REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2017
   

De nuestra portada

Rosas blancas… para mi Maestro


Alicia Dorantes

Ningún hombre es un buen maestro, si no siente un hondo afecto
por sus discípulos y el deseo genuino de enseñarles
lo que para él, es de gran valor

BERTRAND RUSSELL

Ayer en la mañana recibí una triste noticia, no la esperada: Mi amigo y maestro René Avilés Fabila, falleció en la Ciudad de México, el día 9 de octubre de 2016. René fue escritor, periodista y catedrático universitario. Escribió cuentos, novelas y obras autobiográficas. Era conocido como "El Búho" nombre que de hecho, ostentaba su revista; hoy su fundación.
Lo conocí unos años atrás… bueno… conocerlo personalmente no: sólo fue durante un curso de Creación Literaria que impartió la Universidad Veracruzana (UV) y él era uno de los catedráticos del curso. Nos habló del "Cuento".
Era aquella una tarde radiante, cálida, propia de un verano tropical. El diáfano cielo parecía abrirse. Durante el curso, le envié algunos textos y fue tan amable como para publicarlos en su revista El Búho… eso me llenó de un orgullo interno.
A través de Internet establecimos una agradable amistad. En cierta ocasión, se hizo acreedor a un premio, en la ciudad de Xalapa. Fue durante la feria del libro infantil, que se celebra anualmente en el Colegio Preparatorio de la ciudad… sólo que el camión en el que yo viajaba tuvo una avería y cuando llegué a la "Prepa Juárez", René había recibido su galardón y ya no estaba.
No obstante nuestra amistad "cibernética" continuó durante algún tiempo… después no sé qué sucedió… simplemente perdí su contacto.
En días pasados, Toño Durán, perdón, el Maestro José Antonio Durán, mandó a todos los miembros de la Academia Literaria, la triste noticia del fallecimiento de René.
La tristeza se apoderó de mí. De inmediato lo recordé como cuando en la sala de videoconferencias "lo conocí". Es obvio que el tiempo no pasó, más bien voló…
Me hubiese gustado que se le hiciera un Homenaje en vivo, los que fuimos sus alumnos… sus muchos amigos, porque cuando la gente se marcha, quizá a un mundo mejor que éste, los homenajes pierden el sabor a gratitud… pero, él, se nos adelantó… un infarto fulminante, cegó su productiva existencia. Tuvo la muerte que tal vez, todos desearíamos tener más lejano que cerca: súbita, quizá un dolor pectoral atravesó su pecho… después… ¿Quién puede saber lo que hay en el más allá? ¿Luz? ¿Alegría?... ¿o tan solo la paz eterna cuando se ha tenido una vida rica en afecto y amistad, como la de René… en este nuestro convulso universo cruel, sanguinario, carente de valores y de fe…
Descansa en paz, Maestro: la gente como Tú, nunca muere del todo. No muere para las letras, ni para el amor de sus familiares, ni para la admiración y respeto de sus amigos y alumnos: los de ayer. Los de hoy y los de siempre.
Me hubiera gustado llevarle, dos rosas blancas para su ataúd, con ellas, mi sincera gratitud, amén de una plegaria: no tengo nada más.