REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 10 | 2017
   

De nuestra portada

Homenaje a Martha Chapa en el Palacio de Bellas Artes


Varios

Conocí a Martha Chapa por medio de sus guisos
Guadalupe Loaeza

En una ocasión probé una sopa de flor de calabaza, tan exquisita, que me pregunté ¿Quién pudo haber cocinado esta maravilla? Me enteré tiempo después que era de la autoría de Martha Chapa. La elaboró durante un encuentro gastronómico que se llevó a cabo en Los Ángeles, al propio tiempo que dio una interesante plática acerca de la cocina mexicana. De esta otra manera, las sabrosuras de la mesa, me acercaron a una mujer cálida y generosa, amiga de muchas amigas mías que con frecuencia hacían referencias positivas de ella. Debo decir que es como una sirena, porque Martha Chapa también se me ocurre imaginármela en términos de una señora que surca simultáneamente en los mares del arte plástico, la gastronomía y el periodismo cultural, gozando de la admiración por sus pinturas y las expresiones culturales, amén de que, se ha hecho tan grata la personalidad, que ella encarna en sí misma, todo un personaje es decir, una mujer muy mujer. Y representa un hecho curioso o algo que me intriga de la propia personalidad de Martha Chapa, situada entre las “mujeres exitosas”, que quieren ser ellas mismas y luchan por su autonomía para cumplir su destino.
Martha Chapa, para muchas personas es símbolo de una mujer completa, una mujer que sabe ser madre e hija, también amiga y compañera, que se desdobla y puede estar en muchas partes al mismo tiempo en respuesta a que la invitan a todos lados, y siempre con buena disposición.
Una mujer a la vez, sin egoísmos que llega a decir sin empachos a sus amigas, y de inmediato en cuanto las ve: “qué bien te ves y qué bonito traje”. Esto denota que en ella no hay una pizca de mezquindad, ni un espíritu competitivo, menos de intrigas. Todo esto lo fui descubriendo gratamente a lo largo de los últimos años.
Hace algunos meses participé en una campaña muy interesante a propósito de la osteoporosis y cuando fui a entrevistarme con los directivos de los laboratorios que lanzaron este proyecto comentaron que les gustaría que estuviera presente la señora Martha Chapa, a lo que yo respondí sí por supuesto, a mí también me agrada la idea y me ofrecí llamarle, pues comenté que la conocía bien, y se lo plantearía pero sin garantizarles de que aceptara porque es una señora muy ocupada, viaja mucho y siempre tiene un sinfín de ocupaciones, cuando no está presentando una exposición, o presentando uno de sus bellos libros, escribe un artículo para un periódico. Y siempre junto a su amado y también talentoso compañero Alejandro Ordorica.
Déjenme decirles que este proyecto consistía en ofrecer varias pláticas, que se llevarían a cabo en el Centro de la ciudad, Insurgentes y Polanco y al mismo tiempo había que hacer también entrevistas en televisión y comentarios en el radio. Incluso era necesario que ella misma se practicara la densitometría pretoría o sea la prueba de la osteoporosis. Le hablé con la idea de convencerla y le hice la propuesta: Martha hay esto y me respondió con tal espontaneidad, con tal frescura que me conmovió muchísimo –le dije- “de veras Martha, tienes tiempo”. -Entonces ella subrayó: “cuenta conmigo porque en todo lo que tenga que ver para sensibilizar la conciencia femenina me interesa participar, sobre todo en este caso particular acerca de la osteoporosis, y agrega que “si tú me lo pides voy inmediatamente”.
Es evidente que a partir de ese momento me dije, de nueva cuenta, que efectivamente Martha Chapa es una mujer comprometida con la realidad de su país, con los momentos difíciles que estamos viviendo. Y de ahí que siempre se busque la opinión de ella, a veces en asuntos que aparentemente no tienen nada que ver con su vocación artística. Por ejemplo, acerca de política, ya sean las elecciones, sobre los impuestos, o tópicos candentes, en fin, siempre estamos escuchando por aquí y por allá comentarios de Martha, porque su sensibilidad, su inteligencia, pero, sobre todo por su compromiso social le lleva a aportar opiniones lúcidas.
En una palabra, es una mujer que está ahí en el justo lugar, en el momento que debe de encontrarse, y eso en verdad es de admirarse mucho. Y por todo, insisto que es un ejemplo para muchas mujeres de nuestro tiempo.
Acerca de su trayectoria en la plástica, vemos cómo desde hace mucho tiempo luce su trabajo, ya sea en exposiciones en México o viajando por el mundo y mostrando su obra en cuantos espacios le es posible. En todo caso, vemos cómo Martha Chapa, no se duerme en sus laureles y por esa razón es que ha tenido tanto éxito. Siempre buscando otros terrenos en donde pueda expresarse y entregar lo mejor de sí misma. En especial me gusta su aspecto humano, esa búsqueda constante en lo que se refiere a ideas y acciones, por decir su interés creciente hacia el budismo, inquietud que la llevó al Tibet. Me ha contado que pertenece a un grupo que estudia esta filosofía milenaria que la convoca a meditar y a estudiar intensamente, cree lo que cree, lo cual es fundamental y trascendente. Y bueno, cierto que es la única oportunidad de evolucionar, crecer, compartir.
Naturalmente Martha Chapa se preocupa por sus hijas, pues se trata de una mujer que tiene, no una, sino muchas antenas, una medusa; absolutamente todo le interesa, todo le importa, y le apasiona lo que lleva a cabo y eso es lo que hoy por hoy es admirable porque vivimos tiempos en que la gente no se compromete. Existe tanta mediocridad porque muchos quieren que se resuelvan los problemas sin participar o se empantanan en el individualismo de manera que siempre están aislados y quejándose.
Martha Chapa, además, es una ciudadana que cree en los cambios y quiere que en este país se haga justicia y se consolide la democracia. Razones por las que creo en su autenticidad. Así, debo decir que tengo muchas cosas en común con ella, en la noción de que eso corresponde a la mujer moderna: consciente de su tiempo y evolución en los últimos años. A la mujer mexicana, que ya se le da “permiso de ser feliz” pues disfruta de la comida, de la pintura, de la vida.
Su cocina tiene un significado especial, pues atiende la mesa y la sobremesa con talento. Y como artista que es, a veces no la tiene tan fácil, pues estoy segura que ella se ha de pasar frente al lienzo en blanco muchas horas, lo mismo que a mí me sucede cuando estoy en la computadora para empezar un texto, un reto constante.
Por eso, debemos estar luche y luche, y ser consecuentes de nuestras complejas tareas.
Vamos a tener Martha Chapa para muchos años, porque tengo entendido que sus huesos están en muy buen estado y que bueno porque este país requiere de la visión de este tipo de mujeres. Nosotros somos la mayoría, representamos casi el 51 por ciento de los votantes, y Martha va a estar ahí, como testigo de los cambios y no me sorprendería que le fueran a ofrecer una diputación, aunque según tengo noticias ya se la han ofrecido y la ha rechazado, dadas sus virtudes como ciudadana, de mujer comprometida, con el arte, su familia y su vida misma.
La he escuchado en mesas redondas, he leído lo que ha escrito, la he escuchado cómo trata a la gente. Bueno qué les puedo decir del gran oaxaqueño que la respetaba tanto igualmente como artista que como promotora de cultura. Me refiero al maestro Rufino Tamayo y su propia esposa Olga, quienes la apreciaban y reconocían su obra también, su talento y superación.
Respecto a su pintura, me temo que estoy en terrenos desconocidos, de hecho porque siempre prefiero hablar del alma de los personajes, pues eso es lo que me gusta, me encanta estar ahí, haber leído algunos textos que se refieren a ellas y de ahí mis diversas biografías. A veces hablo de Miroslava, de Rita Macedo o de Greta Garbo, me gusta sumergirme en sus entrañas, para tratar de entender por qué son así estas mujeres, a las que admiro.
No olvidaré una pintura de Martha Chapa muy bonita que hizo de una manzana en medio de muchos nopales. Creo que era una obra que la realizó, muchos años atrás. Créanme que cuando uno se convierte en amiga de Martha Chapa, es de las amigas que uno puede hablar a las tres de la mañana y decirle, sabes que estoy aquí en el segundo piso del periférico, ¿me vienes a echar la mano? y tengo por seguro que sí llega. Se aprecia su manera de ser, su sabiduría como ser humano y su sencillez. Eso es raro, difícil de encontrar en la gente que conserve tal calidez, generosidad y sobre todo esa solidaridad. Y más extraño aún, contar con todas estas cualidades juntas.
Ya para despedirme les invito a conocer de cerca a esta señora, a este admirable personaje, saber mirar su obra, sus trabajos, a partir del conocimiento, de su alma, de su atractiva personalidad. Y si no les hablé de sus defectos es porque no los conozco, que tendría como cualquier ser humano, pero como amiga, me ha demostrado sus aspectos positivos; tal vez sólo uno, si a eso se le puede calificar de defecto, es un tanto seductora, basta con que sonría y nos dirija su mirada aterciopelada, para convencernos con frecuencia de lo que ella piensa y cree. Pero aparte de eso, puras cualidades, pura generosidad y por eso estoy muy contenta de hablar y ser amiga de Martha Chapa.

DE LOS MOTIVOS DE MARTHA
ALEJANDRO ORDORICA

Bien puedo afirmar que la pintura llama a Martha y Martha llama a la pintura, desde la niñez.
Y asimismo, como creo en las apariciones desde que leí a Rulfo, pienso que a su vez ella ha tenido las suyas, siendo apenas una niña. Primero, de seguro cruzó por ahí la griega Atenea, Diosa de las Artes, que por si algo faltara tenía a la lechuza como su animal sagrado, esa misma que revolotea a través de los lienzos de Martha. Y luego, siempre seguida por Minerva, la émula romana.
Pero por igual, hay deidades mexicanas que Martha descubre, ya cumplidos los siete años, cuando conoce, justo en la memorable Alameda de su Monterrey, a quien se convertiría en su primera maestra de dibujo: la legendaria María O´Higgins.
En casa, recibiría también el vaho mágico de la creación, vía la tía Cuquita, como le nombra cariñosamente a la hermana de su padre, que por cierto se dedicó a pintar, no sin antes rebelarse con valentía en un mundo de hombres.
¿Porqué mencionar de entrada estos pasajes? Por la sencilla razón de que quienes nos convocaron a su homenaje de hoy, sugirieron que aludiera en lo personal al tema de los motivos de Martha en la creación, y que sólo a partir de estos episodios puedo empezar a explicármelo a mí mismo.
Martha estaba entonces, desde los primeros años de su vida, rodeada por el bendito influjo de esos colores cuyos grandes, profundos y hermosos ojos capturaron, y eran ya anticipo de que percibía al mundo que le rodeaba, de una manera muy diferente a los niños y niñas con los que convivía en la escuela o en el hogar.
Traía consigo sí, los genes misteriosos del talento que permiten por excepción transformar el entorno y ser generadores de arte y belleza, con el agregado indispensable de la disciplina y el trabajo.
Prueba contundente de su notoria inclinación hacia la pintura, no desprovista de humor involuntario, ocurre cuando a Doña Estela, su mamá, se le requiere en la escuela para reportarle que la niña Martha, si bien atendía a la clase simultáneamente se la pasaba haciendo dibujitos, eso sí muy bellos.
Y de ahí, hasta nuestros días, es lo que hace y ejerce aunque con el paso del tiempo fertilizaría y maduraría esa creatividad incontenible, especialmente en diferentes etapas de su vida o en algunos momentos esenciales del desarrollo profesional, como cuando parte de la tierra natal para vivir en Nueva York, asomarse a universos diferentes y contactar otras culturas que la enriquecen y renuevan; o cuando decide inscribirse en La Esmeralda y cursar además clases privadas para perfeccionar sus técnicas, mediante la generosa y sabia intervención de ameritados maestros.
Pero vamos a más motivos y si me permiten la licencia, encuentro uno que fue decisivo y llegó a permear el subconsciente de Martha, al quedar grabada fraternalmente en su mente y su alma, esa fruta que su padre le obsequiaba y que le acompañará toda la vida hasta convertirse en su mejor amiga y aliada: la manzana.
Y aclaro, una simbología que si bien aparece y reaparece en su pintura, nunca es la misma: son manzanas distintas que toman su lugar en el lienzo o a veces constituyéndose por sí mismas en un paisaje: Doradas a momentos como en la leyenda griega, verdes en búsqueda de la esperanza, rojísimas entre los andamios de la pasión o tan azules que sólo pueden posar en el bodegón del surrealismo, junto a otras de abstracta vestimenta… Y de distinto ánimo también, según se atraviese en el pincel de Martha, la alegría, la nostalgia, el amor o la proclama subersiva.
Y me aventuro a otro más de sus motivos, que intuyo parte de esas lecturas Bíblicas, que la sitúan frente a un ancestral paraíso que ella interpreta y recrea, apoderándose de la flora y la fauna que por ahí merodea, y culminar en paraísos propios, tan felizmente etéreos y gloriosamente terrenales, que los hemos podido palpar a lo largo de sus 50 años como artista plástica. Flora y fauna, que en esa sagrada dimensión, se confabulan para traer una y otra vez hacia nosotros la belleza misma. Una lechuza que simula la risa discreta de la luna o arriba, águilas que reaparecen y traspasan nubes para delinear los mapas del día, picoteando orografías. Aves tan inasibles, que sólo gracias a la alquimia de Martha, quedan detenidas en lienzos o viejas y oxidadas láminas.
Otro de sus motivos, pienso que es el propio desierto de su tierra, donde imbuida en esa cultura cromática, ella nace, crece y crea. Y cuando se anuncia entonces, la magia del ocre, el zafiro irradiante o el terciopelo de los violáceos. Tierras inhóspitas donde no asoman los humanos ni sus herramientas para arar la tierra o construir, si acaso la manzana encaramada en un cactus o encajada en la penca de un nopal, que se niegan a morir. Nada, nadie, altera el entorno natural y conforma un halo que ostenta inmunidad ante cualquier deterioro ecológico. Digamos, que una hermosa utopía que se rebela contra la fealdad y la locura de los tiempos actuales, tan cagados de violencia.
Pero Marta, rebelde y subversiva, como suele ser, entra y sale del portón paradisíaco conforme le viene en gana, para trazar otro plan de vuelo y elevarse a grandes alturas hasta atraer entre sus manos y su pincel, soles y nubes, o internarse en un bosque y aletear entre árboles y arbustos a la velocidad del colibrí o con la serenidad del búho, para sentirlos y plasmarlos al óleo.
Qué decir cuando toma distancia y traza paisajes, que pueden indistintamente contener una abrumadora nostalgia o una salvadora luminosidad. Y en todo caso, atestiguar la omnipresencia de ese primer fruto de la humanidad, la manzana, siempre de jugosa historia, que igual se hace acompañar por el himno madrugador del gallo que de la inquietud felina de un gato que tras la ventana intuye aventuras irrenunciables; o versátil, transfigurada ya en una montaña elevada de cielos sucesivos o volcanes prontos a la erupción, que emergen de su ardiente y fluida creatividad como lava indetenible.
Y tan nuestra es Martha, de aquí de la tierra mexicana, que renace en un maguey puntiagudo que la atrapa o cuando bien resucita bajo la gracia y milagrería guadalupanas, que nada saben de limbos ni de indulgencias truculentas. Y agregar, de paso, que la virgen morena es igualmente uno de sus motivos estéticos, como también el concepto de la luz que se desprende de sus creencias budistas.
De igual forma, nos confiesa en el autorretrato su tendencia y capacidad de metamorfosis al transfigurarse en chamán, y armar además, todo un catálogo de zoolatrías. Animalia, flora, y frutalidad, que al ser tocadas por la magia de la artista, se detienen y adoptan la corporalidad de la escultura en hierro e hipnotizan a quien las mira: Una paloma por acá, un ente sirenaico por allá o aquella manzana que frente a nosotros reta la gravedad y nos enseña sus raíces con vocación de celaje.
Una mujer, que extiende sus motivos de creación a la gastronomía, el periodismo cultural, los libros o la televisión, que a las luchas en favor de las mujeres y los grupos vulnerables.
Y perdón, ya para finalizar, que entre motivo y motivo, me resulte imposible dejar a un lado el poema de “Los Motivos del Lobo”, que lo mismo transforman la fiereza del animal en mansedumbre gracias a la bendita presencia de Francisco de Asís, o en contrapartida, si lo remiten a su condición natural con el toque divino de Rubén Darío, en esos inolvidables versos, a imagen y semejanza como Martha domestica bellamente a la fauna salvaje o bien potencia con hermosura su feral origen.
Motivos entonces, los de Martha Chapa, que emanan desde su niñez, del desierto, del fruto edénico, del paraíso perdido o del budismo, entre otros.
Martha Chapa pinta, sí, porque puede, sabe, quiere y disfruta, cada una de sus pinceladas, ésas que parten del notorio talento anidado amorosamente en su ser, y que despunta con el tiempo para convertirse en uno de los grandes valores de la plástica contemporánea de México.
Martha, enhorabuena por ti, por nosotros, por el arte, por nuestra cultura y porque nunca salgamos de tus paraísos infinitos.

PALABRAS DE MARTHA CHAPA

17 de Julio 2017
Buenas noches, para todas y todos ustedes, gracias por estar conmigo esta noche.
Cada vez que he visitado este hermoso Palacio de Bellas Artes, lo mismo para presenciar una atractiva exposición, que escuchar un gran concierto, o bien interesantes presentaciones de libros, me he sentido envuelta por un gozo diferente, cierta de que tan hermoso y emblemático recinto, siempre agrega y enaltece lo que ocurre en su interior.
Ahora, ese sentimiento se engrandece y me ha cimbrado como nunca, pues considero casi increíble estar aquí festejando con ustedes, medio siglo ya como artista plástica.
Quizá nunca, como ahora, miré hacia dentro y reconocí tanta belleza, en especial sus murales y esculturas, y de paso hasta elevé una plegaria a las diosas y musas del arte.
Arte que está presente en cada instante de mi vida, y que en lo personal intento encauzarlo hacia mi obra, mediante formas, texturas y colores, que quedarán luego plasmados en creaciones que conllevan siempre mis manzanas. Al igual, que entregar todo lo que he podido a mi México y su excepcional cultura.
Estar aquí y ahora, significa un cúmulo de experiencias y emociones que sólo puedo resumir en unas cuantas palabras que brotan desde muy adentro de mi alma: ¡Muchas Gracias y van mis bendiciones para todos y todas!
Estoy consciente de esa enorme responsabilidad, y por ello desde hace más de cinco décadas, he recorrido el mundo en una travesía fascinante, difícil a veces, pero en todo caso comprometida plenamente con mi vocación.
Celebro esta fecha en paz, satisfecha, con sus alegrías y complicaciones, y bendigo la herencia norteña que me transmitió un fuerte temperamento y una reciedumbre que me han impedido claudicar, por lo que pienso que éste es el mejor momento para rendir homenaje a mis ancestros.
Los primeros recuerdos me llevan a mis maravillosos padres, Napoleón y Esthela, que tanto me forjaron; a mis tías, Cuquita, Chanita y Chela, guías de mis quehaceres; a mis hijas e hijo, Martha, Laura y Federico, de quienes me siento orgullosa; a mis solidarios hermanos, de sangre y luchas, Napoleón, Gerardo y Lourdes; a mi familia toda; y a Alejandro, mi brillante y gran compañero y a Rosalía, Lissette y Andrés, sus destacados hijos.
Gratitud que apunta por igual a quienes me formaron en las artes plásticas, con una mención especial a mi inigualable María O´Higgins.
Y así también, gracias a tantas y entrañables amigas y amigos, que han creído en mí, dándole sentido a mi trabajo creativo, y aliento para seguir comprometida sin pausa, en busca de mi destino humano, artístico y social.
Me complace a la vez, la compañía de servidores públicos y asimismo el espíritu de tantos seres que ya no están y que he querido, así como a mi eficaz equipo de trabajo, que sería imposible mencionarles ahora por sus nombres.
Y gracias si, a la Secretaría de Cultura y al Instituto Nacional de Bellas Artes, Reconozco la distinguida presencia de Lidia Camacho y su talentosa directora, a la Coordinadora Nacional de Artes Visuales, Magdalena Zavala, tan capaz y profesional, además de promover la reflexión en torno al papel del artista en la sociedad. A través de estas sentidas líneas dejo testimonio igualmente del decidido apoyo que me han brindado, junto a sus tan eficaces colaboradoras. Gracias, por tenerme presente, valorar mi obra y ofrecerme un reconocimiento que tanto anhelé y que hoy se inscribe venturosamente en mi historia personal, como un hecho sin precedente.
De igual forma, doy las gracias a los medios de comunicación, que tanto me han respaldado en la difusión de mi obra, pues un artista y sus creaciones no nacen del todo si no son conocidas por el público.
Por supuesto, mi total agradecimiento y admiración a quienes participaron hoy con tan magníficas intervenciones, que en verdad me abruman y rebasan por sus tan lúcidos y generosos conceptos hacia mi persona y mi trabajo: Guadalupe Loaeza, Hernán Lara Zavala y Alejandro Ordorica Saavedra.
Y gracias, muchas gracias, especialmente a quienes están aquí presentes.
Para mí, se trata en efecto de una fecha única y excepcional, a tal grado que no sólo será imborrable, sino que más allá de lo que celebramos en estos momentos, siendo ya de noche, se traducirá en luz que siempre me iluminará.
Les confieso que me aturde la dicha, me conmueve la añoranza y mientras tenga alientos, por todos los medios —posibles e imposibles—, he de seguir creativa e intensa para cumplir con la meta trazada a la vez que asumir los retos del destino.
Estoy tan feliz, que igual siento que empiezo a volar en uno de esos portentosos pegasos que resguardan la entrada del tan icónico y deslumbrante Palacio de Bellas Artes.
Y si así fuera, les invito fraternalmente a que volemos juntos toda, toda una eternidad, si bien antes va para ustedes mi corazón, en forma de manzana.
Gracias, siempre gracias.