REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 03 | 2017
   

Para la memoria histórica - Encarte

Surgimiento y desarrollo del fotoperiodismo de espectáculos


Elsie Mc Phail Fanger

“Recordaré a René Avilés Fabila y su inquebrantable sentido del humor”.

Como enclave fundamental de las industrias culturales y de entretenimiento, el fotoperiodismo de espectáculos ha invadido los espacios de la vida privada e íntima, conquistando un poder nunca antes visto. Forman parte importante de ella los fotógrafos del género, conocidos como “paparazzi”, quienes disfrutan de una dudosa fama por ir a la caza de la fotografía espontánea, instantánea, carente de pose. Aquélla que captura el instante decisivo que sorprende al sujeto con la guardia baja, en situaciones de indefensión y vulnerabilidad. El poder que ha cobrado este oficio, no sólo en su calidad de vehículo informativo, sino como diversión y negocio lucrativo, se refleja en millones de personas que siguen con fruición sus relatos visuales sobre asuntos privados e íntimos. Aunque la frontera entre lo público, lo privado y lo íntimo es a ratos borrosa, podría decirse que la esfera pública compete a aquellas acciones que suceden a la vista de todos, mientras que la esfera privada involucra lo particular y personal de cada individuo en su domicilio. Proteger el espacio privado significa garantizar el ejercicio de los derechos individuales, aunque lo privado se vuelve público cuando se trata de condenar actos de violencia, abuso o actividad delictiva. Por su parte, la esfera de la intimidad se refiere a lo que ocurre fuera de la mirada de los demás y que sólo se manifiesta voluntariamente a unos cuantos. Lo privado tiene cabida dentro de la esfera privada pero es más estrecho y personal, más reducido. Se guarda en lo interior o interno, lo más próximo, no se comparte con nadie o con pocos. Es la esfera en donde el individuo ejerce plenamente el libre albedrío, su autonomía personal, donde se reconoce como es y puede expresarse sin tapujos. Un símil espacial resulta de utilidad para diferenciar estas esferas: lo público incluye aquellas comunicaciones, conductas y actitudes fuera la casa y en la calle, mientras que lo privado sucede dentro del hogar y lo íntimo en la alcoba, en donde el ser humano es más libre, espontáneo y sincero consigo mismo. Es precisamente en estas dos esferas, la privada y la íntima, en donde habitan los paparazzi, quienes han traspasado sus fronteras a fin de obtener imágenes exclusivas de la gente, especialmente aquéllas que son famosas y fácilmente reconocibles, llamadas celebridades. Se les llama así por ser atractivas, disfrutar de fama, notoriedad y reconocimiento y tienen una amplia exposición en medios tradicionales y nuevos medios. Son actores, actrices, cantantes, músicos, deportistas, conductores de programas mediáticos, modelos; personajes de la “rancia nobleza”, que poseen el dudoso mérito de heredar un linaje; ciertos hombres y mujeres destacados de la política, la gastronomía, la moda, el mundo empresarial y las llamadas “socialités”, llamadas así por su capacidad de convocar a grupos exclusivos que, como ellas, disfrutan del tiempo libre y ocio, ostentan un alto poder adquisitivo y una capacidad de consumo.
Los paparazzi se han especializado en capturar imágenes de su estilo de vida como emblema de lo contemporáneo, definido por altos niveles de ingreso, una clara delimitación espacio temporal, social, de género y generación como clave de diferenciación y exclusión social. Su iconografía construye convenciones sociales y estéticas y una didáctica sobre los valores, la conducta social, el cuerpo ideal -bello y joven-, como referentes modélicos y símbolos de éxito y prestigio.
Resulta de lo anterior que el oficio de los paparazzi no sólo es captar las imágenes en los momentos luminosos, sus triunfos y éxitos, sino en instantes privados e íntimos que dejan expuesta la fragilidad del ser humano. Por el gran atractivo que posee entre los espectadores la exposición de la privacidad y la intimidad de la gente famosa, dichos relatos visuales han invadido los espacios de la prensa informativa, para dedicar segmentos importantes de su programación a temas considerados frívolos, incluso por quienes los consumen con avidez. Es necesario señalar que son todo menos frívolos, ya que funcionan como espejos de lo social, al exhibir el drama y el infortunio humanos con imágenes y anclajes de texto que producen una paradójica respuesta entre su vasto auditorio: fascinan y repelen al mismo tiempo. La doble moral que de esto resulta, ha convertido el oficio en una industria lucrativa que alimenta a los públicos entrenados en la voracidad y el morbo, ávidos de penetrar los terrenos de las personas otrora vetados, a la manera de un voyeur invasivo que transita a través de las zonas excitantes del cuerpo y su sensualidad.
En el plano estético, son aquellas imágenes innovadoras del género que ofrecen encuadres realistas, novedosos y creativos. La agenda intrusiva de los paparazzi resulta más afín al verismo de la fotografía directa, pues capta la imagen espontánea, no posada, que se produce al sorprender a personajes famosos en momentos íntimos con cuerpos relajados, la guardia baja, sin maquillaje, sin “photoshop” o “airbrush”, lejos del artificio de la sonrisa fingida, la melena abundante y lustrosa ondeando al viento. La imagen de belleza posada se transforma en espontaneidad, instantaneidad, características propias del fotoperiodismo, ya que utiliza los géneros clásicos de la semblanza, el reportaje, la crónica y el documentalismo, imprimiendo mayor realismo a las historias visuales en blanco y negro, sepia, color, algunas de ellas con carácter de editorial.
Ciertamente, a fines del siglo pasado y principios del siglo XXI se registra una mancuerna eficiente entre la industria del entretenimiento, los medios y los fotógrafos de la fuente, conformando complicidades estrechas entre el arte, el oficio y el negocio con un discurso que soslaya el derecho de las personas a la privacidad y la intimidad.

Surgimiento y desarrollo del oficio de los paparazzi
Los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado vieron crecer a algunos de los mejores fotógrafos experimentales en las páginas de la llamada “prensa rosa”, prensa “glamorosa” o “prensa del corazón”, la mayoría de ellos a destajo y bajo condiciones laborales inciertas. El clímax de su popularidad los vio crecer de la mano de algunos de los mejores directores de arte y editores de la historia de la comunicación gráfica, como Blumenfeld, Matter y Brodovich, quienes generaron productos visuales, que llegaron a competir mejor por la captación de audiencias, que las revistas dedicadas a la crónica y al reportaje “serios.”

Origen del concepto “paparazzi”
A fines de los años cuarenta del siglo pasado y principios de los cincuenta se registraron los primeros fotógrafos de la fuente de espectáculos en revistas populares en Italia, Gran Bretaña Alemania: contenían en su mayoría imágenes, rumores y chismes sobre escándalos de personajes famosos del espectáculo y la farándula, originando con ello un nuevo tipo de fotógrafos conocidos como “paparazzi”. El antecedente directo de estos periodistas visuales fueron fotógrafos que utilizaban teleobjetivos durante la II Guerra Mundial para espiar al enemigo, y que después fueron utilizados por las ciencias del espacio.
El origen del término “paparazzi” se remonta al año 1958 , cuando el cineasta Federico Fellini llamó “Don Paparazzo” a los personajes de su película La Dolce Vita, quienes asediaban con cámara en mano por las calles de Roma a Marcelo Mastroiani y Anita Eckberg -luminarias cinematográficas del momento. Derivado del sustantivo “papataceo”, especie de mosquito, el cineasta lo utilizó como símil para describir a un molesto enjambre de insectos que persiguen a las personas, rodeándolas y atacándolas con la luz enceguecedora de la cámara. Se llama así también a quienes hablan atropelladamente, o son inquietos como el zumbido de un molusco que molesta e interrumpe a los demás.
A partir de entonces, los paparazzi tuvieron una adscripción derogatoria, pues su oficio se especializó en espiar, entrometerse en las vidas de los famosos para captar momentos incómodos o íntimos, la mayor de las veces, sin su consentimiento.

Paparazzi de la vieja y de la nueva guardia
En 1950 se publicaron las primeras imágenes en revistas populares de Italia, Gran Bretaña y Alemania, y algunos de profesionales de la cámara emigraron a los Estados Unidos -principalmente Los Ángeles y Nueva York-. La mayoría –conocidos como “de la vieja guardia”- observó las reglas éticas del oficio: la reserva, el recato, la cautela, mientras que los de la “nueva guardia”, surgidos a fines del siglo pasado, descartaron las viejas prácticas y aplicaron técnicas de acercamiento más agresivas e intrusivas, con la finalidad de captar aquella imagen espontánea, instantánea, contraria a las poses acartonadas de la fotografía de estudio.
Sin duda, el fotoperiodista más influyente de la vieja guardia fue Ron Galella, quien entre los años 1960 y 1970 importó a los Estados Unidos las técnicas italianas de acoso y persecución callejeras para lograr la mejor impresión de las celebridades icónicas del espectáculo y de la política, al salir de hoteles, casas, departamentos o centros nocturnos. Su estilo singular, calidad estética y la captura del instante decisivo quedaron plasmados en su archivo con más de 7 millones de imágenes de celebridades de su tiempo, entre los cuales destacaban en primer lugar Jackie Kennedy, le seguían Marlon Brando, Frank Sinatra, Liz Taylor, Richard Burton, Mick Jagger, Elvis Presley, Liza Minelli, Sofía Loren, Steve Mc Queen, y otros. En su obsesiva persecución de la ex primera dama y viuda del presidente John F. Kennedy, Galella prefiguró los alcances y el poder al que podían aspirar los fotógrafos de espectáculos para lograr una fotografía exclusiva de gente famosa “siendo ellas mismas”. En sus memorias, Galella recuerda que la suya fue una época de oro en donde su oficio no padecía los vicios de la mercantilización, la vulgarización y el mal gusto de sus colegas más jóvenes de la nueva guardia.

Los paparazzi y la realeza
A fines de los 1970, los tabloides británicos como el Daily Mirror y el Daily Mail decidieron publicar imágenes de la realeza joven, en especial los hijos de la reina Isabel II herederos al trono, mientras se enamoraban, paseaban, se divertían o esquiaban en Suiza. En esos años se publicó la primera imagen intrusiva -sin autorización de los fotografiados- del príncipe Andrés vacacionando en el Caribe con una modelo “topless”. De ahí en adelante, no habría marcha atrás en el desarrollo de la foto clandestina y en la conformación de una cada vez más vasta y entusiasta audiencia.
En 1997 sucedió un cambio en la percepción de los paparazzi y su oficio, cuando la princesa Diana de Gales murió después de un aparatoso choque. Fue ahí cuando el fotoperiodismo de espectáculos se fundió con la prensa de nota roja, al publicar la imagen del cuerpo agonizante de la princesa, prensado al interior de su automóvil. Poco le importaron a la revista italiana Chi los códigos de ética de la prensa europea al publicar dicha imagen que en su momento fue reproducida por la prensa internacional, acción que provocó el repudio hacia el gremio, al tiempo que los consumidores exigían su propio ejemplar. En el plano estético se produjo lo que Gottfried Böhm define como “giro icónico”, para referirse a un cambio de paradigma en la representación de la imagen. Al fundirse los componentes estéticos de dos géneros -la nota roja y la prensa de espectáculos-se imprimía un realismo nunca antes visto a la imagen en tonos de blanco, gris y negro, grano grueso, sin retoque; el uso de encuadres imperfectos, apresurados, y los contornos borrosos en cuerpo y rostro. Al hacerlo, producían una emoción cercana a lo ominoso, en un espacio otrora dedicado a la celebración de la belleza, el éxito, el ocio y el disfrute como estilo de vida deseable y digno de imitar. A raíz de lo anterior, los legisladores del Reino Unido y del Estado de California promovieron leyes para regular el comportamiento descontrolado de los paparazzi. Dos años después, el juez encargado del caso, dictaminó que la causa del accidente se debió a que el chofer había perdido el control de la unidad a causa no sólo de la ingesta de alcohol y antidepresivos, sino por tratar de esquivar una motocicleta en la que viajaban los paparazzi que perseguían la imagen exclusiva de la mujer más asediada por el gremio.

Las nuevas reglas de competencia
A finales del siglo XX los paparazzi de la “nueva guardia” establecidos en Estados Unidos, vivieron una intensa lucha con el influjo de aficionados, inmigrantes y fotoperiodistas ciudadanos, seducidos con la promesa de grandes ganancias. A partir de ese momento, las imágenes al “estilo paparazzi” experimentaron una escalada de precios y una competencia feroz por la exclusiva entre empresas editoras de imágenes y sus revistas, especialmente Time Inc’s , People así como US Weekly .
Fue el semanario US Weekly quien puso en marcha una innovadora estrategia de acoso y espionaje total sobre Britney Spears -la famosa reina del pop-, obteniendo imágenes de ella en fiestas y francachelas y situaciones incómodas, incluyendo tomas invasivas e íntimas de la entrepierna, mientras subía o bajaba de su vehículo . Con un tono moralista, la revista People colocaba la imagen de Spears en la portada, al tiempo que lanzaba reprimendas sobre su papel de madre negligente, ebria y drogadicta y sus enloquecidas escapadas nocturnas.
A partir de entonces y hasta hoy el acoso de paparazzi a las celebridades se ha convertido en una práctica rutinaria, cuestión que se refleja en una sociedad cada vez más sádica que disfruta al ver sufrir a los perseguidos, como escenario que representa la parte descontrolada, rebelde y creativa del gran negocio de la industria.
La problemática social y psicológica que genera la producción y circulación de este tipo de fotografías producidas por paparazzi de espectáculos, radica en que los públicos convertidos en mirones compulsivos, avalan el acoso y lo convierten en algo cotidiano, como opción viable de divertimento lúdico que al mismo tiempo representa el deseo invasivo, rabioso, fanático y a veces violento, en busca de la autenticidad en la imagen. Las más socorridas son aquellas imágenes con una sexualidad espontánea, no escenificada, sin fingimientos ni poses acartonadas, con destellos de verismo y empatía con sus audiencias como posibilidad comunicativa más democrática, igualitaria, en donde por momentos, las vidas de la gente famosa se asemejan a lo elementalmente humano de las vidas rutinarias, opacas e imperfectas de los espectadores.

Paparazzi globales
El desarrollo de la industria de los paparazzi ha experimentado importantes cambios en los últimos tiempos: de ser un oficio free lance, sujeto a pagos por destajo, se ha transformado en industria global. Algunos detalles de la producción, circulación y consumo de los contenidos proporcionados por los paparazzi, permiten desentrañar la estructura de la industria, en torno al tipo de periodismo intrusivo, invasivo de la intimidad, así como la composición de las páginas web, el crecimiento de la blogósfera y la utilización de las redes sociales, Facebook, twitter, youtube, instagram y snapchat.
Lo anterior ha traído nuevos retos para la teoría y la práctica de los medios, ya que provee de un nuevo marco para comprender el impacto de las agencias de paparazzi y los sitios de venta de imágenes y chismes, ambos amparados tramposamente en dos derechos constitucionales: el derecho de las audiencias a estar bien informadas y la “libertad de expresión.” En esos términos, el chisme y la imagen robada, como componentes de la industria, adquieren estatuto de legitimidad.

Paparazzi , el chisme y las redes sociales
Junto con la imagen aparece frecuentemente un anclaje a la manera de chisme, definido como noticia verdadera o falsa, por medio del cual se busca enfrentar unas personas con otras, mediante la circulación de un rumor malintencionado que ha sido considerado como charla trivial y de poca importancia. Sin embargo, en su estudio sobre el tema del chisme –llamado en inglés “gossip” o “small talk”, charla sin importancia, pequeña-, de Backer ha refutado esta afirmación, señalando que el estudio sobre el chisme es importante en las ciencias sociales ya que cumple con funciones sociales muy específicas: 1) cuestionar una reputación o desestabilizarla; 2) circular estrategias de aprendizaje; 3) reforzar un sentido de pertenencia a un grupo social y 4) reproducir y afianzar formas de exclusión/inclusión. Los chismes actúan como vehículos que ayudan a producir un orden social a través de representaciones sobre valores, conducta, apariencia, influencia, notoriedad, prestigio, infidelidad, el amor, el desamor, las relaciones de pareja, entre otras. Resulta especialmente importante para la reflexión teórica esta dupla que se crea entre imagen robada a la intimidad y el chisme, en la frontera entre verdad y rumor.
Uno de los blogueros más exitosos y mejor administrados es PérezHilton -cuyo nombre verdadero es Mario Lavandeira, quien en noviembre de 2016 registró un total de 6.73 millones de seguidores. Fue el primero en optimizar el uso de las tecnologías, ocupando una posición única en la industria, como productor y consumidor de la imagen y los chismes sobre celebridades, funcionando como auto-productor y promotor de su propia imagen. Postea imágenes provocativas, se declara homosexual, y lanza campañas incesantes para votar por la expulsión o ratificación de una luminaria en boga con calificativos de “culpable”, o “inocente”.
Hoy existen cinco tipos de blogs: 1) el comercial o “mainstream”, en donde se mezclan chismes con publicidad velada , como sucede en televisión; 2) el blog de chismes DIY como el caso de PerezHilton; 3) los blogs administrados por seguidores o celebridades; 4) las agencias de paparazzi; 5) las redes sociales de celebridades, especialmente facebook, twitter y snapchat. Aunque ninguno de ellos tiene el alcance que PerezHilton, en México existen algunos blogs similares que captan audiencias importantes, como el caso de “Fake Leather”, “Moda Capital”, “Oh my Dior”, “El blog de Nuria”, entre otros.
Lo anterior conduce a la necesidad de revisar las nuevas reglas del acopio de información, que se han relajado aún más en el caso de las redes sociales, sobre todo en la redefinición del rumor como verdad, desplazando así a los géneros noticiosos. Su importancia radica en la constitución de una nueva puesta en escena de la imagen, un texto breve con chismes como conversación cotidiana, y diversos concursos en donde la vigilancia y el castigo sobre el cuerpo refleja el rechazo a su natural proceso de envejecimiento.
A través de esta mirada, puede afirmarse que el poder de la industria del entretenimiento ha ungido a los paparazzi y sus medios como representantes de un modelo normativo de fotoperiodismo pseudo-investigativo, falaz y punitivo, que coloca en un mismo nivel el rumor, el chisme y la humillación pública.

Hackers como paparazzi
En agosto de 2014, algunas celebridades enviaron a sus contactos privados un conjunto de “selfies”, autorretratos que fueron robados por un incómodo “hacker” que las puso en circulación a través de varios dispositivos. Su viralización fue casi inmediata, ya que resultaban más atractivas las imágenes de rostros sin maquillaje y cuerpos sin pose de mujeres famosas cuya sensualidad se encontraba “al natural”, encuadrada con la premura de un fotógrafo aficionado para su voyeur. Este tipo de intimidad construida a través del autorretrato como interpretación de sí misma, provocó nuevas e inéditas emociones en las audiencias que disfrutaban de la imagen de la actriz Kirsten Dunst, en actitud relajada, autocomplaciente, con el torso desnudo, inclinada sobre el marco de una ventana, con una mirada oblicua como si mirara hacia fuera del cuadro. Lograba así una complicidad con el receptor al construir un espacio comunicativo lúdico de íntimo erotismo y autenticidad. Debido a la acción del hacker, millones de espectadores disfrutaron y transformaron el intento de autorretrato íntimo, privado, en un espectáculo mediático.
La intimidad buscada y no obtenida, dibuja una sociedad cada vez más intrusiva, adictiva que, aburrida ante la oferta mediática repetitiva, procura más y mejores emociones. El autorretrato de intimidad negada, producido por esta y otras actrices, se convierte en metáfora social, faro de luz que guía en busca de espacios visuales sin mediación alguna. Las emociones que genera la espontaneidad de la propia intimidad invita a una reflexión sobre la manera en que el oficio de los paparazzi coloca a la sociedad frente al espejo. En realidad, los autorretratos o “selfies” producidos por las actrices, así como los hackers, tienen algo en común: la búsqueda de representaciones de cuerpos reales, más cercanos a la realidad.
Debido a la globalización de la industria de las imágenes, tanto los paparazzi como los hackers devienen vigilantes de vidas célebres en un “loop” continuo de 24/7 para facilitar su diario escrutinio. Pueden ser vistas desde todos los ángulos posibles a la manera del panóptico de Bentham, desde una torre hexagonal con múltiples espejos –los hipermedia- que hacen las veces de vehículos para el divertimento de millones de espectadores en el mundo. Al igual que los prisioneros recluidos en celdas alrededor de una torre, vigilados constantemente por la autoridad carcelaria, las celebridades son observadas y escudriñadas constantemente por la industria convertida en el gran hermano. Esta estructura de vigilancia convierte en poderosos no sólo a los que toman la foto sino a las audiencias, y en inoperante el derecho a la privacidad y a la intimidad de las personas. Las redes sociales como estructuras participativas, más democráticas y más punitivas, comparten ahora el ejercicio del poder con la industria del entretenimiento.

Tareas a futuro
La progresiva expansión de las tecnologías de información y comunicación (TIC) que ha transformado el sistema mediático mundial en una comunicación digital interactiva, registra no sólo una amenaza a la hegemonía de la comunicación de masas localizada en los poderosos enclaves mediáticos, sino que apunta hacia un modelo fundado en la colaboración de y entre usuarios. Estos se han convertido en productores y reproductores de mensajes como modalidad comunicativa desde muchos hacia otros muchos sin intermediación, facilitando procesos de democratización, con infinidad de centros que se comunican con otros centros. Los nuevos medios abren el paso a fotoperiodistas ciudadanos, hackers, aficionados, y eventuales, para permitir el acceso a la hipertextualidad, una comunicación reticular que convierte a receptores pasivos en interactivos productores de mensajes de texto, sonido y video. Para Scolari, se trata de un entorno que desafía el conocimiento sobre los nuevos medios de comunicación de masas y plantea nuevas interrogantes.
Un ejemplo reciente es el discurso desafiante de Donald Trump -presidente electo de los Estados Unidos- frente a los medios hegemónicos -CNN y FOX- , a los que calificó de sesgados y corruptos desde el inicio de su campaña. Decidió saltarse a los medios y a las reglas tácitas del acuerdo de convivencia pacífica y no agresión entre estos y los contendientes a la presidencia de los Estados Unidos, para comunicarse directamente con sus audiencias a través de un continuo intercambio vertiginoso de tuits. Si no fuera tan amenazante la presencia de Trump para México y el mundo, estaríamos dando la bienvenida a un genio de la comunicación horizontal y democrática, que utiliza a los nuevos medios para interactuar sin la mediación de los medios convencionales con sus audiencias. Ante el azoro de los medios, el desafío continúa, ya que hace esperar a los zares de la prensa escrita y la televisión, les escamotea las primicias, cancela conferencias de prensa, y los agrede. Con todo ello, marca nuevas reglas que es necesario analizar en el proceso de intercambio, producción y consumo simbólico de la comunicación que se desarrolla en un entorno interconectado tecnológicamente.
Si bien este texto arroja luz sobre el oficio y la producción de imágenes de los paparazzi como aspecto importante de la industria del entretenimiento, también incita a la reflexión sobre la importancia económica, social, política, cultural, moral y estética de dichas imágenes y la tipificación del oficio como parte fundamental del consumo de una cultura material contemporánea con profundo arraigo en grandes sectores de la población. Mientras que la mayoría de los análisis sobre fotoperiodismo de espectáculos se ha centrado en la ilegalidad e inmoralidad de sus prácticas, este texto no deja de subrayarlo pero busca ir más allá al caracterizar las imágenes producidas por los paparazzi como componentes centrales de la conversación cotidiana y del paisaje social contemporáneo, espejo y metáfora que ayuda a comprender el lugar de lo significativo e importante de quienes consumen dichas imágenes. El arribo de las publicaciones digitales aceleraron aquello que se observaba al inicio de la década de 1990, en torno al papel de los paparazzi como creadores y productores de la cultura, definida en función de externalidades performativas y conceptos de belleza, notoriedad, éxito y fama y al mismo tiempo, constructores del sentido social y los límites entre lo público, lo privado y lo íntimo como objeto de entretenimiento.
Para efectos de la representación en imágenes, la reflexión sobre el oficio del paparazzi conserva hasta hoy en el imaginario social el ciclo de acoso, persecución y acorralamiento de su víctima, con evidentes connotaciones sexuales y de género. Aunque en años recientes se ha incrementado el acoso a los varones, las favoritas siguen siendo las mujeres, de ahí que en el imaginario social el estereotipo continua vigente: el cazador (varón) que corre tras su presa y la somete (mujer) y la entrega a sus audiencias. Dicha imagen ayuda a caracterizar su poder en el contexto más amplio de la globalización, como aspecto importante de la diversión cotidiana de muchos millones de espectadores. Las recurrentes evidencias de acoso y su normalización como divertimento podrían implicar una cada vez mayor permisividad, ya que “si todos lo hacen”, no debería ser tan inmoral su disfrute.
La reflexión sobre el oficio y la imagen de los paparazzi, mostró varias paradojas merecen un futuro análisis, como aquélla revelada en las imágenes transgresoras de la moral como oportunidades para el debate y la creatividad en la propuesta visual que parte de las leyes internas del propio medio al explorar sus posibilidades estéticas. Son los momentos en que el fotoperiodismo al estilo paparazzi escapa a la planicie del melodrama construido y recupera la función testimonial de la imagen, misma que ha dado a la prensa gráfica algunos de sus mayores logros estéticos.
En el marco de la globalización será necesario analizar las posibles vertientes de la industria de los paparazzi que ha experimentado un proceso de reestructuración en diferentes áreas: 1) las imágenes de paparazzi como industria y oficio, 2) el lugar que ocupa la práctica de los paparazzi en la fotografía ubicua, 3) su impacto en la cultura popular, 4) la convivencia con el fotoperiodismo ciudadano y los hackers y sobretodo, 5) su contribución en la enseñanza de modelos aspiracionales y pedagógicos a seguir .
Toca examinar no sólo la moral detrás de este género, sino el papel central que desempeñan los paparazzi como representantes de una época en la cual el fenómeno del selfie –autorretrato- como autocontemplación narcisista –autovoyeurismo- resulta cada vez más atrayente en sociedades individualistas que optan por contemplarse el ombligo. Así mismo, comprender mejor la fruición que provoca el robo de la intimidad por la capacidad que tienen dichas imágenes para empoderar a las audiencias y dejar de lado la jerarquía y autoridad que hasta hace relativamente poco tiempo ostentaban los medios hegemónicos.
Sigue siendo polémico el trabajo de los paparazzi, por fomentar el hurto de la intimidad y la venta y comercialización de la misma sin importar el daño que esto trae a nivel de las conductas sociales que los imitan y que resultan cada vez más permisivas e intrusivas. Sin embargo, es necesario comprender el papel social que ha tenido el fotoperiodismo de espectáculos como puesta en escena y demostración, modelo pedagógico de una sociedad altamente competitiva, individualista, egoísta y cruel.
Las imágenes fotoperiodísticas son testimonios de la historia contemporánea, documentos sociales que muestran comportamientos y mentalidades, hábitos sociales, prácticas representativas y modélicas en el tejido social y en las fronteras borrosas entre las esferas pública, privada e íntima. Lo anterior, debido a que los medios y especialmente las redes sociales, los hackers y el periodismo ciudadano actúan no sólo como entidades que muchas veces denuncian o exhiben lo que omiten los medios comerciales, sino que actúan en su calidad de nulificadores de la privacidad y la intimidad.
¿Qué valores ofrecen a la sociedad las imágenes en todos sus registros e interpretaciones sobre la privacidad y la intimidad robada por los paparazzi? Por un lado, alimentan la curiosidad y el morbo voyeurista al penetrar en vidas y secretos ajenos, por el otro, logran la empatía de sus audiencias al sentirse identificadas con la visualidad en zonas ocultas que muestran modelos de lo moralmente prohibido y lo permitido.
* Profesora–Investigadora, Departamento de Educación y Comunicación, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco, mcphail.elsie@gmail.com

Bibliografía

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