REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
28 | 04 | 2017
   

De nuestra portada

Sobre violencia y género


Hugo Enrique Sáez A.

Megaurbes y violencia in crescendo

En una historieta leída durante mi infancia se relataba la metamorfosis de un pacífico pato Donald en un flamígero demonio al volante de un automóvil. Y conste que no vivía en esta Ciudad de México que nos toca habitar, donde a diario circulan alrededor de cinco millones de vehículos. La referencia apunta a que la violencia se ha enseñoreado en las concentraciones urbanas de todo el mundo, a raíz de un deterioro generalizado de la educación emocional entre sus miembros. Así, resulta ofensivo para una sociedad que, a fin de evitar el acoso a las mujeres, a ciertas horas en el transporte público se separen los espacios donde ellas viajan de los correspondientes a los varones. Se refleja esta situación en algo que ya había advertido el filósofo Henry David Thoreau en la década de 1840: “Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad.”
Como reflejo de la preocupante situación de inseguridad reinante en seis de las capitales latinoamericanas, en marzo de 2017 se reunieron en Colombia representantes de las ciudades de Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México y Quito. Un asunto central de los acuerdos logrados fue crear una red de ciudades comprometidas con la igualdad de género en el transporte. Con ese propósito se aprobó la puesta en práctica de medidas que protejan a las mujeres del acoso sexual que padecen en los buses, los taxis, el metro.
De hecho, continúa in crescendo la magnitud y el número de la repudiable violencia ejercida en contra de las mujeres, que en el país y en el mundo se traduce en explotación, lesiones y crímenes horrendos. Asimismo, me repugna el grito homofóbico en los estadios que emplea la calificación de “puto” dirigida al portero visitante. Que yo sepa nunca fue sancionada una locutora de Televisa que a una muchacha le dijo en medio de la transmisión que caminaba como “india pata rajada”. Se asesina con impunidad a 43 estudiantes “por revoltosos”, condena esgrimida por algunos políticos sin autoridad moral alguna. En fin, hay violencia para repartir en cada uno de los sectores sociales, y eso redunda en una situación cada vez más caótica y confusa en todo el planeta, mientras que los poderosos, apoyados en sus fortunas económicas y control político, disfrutan de la atomización en el que se somete al pueblo raso con mayor facilidad.

La atomización de los grupos sociales fomenta la violencia horizontal

Por cierto, se han reconocido formalmente los derechos de la mujer, de los niños, de las minorías étnicas, de los inmigrantes, de las preferencias sexuales diversas, de los sometidos a acoso laboral, de quienes sufren bullying, de aquellos capturados por la trata de personas, entre otros sucesos de discriminación y criminalidad. Así, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México menciona alrededor de 30 tipos de discriminación. Un problema derivado de esta clasificación de los derechos es que a veces conduce a que los individuos se encierren en auténticas cápsulas separadas del resto de la sociedad y que la violencia simbólica (la ejercida con el lenguaje) se convierta en un eje central de discriminación, que con frecuencia determina agresiones horizontales entre agentes de la misma clase social: guerras de pobres contra pobres.
Por supuesto, las palabras que descalifican o denigran tienen el poder, en determinadas circunstancias, de traumatizar o lesionar con graves consecuencias la autoestima de una persona. Ahora bien, la expresión con términos “políticamente correctos” no sirve para remediar ese menoscabo si se rehúye el análisis del ambiente específico en que ocurren estos acontecimientos ni se profundiza en la personalidad de los actores. En sí misma esa práctica de reglamentar el léxico constituye una especie de corsé que disimula las agresiones y la humillación a personas, y su aplicación no resuelve el contenido discriminatorio de una cultura. El corrupto y abusivo presidente Fox solía dirigirse a “los chiquillos y chiquillas”, con la aparente intención de reconocer las diferencias de género. Por fin, la Real Academia Española ya determinó que resulta innecesaria la frase “todas y todos” para contribuir a la igualdad de género. En síntesis, en la época de la post-verdad el problema no radica sólo en identificar los símbolos utilizados para rebajar o insultar a los individuos sino en captar el escenario en que se desenvuelven y las consecuencias derivadas de una conducta perjudicial. De esta forma se puede identificar el grado de agresividad que contiene el discurso al pronunciar una frase hiriente y el daño causado en el otro.

Análisis del acoso femenino en las calles

Veamos un caso reciente. Desde un taxi el chofer le grita “¡Guapa!” a una joven peatona, que de inmediato reacciona por sentirse acosada ante la forma en que un desconocido se dirige a ella. Dice la ofendida que de inmediato respondió al mentado sujeto puntualizando que nadie le había pedido una opinión y que al hacerlo habría cometido una falta administrativa. La mujer, de nombre Tamara de Anda y periodista de El Universal, describe en su blog que empezó a darle coraje “porque estos cabrones casi siempre se salen con la suya”. El resto es bien conocido en las redes sociales: la muchacha procedió a detener una grúa de la Policía de Tránsito que pasaba por el lugar de los hechos y le pidió auxilio; juntos condujeron al taxista al Ministerio Público y éste terminó castigado con encierro en el Torito, donde remiten a choferes alcoholizados. Las opiniones se dividieron con respecto a este incidente: a favor y en contra de la acción emprendida por la mujer. ¿Existen recursos para combatir la violencia sin generar nuevas víctimas? Es obvio que el comportamiento liviano del taxista refleja juegos que son habituales y “normales” entre los hombres, quienes a veces rebajan a banalidad su presunto humor al dirigirse sin respeto al sexo femenino. La cultura machista todavía hunde sus raíces profundas en la conformación de las personalidades, no sólo de los varones, sino también entre las propias mujeres. Que quede claro, no se trata de una batalla de penes contra vaginas. Es algo mayor y muy complejo.
Como ilustración de una aberrante agresión cabe resaltar que a la periodista estadunidense Andrea Noel un depravado le llegó por su espalda, le bajó el vestido e intentó hacer lo mismo con su ropa interior. Ella lamentó por escrito haber recibido un trato privilegiado al denunciar este ataque sexual: “Fue totalmente injusto ser atendida por media decena de autoridades mientras víctimas de violación esperaban llorando.” Aun así, ha pasado más de un año de aquel episodio y el expediente consta de 500 páginas, sin que se haya logrado capturar al individuo que cometió tan cobarde y perverso atropello. La mujer fue objeto de amenazas de muerte y de violación masiva en las redes sociales. Optó por regresarse a su país de origen. En la actualidad ha detallado por escrito los obstáculos para denunciar un crimen sexual ante las autoridades mexicanas, y peor aún darle seguimiento. En promedio, sólo se resuelven un 2% de los delitos denunciados, mientras que de un número apreciable no hay constancia legal.
Con respecto a la señorita de Anda, me surgen varios interrogantes. Desde el punto de vista de su subjetividad, es comprensible que pueda sentirse afectada por la interpelación callejera. No obstante, me parece desmedido el resultado de su acción. En principio, conocemos su versión de los hechos y ningún reportero ha acudido con el taxista a entrevistarlo. También sería interesante saber si ella se identificó como periodista frente a los ocupantes de la grúa que tan amablemente se ofrecieron a prestarle ayuda. Una credencial de conocido periódico representa un capital cultural respetable para inducir conductas. Por otra parte, ¿tiene el conductor de una grúa de tránsito la facultad de detener a un presunto infractor encuadrado en una falta administrativa? La facultad de decidir sobre la gravedad de la ofensa o agravio cometido es el juez en turno. ¿Con qué criterio se envió al taxista para que pasara la noche en el Torito? ¿Se efectuó un perfil psicológico del acusado para determinar que presentaba rasgos psicopáticos alarmantes?

Conclusiones preliminares

Mi conclusión al contrastar ambos casos es que la periodista de El Universal exageró la ofensa recibida y de su misma descripción de los hechos se desprende que nunca se sintió amenazada; al contrario, encaró al conductor del taxi con frases retadoras (https://www.maspormas.com/.../03/16/tamara-huyo-lo-pescaron/). Ahí podría haber acabado el incidente, pero la aparición de la grúa le brindó la oportunidad de elaborar una nota que le brindaría una fama hasta ese momento inédita. Los hechos deben ubicarse en un cúmulo de relaciones que trasciende los dichos verbales. No nos detengamos en la policía del lenguaje, porque entonces se pierde el conjunto en que se manifiesta el poder. Si se dispone de la fuerza física y simbólica suficiente, se la emplea para lograr fines privados.
Juzgar un acto puntual sin considerar el entorno en que se desarrolla una escena puede conducir a deducciones erróneas. Por consiguiente, es preciso remarcar que la fuente de las diversas violencias es el sistema de dominación política y económica, y sus efectos destructivos se resienten en personas de carne y hueso. La primera función de la violencia, de acuerdo con Walter Benjamin, consiste en que es creadora de derecho como instrumento de justicia. Se supone que la Ley de Cultura Cívica se promulgó para regular las relaciones de los individuos como vecinos y en las calles o el transporte. ¿Se palpan resultados tangibles al respecto?
La segunda función es que la ley establece sumisión al orden jurídico. Será necesario, en cambio, tomar en consideración la sorprendente posibilidad de que el interés del derecho por monopolizar la violencia respecto de la persona aislada no tenga como explicación la intención de salvaguardar fines jurídicos, sino más bien la de salvaguardar al derecho mismo que legitima el poder existente. El derecho define los medios legítimos para lograr fines justos, aunque juristas expertos opinan que en esto se plantea una contradicción insoluble respecto de la competencia económica, la cual privilegia los fines (reproducción del capital en todas sus formas: económico, social, cultural, simbólico) por encima de los medios para obtenerlos. Entonces, quien posee los recursos económicos o simbólicos (i.e., “influyentismo”) se halla en ventaja frente a quienes carecen de ellos. Andrea Noel en medio de la crisis nerviosa provocada por el artero ataque callejero advirtió que a las mujeres violadas no eran atendidas por los encargados de impartir justicia. Otro ejemplo que ilustra el papel del derecho se halla en una declaración de la cantante chileno-francesa Ana Tijoux: “No podemos pensar un feminismo, un antipatriarcado, sin un anticapitalismo.” El derecho preserva los intereses de la acumulación capitalista y es un medio endeble para resolver los problemas de la violencia mientras no se manifiesten reacciones de masas que involucren a los actores sociales dañados por la exclusión.
Frente a los agravios, abusos, humillaciones, crímenes, convendría superar las barreras que nos separan a mujeres y varones. La joven actriz Emma Watson ha indicado: "Ambos, hombres y mujeres, deben sentirse con el derecho a ser fuertes. Es hora de que veamos a los géneros como un conjunto en vez de como un juego de polos opuestos. Debemos parar de desafiarnos los unos a los otros". La atomización de los intereses sociales es un instrumento de desunión y de disciplina de las clases subalternas. Con relación a esta necesidad de vernos como un conjunto, hay que prevenirse acerca de los oportunistas que aprovechan las causas humanitarias y feministas en su beneficio personal. Recuerdo con indignación declaraciones de la señora Marta Sahagún en el sentido de que la atacaban por ser mujer, en circunstancias en que demencialmente se creía candidata a la presidencia. No, se rechazaba su figura por la corrupción en que se había involucrado al llegar a Los Pinos como esposa del inefable ranchero. Hay muchísimos varones machistas -es un hecho más que evidente-, y hay otros que procuran por la igualdad de los sexos libre de violencia. Hay cada vez más mujeres destacadas que bregan por los derechos de su género, y hay otras que educan a sus hijos en el machismo y se acogen al mito del “sexo débil”.