REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 07 | 2017
   

Para la memoria histórica - Encarte

Política, sociedad y medios


René Avilés Fabila

Los partidos políticos y en general la llamada clase política, que incluye una modalidad, la de los candidatos independientes, miran inquietos hacia un año que podría ser si no decisivo para México, al menos significativo. Partamos de una premisa: la sociedad civil muestra claramente repulsa al actual sistema que, nos guste o no, es el resultado de la acción demoledora del PRI en sus diversas etapas. Si lo analizamos con seriedad y profundidad, partidos y candidatos ajenos provienen de la creatura conformada largamente por dicho organismo, fundado por los vencedores y beneficiarios de la Revolución Mexicana.
Con una situación dual, el país se debate entre un proyecto mal pensado, reformas que no se concretan y una realidad desastrosa. Hasta el momento, el gobierno de Peña Nieto ha sido fatal. Imposible culparlo de todos los males, pero es evidente que, rodeado de pésimos funcionarios bisoños y malos asesores, no ha logrado sino complicar más las cosas. Los resultados de sus primeros tres años no arrojan los mejores datos, a pesar del discurso oficial que no cesa de dar cifras optimistas.
Lo más complejo es la turbia guerra entre partidos. Para ellos no está en juego el éxito de la nación, lo que importa es el botín que cada uno pueda llevarse. La situación se complica por la aparición de los “independientes”. El éxito de El Bronco ha desatado, sobre todo en la imaginería política, ambiciones desmedidas e ilusiones ingenuas. Es obvio que no existen los independientes, para que aparezcan el Estado tendría que llevar a cabo una reconstrucción del tejido legislativo y político que obligue a encontrar fórmulas que rompan la ruindad de la política tradicional encabezada por un PRI que ha dejado una estela perversa de políticos y funcionarios de tercer orden. Entre nosotros, siendo rigurosos, no hay estadistas, existen aventureros como López Obrador o tenaces oportunistas como quienes militan en el PRD, ahora a la baja o panistas de muy poca monta que de arrogante militancia opositora pasaron a la creación de facciones que pugnan entre sí, al estilo perredista. El resto son pequeños partidos en busca de fortuna. Es posible que el PRI, a pesar del desgaste sufrido nuevamente por el gobierno de Peña Nieto, abra sus puertas a ciertos aspirantes de partidos distintos, y acaso también a los llamados independientes, que no ciudadanos. Esto es más difícil tratándose de la presidencia. Veremos pronto a los independientes que ganaron no hace mucho quedándose en promesas. Por ahora tienen propuestas y proyectos que más parecen producto de la fantasía que del talento para gobernar con conocimiento. Encuestas recientes indican el cada vez mayor desprecio por los partidos y una población que piensa más en aquellos que son realmente ajenos a la política tradicional. El 56 por ciento de posibles electores, no creen en ningún partido. En síntesis, los organismos políticos se hunden en el desprestigio, es decir, han tenido éxito en su propósito de defraudar al país. A pesar de los bombardeos que a diario recibe el PRI de las redes sociales y de la inexperiencia del actual gobierno que mal dirige Peña Nieto, es el que tiene más posibilidades de mantener la presidencia en 2018, a causa de que sus rivales están más llenos de enfermedades. Cabe un refrán: en tierra de ciegos, el tuerto es rey. Cuando llegue el momento, el tuerto tendrá más experiencia y rutas de mantenerse en el poder.
Para 2016 están en juego doce gobiernos más un congreso local. Para ese mismo año ya estarán visibles los aspirantes presidenciales. De hecho, en tal aspecto, varios personajes han expresado sus intenciones de habitar en Los Pinos. No se trata solamente de un hombre desquiciado por el poder como AMLO, también están listos otros ex priistas como Moreno Valle, en pugna sorda con Margarita Zavala, por ejemplo. El priismo guarda silencio esperando el usual dedazo presidencial. La oposición tiene problemas, debilidades y poca fortaleza.
Actualmente México pasa por una interesante y polémica etapa a raíz de las últimas reformas políticas en donde se toleró la elección de candidatos “independientes” y “ciudadanos”, sin partido. Sin embargo, los apreciados términos han sido distorsionados: pocos de los autopropuestos son realmente independientes, pasaron muchos años militando en partidos o simplemente a la caza de una posición gubernamental. Ello les otorga otra dimensión, no son por completo independientes, aunque por puro oportunismo, carezcan actualmente de militancia alguna. Este aspecto es más peligroso, lo veremos cuando empiecen a gobernar estos “independientes”. Necesariamente, para obtener recursos suficientes, realizaron componendas con empresarios o políticos locales, que cobrarán tarde o temprano su apoyo. Las campañas son en exceso costosas.
Por otro lado, es más factible que triunfe un independiente o sin partido a nivel de gobernador o presidente municipal o diputado local de un estado que uno presidencial, dado que no cuentan con la infraestructura territorial que es requerida para llevar a cabo una campaña nacional. Elemento que sí poseen los partidos, incluso los pequeños.
Es evidente que los organismos políticos saben que ahora se requieren candidatos externos, de apariencia ciudadana, distantes de la tradicional corrupción que involucra al sistema en su conjunto. El PRI se apunta para la búsqueda de candidatos independientes, como ya el PRD llevó a cabo, digamos con Mancera, asunto discutible. Pero no muestra más entusiasmo que la oratoria de sus dirigentes. Morena asimismo. El PAN los imita. Hay un temor: ¿Cómo reaccionarán sus militantes ante la propuesta de un candidato a gobernador externo?
Sin duda se acabó la época de nombrar amigos o realizar compromisos políticos. El gran reto que tienen los partidos es seleccionar personas que realmente tengan arraigo entre la población y posean una trayectoria intachable hasta donde esto es posible en México. O, en su defecto, como lo observamos actualmente, foguear a los potenciales candidatos, desde ahora, para que la población los conozca y vote por ellos. Estoy pensando en Aurelio Nuño, a quien supuestamente preparan para ser candidato a Presidente de la República. Pero ni es un ciudadano común y menos conoce el país ni su propia dependencia, la SEP. Es un recién llegado al que Peña Nieto desea promover en pos de sucesores presidenciales. Lo mismo ocurre en otros partidos como el PAN y hay métodos adicionales, como los de Morena, en donde existe una dictadura perfecta en el que el candidato a presidente está ya seleccionado por su presidente y los demás puestos importantes son para los incondicionales; los de bajo nivel son elegidos por mayoría, a mano alzada dirigida. No hay partido que en sus luchas y votaciones internas recurra a un sistema democrático. Un buen principio sería que tales organismos le dieran la voz y el voto a las bases, a su militancia, que por lo regular acepta decisiones cupulares sin chistar.
El primer escollo que deben pasar los partidos es la selección interna, en el cual cada uno de ellos posee sus métodos. Tienen que hacer modificaciones para evitar no sólo el rompimiento, sino la desbandada hacia otras organizaciones políticas. Hay partidos más disciplinados como el PRI y Morena, pero en otros, como el PRD y el PAN, existen diferentes corrientes, en ellos será más difícil la concordia.
El populismo no es una novedad como creen muchos, es una antigua práctica que nunca ha dejado de funcionar. En México cobró fuerza con Luis Echeverría. Bastaba con que el presidente detectara una irregularidad para que la oratoria oficial se desplegara. Regaló dinero aquí y allá tratando de eliminar la pobreza y sólo logró quebrar al Estado. En ese momento se formó un joven priista llamado Andrés Manuel López Obrador, muy distante de la izquierda entonces representada por el Partido Comunista, que ahora es temido por su ruda ignorancia. Su autoritarismo, vanidad y capacidad para mentir lo están llevando al fracaso. Sin embargo, será en 2016 que sabremos con mayor precisión su peso real fuera del DF y el de los demás organismos, incluso de los candidatos llamados independientes. Sólo que AMLO no es un candidato independiente y menos ciudadano. Se trata de un hombre ambicioso en extremo que sólo obedece a sus propias obsesiones y fantasmas, todos relacionados con el poder absoluto. Nació dictatorial y brutalmente autoritario. Por una mezcla de habilidades de corte priista y aprovechando una suma de situaciones y conflictos del PRD obtuvo la jefatura de la Ciudad de México, la que hasta hoy parece suya y goza su “izquierdismo”. Pero en la medida en que se acerquen los meses previos a 2018, su popularidad, cuyo eje no está en su natal Tabasco sino en el DF, irá resquebrajándose. Lo apreciamos en las encuestas. La locura por el poder no es un acto político, es una grave patología. Dudo mucho que el país sea suicida. La demencial y zigzagueante carrera de AMLO es una quimera y sus victorias admirables en apariencia, son pírricas.
Pero Obrador sí le teme al Bronco, quien por ahora es “independiente”, y le puede restar votos. No obstante, el síndrome creado por este personaje tendrá resultados a corto plazo, al mediano no funcionará y él mismo será responsable del fracaso, no basta el estilo tosco para gobernar, sino que debería tener un programa de gobierno distinto que yo no he visto. Hoy políticos de todos los niveles y alcances que están por levantar la mano para algún cargo si no son postulados por sus respectivos partidos. ¿Qué hará Eruviel Ávila si el PRI de Peña Nieto opta por Nuño o Meade? ¿Ser candidatos “ciudadanos” o “independientes”? Un caso semejante es Margarita Zavala, hoy tan vilipendiada lo mismo por Madero que por López Obrador.
Pero si en la lucha presidencial hay sigilosa turbiedad, entre aquellos que no tienen más opción para conseguir un escaño en las cámaras legislativas, existe un enorme pataleo. No olvidemos que el hoy prófugo Marcelo Ebrard, de aspirante presidencial se conformó con buscar un asiento en la Cámara de Senadores. En este grupo nada desdeñable, estarán principalmente los “independientes” y “ciudadanos”. Muchos tendrán éxito porque los partidos buscan modificar la opinión en su favor. En estos puntos al menos podría darse una discusión más amplia y libre, si los que lo integran son menos ignorantes y sensibles que los actuales. Sus márgenes de maniobra dependerán de su conducta y decencia. Pero una cosa es ver al ciudadano y otra bien distinta mirarlo transformado en político y disponer de recursos poco soñados y una amplia cuota de poder y ambición. Pienso en Cuauhtémoc Blanco gobernando Cuernavaca. Ni siquiera supo qué partido lo postuló. ¿Lograrán soportar la carga? Por otro lado los gobernadores y congresos locales se están blindando para evitar a esos independientes, endurecen los requisitos para serlo. Incluso la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló la llamada “Ley Anti-Bronco” al pedir que cualquier interesado en buscar un cargo de elección popular por la vía independiente deberá estar fuera de un partido por lo menos tres años antes del proceso en mención.
Hemos soñado con modificar el rostro del país y hacer la metamorfosis a profundidad. El problema estriba en la forma de llevar a cabo una tarea para Hércules. Aquí se hace necesaria la presencia de los medios, pero no los que conocemos y luchan también por recursos y peso político, no por la sociedad. La censura ha pasado de Los Pinos a los directivos de diarios y empresas de información electrónica. Falta reflexionar sobre la alta iniciativa privada, cuyas preocupaciones están centradas en las mayores ganancias posibles. En ocasiones, como en tiempos pasados, choca con los intereses sociales del Estado, que los tiene en su intento por no sucumbir: en las masas de pobres está el gran capital posible de votos. Tampoco se nota la preocupación de los patrones por dignificar a los medios de comunicación cuando es tarea fácil a través de la publicidad. El sector privado suele ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Su actividad debe humanizarse y otorgarle un sentido social. Sus relaciones con el poder tendrán que basarse no en intereses económicos sino en compromisos que beneficien realmente a la sociedad. Con una clase media estrangulada, sólo los extremos son visibles: de un lado la larga lista de multimillonarios del otro los millones de pobres que viven en condiciones infrahumanas.
Los principales estados desde el punto de vista de votantes son: Puebla, Oaxaca, Zacatecas, Chihuahua y Veracruz, ellos suman alrededor de 12.5 millones de electores, de los 27 millones que irán a las urnas en 2016. Habrá cambios, padecen efervescencia. Sin embargo, es seguro que aún en estados menos conflictivos y con menores pugnas internas, sufran modificaciones. Lo que es claro es que el número de aspirantes a conducir tales gobiernos aumentará. El caso de El Bronco no es novedoso, antes priistas afamados como Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Camacho o Marcelo Ebrard habían emigrado del partido madre a otras creaturas igualmente repelentes. Lo novedoso es que en Nuevo León un ex priista encontró poderosos apoyos económicos para triunfar y ello ha creado una suerte de síndrome, del que poco o nada sabemos, puras conjeturas. Por ahora los “independientes” y los “ciudadanos” es tema de todas las discusiones, mesas redondas, cuadradas o triangulares, todos aman su nacimiento formal con El Bronco, quien ahora goza su nuevo discurso: “el sistema político mexicano está caduco, obsoleto, podrido y corrupto”, algo que miles de mexicanos han dicho desde hace décadas sin respuesta. Los intelectuales orgánicos y desempleados le aplauden, mientras López Obrador lo mira, pragmático, como un rival, por más distintos que sean sus casos. Disputarán un segmento del electorado que sí busca transformaciones, aunque esto nos lleve al despeñadero.
Los partidos están preparándose para la lucha presidencial. Sobre todo los mayores: PRI, PAN y PRD. Los métodos tradicionales no funcionan más como lo ha mostrado Colima. Pero todavía quedan intereses empresariales que pueden apoyar a algún candidato o partido, según sus intereses particulares. Una práctica tan conocida como cierta. Tales acciones deberían desaparecer a través de nuevas tácticas de saneamiento social llevadas a cabo por el propio empresariado.
Las alianzas. Desde hace tiempo el PRI las rechazó, su poderío se lo permitía. Pero luego de la derrota de 2000, las cosas han cambiado y por lo regular estimula a los antes aliados del PAN, los del Verde Ecologista, un negocio familiar, a realizar tareas conjuntas. Al frente tienen fuerzas que se mueven inquietas. Si hasta hace pocos años, el PRD desdeñaba las alianzas y veía una sola, el PRIAN, ahora esa “izquierda” se acerca al PAN, como es posible que lo hagan en varios estados, con tal de ganar. Relaciones peligrosas, sin motivos ideológicos, sólo movidos por ambiciones de poder. En cualquier circunstancia, todos los partidos, para conquistar algún puesto de elección popular, dependerán de las personas que seleccionen y de las alianzas que realicen. Es interesante considerar que en buena medida, México sigue siendo país de líderes, de caudillos. La democracia auténtica es ajena.
En estos momentos, a pesar de que manejamos con laxitud los términos centro, izquierda y derecha, el desconcierto del país es absoluto y resultado de cambios internacionales, como el derrumbe del socialismo, la decrepitud de la Revolución Cubana, el fracaso del populismo en Venezuela, los alardes militaristas de Corea del Norte, el distanciamiento de los chinos de las tesis maoístas, las bruscas acciones en el Medio Oriente y la crisis de los partidos en México, impiden analizar con claridad nuestra realidad. Necesitamos nuevas corrientes de pensamiento progresistas para distinguir a un partido de otro. Con rigor, todos los partidos, incluido Morena, pelean por el centro y con severidad, todos los partidos descienden del PRI. Los ofrecimientos y promesas coinciden en un punto: el sistema debe ser reformado superficialmente, no a fondo. El resto es pura palabrería, demagogia quintaesenciada. Las “izquierdas” pueden conseguir algún gobierno estatal, ¿y? Zacatecas estuvo en manos de “izquierdistas”, una de origen marxista y nada pasó, salvo que hicieron dinero utilizando los vicios que criticaron desde el Partido Comunista y desde el PRD. Algo semejante pasa en el DF: gobiernan los perredistas y no se ve que Mancera vaya a nacionalizar el transporte o a declararlo segundo territorio libre de América. Al contrario, razona como el ex priista Marcelo Ebrard que privatizó lo posible. Entre Mancera y Peña Nieto hay más afinidades que diferencias. Podríamos escribir una obra cómica, con título prestado: ¿Quién le teme a la izquierda?
Como si lo anterior fuese poca cosa, el atroz caso Ayotzinapa, obra de las “izquierdas”, pone su prestigio en entredicho. Sólo su cinismo y la incapacidad del gobierno federal, las salvó de una crisis mayor al señalar como responsable al propio Peña Nieto, único que ni idea tenía de las perversiones de esos lobos disfrazados de corderos. En Guerrero habían metido las manos perredistas y obradoristas por igual. ¿Con estas inmorales fuerzas políticas bajo su mando, Agustín Basave, ex priista y totalmente Palacio, quiere lograr una alianza con el ruinoso PAN? No es difícil suponer el Frankenstein que resultará. Un agudo análisis del PRI (no sencillo para sus cuadros principales, incapaces como son) podría demoler tal sociedad.
La situación del PAN es semejante y patética, sobre todo pensando que habitó en Los Pinos dos periodos. La novedad es que está fragmentado y pervertido. Para obtener de nuevo la presidencia en 2018, está aliándose con el PRD, en cuyo caso perderán ambos una buena cantidad de militantes que no aceptan dicha alianza, ya que desfiguran, aún más, sus endebles ideologías y se alejarán por completo de sus principios fundacionales. Todo ello le dará más oportunidades al PRI de ganar nuevamente la presidencia, si es que logra arribar al 2018 sin fracturas internas y con un candidato sólido que no tiene en el gabinete. De todos, es quien tiene mayores posibilidades de triunfar, sobre todo si sus famosas reformas tienen éxito. Será un partido igual de imperfecto como lo ha sido siempre. Pero para entonces es posible que medios de comunicación y sociedad hayan evolucionado positivamente y posean capacidad de presionarlo para mejorar el rumbo. Esto siendo optimistas. Y ello es posible, viendo los resultados de la consulta ciudadana en el DF en la cual desecharon un proyecto que Mancera ya tenía contratado. El poder de los ciudadanos fue alto y ganaron los que se oponían a ese proyecto en la avenida Chapultepec.
Los medios de comunicación, particularmente los electrónicos, carecen de libertad, informan según los intereses de sus dueños. La censura oficial lo sabe y la aprovecha, ya no suele dirigirse al reportero o al articulista, trata directamente con los propietarios y el pago es a través de publicidad y algunas otras prebendas. Cada medio tiene sus naturales simpatías políticas y las hacen sentir sin mucho pudor. Los medios de comunicación y los intelectuales que escriben para ellos o hacen comentarios políticos, saben con exactitud qué hacer. Sus relaciones son mucho mejores con el aparato estatal que con la sociedad.
México no está distante de las experiencias de Argentina, Chile, Brasil, Venezuela y Uruguay, donde la nueva izquierda, en ocasiones nacida de la antigua, no llevó a grandes cambios positivos sino a tragedias y escándalos a causa de conductas vergonzosas. Basta ver a sus dirigentes, formados en medios guerrilleros o dentro de organizaciones marxistas, su primer paso fue despojarse de los principios, aceptar los cambios internacionales, las nuevas reglas del mercado y adentrarse en el mundo de la corrupción y las reglas sucias. En lo interno, la sociedad mexicana busca algo que no pueden darle los partidos actuales, menos considerar los ejemplos citados. Ella tendrá que crear su propia utopía y sus exigencias. El chavismo, digamos, es algo distante, enterrado en Venezuela y sin riesgo de extenderse. El heredero, Maduro, permitió que se convirtiera en humo, como hemos visto en las recientes elecciones.
Pero no vayamos tan de prisa. 2016 es un año clave para México, las fuerzas políticas y las ambiciones de los que viven del Estado o lo miran con secretas ambiciones se movilizan. Harán un esfuerzo mayúsculo para llegar a la batalla de 2018. Desde ahora se sienten inquietudes en todos los sectores políticos y económicos y en los distintos estratos sociales. Ven con atención a los actores, buscan información infructuosa en medios de comunicación gastados y desprestigiados, como los partidos lo están. Todo ello está conformando modificaciones que o bien se les permite aflorar o quedan sepultadas con el riesgo explosivo que éstas conllevan. Al parecer, es un año importante para la vida incierta de México, carente de pensadores y de intelectuales de alto nivel de compromiso social. Muertas las ideologías, buscamos a lo sumo un capitalismo de rostro humano. O el mismo sistema de siempre, pero con algo de pintura en la fachada, el eterno gatopardismo.

* René Avilés Fabila escribió este ensayo inédito en mayo de 2016 sobre política, sociedad y medios. Dicho trabajo original se publica ahora de forma póstuma teniendo sus planteamientos plena vigencia para entender la fuerte crisis estructural por la que atraviesa el país.
** Fue Profesor del Área de Comunicación y Estructuras de Poder, Departamento de Educación y Comunicación, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, D.F.