con todo lo condenable que en ésta se pueda encontrar, fruto de los pésimos y deleznables gobiernos capitalinos en conjunto con la actividad siempre repudiable de las bandas del crimen organizado… de los cárteles.
@BTU15