REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 06 | 2017
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

José Gorostiza
El vaso de agua y no “con agua”

Uno de los grandes poemas de la literatura nacional, Muerte sin fin, del tabasqueño José Gorostiza, no sólo es valioso por sus valores intrínsecos, por sus intrincadas metáforas que no acaban de descifrar los analistas, por el fondo místico que entraña y que lo vincula con el Dante de La Divina Comedia, sino por la lección filológica que les da a quienes al descubrir que “los vasos no son de agua”, han trastocado el idioma, al proponer el disparate tan repetido de “el vaso con agua”, pues no entienden la metonimia del continente por el contenido.
El agua, punto de partida del poema de Gorostiza, no es tan sólo el “líquido elemento” rebautizada por los aficionados al lugar común, sino la propia naturaleza humana, que sólo va a tomar forma en el vaso, divinizado por el poeta: "No obstante –oh paradoja–/ constreñida por el rigor del vaso que la aclara,/ el agua toma forma".
Por eso el vaso “la red de cristal”, es algo más que vaso, es providente, es la misma Providencia. Ya aclarado que el agua –la Humanidad caótica– adquiere forma, transparencia, sentido, claridad, gracias al vaso, el poeta se desplaza en el sentido figurado, en la metáfora divina: "Tal vez esta oquedad que nos estrecha/ en islas de monólogos sin eco,/ aunque se llama Dios,/ no sea sino un vaso/ que nos amolda el alma perdediza..."
El poeta, que sí conoce las palabras, que domina el lenguaje, dedica buena parte de su enigmático poema a ponderar el vaso de agua y jamás incurre en el dislate hoy tan difundido del “vaso con agua”. ¡Ojalá lo entendieran los legos, ultracorrectores!

La memoria, mecanismo de aprendizaje del niño
Quienes han satanizado la memoria en el proclamado Nuevo Modelo Educativo, que ni es nuevo, ni modelo, ni educativo, aunque se ostenten como expertos educadores, pedagogos, con títulos y créditos académicos que pavonean, parecen no tomar en cuenta que es el primer instrumento que de manera espontánea, natural, utilizan los niños en su aprendizaje, en su asunción del conocimiento, de su identidad.
¿O por qué creen los anónimos y anodinos maquiladores del modelito, que el niño quiere que le volvamos a contar el cuento que el día anterior y el preanterior y el anteanterior y la semana pasada, se le contó? Porque lo impactó, emocionó y dio expresión al miedo que sentía, al afecto que no encontraba cómo manifestar o a la solución que le atormentaba: perderse, extraviarse, perder de vista a sus padres y conocidos y que gracias a Hansel y Gretel halló que con piedritas podría dejar el rastro que ayude a sus padres a recuperarlo.
La repetición activa su memoria y gracias a que vuelve a escuchar, recuerda la experiencia gratificante o salvadora.
Los niños quieren los mismos cuentos y aspiran a los juegos ya sabidos. No les resulta repelente la memorización que tiene sentido para ellos, ya que es la llave que descubrieron en su aprendizaje sentimental o social. Memorizarán las respuestas a sus inquietudes y rechazarán las que responden a las necesidades de sus padres o de sus maestros, de quienes esperaría fueran tan creativos como ellos.
Claro que no quieren repetir planas y planas de la moralina: "Debo respetar a mis mayores", sobre todo si se percatan de que los mayores no los respetan a ellos. O bien: "La tercera Ley de Newton establece que a toda acción corresponde una reacción". ¿No es mejor demostrárselo al niño, que obligarlo a aprenderse el tal principio?

La parodia: otro real elemento educativo
Tampoco se ocupan los muy doctos educadores de otro divertido método que los niños practican, aun a espaldas de sus maestros o sus padres: la parodia.
Cuando los niños no entienden o no saben el significado de una palabra, la sustituyen por otra, pero conservan la métrica, la rima, la melodía, la melopea.
Teresa Durán, en su esclarecedor libro, Leer antes de leer, menciona el caso de una niña que alteró el Padre nuestro, pues en su mente no cabía la idea de la tentación, de la famosa línea "No nos dejes caer en tentación" y la cambió por "No nos dejes caer en la estación", perfectamente comprensible para ella, aunque absurda y hasta surrealista.
En el caso particular de Por Supuesto, sus hijas oían de pequeñas las canciones revolucionarias de Carlos Puebla, pero también acomodaron a su comprensión los versos de: "A parir madres latinas,/ a parir más guerrilleros./ Ellos sembrarán jardines/ donde había basureros".
Y con su parodia se adelantaron a la modalidad que el ruso Igor Chercovsky impondría en la segunda mitad del siglo pasado, con los partos en agua:
"A parir madre en la tina,/ a parir más guerrilleros..."
El mismo Por Supuesto, que de niño fue atosigado con los boleros de Agustín Lara, como no entendía lo que El Flaco de oro escribió: "Como dos puñales/ de hoja damasquina...", se inventó otra construcción, igualmente incomprensible: "Como dos puñales/ de hojada masquina..."
Pero así son los niños de creativos e imaginativos, facultades que el Nuevo modelo educativo, del Pentavocálico Nuño y secuaces, ni exploran ni mencionan siquiera como una posibilidad del aprendizaje.

Los poetas profetas
No en vano en el pasado llamaron vates, vaticinadores, adivinadores del futuro, a los poetas, pues aunque muchos de ellos no se lo propusieran, resultaban anticipatorias sus frases, metáforas o situaciones inventadas.
Un buen ejemplo lo proporciona el poema que construyó Hugo Gutiérrez Vega en 1965, “Habla el déspota”, porque si bien es cierto que a lo largo de la Historia han abundado los tiranos, éste que describe nos inclina a pensar que bien pudiera ser el retrato hablado de quien ahora ocupa la Casa Blanca, la otra, la de Estados Unidos, aunque las expresiones pudieran recordar a gobernantes nacionales y de otras latitudes.
“Habla el déspota”
He cumplido todas las leyes;
he gobernado siguiendo las reglas de la política
que no siempre coinciden con los dictados de la moral;
hice justicia con mano firme y, a veces, practiqué la benevolencia.
Mis súbditos no me amaban pero entendían la razón de mis acciones.
Mi vida fue lujosa, porque así tenía que ser
‒el lujo es una razón de estado‒, procuré, en mis ratos de ocio,
acercarme a la poesía, a la cerámica y a la música profana;
fui estricto, aunque poco convencido, en el cumplimiento
de las obligaciones religiosas ‒esta es otra razón de estado‒…
Estoy seguro de que nadie me recordará
y esto significa que fui un Déspota eficiente,
un político que cubrió su trecho de viaje
y entregó la estafeta en buenas condiciones.
No tuve tiempo de ser feliz.

Y aunque a Umberto Eco no se le ubica entre los poetas, por no escribir sus obras de creación en líneas cortas (versos), ni menos aún sus ensayos, no por ello se le puede descartar como profeta, pues en 1995 nos previno contra el monstruo que se estaba incubando en Estados Unidos, al postular en la Columbia University, en su conferencia “El fascismo eterno”, las características del verdadero "peligro para la Humanidad", Donald Trump.


Al precisar que hay varias categorías del fascismo, a diferencia del nazismo que es uno solo, señaló las características que definen a lo que llamó el Fascismo eterno o Ur-Fascismo.
La primera es el culto a la tradición; la segunda, consecuencia de la primera, es el rechazo del modernismo, a partir del irracionalismo; la tercera se concatena con el irracionalismo al rendir culto a la acción por la acción, sin reflexión alguna que se vuelve sospechosa; consecuentemente, la cuarta característica es el rechazo al pensamiento crítico, por lo que si para los científicos el desacuerdo implica el avance del conocimiento, para el Ur-Fascismo el desacuerdo es traición.
Si las primeras cuatro características prefiguran a Trump, las demás trazan el retrato hablado del fascista que despacha en la Casa Blanca, por haber dado a la mitad de la población estadunidense elementos de identificación con la parte más innoble del ser humano; la quinta, miedo a la diferencia, por lo que no se acepta al intruso; la sexta, cobijo a la frustración de las clases medias que no han podido “triunfar” por culpa de los intrusos; la séptima, reconocimiento del más vulgar de todos los “valores”: haber nacido en el mismo país, por lo que se exalta la xenofobia: la octava, envidia por la riqueza de los demás y la fuerza de los otros, a lo que se debe aspirar; la novena, aceptación de que la vida es una guerra permanente y el pacifismo es una actitud equívoca, aunque si se triunfa sobre todos, se llega a una paz “no deseada”; la décima, desprecio por los débiles, ya que el Ur-Fascismo es fundamentalmente elitista; la décimo primera, hay que educar a todos para ser héroes, que deben rendir “un culto a la muerte”; la décimo segunda, la voluntad de poder la traslada el Ur-Fascismo al sexo, por lo que entraña el cultivo del machismo y el desdén a las mujeres; la décimo tercera, apelación al populismo cualitativo que se debe practicar por la vía del internet, en especial las redes sociales: twitter o facebook. (Trump tiene cerca de 30 millones de seguidores) y la décimo cuarta, uso de la neolengua, que en su novela 1984 anticipó George Orwell: las palabras no significan lo mismo para todos. Una forma de la neolengua es la que se utiliza en los reality shows, como el que protagonizó Donald Trump: Celebrity Apprentice (Famosos en aprendizaje), que luego condujo Arnold Schwarzenegger.
Y finalmente, en el reconocimiento de los verdaderos augures, llama la atención que el añorado José Emilio Pacheco haya esbozado en 1970, en su Antología del modernismo, publicado por la UNAM, que en breve tiempo se daría el culto a la Santa Muerte. No con esas palabras, desde luego, pero sí con otras reveladoras, sugerentes de que al lado del culto a la Virgen de Guadalupe habría otro de Nuestra Señora La Muerte.

Para burlar a la pudibunda FIFA
Con eso de que la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), anda queriendo educar a los malhablados aficionados al deporte de la patada, La Culta Polaca descubrió en beneficio de los incultos futboleros, una manera soterrada y amparada en la identidad nacional, de burlar a la pudibunda y muy lucradora organización, que no tolera la mexicana alegría de gritarle ¡Puto! al portero del equipo contrario al tricolor.
No está prohibida la expresión por otra pudibunda asociación de jueces, los de la Suprema Corte de Justicia, que a falta de otras urgencias justicieras, se aplicó a prohibir que se utilicen las vulgares expresiones de ¡Joto! y ¡Puñal!, para referirse a quienes tengan preferencia sexual distinta a la de los heterosexuales.
Sin embargo, la FIFA sí ha amenazado al negocio futbolero del estadio Azteca y otros recintos mexicanos más, si el público insiste en calificar de ¡Putos! a los porteros rivales.
Pero la Cultura y en especial la Filología vienen en auxilio de los apurados aficionados panboleros, pues conforme al culto académico y nahuatlaco ‒ya difunto, por desgracia‒ Carlos Montemayor, se les puede decir ¡Putazos!, sin que la FIFA pueda oponer resabios de buenas costumbres, ya que la palabra en singular es una abreviación de ¡Zapotazo!, con que se define la caída nada graciosa de una persona, ya sea por torpeza o por un descontón o empujón malvado de alguien que trata de despanzurrarla, como queda al caer la negra fruta llamada zapote en náhuatl.
Y como este giro de la palabra no tiene ni sombra de caracterización como descalificación sexual, sino burla burlando de una situación ridícula, no habrá riesgo de que la palabra se tome como expresión de homofobia (como han dado en llamar erróneamente a las burlas dirigidas a los homosexuales, pues homo proviene del griego homós: igual, semejante y fobia procede del griego phobós: miedo, terror y en consecuencia el neologismo implicaría: "miedo a lo semejante" y más bien entraña lo contrario).
A la burla, ni modo que se opongan los comercializadores del deporte, pues la buena o mala leche no está ‒todavía‒ prohibida en ningún estadio deportivo.