REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2017
   

Arca de Noé

Corsarios, los mercenarios de la corona


Dalia Maria Teresa De León Adams

Se dice que la piratería es casi tan Antigua como la historia de la humanidad. Nos referimos a los hombres de mar, amantes del peligro y las riquezas ajenas.
Poco tratado es el papel preponderante que jugaron durante la época de las colonizaciones, momento en el cual surgieron algunos de ellos bajo el apelativo de CORSARIOS, que etimológicamente significa ir a “Corso” o “correr por el mar”. El mismo nombre que se les diera a los capitanes de barco que ante un acuerdo con algún reino, corona o aristocracia (francesa o inglesa comúnmente), firmaban pactos para compartir las riquezas extraídas por la fuerza de los barcos que navegaban por altamar, trasportando riquezas como el oro y piedras preciosas. Ello a cambio de obtener un título nobiliario y propiedades.
Debido a ello, el poderío que había alcanzado la corona española mediante la apropiación de los bienes obtenidos mediante su mando en las vastas y ricas tierras americanas, se convirtió en el blanco perfecto para los piratas y corsarios.
De tal modo que los viajes efectuados para atravesar los mares y océanos en barcos rudimentarios, eran mayoritariamente presa fácil de atracos. Muchos frailes en aras de ir a evangelizar a los naturales de las Américas (como les nombraban a los indígenas y su tierra) escribieron sus testimonios al respecto.
La obra de Sigüenza y Góngora titulada Infortunios de Alonso Ramírez nos introduce a la problemática que secularmente significaba el tránsito del Nuevo al Viejo Continente.
Las regiones americanas que aportaron mayores riquezas fueron el Perú por sus valiosos metales extraídos de las minas; la Nueva España por su abundante oro y piedras preciosas; y Las Islas del Caribe de donde sustraían especias y plantas desconocidas en Europa, como el tabaco.
Se dice que el más famoso y antiguo de los piratas fue el griego Polícrates, quien vivía en la isla de Samos en donde levantó un gran palacio y formó una enorme flota constituida por cien naves de Guerra con las cuales asaltaba a los barcos extranjeros.
El romano Sexto Pompeyo fue otro de los famosos piratas, sin embargo Arudj, mejor conocido como Barba Roja se convirtió en una leyenda. De él se decía que tras de haber sido perseguido por el Papa de Roma, a cuyos aliados había asaltado, sembró de oro los caminos para hacer demorar a sus perseguidores.
Tiempo después aparecieron los vikingos con sus barcos en forma de dragón, conocidos como corsarios o bucaneros. Este último apelativo lo adquirieron por la manera de cocer las carnes cazadas por ellos. Finalmente aparecieron los “filibusteros” palabra que proviene de la lengua holandesa y que significaba “el que va en captura del botín”
Como intento explicar, sea el que sea el término otorgado en la antigüedad, lo cierto es que todos ellos cumplían el mismo “oficio de piratería” por denominarlo de algún modo. Se sabe que se reunían en la isla La Tortuga, hoy parte de Jamaica, en donde se refugiaban y festejaban. Ellos la bautizarían como “La Cofradía de los Hermanos de la Costa”. Obviamente carecían de policía, cárcel o jueces. Los conflictos suscitados se resolvían mediante retos a muerte, concediéndole la razón al vencedor. La isla era tan sólo un refugio temporal, pues su vida como es bien sabido, transcurría en el mar.
Comenzaron a atacar algunas costas como la de Panamá, Acapulco, Veracruz y Campeche. Entre esos piratas se encontraron Henry Morgan, Juan Hawkins I. Olonés, Eduardo Mansvelt, Lorencillo y el afamado Barba Negra por subir a la nave colocándose cuatro velas encendidas en el ala de su sombrero negro, hecho que se decía, provocaba el pánico de sus víctimas.
Pero como todo, llegó el momento en que los piratas del mar desaparecieran. Uno de los principales motivos fue la gestación de los movimientos de Independencia, por lo que se dejaron de acarrear las riquezas a otros continentes; por otro lado la modernización de las técnicas de ingeniería náutica junto con la invención de la radio, como medio de comunicación naval y detectores de barcos. De tal modo que los piratas y corsarios pasaron a ser parte del mito y de la ficción cinematográfica.