REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
19 | 10 | 2017
   

De nuestra portada

Homenaje a Juan Rulfo Recopilaci贸n y arreglos


Carlos Bracho

Viaje significa recorrido o jornada de cierta duraci贸n que se hace de una parte a otra.
Viaje, pues, es la acci贸n y efecto de viajar. Y el viajero es la persona que hace el viaje.
Esto quiere decir que si bien podemos viajar hacia un lugar determinado, en un tiempo determinado, por barco, por tren, avi贸n, autom贸vil, etc., tambi茅n es cierto que se puede viajar, por ejemplo, al interior del alma, podemos ir al centro del coraz贸n mismo, para que, al estar all铆, al llegar en ese viaje interno y fant谩stico, poder 鈥渧er鈥 qu茅 gozos, qu茅 aventuras y qu茅 existe en estos lugares tan 铆ntimos.
Si 鈥渧iajamos鈥 al interior de nuestro cerebro, yo creo que podemos analizar lo que 茅ste tiene en proceso, y ver as铆 en nuestra mente sus gozos, sus ansiedades, sus preocupaciones.
Si viajamos para 鈥渧er鈥 nuestros 鈥減ensamientos鈥 quiz谩, con ese proceso, descubramos sus andanzas, sus motivos, sus planes, sus propuestas, sus inquietudes, etc.
Y ya entrados en esta mera especulaci贸n, tambi茅n podr铆amos ir directo a nuestra psique, o a la psique de alguna otra persona a trav茅s de un an谩lisis profundo que hagamos de alguna obra art铆stica en donde est茅 viviendo este personaje.
Ya Freud nos dio las bases cient铆ficas para hacerlo.
As铆 que uno puede viajar por tierra, por aire, por mar.
Y, como lo hemos supuesto aqu铆 brevemente, se puede 鈥渧iajar鈥 al interior del alma, al pensamiento puro y al coraz贸n latente. Ya anotamos los medios posibles para hacer los viajes en la Tierra: a茅reo, terrestre, mar铆timo.
Y 驴qu茅 medios tenemos para 鈥渧iajar鈥 por y con el pensamiento? Vamos a aventurar algunas respuestas:
-Con la m煤sica se puede viajar a muchas partes maravillosas. Con el maestro Ponce las estrellitas se presentan n铆tidas y fulgurantes. 驴S铆 recuerdan ustedes su canci贸n 鈥淓strellita鈥?
Con Bach repasamos con calma mel贸dica los procesos de la vida.
Bach nos hace ser m谩s grandes de lo que somos.
Su m煤sica penetra por nuestros o铆dos y ese fen贸meno ac煤stico nos lleva a las bellas regiones del sue帽o.
Con Beethoven vibra el cuerpo, sufre y llora y canta el esp铆ritu. Toda su m煤sica, que se escucha todos los d铆as y es tocada en todo el mundo, nos invita a ser mejores de lo que ya somos. O sea que viajamos con los sonidos de su m煤sica a lugares insospechados. Viajamos y so帽amos con ella y por ella.
-Con la pintura, 鈥渧iajamos鈥 por el mundo de formas y colores que los creadores nos presentan en sus cuadros. Con los paisajes de Velasco, al estar frente a una de sus obras, 鈥渃aminamos鈥 por las veredas que nos ha pintado. Y sentimos el viento que mueve los 谩rboles. Y el lejano azul de las monta帽as nos provoca un af谩n aventurero.
Con el Dr. Atl, 鈥渧iajamos鈥 sin reparos por los volcanes que lanzan al aire su fuego y sus lavas y sus cenizas, sus colores obran en nosotros de una manera determinante. S铆, viajamos y so帽amos cosas con las obras pict贸ricas.
-Con la literatura hacemos los viajes m谩s completos del universo, viajamos a todos los lugares que el poeta, o el dramaturgo o la escritora nos conduce con sus escritos. Viajamos y so帽amos y vemos y descubrimos mundos distintos con las obras literarias.
Y a prop贸sito, Freud dice que 鈥淟os sue帽os son modelos de las formaciones del inconsciente, y los sue帽os son la mejor v铆a de acceso al inconsciente鈥. Llave m谩gica la que nos ofrece Freud.
Recapitulando podemos decir que:
鈥淰iajamos dentro de nosotros mismos鈥.
鈥淪e viaja al pasado鈥.
鈥淪e viaja al porvenir鈥.
鈥淪e viaja por el universo鈥.
鈥淪e viaja por el presente鈥.
S铆, se viaja y se sue帽a mediante las creaciones de hombres y mujeres artistas. En las obras literarias, de cualquier g茅nero, comedia, drama, tragedia, poes铆a, novela, cuento, al leerlas, al entrar en ellas, descubrimos, al penetrar en su contenido, que sus acciones nos pueden llevan por mundos so帽ados, o sea que 鈥渧iajamos鈥 con esas propuestas.
Nuestra imaginaci贸n 鈥渧uela鈥 con esas ideas expuestas por los autores y sus temas van despertando en uno variadas sensaciones, y adem谩s, como hemos dicho arriba, de regalo, nos llevan de 鈥渧iaje鈥 a regiones insospechadas, o a lugares que s贸lo en nuestros sue帽os hemos visto.
Se帽alo aqu铆, que por ejemplo, un individuo X puede reaccionar, puede 鈥渧iajar鈥 o so帽ar de distinta manera de c贸mo lo har铆a otra persona, aunque ambas reciban el mismo est铆mulo, en un mismo sitio, a la misma hora. Yo puedo estar en una exposici贸n fotogr谩fica y el paisaje 鈥搗isto tambi茅n por otro espectador- mostrado por el artista, a m铆 me lleva a recordar, dicho tambi茅n como ejemplo, la vista del balc贸n de una casa en la que viv铆 tiempo atr谩s, y el otro veedor pensar谩 que est谩 en el bosque de su tierra natal. Igual suceder铆a al estar escuchando un concierto de m煤sica.
Yo puedo 鈥揳l estar sonando el timbal- so帽ar o viajar a las costas de Francia, y el otro escucha, oyendo los mismos timbales pensar谩 que est谩 en una isla del Caribe.
Establecido lo anterior quiero que ustedes viajen conmigo, aunque la lectura de lo que sigue a ustedes los puede llevar el autor a sitios distintos o semejantes a los que yo voy viviendo.
Sigamos con el experimento 鈥揾e puesto solamente algunas partes importantes de Luvina- y qu茅 mejor manera de hacerlo que 鈥渧iajar鈥 con:

JUAN RULFO
(Sayula, Jal. 1918- CDMX 1986)
鈥淓s uno de las narradores mexicanos que con una gran intensidad han sabido referirse a la vida del campesino mexicano. En sus trabajos, en sus cuentos, se asoma el desolado drama que aqueja a los hombres del campo. Con sus narraciones Rulfo nos hace un retrato fiel pero alarmante de desesperaci贸n de ese gran segmento de la poblaci贸n del pa铆s.
鈥淓n Llano en llamas, por su verdad y originalidad, despert贸 desde su aparici贸n 鈥揺n 1953- un gran inter茅s que qued贸 confirmado definitivamente con la novela Pedro P谩ramo editada en 1954. Las reediciones, las traducciones a otras lenguas de estas obras del maestro jalisciense, as铆 como las cr铆ticas de profesionales nacionales y extranjeros, confirman que el hecho de que RULFO se haya inspirado en el medio rural mexicano no ha impedido que ese mundo, en mucha medida decadente y primitivo, destruido por conflictos internos 鈥揹e la Revoluci贸n del 10, a la lucha Cristera, de la 鈥渕odernizaci贸n鈥 del pa铆s mediante el TLC-, ese mundo, es pues, por todo ello, un terreno 谩spero, algunas veces est茅ril, resulta ser terreno que es abonado desde siempre por el odio y el rencor.
鈥淓stas circunstancias han hecho que en otros pa铆ses, el libro les recuerde tambi茅n sus luchas internas, quiz谩 similares a la realidad mexicana.
鈥淓l lirismo que traspasa sus narraciones, su fatalismo total, el ambiente de irrealidad que ha sido capaz de crear, no son sino la prueba fehaciente de que en estas obras maestras el autor JUAN RULFO, ha conseguido captar la esencia trascendente de experiencias dolorosamente revividas鈥. Mar铆a del Carmen Mill谩n (Teziutl谩n, Puebla. Diciembre de 1914. CDMX septiembre de 1982) UNAM. Escritora, catedr谩tica, investigadora y acad茅mica mexicana.

Vamos ahora a leer unas partes de LUVINA:
鈥淒e los cerros altos del sur, el de Luvina es el m谩s alto y el m谩s pedregoso. Est谩 plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ning煤n provecho鈥 El aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por all铆 es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el roc铆o del amanecer鈥 Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sue帽os, pero yo lo 煤nico que vi subir fue el viento en tremolina, como si all谩 abajo lo tuvieran enca帽onando en tubos de carrizo鈥 Y mirar谩 usted ese viento que sopla sobre Luvina鈥 Ya lo ver谩 usted鈥
Y sobran d铆as en que se lleva el techo de las casas como si se llevara un sombrero de petate鈥 Ya lo ver谩 usted.
El hombre aqu茅l que hablaba se qued贸 callado un rato, mirando hacia fuera鈥 Y los ni帽os jugando en el peque帽o espacio iluminado por la luz que sal铆a de la tienda鈥
-隆Oye, Camilo, m谩ndanos otras dos cervezas m谩s!
-Volvi贸 a decir el hombre鈥
-Otra cosa, se帽or. Nunca ver谩 usted un cielo azul en Luvina. All铆 todo el horizonte est谩 deste帽ido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra nunca. Todo el lomer铆o pel贸n鈥
-鈥溾 S铆, llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra, adem谩s de estar reseca y achicada como cuero viejo, se ha llenado de rajaduras鈥-
Bebi贸 la cerveza hasta dejar s贸lo burbujas de espuma en la botella y sigui贸 diciendo:
-Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para all谩 se dar谩 cuenta鈥 Yo dir铆a que es el lugar donde anida la tristeza.
-Pero t贸mese su cerveza. Veo que no le ha dado ni siquiera una probadita. T贸mesela. O tal vez no le guste as铆 tibia como est谩鈥 Yo s茅 que as铆 sabe mal; que agarra un sabor como a meados de burro.
Aqu铆 uno se acostumbra鈥 All谩 viv铆. All谩 dej茅 la vida鈥 Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volv铆 viejo y acabado. Y ahora usted va para all谩鈥 驴Pero me permite antes que me tome su cerveza? Veo que usted no le hace caso鈥
-Bueno, le contaba que cuando llegu茅 por primera vez a Luvina鈥 Nosotros, mi mujer y mis tres hijos, nos quedamos all铆, parados en mitad de la plaza鈥
-鈥淓ntonces yo le pregunt茅 a mi mujer:
-鈥 驴 En qu茅 pa铆s estamos, Agripina?
-鈥 Y ella se alz贸 de hombros鈥
-鈥淏ueno, si no te importa, ve a buscar d贸nde comer y d贸nde pasar la noche. Aqu铆 te aguardamos. Le dije.
Ella agarr贸 al m谩s peque帽o de sus hijos y se fue.
Pero no regres贸.
Anduvimos por los callejones de Luvina, hasta que la encontramos metida en la iglesia:
-鈥溌緿贸nde est谩 la fonda?
-鈥淣o hay ninguna fonda.
-鈥溌縔 el mes贸n?
-鈥淣o hay ning煤n mes贸n鈥
Aquella noche nos acomodamos para dormir en un rinc贸n de la iglesia detr谩s del altar desmantelado鈥 hasta all铆 llegaba el viento鈥 golpeando鈥 las cruces del v铆a crucis: unas cruces grandes y duras hechas con palo de mezquite que colgaban de las paredes a todo lo largo de la iglesia, amarradas con alambres que rechinaban a cada sacudida del viento como si fuera un rechinar de dientes鈥 Se o铆a la respiraci贸n de los ni帽os ya descansada鈥
-鈥溌縌u茅 es? 鈥搈e dijo.
-鈥淨u茅 es qu茅 鈥搇e pregunt茅.
-鈥淓so, el ruido 茅se.
-鈥淓s el silencio. Du茅rmete鈥
Pero al rato o铆 yo tambi茅n鈥
Me levant茅 y se oy贸 el aletear m谩s fuerte, como si la parvada de murci茅lagos se hubiera espantado y volara hacia los agujeros de la puertas鈥
No, no se me olvidar谩 jam谩s esa primera noche que pas茅 en Luvina鈥
鈥β縉o cree usted que esto se merece otro trago?
Aunque sea nom谩s para que se me quite el mal sabor del recuerdo.
鈥 Porque en Luvina s贸lo viven los puros viejos鈥 y mujeres sin fuerzas, casi trabadas de tan flacas.
Los ni帽os que han nacido all铆 se han ido鈥 Como quien dice, pegan el brinco del pecho de la madre al azad贸n y desaparecen de Luvina鈥 Vienen de vez en cuando como las tormentas鈥 Mientras tanto los viejos aguardan por ellos y por el d铆a de la muerte鈥 Un d铆a trat茅 de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. -隆V谩monos de aqu铆! 鈥搇es dije-. No faltar谩 modo de acomodarnos en alguna parte.
El Gobierno nos ayudar谩.
-驴Dices que el Gobierno nos ayudar谩, profesor?
驴T煤 conoces al Gobierno?
-鈥淟es dije que s铆.
-鈥淭ambi茅n nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del Gobierno. 鈥撯淵o les dije que era la Patria. Ellos movieron la cabeza diciendo que no. Y se rieron. Fue la 煤nica vez que he visto re铆r a la gente de Luvina. Pelaron los dientes molenques y me dijeron que no, que el Gobierno no ten铆a madre.
--鈥淵 tienen raz贸n, 驴sabe usted? El se帽or ese s贸lo se acuerda de ellos cuando alguno de sus muchachos ha hecho alguna fechor铆a ac谩 abajo. Entonces manda por 茅l hasta Luvina y se lo matan.
-鈥淭煤 nos quieres decir que dejemos Luvina porque, seg煤n t煤, ya est谩 bueno de aguantar hambres sin necesidad 鈥搈e dijeron-. Pero si nosotros nos vamos, 驴qui茅n se llevar谩 a nuestros muertos? Ellos viven aqu铆 y no podemos dejarlos solos.
Y all谩 siguen. Usted los ver谩 ahora que vaya鈥
-鈥淵a no les volv铆 a decir nada. Me sal铆 de Luvina y no he vuelto ni pienso regresar.
-Pero mire las maromas que da el mundo.
Usted va para all谩 ahora, dentro de pocas horas.
Tal vez ya se cumplieron quince a帽os que me dijeron a m铆 lo mismo. 鈥淯sted va a ir a San Juan Luvina.
-鈥淓n esa 茅poca ten铆a yo mis fuerzas. Estaba cargado de ideas.
-鈥淪an Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo鈥 Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quien le ladre al silencio鈥 Y eso acaba con uno. M铆reme a m铆.
Conmigo acab贸. Usted que va a para all谩 comprender谩 lo que le digo.
-鈥溌縌u茅 opina usted si le pedimos a este se帽or que nos matice unos mezcalitos? Con la cerveza se levanta uno a cada rato y eso interrumpe la pl谩tica
-隆Oye, Camilo, m谩ndanos ahora unos mezcales!
Afuera segu铆a oy茅ndose c贸mo avanzaba la noche鈥
El griter铆o ya muy lejano de los ni帽os. Por el peque帽o cielo de la puerta se asomaban las estrellas.
El hombre que miraba a los comejenes se recost贸 sobre la mesa y se qued贸 dormido.
FIN DE LUVINA

Juan Rulfo
Sayula, Jalisco, 16 de mayo de 1917. Ciudad de M茅xico 7 de enero de 1986
El llano en llamas. 1953
Pedro P谩ramo. 1954
El Gallo de Oro. 1980
Rulfo expuso fotograf铆as suyas en 1949.
Aire de las colinas. Cartas a Clara. 2000.

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